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[Crónica] 33 Festival Internacional de Jazz de Málaga

Charles Lloyd, Kenny Barron, Charles Tolliver o Andrea Motis han actuado del 5 y el 11 de noviembre en el Teatro Cervantes

Charles Lloyd, durante su actuación. Foto: Daniel Pérez / Teatro Cervantes

Consiguió un año más el Festival Internacional de Jazz de Málaga colmar la ciudad de un género musical que, como el dinosaurio de Monterroso, parece haber estado siempre ahí. A la programación del Teatro Cervantes, nuevamente sobresaliente, hay que sumar el contundente itinerario gratuito diseñado por el Abierto Málagajazz, proyecto concebido por las asociaciones malagueñas de hosteleros y hoteleros junto al Ayuntamiento para llenar de música en vivo plazas, salas, restaurantes y hoteles.

El trompetista Charles Tolliver fue el encargado de inaugurar el martes 5 de noviembre los conciertos del Cervantes repasando las excelencias contenidas en Paper man, álbum grabado y editado en 1968 junto a Herbie HancockRon Carter, Joe Chambers y Gary Bartz en donde confluyen restos de la línea más dura y experimental enarbolada por el músico hasta entonces —free jazz y avant-garde, primordialmente— con otra más terrenal que extendía sus brazos, aún con cierta timidez, a las bondades del funk y el soul. Escoltado por Jesse Davis (saxo alto), Keith Brown (piano), Buster Williams (contrabajo) y Lenny White (batería), Tolliver ofreció una lectura del disco alejada del encorsetamiento y reforzada por las lecciones recibidas en el transcurso del último medio siglo; con la vibrante y envolvente ejecución de Freddie Hubbard presente, claro está, pero plenamente instalada en nuestros días.

Plutón, el quinto trabajo de música original que editará en breve el saxofonista Ernesto Aurignac, tiene como leitmotiv «la historia de un planeta sin vida al que llega un bebé llamado Melonious Tonk, producto de fluidos interplanetarios, para sembrar la semilla de la creación sobre un ecosistema sin oxígeno ni poesía». Bajo esta alucinada sinopsis se presenta el nuevo proyecto del malagueño, una suite para saxo alto y noneto nacida a raíz de un encargo del Festival Internacional de Arte Sacro de Madrid que se estrenó en los Teatros del Canal el pasado mes de marzo. Con el legado de Stravinsky convenientemente fijado en la sesera, Plutón fluye con sus sobresaltos, treguas y vaivenes, conformando por el camino una banda sonora de tintes cósmicos e impresionistas donde las exhibiciones personales apuntalan el discurrir de una sinfonía que rezuma color, osadía, libertad. Y también humor, si atendemos a algunos de los títulos de los movimientos que constituyen la obra como Cirrosis popular, La leyenda de Dixkontrol, Fallo renal o un sugestivo Sócrates veranea en Benagalbón. Arrebatado y arrebatador, como si de Will More bajo las órdenes de Zulueta se tratase, Aurignac repartió juego desde el centro de la formación, interviniendo aquí y allá bajo una saludable contención. A su alrededor se esparcía un espléndido plantel de músicos del que subrayaremos (con doble línea) el catálogo de virtudes brindado por José Andrés Fernández Camacho al clarinete y Moisés P. Sánchez al piano. La alineación incluía asimismo —tenemos tiempo— a Pablo Valero (flauta), Alejandro Revidiego (violín), Dani Anarte (trombón), Gon Navarro (guitarras), Néstor Pamblanco (vibráfono y marimba), Joan Masana (contrabajo) y el ubicuo Juanma Nieto (batería).

Ya el jueves 7, Kenny Barron recibió el Premio Málagajazz antes de su actuación por «su capacidad para abrir nuevos caminos rítmicos y construir refinados y elegantes desarrollos armónicos con las blancas y negras». El pianista de Filadelfia, que acompañó en sus meteóricos inicios a James Moody, Dizzy Gillespie o Yusef Lateef, ofreció un recital impecable que hermanó neobop, swing y blues a través de un temario integrado por partituras de Benny Carter, Charlie Haden, Duke Ellington o Thelonious Monk. A Charles Lloyd, por su parte, le fue entregado al día siguiente el Premio ‘Cifu’, galardón instaurado hace tres años para homenajear tanto al carismático comunicador radiofónico y televisivo Juan Claudio Cifuentes como a la figura más señera del programa de conciertos. Tras un escueto agradecimiento, el saxofonista de Memphis —que ha compartido tablas con B.B. King, Bobby Blue Bland o Cannonball Adderley— volvió inmediatamente al escenario ya arropado por Gerald Clayton (piano), Marvin Sewell (guitarra), Harish Raghavan (contrabajo) y Eric Harland (batería), compinches de un Lloyd formidable que se mostró generoso —sus 76 años algo tienen que decir al respecto— a la hora de encomendar tareas. Surgieron así filigranas de enjundia, como las elaboradas por un Sewell que terminó por recorrer un holgado espectro de sonoridades con notables incursiones en el blues (y más allá); o las de un Harland preciso y espectacular cuando los focos recaían sobre él. Las pinceladas de Clayton y Raghavan, igualmente lúcidas, sirvieron para completar una de las mejores sesiones de la semana en el Cervantes.

Aún nos seguimos preguntando, mientras nos frotamos ojos y oídos, si lo de Antonio Sánchez tras las baquetas es normal. Secundado por sus Migration, conjunto en donde militan Chais Baird (saxofón, electronic wind instrument), John Escreet (piano), Orlando le Fleming (contrabajo) y Thana Alexa (voz), el mexicano sacudió las tablas del teatro a base de un vigor descomunal sustentado en una velocidad endemoniada y una colosal amplitud de registros. Juntos recorrieron gran parte de Lines in the sand, trabajo atravesado de arriba abajo por una firme protesta contra las políticas medioambientales y migratorias de Estados Unidos: desde la misma portada, con una fotografía tomada por el propio Sánchez en la playa de Tijuana, pasando por Travesia —que abarcó la primera media hora— y Long road hasta arribar a Home o la homónima ‘líneas en la arena’, dibujos trazados probablemente a los pies de fríos e inabarcables muros. Lejos del jaleo contestatario del repertorio aparece Gocta —nombre de la imponente catarata localizada en la provincia peruana de Bongará—, pieza que, más allá del volantazo temático que supuso su interpretación, terminó por desatar a la banda. Lo pudimos comprobar especialmente en Escreet —alumno hace unos años, precisamente, de Kenny Barron, que animó el cotarro esbozando líneas distorsionadas con regusto a funk, a psicodelia, a ganas de verbenear. No se quedaron atrás Baird y Fleming —inyectando nervio y matices— ni una Alexa que comenzó a trastear dispositivos que incrementaron su rango vocal con diversos efectos y loops.

Como era de esperar, la parafernalia electrónica también se coló en la actuación de Nils Petter Molvaer. Hace unos días, en una entrevista concedida a La Opinión de Málaga, el trompetista noruego declaraba sentirse musicalmente más cercano a nombres como Floating Points o Flying Lotus que a músicos de jazz contemporáneos. Y es que géneros como el ambient, el house o el breakbeat andan asociados a una carrera que despegó tras el lanzamiento de Khmer (1997) y Solid ether (2000) en el influyente sello alemán ECM. En esta ocasión predominaron las sugerentes atmósferas creadas a partir de los monólogos flotantes y felizmente adulterados con ecos y delays de la trompeta de Molvaer, que encontraron apoyo de primer orden en el considerable set percusivo de Erland Dahlen o los dispares recursos al bajo Jo Berger Myhre. La tralla, que la hubo, coincidió con los mejores momentos de la velada y arrimó la propuesta en su base rítmica a postulados cercanos al post-rock.

Clausuró el festival la comparecencia de la trompetista, saxofonista y cantante barcelonesa Andrea Motis el lunes 11. Acompañada de Joan Chamorro (contrabajo), Ignasi Terraza (piano), Esteve Pi (batería) y Josep Traver (guitarra), la joven artista repasó su Emotional dance (Impulse! Records, 2017), un debut discográfico compuesto por tres composiciones propias y versiones de Cole Porter (You’d be so nice to come home to), Eddie Jefferson (Baby girl), Johnny Mercer (I remember you) o un He’s funny that way, firmado por Charles Daniels y Richard Whiting, que evidencia con ahínco sus simpatías por Billie Holiday y Norah Jones —con las que se le compara de forma recurrente— entre ritmos brasileros, bossanova, swing y mucho jazz. Siempre jazz.

ABIERTO MÁLAGAJAZZ 

El complemento perfecto a la programación principal del festival, el Abierto Málagajazz, ha ofrecido conciertos al aire libre durante toda la semana en las plazas de Félix Sáenz, del Obispo, de la Merced, calle Alcazabilla, Chiringuito El Tintero, Café Central, el Balneario de los Baños del Carmen y en las terrazas La Chancla y Nómadas, sin olvidar los celebrados en la plaza Jerónimo Cuervo como aperitivo a las sesiones en el Cervantes. Por allí hemos podido ver y escuchar estos días a Myriam Latrece, Rubén Carlés, Guillermo McGill, Carles Benavent, Raynald Colom o So What, combo en donde convergen Lucía Fumero, Rita Payes, Eva Fernández, Magalí Datzira y Dani Domínguez. El jazz desembocó también en establecimientos como los restaurantes Asako y Alea, la Taberna El Mentidero, Le Grand Café y los hoteles Miramar, Ibis Centro y Molina Lario, a los que hay que sumar el rutilante Alhambra Club instalado estos días en el AC Hotel Málaga-Palacio, que el sábado noche se despedía con los acordes y armonías de Enrique OliverJuanma Nieto, Javier Navas o Juan Galiardo sumergido en un ambiente alborozado.

Entre los participantes del Abierto cabe citar asimismo el cuarteto del pianista siciliano Yuri Storione, en el que hallamos el saxo de Perico Sambeat; el proyecto Straymonk, liderado por el legendario saxofonista suizo-camerunés Nat Su; el trío del guitarrista israelí Dan Ben Lior; el cuarteto del pianista español afincado en Holanda Miguel Rodríguez; el trío liderado por el saxofonista valenciano Víctor Jiménez; el quinteto del vibrafonista valenciano Arturo Serra; o la colaboración especial del guitarrista gaditano Nono García. Además, Málagajazz se ha reforzado este año con el programa Festival de Jazz… en tu zona, aumentando los conciertos del Abierto —que se desarrollan principalmente en el centro— con actuaciones en los otros diez distritos de la ciudad a cargo de Swing for FiveBelle McNultyAlicia Tamariz, Bárbara Pareja y el cuarteto de Fernanda Tasia.

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