conciertos

Club 8 (Madrid, 6-03-2008)

Frío en Madrid. Sala el Sol, seis de marzo. Chicas con gafas de pasta, chicos con patillas y jerséis de pico. Concierto de Club 8. Dos simpáticas finlandesas destacan entre el público. He comido patatas a la riojana y espero un dulce postre musical. Sorpresa, sale la banda. Seis personas sobre el escenario. Interesante base rítmica y una guitarrista extra femenina. Esto promete y corre la cerveza. Karolina Komstedt viste un traje negro sin mangas, se ofrece elegante mientras bebe agua con limón, dicen los expertos. Uno imaginaba un cóctel sofisticado, no sé por qué…

Primeros acordes, funciona pero la voz carece de brillo. Va subiendo el calor. Combinan temas de su último álbum The boy who couldn’t stop dreaming (Labrador, 2007), con otras joyas intimistas de antiguas grabaciones. Suena brillante Football kids, parece un poco plana Heaven, baja la tensión y sube la intimidad cuando cantan -casi a capela- Jesus, walk with me. Karolina busca con su mirada complicidad con las dos finlandesas. Johan Angergard, con su característico flequillo, domina y controla el escenario.

Risas, esto funciona y el bajista parece simpático con ese bigote y esa gorrita -¿estará calvo?-. En algunos momentos parece que la voz de Karolina se va a romper, como si fuera una copa de cristal checo. Impresiona pero se nota una ligera contención. Antes, en la época romántica, la melancolía era considerada una enfermedad. No importa, suenan limpias las guitarras, la percusión marca con contundencia el ritmo y la voz, como un susurro nos traslada a paisajes nórdicos.

De pronto, nuestra rubia favorita anuncia la última canción del concierto: el single Whatever you want. Será un chiste malo de Malmö. Suena con efectividad el tema –«papaparapa paparapapa»– y parece que el del flequillo se ha ido. Y se van todos. Trece composiciones sobre la sala y adiós. Cunde la estupefacción. Al rato salen de nuevo para los bises y anuncian que vamos a conocer la otra cara de Club 8. El del flequillo empieza a cantar Saturday night engine, alguien levanta la mano y hace los cuernos. No son los Hellacopters pero tienen riffs de guitarra. Qué subidón. Después el primer single de éxito mundial de la banda: Missing you. La parroquia se mueve y tatareamos sin miedo el estribillo. Y ahí se acaba todo, en el extremo de un acantilado del norte de Europa.

Algunos se preguntan «¿Qué pasa?», la mayoría sonríe y se va educadamente. Al rato Johan recoge los cables del escenario y se deja hacer fotografías con las alegres chicas finlandesas. Ni rastro de Karolina. Salgo a la calle y hace frío en Madrid.

Piia y Anni, las dos alegres fans finlandesas, tras el concierto

Fotos: Andrés Cabanes y J. Carlos Gomi

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