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Bauhaus – Go away white

Han sido veinticinco años los que han pasado desde el Burning from the inside (A&M, 1983). Si entonces Bauhaus eran un grupo en pleno proceso de descomposición pero cuyos componentes tenían la suficiente calidad individual para salvar el conjunto a base de golpes de genio, ahora sus nuevas composiciones son el fruto de varias reuniones para giras multitudinarias donde Murphy pueda volver a ponerse la capa y cantarle a Bela Lugosi.

Muchas cosas han ocurrido en este lapso. David J ha sido un experimentador constante, Peter Murphy ha triunfado en el pop para después ser una de las voces más personales del panorama musical sin dejarse atrapar en ninguna etiqueta y Daniel Ash no ha abandonado nunca su característico sonido a la guitarra en una carrera convincente pero no espectacular. De Kevin nada que contar, siempre ha estado a la sombra de su hermano. El resultado de todos esos procesos ha sido el que finalmente se reuniesen dieciocho días en California para grabar en un abrir y cerrar de ojos un disco que les devuelve a los primeros 80 de manera directa. En Go away white (Cooking Vinyl, 2008) las guitarras glam están liberadas, los estribillos vuelven a aparecer y la voz se pasea del melodrama a los recitados sin ningún pudor.

El tiempo no parece haber pasado por Bauhaus. Siguen alternando temas directos como Adrenalin, superando los cinco minutos y medio de duración con un ritmo aplastante y constante, con los amagos introspectivos de Saved o la directa locura de Zikir. Esta última cierra el álbum, y tal vez la carrera del grupo, de una manera muy adecuada. Recitado sobre un fondo casi inexistente, la voz repetitiva de Peter Murphy nos embarca en un último viaje a ese mundo tan peculiar creado por los de Northampton.

Antes, tres joyas para guardar por los fans de la banda. Está Endless Summer of the damned, convertida en uno de esos temas bailables marca de la casa, tan hipnóticos como disfrutables. También nos quedamos con The dog’s a vapour, una relectura de su propio tema llena de un dramatismo real, palpable y sobrecogedor. Qué decir de Black stone heart, más Bowie que casi nunca y lo más directo y radiable que esconda el disco, dominada por los matices de la voz de Murphy.

¿Ha merecido la pena la espera? La respuesta, sin duda alguna, es que sí. Un puñado de nuevos temas de una de las bandas más míticas que pueda haber dado el Reino Unido en los últimos treinta años siempre es una buena noticia. Pero no nos confundamos tampoco, el avance que sus miembros han ido mostrando en sus carreras en solitario no se ha trasladado a la banda en su conjunto. Bauhaus siguen anclados como conjunto en un difuso momento directamente posterior a 1983. Su momento para abrir caminos ha pasado, y si este disco es la muestra final de su trabajo juntos será hasta una buena noticia. En adelante solo parece que pudieran repetirse hasta la saciedad.

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