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Chelsea Wolfe + Russian Circles (La[2] de Apolo, Barcelona, 18-10-2013)

Chelsea Wolfe (142)RetPCriaturas de la noche.

Dicen que el miedo a la oscuridad, no del todo irracional según mi opinión, está íntimamente relacionado con el miedo a la muerte, al vacío y a la ausencia total de cualquier cosa más allá. También se comenta que es debido a la capacidad que tiene para disparar nuestra imaginación más negra, haciendo brotar del fondo de nuestras consciencias (e incluso del hondo subconsciente) seres infernales, monstruos y aprensiones terroríficas de grotescas y demoníacas formas. Pocas veces, sin embargo, se cumplen nuestras lúgubres fantasías, y si esperamos un poco nuestros ojos terminan aclarando el panorama, surgiendo realidades hermosas incluso de lo más profundo de la oscuridad. Entonces las brujas se transforman en Chelsea Wolfe, y los monstruos en el trío norteamericano de post-metal instrumental Russian Circles; porque resulta que estamos en La[2] de Apolo.

Chelsea Wolfe (60)RetPEste concierto doble de valores de la casa Sargent House, digno de una noche de Halloween, lo montó la promotora local To Be Confirmed, en eterna apuesta por la música más metalera, críptica y contundente del circuito independiente. Unidos por el sello discográfico, por una colaboración en la última entrega de los de Chicago, y por la cercanía conceptual de sus estilos, Chelsea Wolfe y Russian Circles están encarando una larga gira conjunta, que ayer les trajo por Barcelona, en la que ambos presentan material nuevo recientemente publicado. Esta noche actuarán también en Madrid y el lunes en Bilbao, ciudades en las que se espera un éxito de público como el de anoche en la ciudad condal. Aunque difieran bastante en lo estético, es evidente que tanto ella como los de Illinois son todos criaturas de la noche: hábiles depredadores nocturnos que, sin embargo, usan técnicas bien distintas.

Chelsea Wolfe (122)Ret2PComenzó Chelsea Wolfe con su particular e individual aquelarre cantado. El suyo es un amargo juego de seducción, ensueño y tentaciones ocultas; un constante cortejo con lo sobrenatural, con lo que se esconde entre las sombras que proyecta su larga figura. Acompañada por un batería que esculpió a martillazos un redoblado volumen para su música, un guitarrista que estiraba de ella hasta casi el quiebro, y un bajista/teclista, la cantautora de Sacramento se presentó con una gran sábana blanca puesta a modo de chal, que le otorgaba un aspecto fantasmagórico a la vez que sacerdotal. Erigida como la nueva reina del dark, protagonizó una actuación penetrante, distinguida dentro de un halo general de pesimismo o derrotismo, que no le impide, sin embargo, exhalar una especie de esperanza última de redención casi en cada goteo. No hubo una sola sonrisa y apenas se dirigió al público, pero transmitió cien veces más que el disco, que ya es decir.

Chelsea Wolfe (33)RetPPain Is Beauty (Sargent House, 2013), su último trabajo, ha gustado a la crítica y al público seguramente por el acabado más sofisticado de sus canciones con respecto a anteriores trabajos: texturas más plásticas y lisas, donde las escogidas fuentes de iluminación crean efectos más duraderos y atmosféricos. Siempre gótico en lo externo, el sonido de Chelsea Wolfe puede funcionar con diferentes motores sentimentales, pero casi todos ellos nos recuerdan que, más allá del manto musical rojizo con que nos cubre en directo o al escuchar su Cd, el mundo sigue siendo un lugar desolador y oscuro para ella. Acabó, de hecho, en un plan casi acústico y solitario, después de haber mostrado su lado más incandescente y de interpretar con áspera pasión ases como Feral Love, tema con el que abrió el recital, Reins o House of Metal. Y tal como vino se marchó, deslizando su aura y su cuerpo etéreo de nuevo al reino onírico del que procede.

Russian Circles (19)RetPCon la primera mitad del programa cumplida, hora y cuarto de concierto, ya podía uno irse contento a casa, pero habría sido un grave error. Como Beatriz haciendo las veces de Virgilio para Dante, la Wolfe nos había transportado sin que nos diéramos cuenta a un infierno terrenal atravesando un oscuro y sugerente pasillo, solo engalanado con el esquivo terciopelo de su voz y su sábana blanca.  Una vez allí, el turno fue para Russian Circles, que parecían estar actuando sobre las brasas mismas del fuego primigenio, o sobre una estrecha placa suelta a la deriva por el magma. El trío compuesto por Mike Sullivan (guitarra), Brian Cook (bajo) y Dave Turncrantz (batería) dispuso de otra hora y cuarto en la que devoró todo cuanto se interpuso en su camino: porque los norteamericanos son como una jauría de enormes mamíferos, de garra y colmillo afilados, que recorren hambrientos las noches sembrando solo cataratas de post-metal y destrucción.

Russian Circles (26)RetPLa violencia con la que Turncrantz golpea la batería debe ser mala para la salud, pero lo cierto es que catapultó todo el sonido a un nivel de contundencia desorbitado, que no desproporcionado. Sullivan, que en su grácil morfología esconde en realidad a otros dos o tres guitarristas, se sampleaba constantemente las guitarras y punteaba consigo mismo, mientras DeKuiper y el batería machacaban cualquier atisbo de melodía con un ritmo letal que parecía capaz de aniquilarnos a todos solo con que aceráramos un poco la mano. Al final, tras la colaboración conjunta de rigor, resultó que todos salimos ilesos del lugar; eso sí: con un ligero aturdimiento provocado por la onda expansiva, y cegados por el intenso fogonazo de luz que significó, a la postre, el concierto de los Russian Circles entre tanto fondo oscuro y de tinieblas. Un consejo para los que vayáis hoy el lunes a verlos: llevad tapones.

Concierto organizado por To Be Confirmed.

Fotos de Pablo Luna Chao.

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