The Herbaliser (Apolo, Barcelona, 01-02-12)

Colaboradores | 3 Febrero 2012  

Nada salió como yo pensaba, pero tal vez fue mejor así. El plan era ver a The Herbaliser, acompañados por Mucho Muchacho (de los desaparecidos 7 Notas 7 Colores), que teloneaban a Le Peuple de l’Herbe, quienes daban comienzo en la Sala Apolo a la gira española de presentación de su decimocuarto álbum, A Matter Of Time. El mismo concierto, de hecho, podrá verse hoy en la Sala Rockitchen de Madrid. Sin embargo, por motivos ajenos a esta redacción, solo pudimos asistir a los primeros, pero fue más que suficiente para salir de allí henchidos de buenas sensaciones. El dúo británico, convertido hace tiempo en numerosa banda, hacen del hip-hop un estilo casi erudito, tan cercano a veces al jazz que uno se pregunta cómo es que han pasado tantos años separados. Pero lo cierto es que es comprensible: no es nada fácil desplegar tamaña calidad instrumental, y tener tanto flow al mismo tiempo.

The Herbaliser1Adivinar quiénes eran los dos raperos entre tanto buen músico me llevó casi todo el concierto; y aún tengo mis dudas. En el escenario de Apolo se congregaron un batería, un bajista, un teclista, un señor que pinchaba y tres tíos haciendo las delicias con un buen número de vientos: había trompeta, saxo alto, saxo tenor y otro barítono, y una travesera; estos tres últimos en manos del mismo músico, un espectacular Andy Ross, a la izquierda del escenario. Protagonizó, por ejemplo, un sobrecogedor solo constante de saxo barítono, una bestia preciosa e inmensa, en Another Mother. Primer descarte, por excesiva excelencia. Un candidato perfecto era James Morton, a la derecha del primero. Saltaba y bailaba sobre sus bambas rojas, esgrimiendo rítmica callejera, mientras intercalaba solos de saxo y tríos que engordaban y fortalecían el sonido de Herbaliser. No obstante, y pese a la robustez de su música, demuestran una portentosa agilidad. Completando el trío de vientos, a la derecha de Morton, Ralh Lamb, otro posible candidato, aunque más entrado en años. Era el otro maestro de ceremonia, el que nos pedía más entusiasmo desde la calentura de su cuerpo festivo. Además, su trompeta sonaba siempre la primera, como la lanza desafiante del hip-hop electrónico-jazzístico que hace la banda británica.

Al otro lado del escenario la cosa parecía clara: ni el bajista Jack Wherry ni elthe Herbaliser2 teclista tenían ninguna pinta de ser parte del dúo central de la banda. Tampoco el batería, que aunque forma parte de forma indispensable de la orquesta, no tiene tampoco reservado un papel excesivamente protagonista. Así que mientras repasaba a los músicos, y mientras fluía aquel jazz-hop instrumental tan al estilo de A Tribe Called Quest o del genial productor Madlib, recordé de pronto de qué suele estar hecho el rap normal y corriente. Y aunque aquí nadie rapease, estrictamente hablando, sí identifiqué a Dj Ollie Teeba, escondido tras un Mac y tres músicos de pulmones llenos que acaparaban la escena y los oídos. Sus samplers, sin embargo, son la base del sonido elegante, resuelto y naturalmente sugerente de los Herbaliser; y los frecuentes scratchings, la nota de corte para transformarlo todo en un sonido imparable, con alma de funky-soul en constante latencia. Geddim y Ginger Jumps The Fence, los mejores ejemplos de ello.

The Herbaliser3Ya tenía a uno. Y jamás habría adivinado que el otro miembro original de este dúo venido a banda de hip-hop electrónico-jazzístico instrumental fuera el bajo: un tipo regordete más bien parado que me recordó a mi profesor de Historia de las Religiones Antiguas. Quién lo iba a decir. El caso es que Teeba y Wherry han envuelto sus bases en un abrigo musical incomparable: abarcan desde la delicadeza y el recogimiento de temas como Another Mother o The Sensual Woman, con ese revolotear bajo de una flauta travesera sobre sampler, hasta temas que andan entre el casi free-jazz y el acid-jazz como Control Centre y The Missing Suitcase, con las que acabaron el concierto, en una demostración más de pulmones y ritmo, especialmente por parte de James Morton, contagiado como el que más del alma del hip-hop electrónico.
Ellos mismos habían anunciado en Facebook por la tarde la presencia con ellos de Mucho Muchacho, pero no apareció. Constaba así en el setlist que tenían a sus pies, pero no importó. El recital que dieron los británicos fue más que suficiente para encender el cuerpo de los asistentes, que no echaron a nadie de menos. Con toda seguridad dejaron al público completamente al dente para el concierto que luego dieron los franceses de Le Peuple de l’Herbe, pero el paseo, entre la ventisca de esa noche tan gélida, hasta la Sala Apolo, ya había merecido la pena.

Autor: Pablo Luna Chao

También disponible en En clave de Luna.

Foto de Pablo Luna Chao.

GZA (Apolo, Barcelona, 25-01-11)

Colaboradores | 28 Enero 2012  

La pregunta al salir del concierto de ayer de Genius/GZA en la sala Apolo fue, inevitablemente, la siguiente: ¿cómo va el partido? Era lógico. Pero el verdadero interrogante que me quedó a mí, oculto mientras el Barça no certificaba su pase a las semifinales de la Copa del Rey, era si el hip-hop es o no un género musical minoritario. No hablo de géneros mejores o peores, en absoluto: pienso que hay piezas de hip-hop que nada tienen que envidiar a temas de rock, por ejemplo, consideradas obras maestras; y GZA es, de hecho, autor de algunas de ellas. Ha habido y hay artistas raperos de platino, y aunque seguramente no se editen tantos Cds de este estilo como de pop o de rock, el rey y la reina del mercado, sí tiene un nicho bien marcado y estable que sigue permitiendo el nacimiento de nuevos valores y estrellas. Pero en cuanto al público que mueve, ahí sí me parece minoritario; aunque es la idiosincrasia de la cultura del rap: la marginalidad. No es que sean pocos, ni pobres, ni marginados sociales; es que disfrutan sintiéndose al otro lado, y por eso dan la sensación de ser un colectivo cerrado y excluyente.

GZASon pocos porque ellos quieren pensar que son pocos, pero ante un regalo como el de GZA en un escenario, interpretando además el mejor de sus trabajos, ves aparecer allí a ciento y la madre, a gentes de todas la edades, a todo aquel que en su día, al menos durante una temporada, escuchó algo de rap del bueno. Porque el mayor de los Wu-Tang Clan es toda una leyenda, y su Liquid Sword una auténtica referencia en el género. Nadie se lo quería perder, incluso a costa de ver solo el segundo tiempo del clásico. De todas formas, un público mayoritariamente joven abarrotó entusiasmado las primeras filas. Tal vez, sus edades coincidieran con los momentos vitales de mayor energía y pura rebeldía. Porque es este un género que solo admite a luchadores, soldados del ritmo y sicarios de la rima, y Genius es un solista que no necesita comandante, es un guerrero del cuerpo a cuerpo. Honesto con su trabajo, no tuvo reparos en presentar un álbum de 1995, e incluso tuvo el detalle de desempolvar cosas de cuando su antigua banda.

El hip-hop, de todas formas, en un estilo bastante tradicionalista, como lo son, en muchas cosas, sus oyentes. No admite excesiva variación, y el dogma es repetido año tras año. Por eso cuando un artista encuentra su tecla, es raro que se aparte de esa fórmula. GZA se ha caracterizado siempre por el tono serio de su discurso, por combinar a la perfección dureza y elegancia. Ayer se mostró como un músico sencillo, entregado al sentir de un sonido que recorre sus venas a tiempo completo. No se salió del guión esperado, y con solo un Dj a sus espaldas y un enorme fotógrafo personal superyanqui acompañándole en el escenario, el hombre rapeó con la seguridad y el oficio de quien lleva haciéndolo una vida entera.

Se sintió arropado. Tal vez pensó que el público le fallaría, pero fue todo lo contrario. Así, como señal de agradecimiento y camaradería, se pasó el concierto pegado al borde del escenario, bien cerca de la gente, chocando infinidad de puños, sacándose fotos, bajando incluso a fundirse en un baño de masas con sus seguidores, y finalmente, firmando cientos de entradas, camisetas, zapatillas, alguna que otra gorra y hasta una T10 de metro. Tal vez en otros tiempos mostrara una actitud más agresiva, más arrogante o desafiante, o tal vez cuando gozaba de mayor compañía y complicidad sobre las tablas. Pero ayer dio la impresión de ser el icono mayor de un montón de gente a la que, fácilmente, dobla la edad, y de no tener ni la mitad de frescura y energía que ellos. Cosa lógica, pero no por ello menos triste u ocultable. El hip-hop, aunque su estatus no quede puesto en absoluto en duda, es un género bastante limitado y restringido a un público adolescente.

Hablamos de GZA, que es un artista consolidado, de larga carrera y bastante ortodoxo. Veremos el próximo miércoles quién se acerca al concierto de Herbaliser. Tal vez descubramos una relación proporcional entre el nivel de innovación o apertura del estilo y las edades de la gente que lo escucha. Por lo pronto, al menos por el momento, me quedo con la impresión de que es un género minoritario.

Autor: Pablo Luna Chao

También disponible en En clave de Luna.

Foto de Pablo Luna Chao.

Disco Las Palmeras! (La[2], Barcelona, 14-01-11)

Colaboradores | 17 Enero 2012  

La verdad es que me sorprendió que fuera tan poca gente el sábado en La[2] de Apolo para ver a Disco Las Palmeras!. Con el pedazo de disco que han sacado, acogido con los brazos abiertos por la mayoría de publicaciones del género, esperaba, por lo menos, algún que otro apretón más en primera fila: calor, sudor, y un poquito más de esa sensación de angostura que predican en su Nihil Obstat. No fue, desde luego, por falta de entrega del trío, sino más bien porque las grandes batallas se libran entre mucha más gente. Voló la metralla, pero sin causar apenas víctimas, como concediéndonos el perdón, y sonaron con la seguridad y el arrojo de quién ha nacido preparado para lo peor, para el momento crítico; para el día del juicio final, tal vez.

La primera vez que me hablaron de Disco Las Palmeras! me los presentaron como los A Place To Bury Strangers españoles, quizás por esa semejante falta de tacto a la hora de presentar sus verdades. Pero ahora que he podido verles en directo, entiendo también que su universo musical se ha ido construyendo en base a la búsqueda de la parte cruda, del lado oscuro. No se refugian en el embellecimiento anestésico, ni en la magia blanca para explicar sus miedos: los presentan tal cual se les aparecen a ellos en la mente: caóticos, bajo un firme y colosal aspecto; como la superficie de la Tierra, que esconde el magma bajo su ilusoria estabilidad. El sonido áspero y punzante, las toneladas de penetrante distorsión que vuelcan en cada composición, el ritmo desafiante, y la densa y persistente atmósfera de choque y conflicto con que llenaron ayer la hueca sala del Paral-lell, son solo el lenguaje con el que se expresan fieles a su realidad.

La escatología reina en su filosofía musical. Otras bandas de las que les suponemos deudores como The Jesus And Mary Chain, My Bloody Valentine o incluso Sonic Youth o Tool, parecen menos abocados al desastre que Disco Las Plameras!. Disfrutaban también con la perdición y con el ruido del caos, pero el atisbo de confianza en el mañana que guardaba la generación grunge acabó por salvarles. Los gallegos, en cambio, de desbocan hacia la derrota, sin el miedo al qué perder: se desatan al borde de la pendiente, con el peso de millones de kilos de decibelios bien cargados en las dos guitarras, al ritmo despeñado de una batería portentosa y de plato ancho.

Por otra parte, es evidente que la voz de Diego Castro suena mejor en el disco que en concierto, pero en el pacto por la supervivencia no hay concesiones a la belleza. Su entonación, lóbrega y funesta, termina encajando en la instrumentación, aunque formando llagas de las que luego, una vez curadas, resultan fortalecedoras para la piel. Pero aunque cupiera alguna duda en ese sentido, la atención se centra en la seguridad e integridad instrumental que demuestran los gallegos sobre un escenario. Lo apuestan siempre todo, no dejando lugar al resquicio o al flirteo: son directos, intensos y virulentos; pero complementarios. Mientras Castro maneja la maquinaria pesada, Julián López Goicoa engrasa el sonido con la electricidad de un shoegaze cebado y levemente acelerado. Y David Lorenzo, realmente, toca la batería como si no hubiera un mañana.
El concierto duró una hora, y los asistentes tuvimos la suerte de escuchar tres temas nuevos, aparte de 8 de las 11 canciones de su primer trabajo ya editado. Me La Jugasteis En China, La Casa Cuartel, Del Miedo A Mis Viajes y A Los Indecisos sonaron especialmente bien; sin tregua, como un bombardeo. Observarles con el engranaje bien abierto, en esa progresiva y crítica ascendencia que es La Casa Cuartel, resulta espectacular. Manipulan un volumen de música que no podrían manejar tan solo con seis miembros: los pies de Castro gestionan la distorsión y las texturas, siempre ásperas, rudas y contundentes. Pero aparte de tanto miembro, y a diferencia de lo que aprecié en los Pains la noche anterior, lo cierto es que gran parte del mérito reside en que esta banda le echa muchas, pero muchas pelotas (con perdón).
Autor: Pablo Luna Chao

Fotos de Pablo Luna Chao.

Escucha el setlist del concierto en Spotify (menos las 3 nuevas).

También disponible en En clave de Luna.

The Pains of Being Pure at Heart (Razzmatazz II, Barcelona, 13-01-11)

Colaboradores | 14 Enero 2012  

¡Un poquito de algo más!
En el tiempo que emplea un español normal con conocimiento medio del inglés en leer y pronunciar correctamente The Pains of Being Pure at Heart, estos chicos se marcan un concierto. Ayer pasaron por Razzmatazz, y los catorce temas que tocaron dieron apenas para una hora justa de recital: fue visto y no visto, una ráfaga primaveral de pop independiente en medio del invierno. Los neoyorquinos, tras editar dos discos extraordinarios, siguen con el directo como asignatura pendiente, pero va siendo menos evidente que les falta rodaje. Porque pese a no ser una banda de excesiva pretensión artística, sí que se esperan de ella grandes cosas: un poco de ese algo más que tanto se respira en sus trabajos de estudio, que tan revitalizador ha resultado para el panorama pop internacional.
El principal problema de The Pains of Being Pure at Heart en directo es, según mi opinión, que no son capaces de remarcar suficientemente sus grandes momentos, que los tienen y a pares; no logran grandes contrastes, y apenas consiguen subrayar o recalcar las transiciones y los cambios de ritmo interesantes. Por el contrario, tienden a monotonizar las canciones y, en consecuencia, el setlist entero, que se diluye. Carecen del trazo grueso, de la pincelada gorda que todo impresionista debe guardar para las líneas maestras. Es como si se empeñaran en copiar en bajo relieve un precioso y rico alto relieve musical, como si el cincel, sobre el escenario, perdiese profundidad o capacidad de incisión. Y no es que los Pains se distingan precisamente por clavar sus notas a golpe y martillo, o por tener un registro sonoro amplio y variado, pero se echa en falta que se pongan guapo: que se miren con orgullo al espejo y potencien sus virtudes; quizá les sobre humildad y les falte algo de ego.

Por otra parte, seguimos sin noticias de la voz de Peggy Wang-East. No hay duda de que toca de maravilla el teclado, y que siempre consigue que me acuerde de Stereolab al interpretar Young Adult Friction, pero The Pains of Being Pure at Heart, que yo recuerde, era un dúo vocalista femenino-masculino, y ahí radicaba precisamente uno de sus atractivos. Al menos en mi opinión, y sin querer desmerecer en absoluto la voz suave de Kip Berman, creo que sin ella pierden un prisma imprescindible en su fórmula melódica: el desnivel al que juega la pareja de voces en el Cd es el desequilibrio que destapa el techo bajo de los Pains, y que permite proyectar las miras libremente hacia lugares lejanos y de ensoñación garantizada. Y de tanto susurrar, la voz de Peggy pasa a un casi inútil segundo plano.

Pero al margen de estas dos fallas, del poco juego estético que dan todos menos Kip, y de la escasa duración, el concierto fue, por lo general, correcto. Tocaron prácticamente todo su primer disco, y apenas 5 del segundo; de hecho, abrieron y cerraron como en este último: con Belong y Strange. Entre medias, solo dio la sensación de que empezaban a entrar en calor en la terna Come SaturdayYoung Adult FrictionMy Terrible Friend. Y después, justo tras la pausa, el único momento más o menos sorprendente: Berman interpretando en solitario Contender, con dedicatoria especial para Xavi (imaginamos que Sánchez Pons, el de Mondo Sonoro). Sin tiempo para grandilocuencias, adornos ni dilataciones de ningún tipo, concretaron un sonido y un concierto compacto y coherente, encarrilado en la receta noise-pop/shoegaze que les hace sentir seguros, pero sin saltarse una coma del guión pactado. Incluso Connor Hanwick, de los Drums, que viene sustituyendo a Christoph Hochheim a la guitarra, se contagió de esta apática actitud.

No es que por ese par de discos buenos ya esperase un directo con la portentosa garra de The Joy Formidable, las perfectas tablas de Fleet Foxes o la excelencia de Bon Iver: quizá es mucho pedir. Pero lo que han demostrado, al menos en este último concierto de la mini-gira por nuestro país, es que aún les queda mucho camino por recorrer antes de convertirse de verdad en el referente del pop independiente que todos hemos visto, o querido ver, a raíz de sus dos trabajos de estudio. Seguiremos teniendo paciencia con ellos, pero un poquito menos.

Escucha el setlist del concierto en Spotify.

Autor: Pablo Luna Chao

Fotos de Pablo Luna Chao.

También disponible en En clave de Luna.

Hitabaldaäs (El Continental, Barcelona, 12-01-11)

Colaboradores | 13 Enero 2012  

La mezcla perfecta de razz y jock.

Paseando ayer por Gràcia, aquellos que no lo supieran, podían haberse topado con la actuación en directo del grupo local Hitabaldaäs en el Bar El Continental: un quinteto sorprendente, que trabaja entre lo clásico y lo vanguardista, que hizo las delicias del selecto público que pudo reunir. Fue un bolo gratuito y tranquilo del que apenas pude ver cuatro o cinco canciones, pero fueron más que suficientes para confirmar lo que ya me venía oliendo desde la escucha de su primer Cd.

Me gustan los grupos como Hitabaldaäs: son un auténtico reto paraIMG_2499 aquellos que nos empeñamos en descifrar y etiquetar los sonidos que brotan de la música, de las bandas. Te obligan a permanecer siempre atento, en guardia, esperando el siguiente giro inesperado, la enésima desviación. De ellos, a priori, se podría decir que mezclan rock instrumental y jazz atmosférico; pero también que juegan a juntar razz ácido y jock ambiental. El caso es que te descubres en sus conciertos disfrutando de una bella y elegante percusión, al modelo Cinematic Orchestra, a veces más sutil, otras más marcada; de una solitaria y sólida trompeta, con un punto de comedida melancolía; y, en general, de un sonido noble, sesudo y reflexivo.

IMG_2500Hay, claro, elementos jazzísticos, pero combinados de manera natural con una forma de crear y vivir la música más bien moderna. Son el lenguaje escogido para presentarnos su evocación: Hitabaldaäs es una banda con vocación cinematográfica. Así, el bajo (o contrabajo) marca un travelling juguetón, pero bien enfocado, a través del cual vemos pasar la escena que configuran los demás instrumentos. Todos, y por eso necesitan una sala mejor, comparten un protagonismo y un discurso bien estipulado: el teclado ilumina, la guitarra encuadra y redecora con finura, y el resultado es una música deliciosa, siempre a las puertas de la profundidad de la noche.

El sonido limitado que ofreció la sala fue síntoma de algo bueno: Hitabaldaäs necesita de una excelencia de infraestructuras que esté a la altura de su capacidad interpretativa. Ayer entendimos que sus instrumentos, y toda esa capacidad evocadora que demuestran, no caben en salas pequeñas como El Continental. Resultó un espectáculo íntimo y hermoso, en un entorno adecuado, pero el sonido quedó encapsulado en dosis demasiado pequeñas. Quedó patente cuando apenas pudimos percibir el prometedor debut de la voz de Silvia.Ojalá estos chicos tocaran el 23 de febrero con Pórtico Quartet en La[2] de Apolo, porque atraerían el público que, tal vez, necesiten para despegar y alcanzar la altura que merecen.
Texto de Pablo Luna Chao.

Fotos de Eulàlia Rubio.

También disponible en En clave de Luna.

Thurston Moore performing Psychic hearts (Electric Ballroom, Londres, 03-12-11)

Joan Carles Macarro | 18 Diciembre 2011  

Aprovechando el puente de la Purísima nos lanzamos a Londres a pasar unos días. Evidentemente, y como es obligatorio para todos los amantes de la música, lo primero que hice fue mirar qué conciertos podría ver en la capital británica durante esas fechas. Por suerte para nosotros, el grandioso Thurston Moore tocaba dos días seguidos, ya que para la primera fecha se había colgado el sold out rápidamente. Los conciertos serían el 2 de diciembre en Union Chapel, presentando el reciente Demolished thoughts (Matador Records, 2011) y el día 3 en Electric Ballroom, tocando íntegramente el mítico Psychic hearts (Geffen, 1995). Lamentablemente, llegamos tarde para el primero, así que deberemos esperar a que en el futuro tengamos la ocasión de poder disfrutar de un concierto en Union Chapel -simplemente “googleenlo” y entenderán las ganas que le entran a uno de ver a quien sea en ese marco incomparable-. Pero no seamos derrotistas: ver al maestro Moore siempre es plato de buen gusto; y si además le da por tocar un disco clave para los que crecimos en los 90, dentro del ciclo Don’t look back de ATP, la noche se antojaba inolvidable.

La primera sorpresa, nada más llegar, fue ver que sobre el escenario había un arpa. Algo que presagiaba que Mr. Moore se enfrentaría a un disco 100% eléctrico con la formación con la que está girando últimamente y que incluye arpa y violín. Pero ahí no acababa todo. El neoyorquino saltó a las tablas con guitarra acústica y así reprodujo casi todo el disco, ya que algunos temas se quedaron fuera porque, en sus propias palabras, “eran demasiado raros y no sabía muy bien qué pensaba entonces para tocarlos”. Por si alguien tenía alguna duda sobre su estado de ánimo, debemos decir que no mostró ni un atisbo de tristeza o dejadez provocada por la reciente noticia de su separación de Kim Gordon. Todo lo contrario. Moore estuvo cercano, dicharachero y enérgico. Así que nada más salir nos explicó anécdotas sobre aquella época y recordó que presentó el disco en Londres compartiendo cartel con los locales Comet Gain, ganándose un poco más a un público ya entregado de antemano -algo que le honra, ya que podríamos pensar que un tipo como él, que ha recorrido todo el mundo con Sonic Youth durante los últimos 30 años, ya no debe saber ni dónde vive-. En lo musical, decir que la banda estuvo impecable y que temazos como Ono soul, Feathers o Psychic hearts nos dejaron totalmente hipnotizados, mientras que las más “sonicyoutheras”, como Queen bee and her pals, nos sonaron a gloria bendita, demostrando que a sus 53 años Thurston Moore todavía tiene cuerda para rato. Pero no sólo eso, también dejó claro que a una gran estrella como él no le molesta mirar hacia atrás como les sucede a otros. Al contrario. Cuando mira al pasado se lo pasa en grande recordando, y nosotros con él.

La noche de los Jaimes: James Blake, Jamie Woon y Jamie XX (Razzmatazz, Barcelona, 08-12-11)

Colaboradores | 10 Diciembre 2011  

La noche de los Jaimes: James Blake, Jamie Woon y Jamie XX.

“Házmelo duro, James. Como a ti te gusta: seco, intenso y sin dilaciones; pero házmelo con amor”. Eso pensé anoche durante el concierto del señor Blake, mientras entendía, con la clarividencia de quienes asisten a una revelación sagradas, por qué este chico es uno de los personajes musicales del año. Es la electrónica del sentimiento, la sesión sentimental. La apuesta de Razzmatazz para su 11º aniversario fue de repóquer en la noche de ayer: reunió, en un show dinámico y amistoso, a Jamie Woon, James Blake y a Jamie XX, miembro de The XX, que actuó solo como Dj ya pasadas las 2am. Tres de los productores más influyentes de la electrónica del momento: lo mejor del panorama post-dubstep actual.

Con gente así el éxito estaba asegurado: crearon un espectáculo musical, calculado al milímetro, que medía las pulsaciones del público, y las traducía en rítmica aplicada amplificada. El plan era el de un concierto de endurecimiento paulatino, con repechos contundentes de subidas inesperadas, y preciosos valles, creados por el ritmo de la electrónica blanca, iluminados para las preciosas voces de Woon y Blake. Pero cuando nos quisimos dar cuenta aquello había dejado de ser un concierto, se activó la estética Dj y Blake, de nuevo, pinchó durante una hora larga. Dudo que la causa fuera el leve retraso que todo el show llevó, pero el caso es Jamie XX se incorporó al espectáculo antes de tiempo para hacer una impresionante batalla de Djs con el protagonista de la fiesta. Un colofón que aún le dejó margen para aventurarse por la electrónica más dura.

Pero aunque la tendencia estuviera clara desde el principio, pudimos losJamie Woon menos fiesteros disfrutar de la calidez asombrosa de Jamie Woon. El gran atractivo del post-dubstep radica en que ahora toda la rítmica y el método se sintetiza (de síntesis), y se pone al servicio de otros estilos que entran en el dubstep como una daga ardiendo en mantequilla. Se limpian sus estructuras, se derrite lo innecesario, y solo queda un pop, un soul, un R&B profundísimos, movidos por la métrica electrónica intuitiva, blanca y silenciosa que practican y dominan estos jóvenes británicos. Woon es el más soulero, se siente muy cómodo con una guitarra entre manos, usando su voz como si fuera en volandas sobre esa tela magnética y suave que crea con las bases.

James BlakePorque lo de James Blake va más allá. ¿Es la electrónica sentimentalista del británico una rara avis en el panorama musical posmoderno, o es el nacimiento del suelo que pisará el soul del siglo XXI? Entendiendo el género ya no solo como un estilo musical, sino como esa capacidad de crear música con alma, música libre, y hacer que brote como de forma natural. El soul de los ’60 tuvo el entorno adecuado, su momento de liberación, y ahora, con la revolución electrónica, parece que la música ha encontrado otro hábitat apropiado para desarrollarse sin barreras ni ataduras.

Pero lo que hace Blake, subido a un escenario, es follar con casi toda la historia de la música moderna. A modo grupo, acompañado de una batería y un guitarrista y asistente rítmico, el menor de los tres Jaimes cantó, tocó el teclado, jugó con su voz y los samplers y, en general, con el libido de los asistentes. Hay una evidente carga erótica en su música, y más si la interpreta en directo: la hay en sus silencios cantados, en sus intensidades y contundencias, y en la sensibilidad manifiesta que hubo en todo momento, incluso en los más duros. “Házmelo fuerte, James, pero con amor”.

Es su versión live Blake compaginó la pasión de la música viva, con la fríaBlake precisión del amante implacable, el alma soulera, popera y glamurosa de la música de intérprete y micro, con la mortífera puntería digital de la base electrónica. Acabó como lo haría el mismísimo Elton John, solo frente al piano, en la intimidad de una sala repleta de fans. Pero un minuto antes había empezado a anticipar la sesión que tenía preparada para su versión Dj. Dejó claro que desde cualquier esquina de su disco, desde cualquier pasaje, es capaz de escaparse, ya sea en dirección al tecno y al dubstep más puro, o hacia géneros más melódicos y tradicionales, aunque en su boca suenen a total renovación.

Blake djDespués, cuando se puso a los platos la cosa ya cambió. Fue una de las sesiones de electrónica más espectaculares y limpias que he escuchado: desde una inspiración más bien rapera y basada en el R&B, Blake Dj movió a la sala al ritmo que exhala el último trabajo de Jamie XX, pero a golpe de pedrada pulida. Y cuando éste subió al escenario, compartieron mesa durante una gloriosa hora en la que volaron los vinilos (Cds en el caso de Blake) a modo de improvisación. La calidez del menor de los Jaimes, tendente siempre al recurso vocal, contrastó al principio con lo que hacía el mayor; pero tras unos estiramientos, de texturas firmes e incontestables, el señor  Smith procuró dar un pasito más allá hacia el profundo abismo de la electrónica de garito. Cualquier atisbo de soul se extinguió con el avanzar del metrónomo.

Me fui de Razzmatazz hacia las 3:30, dejando a Jamie XX a los mandos de todo el asunto. La Noche de los Jamies seguía, y el 11º aniversario de la sala parecía, más que nunca, una gran fiesta. Un cumpleaños que ha tenido durante este último mes a invitados tan de excepción como The Horrors, Washed Out, The Drums, James Holden, The Rapture o los mismos Smashing Pumpkins: un lujazo de cartel que solo nos lleva a una conclusión: ¡Larga vida a Razzmatazz!

Texto de  Pablo Luna Chao

Fotos de Pablo Luna Chao
También disponible en En Clave De Luna

Battles (Apolo, Barcelona, 30-11-11)

Colaboradores | 1 Diciembre 2011  

Creo que mis tímpanos se han declarado en rebeldía; mis oídos no me hablan, y todo por culpa del concierto de ayer de Battles. Hubo momentos en los que estuve tan pegado a la batería de John Stainer que la caja de resonancia era mi propia gran boca abierta; y hubo otros en los que estaba tan cerca del teclista y guitarrista Ian Williams que me cayó alguna de las cientos de miles de millones de gotas de sudor que saltaron de su cabeza al ritmo del impecable sonido de la banda. También pude observar la magia constructiva de Dave Konopka, el otro guitarrista, mientras no paraba de mezclar y samplear sus propias notas.

BattlesPorque lo de Battles es pura frontalidad musical, un implacable muro de contundencia incansable, en absoluto monolítico, que parece el resultado plástico de una colorista y speedica fórmula matemática loca. Aunque la música en el fondo siempre sea eso, geometría de notas, tonos y ritmos, lo que me apasiona de Battles es que, con su descaro, transforman ese lenguaje cuasi aritmético, mientras le brindan un poderoso homenaje, en otro mucho más sencillo, casi diría que primario; instintivo, animal, brutal.

No especulan un solo instante ni con el tiempo ni con la distancia: son aquí yBattles 2 ahora, y mientras están, lo son con una intensidad que asusta. Stainer golpea su batería como si dependiera de su fuerza que el universo no se despegase por los bordes. Usando y destrozando sus baquetas por los dos lados, el de Baltimore es un verdadero espectáculo: empapado en sudor, y encogiendo su enorme figura frente a su instrumento, parece el ser humano más concentrado y entregado a algo que pueda existir jamás. No parece una máquina, da la razón a los luddistas: un ser humano al 100% siempre será mejor. 

Battles 3En la disposición frontal que adoptan en directos como el de ayer de la sala Apolo, destaca que Stainer esté en el medio, flanqueado por dos personajes (antes fueron un cuarteto) que se dedican a colorear la barbarie de ritmo que él plantea. A su derecha Williams, un personaje bailongo de bigotes americanos, de esos que se precipitan comisuras abajo, que es capaz de tocar dos teclados a la vez, mientras puntea una guitarra muy elástica. Y a su izquierda Konopka, un hombre que hace del concepto de guitarra rítmica un arte de la mecánica y el ensayo. Hacen un trío de atropellada perfección: el cerebro debe ser Konopka, Stainer es el brazo ejecutor, y el bueno de Williams, el más hablador, ha de ser las piernas de este organismo bailable que es Battles.

No es una banda que se caracterice por la sutileza, pero sí hay sitio paraBattles 4 exuberantes matices, dado que los espacios creados por la estructura son amplios, y las pinceladas que componen sus melodías de vertiginosa escalinata son cortas y rápidas. Por eso el público disfruta toquen lo que toquen, porque no hay desperdicio en todo el rato que dura su recital: lo llenan todo, y ni siquiera crees que te dé tiempo a asimilarlo todo, ni en su conjunto, ni al detalle. Pero ha sido tal la avalancha, que sales tú igual de empapado de Battles, que los Battles de su propio sudor. No obstante, sí se notó una efervescencia especial cuando sonó ’Atlas’, seguramente su tema más emblemático.

Pero tampoco va a ser grupo de un solo tema, es más: sus directos son tan compactos que, aunque haya pasajes más reconocibles o admirados que otros, sea el setlist que sea, parece todo compuesto de seguido, como si en una sola tarde, de una sentada, atropelladamente pero de manera precisa, hubieran compuesto todos los temas; enlazados entre sí uno detrás de otro, como si fueran un todo radical de sonido, matemáticas y ritmo. Es la fórmula de Battles.

Texto de  Pablo Luna Chao

Fotos de Pablo Luna Chao
También disponible en En Clave De Luna

San Miguel Primavera Club: Día 4 (Barcelona, 26/11/11)

Colaboradores | 28 Noviembre 2011  

SÁBADO 26 DE NOVIEMBRE Y FINAL.

Desde el principio sabíamos que el día más duro iba a ser el viernes, y que una vez pasada la etapa reina, el final del Festival ya sería mucho más tranquilo y sosegado. No obstante, aún quedaba buenas excusas para acercarse a alguno de los recintos, pero ante la (bendita) sobredosis de música en directo que sufrí la noche del viernes, opté por asistir solo a la sesión nocturna de la Sala Apolo. El menú: Superchunk, Com Truise y James Lavelle. Ignoraba entonces que ese, el del genio creador del selo Mo’ Wax, iba a ser mi último concierto en esta edición del Primavera Club, pues ayer domingo finalmente no pude asistir a ninguno por fuerzas mayores; lo siento fundamentalmente por los Autumn Comets y por EMA, pero otra vez será: uno de los atractivos de este festival, de hecho, radica en saber que los grupos que ves, seguramente, darán tanto de que hablar que puedes contar con la certeza de volver a verlos pronto, y probablemente en escenarios aún más grandes.

SuperchunkCon todo, mi última jornada en el Primavera Club no fue en absoluto decepcionante. Era difícil, si no imposible, superar en calidad y cantidad a la anterior noche, pero aún quedaban algunas sorpresas por darse a conocer. No fueron, obviamente, los veteranos Superchunk, que dieron un concierto de esos en los que la tregua está vetada, y el decaimiento proscrito. La banda de Mac McCaughan repitió su fórmula de guitarreos incesantes y ritmos calientes con ciertas inercias que limitan su abanico de sonidos. De todas formas, el público disfrutó de lo lindo en las primeras filas, porque todas las canciones aportan la misma cantidad de adrenalina vitaminada a quien se acerque lo suficiente. El problema es que da la sensación de que en pocos minutos lo han mostrado ya todo, cuando en otros conciertos cortos parece que apenas ha dado tiempo a vislumbrar la punta del iceberg del sonido de bandas más interesantes. Pienso en Sleep ∞ Over, Still Corners y Unknown Mortal Orchestra fundamentalmente.

El descubrimiento fue otro, y tiene nombre de celebridad: Com Truise. HeCom Truise de reconocer que iba sin tener absolutamente ninguna idea de lo que era esto, pero cuando te fías de una productora, o de una promotora como Primavera Sound, puedes ir tranquilo a casi cualquier cosa. El escenario lo ocupaba una extraña pareja: un hombre pinchando a la derecha, mezclando y haciendo electrónica, y otro al fondo tocando la batería. La propuesta estaba clara: electrónica con base instrumental. Después me enteré que la pareja era en realidad un solo tío, Seth Hayle, el que pinchaba, y que el batería debía acompañarle en las giras. Lástima, porque creo que es el mejor batería que he visto en mi vida; al menos técnicamente. Una batería tipo Battles. Su pegada, seca y aritmética, casi informática, era milimétricamente igual una a la otra. Digo que Com Truise es un solo tío porque ese batería no era humano.

Com Truise 2Después, su música tiene algo inusual y atractivo, pero no sabría decir el qué. Visto en directo, su aspecto transmitía lo mismo que Jay y Bob el Silencioso: la capacidad de dibujar con pinceladas aparentemente absurdas, un universo entero lleno de jugo y juego. La música de Hayle tiene el sello de sus ideas imprimida en cada nota. Ideas sencillas, con un punto infantil ochentero, pero con coherencia y empaque, y articuladas con la laboriosidad del artesano. La electrónica de Com Truise parece incluso analógica, es una mecánica abierta en la que uno entra sin dificultad, y se mueve como si caminara a través de esas ruedecitas que hay dentro de los relojes. Es como la música mejorada de un videojuego retro. Pero todo un descubrimiento, y una experiencia en directo.

Mi último objetivo del sábado era comprobar qué iba a sonar exactamente deUNKLE UNKLE. El representante era célebre, nada menos que James Lavalle, creador del sello Mo’ Wax con tan solo 18 años, y productor de joyas como el …Entroducing de Dj Shadow. Pero quien esperase, como yo, algo de aquel fantástico Psyence Fiction, que editó en 1998, saldría decepcionado. No hay duda que el gusto musical de este productor ha dado importantes frutos a la música electrónica, y era evidente también que el hombre es un profesional de la marcha, de las sesiones y del rollo electrónica-garito. Pero su repertorio se hizo entrecortado, con demasiados momentos de inesperados frenazos y subidones algo descafeinados. Tampoco el público parecía responder como era debido. Más allá de las primeras filas, donde el panorama no era mucho más alentador, se generalizaba el murmullo de las conversaciones. Las copas le empezaban a ganar la partida a la cerveza, y el ambiente, de pronto, dejó de ser el de un concierto.

Me fui de Apolo más que satisfecho el sábado noche. Saciadas con creces todas mis expectativas, y sabiendo por seguro que ya nada me seguiría sumando en calidad, di por cerrada la cuarta jornada. Sin saberlo había dado por cerrado el Festival entero, pero en realidad desde el viernes noche esta en paz conmigo mismo. Conocía a pocos grupos antes de que comenzara, y ninguna me ha decepcionado lo más mínimo; es más, sigo opinando que muchos van a dar el pelotazo en breve. Pero lo mejor, como en cada edición que organiza Primavera, es que sales con el bolsón lleno de nuevos sonidos que antes no podías ni imaginar, nuevos grupos que te han conquistado donde más lo valoramos los buenos consumidores de música: en el escenario, donde se forjan las verdaderas leyendas.

exto de  Pablo Luna Chao

Fotos de Pablo Luna Chao
Playlist del Primavera Club 2011 en Spotify:PrimaveraClub2011
También disponible en En Clave De Luna

San Miguel Primavera Club: Día 3 (Barcelona, 25/11/11)

Colaboradores | 26 Noviembre 2011  

VIERNES 25 DE NOVIEMBRE.

Y al tercer día llegó la tralla. Quien fuera un poco ambicioso podía disfrutar de unos 8 conciertos, repartidos, esta vez sí, por todas las sedes que se han prestado a participar en el Festival. Metros, taxis, transbordos imposibles para cambiar de sala en tiempo record: esto ya sí era el Primavera Club. Una jornada dura e intensa, pero muy bien recompensada. Vimos, en mi opinión, varios de los mejores conciertos del Festival. Algunos sorprendieron, muchos no defraudaron, pero otras lo que hicieron fue destrozar la pana.

Los EternoMi jornada de 9 horas comenzó en la sala Moog, viendo a Los Eterno. Es una auténtica delicia entrar en el mundo que crean estos cuatro músicos, cargado de extraños pasajes de rock jazzístico instrumental, intrigantes y sigilosos, fabricados con una soltura abrumadora. Daba pena ver a solo 20 o 30 espectadores en un concierto tan bueno, pero Los Eterno son capaces de transmitir y regalarnos, a cada uno de nosotros, una procesión musical que va por dentro. Poco importa que seamos 20 o 2000: en sus recitales solo están ellos y tú, y esa bonita sensación de mañana tranquila, de esas en las que te puedes parar a mirar cómo se eleva el humo del café, mientras el mero hecho de poder pensar en ti mismo te hace feliz. Presentaron en sociedad su primer trabajo, Eterno Saludo Musical, como si fueran piezas de tetris, cambiando de instrumentos como si fuera fácil moverse en el pequeño escenario de la sala Moog.

Había riesgo real de no salir de aquellos mundos; yo, al menos, no quería,Still Corners pero el viaje a través de lo onírico tenía otra parada obligatoria: Still Corners tocaban en el Casino del Poblenou, y hasta allí fuimos en taxi. La banda de Londres, pese a un incomprensible problema logístico (al parecer habían perdido material, y un miembro de la banda ni siquiera tocó), dio un concierto muy refinado y esperanzador. Lo cierto es que su dreampop suena más cálido aún en directo; de hecho, Tessa Murray tardó en calentar, pero cuando lo hizo, todas las miradas se lanzaron a tratar de desvelar el secreto que escondía tras esa aterciopelada y espesa melena rubia. El dulce atractivo y la sensualidad bien contendía de su voz se proyectan sobre el acompañamiento musical del resto de la banda de tal manera que parece que brotaron instrumentos a la vera de su llanto, como si un día las estrellas hubieran decidido que Tessa no volviera a cantar nunca sola.

Still Corners abrieron una noche espectacular en el Casino, aunque el orden no fuera el más acertado. Porque aunque Girls, probablemente, fuera la banda que más público atraería, después de St. Vincent no podía sonar nada más, porque conseguiría devaluarlo. Y así fue.

St VicentEn un marcadísimo contraste estético con Tessa Murray, el atractivo y el carácter de Annie Clark rebasó todas las expectativas. St. Vincent es ella de una manera casi tiránica: tira de las riendas de la banda como la mejor de las amazonas, con rabia, con vocación de demoníaca y angelical estrella del rock. A lo mejor es que esta chica me pone, pero para mí, hasta ahora, no hay duda que ha hecho el mejor concierto de lo que va de Primavera Club. Solo PJ Harvey me ha hecho sentir así como espectador, y aunque la música de Clark sea más cañera y aún más deudora del sonido rockero de los ’90, va camino de llenar estadios, como hace Polly Jean, de enamorados espectadores. Presentó su último Cd, Strange Mercy, de manera casi íntegra, e incluso se marcó una versión de The Pop Group, en un setlist preparado para triunfar: St. Vincent sabe combinar las toneladas de energía y extroversión de, por ejemplo, “Chloe In The Afternoon”, con la preciosa y abierta intimidad de “Champagne Year”.

Para muchos puede que no fuera un descubrimiento, pero sorprendió loGirls maduro que está el producto, lo atronadora que es la forma que tiene de meterse al público en el bolsillo, y lo mucho que llena su sonido un emplazamiento tan exigente como es el Casino. Lo malo es que después de algo así, Girls nos pareció al principio una banda más, una entre las miles que hay como ellos. Pero no hicieron para nada un mal concierto, es más: demostraron que van camino de ser los próximo Kooks, o lo más parecido a Pavement desde Wilco o Real Estate. Pero daba la impresión de que su vocación traiciona a su origen, creciendo en una escena indie que pronto los verá partir hacia públicos más multitudinarios, menos exigentes, donde no les costará destacar. No obstante, Christopher Owens y Chet “JR” White, con una puesta en escena limpia y preciosista, demostraron una compenetración fuera de toda duda: se buscaban constantemente, se entendían, y hacían fluir su música, eso sí, con delicadeza y perfección. Grupos así de pulidos, con la escasa trayectoria que todavía llevan, no se ven todos los días. Pero no había manera: Annie Clark seguía en nuestros corazones (si fuera futbolista, jugaría en el Barça).

Unknown Mortal OrchestraY como todo ser humano necesita comer en algún momento a lo largo del día, decidimos entrar en Unknown Mortal Orchestra con el estómago lleno. Pequeño error, porque entramos con el show a medias, y no era de esos que te puedes perder. El trío encabezado por Ruban Nielson tiene un estilo muy particular, desmelenado con respecto al estudio, potente y contagioso. Sus melodías tienen algo de enrevesado y tortuoso: son como el camino difícil a una meta, cuando desechas las formas convencionales. En su sonido cabe algo de funky, todos los años ’70, y un ritmo envenenado que seduce con movimientos nunca vistos. Y no, no hay ninguna chica cantando, es que es así la voz de Ruban, un tipo neozelandés afincado en Portland que agarra la guitarra como si fuera un fusil, pero que sabe muy bien qué hacer con ella.

A partir de ahí, mi representación en el Festival fue circunstancial, poco másMalkmus vs Shabazz que presencial. Empezaba a sufrir un leve entumecimiento auditivo, y lo que vi de Stephen Malkmus & The Jicks apenas me pareció un indie paradigmático de obligada escucha a partir del próximo lunes. Reconocí en ellos fórmulas que me hicieron pensar en Yo La Tengo, y en consecuencia, en el próximo Primavera Sound. Era la hora de cambiar de tercio, y Shabazz Palaces se planteaba como la mejor alternativa imaginable. El veterano rapero de Seattle se ha reinventado en un estilo más oscuro y alternativo de lo que es habitual en el género, y pese a sufrir problemas técnicos y reunir a relativamente poca gente, mostró un directo muy seguro de sí mismo. No consiguió convencerme de que en algún caso pudiera considerársele como un nuevo gurú del hip-hop, pero se aventura por caminos que lo harán, con el paso de los discos, muy reconocible.

GiversMi último aliento lo reservé para Givers, y mereció la pena. ¡Qué energía desprenden estos muchachos de Louisiana! Son un quinteto multi-instrumentalista Y ultra-percusionista que no para de saltar y reír: se empujan, se tiran al suelo, ponen caras divertidas, y mientras tanto ofrecen un rock vitalista que hace bailar a las flores, imprevisible, despreocupado y siempre fresco. Recuerdan un poco a Arcade Fire, con ese acento folk que no sabes bien de dónde viene, y que probablemente se haya forjado en la carretera, como pasaba con los buenos juglares: aquellos que tan bien retrató Bergman en El séptimo sello. Givers darán mucho juego, prometen espectáculos de humor radiante. Ha sido, sin duda, otra de las grandes noticias de esta edición del Primavera Club. A mí, además, me infundió fuerzas extra necesarias para enfrentarme al largo camino a casa. Mañana más, no sé si mejor, pero seguro que habrá nuevas sorpresas.

Texto de  Pablo Luna Chao

Fotos de Pablo Luna Chao
Playlist del Primavera Club 2011 en Spotify:PrimaveraClub2011
También disponible en En Clave De Luna

Entradas posteriores »