Josh Ritter – Madrid (08-12-08)

| 21 diciembre 2008  

Ya en la entrada muchos éramos los que, aun con las ganas de ver al culpable de uno de los mejores discos del 2007, seguíamos apenándonos al saber que su impresionante banda, que acompaña a Josh Ritter desde hace una temporada, no estaría presente en la sala Moby Dick esa noche.

Los encargados de abrir el concierto fueron los irlandeses The gorgeous colors, una banda poco conocida por estos lares que animó a los presentes con unos temas de pop, rock y folk, sin pretensiones y muy bien hechos.

Tras la actuación de este grupo, el escenario se vació de instrumentos quedando sólo un par de guitarras y un micrófono. La sala, casi llena, fue quedando en silencio y la expectación se tornó en ovaciones y aplausos cuando Josh Ritter hizo su elegante aparición en el escenario -traje de chaqueta y acústica en mano- y comenzó a tocar Monster ballads, canción de su penúltimo disco The animal years, después de la cuál interpretó Bright smile, tema de apertura de su segundo trabajo Hello starling. Durante los noventa minutos de concierto, el norteamericano no dejó de reír y agradecer la presencia del público, el cual tarareaba en voz baja sus canciones entre un silencio difícil de conseguir en una sala en la que hasta los camareros procuraban no hacer ruido al servir las bebidas.

Por ello fue fácil que, después de tocar canciones como Man burning o To the dogs or whoever, el tema country más pegadizo de su último álbum The historical conquest of Josh Ritter, el artista se se acercara al público a tocar ‘a pelo’ un conocido tema de Bruce Springsteen, The river.

Josh Ritter siguió entonando temas de sus anteriores discos, como Come and find me, incluyendo anécdotas sobre su trabajo como repartidor de periódicos, sin dejar de recordar a los asistentes lo encantado que estaba de tocar por primera vez en España aunque, eso sí, el sol no le acompañase en su gira, tal cual dijo bromeando: “gracias a España por el buen tiempo que ha hecho estos días” (mientras, en el exterior de la Moby Dick, se presentaba una de las noches más frías y lluviosas del año.)

Durante los últimos minutos del concierto, Josh pidió una cerveza por el micrófono antes de interpretar sus últimos temas y, mientras el público pasaba la bebida de mano en mano hasta el escenario, el de Idaho dejó su guitarra apoyada en el suelo y, cerveza en mano, entonó a capella un tema tradicional irlandés, The parting glass, dejando claro que las melodías folk son uno de sus puntos fuertes.

Quizá un concierto de Josh Ritter compañado por su banda hubiera sido más enérgico y divertido (no desesperéis, pues les tendremos de vuelta a todos ellos en unos meses), pero la calidad y esencia de sus canciones no se perdió en ni una sola nota de su guitarra y su voz. De hecho, los que allí estuvimos presenciamos una noche que difícilmente se repetirá. Bendito Josh.

Entrevista a Vetusta Morla (febrero 2008)

| 10 febrero 2008  

Vetusta Morla son seis músicos que llevan a sus espaldas una larga carrera musical recorriendo no solo los escenarios del país. Su último disco, Un día en el mundo (Pequeño Salto Mortal, 2008), ha sido un soplo de aire fresco para nuestros oídos. Hemos hablado con la banda madrileña sobre su nuevo trabajo, sus expectativas y, en definitiva, cómo son sus días en el mundo.

Lleváis juntos nueve años. ¿Recordáis cómo fue vuestra primera toma de contacto como grupo? ¿Cuáles son los cambios más significativos que han surgido durante todo este tiempo?

Pucho: En un principio no éramos Vetusta Morla. Nos juntamos para hacer una fiesta en el instituto con una banda de mogollón de gente. Fuimos ensayando, dándole continuidad y finalmente, después del verano, hubo dos escisiones del grupo y quedamos el núcleo duro: Jorge, Guille, David, Álex y yo. Para el primer concierto que íbamos a dar, en la Casa De Juventud de allí, le dijimos a Juanma que si colaboraba con unas guitarras y al final esto es, como solemos decir, el “síndrome del eterno colaborador” [risas], pues ya se quedó en la banda. A los cuatro años aproximadamente el bajista dijo que no continuaba porque no quería ir a una cosa seria y demás, y fue cuando entró Álvaro. De esto hace ya unos cinco o seis años.

Juanma: Estábamos predestinados para Álvaro. [risas]

Pucho: Sí, estábamos buscando bajista y él se enteró por gente de los locales, entonces llamó a Juanma y le dijo textualmente: “Hola, soy Álvaro, soy bajista, soy vuestro hombre”. Y efectivamente, ¡aquí está!

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Aroah – El día después

| 14 octubre 2007  

Quizá el día después asoma tímido, con el ruido de los coches en la ciudad con el que empieza el tercer álbum de Aroah. Hablar de sutileza siempre es acertado en el caso de esta artista, que se ha lanzado de lleno a componer en castellano en este breve pero variado disco llamada El día después (Acuarela, 2007)

Las melodías suenan mejor, y no por el hecho de ser mejores en sí mismas, sino por el acertado acompañamiento con el que están arropadas. No hay más que escuchar la impactante sección de vientos de Cifras, los teclados de Pastoral o los estribillos pegadizos de La escala de las cosas. El día después tiene más ritmo, más base; sencillamente más producción. Pues sí, se nota la mano de Raül (Refree) en la producción, no sólo en la orquestación sino también en el concepto del propio álbum, muy diferente del resto de los trabajos de Aroah. La melancolía que siempre ha acompañado sus canciones se disimula con ese despliegue de metales, cuerdas, teclados y efectos. Aunque, no nos engañemos, frases como “a un salto de la cama la respuesta, es lo que dicen todos los psiquiatras, levántate ya”, sacada de Canción para follar, no muestran mucho optimismo. Sea como fuere, las letras de Irene Tremblay llegan a los oídos de forma sencilla y directa.

Pero no sólo de la producción se alimenta este disco. La voz de Irene ha cambiado, y si bien siempre ha sido dulce quizás ahora es más expresiva. Cortes como el que da nombre al álbum recuperan a una Aroah más “cantautora”, salvándose del típico “este tema está sobrecargado” gracias a que los arreglos, siempre muy presentes, también saben mantenerse al margen para dejar aire a la esencia de las canciones. Por otro lado, Pequeña y verde es un ejemplo claro de cómo muchas de las piezas de El día después comienzan y acaban en puntos muy diferentes: aquél que comienza de forma extraña y plagada de efectos acaba convirtiéndose en lo más pop del álbum; uno que entra con mucha energía frena en seco para dar paso a una sencilla melodía, como es el caso de Cifras.

Y así se acaba El día después, con un tema titulado Nada, cuya voz a capella recita “libertad asfixiante, por no querer nada, ya no quiero a nadie”. Nos recuerda así que las composiciones de Aroah pueden tener mil formas diferentes, pero siguen manteniendo esa belleza triste y nostálgica que convence desde la primera nota.

El Hijo (junio 2007)

| 9 junio 2007  

Abel Hernández es el nombre que se esconde tras el proyecto de El Hijo. Las otras vidas, publicado en el sello Acuarela, es su tercer trabajo. El pasado 11 de junio, en una cafetería frente al Círculo de Bellas Artes de Madrid, Abel nos habló de su trayectoria en solitario y su nuevo álbum.

¿Cómo surgió la idea de llamar a tu proyecto El Hijo?

Había que ponerle nombre y, lo típico, te haces una lista en la que todos te parecen horribles. Y el último día, acababa de terminar la grabación de La piel del oso (Acuarela, 2005) en Madrid, y tenía que confirmar un concierto en Barcelona, en la Pedrera, y claro, no sabía cómo iba a llamar a aquello. Estaba con unos amigos, hablando de otras cosas, y de vez en cuando decía “¡Que no tengo nombre! Estoy un poco agobiado, ¡mañana tengo que tener un nombre!”. [risas] Entonces, de vez en cuando decían alguna tontería medio en broma, otras veces más en serio, y de repente alguien dijo “¿Por qué no te llamas El Hijo?”. Pues sí, ya está, me gustó. Hay razones personales, pero vamos, me gustó el juego de palabras con el verbo elegir, me pareció bastante propio para algo que era un camino en el que tenía que elegir dónde iba. Por muy acompañado que pueda estar, es un proyecto personal. Podría haberlo llamado de cualquier otra manera, aunque quería un nombre en castellano y que no fuera de una sola palabra, y no quería llamarlo como me llamo yo. Pero no tiene nada que ver con la película y todas esas cosas. En definitiva me gustó como sonaba.. Leer más

The Gift (mayo 2007)

| 9 mayo 2007  

Desde Portugal con amor

The Gift es un nombre que suena a muchos, y no es para menos, estos portugueses llevan casi un centenar de conciertos en nuestro país. El pasado mes de abril colgaron el cartel de “entradas agotadas” en Madrid. Hemos tenido el placer de hablar con Sónia, la letrista y cantante de la banda, en un céntrico hotel de la capital.

En pocas palabras, ¿cómo definiríais a The Gift?

Prefiero palabras a adjetivos [risas]. Creo que esencialmente somos una banda que escribe canciones, de pop, electrónica, pero siempre canciones, con estribillo, con su estructura… Nos gustan las canciones. La electrónica y los violines, por ejemplo, son otra manera para completar y definir un rumbo estético, pero nosotros escribimos canciones.

Comenzasteis con vuestro propio sello en Portugal, y ya lleváis juntos desde 1994. ¿Cómo fue el proceso desde que empezasteis hasta que llegasteis a tocar con grupos como Radiohead, Coldplay o Flaming Lips?

Siempre fuimos una banda de objetivos, es eso lo que nos hace vivir. En el año 94 teníamos como objetivo participar en un festival, después presentarnos a otras personas. En el 97 hicimos nuestra primera maqueta para presentar a las discográficas y a alguna prensa. Nuestro objetivo fue ése; ¿que no nos quieren? Pues vamos a hacerlo solos. En el 98 hicimos nuestro primer disco, Vinyl. Anduvimos de tienda en tienda vendiéndolo. Un periodista muy reconocido en Portugal escribió una muy buena crítica y nosotros íbamos de tienda en tienda diciendo “Oye, este señor nos ha puesto muy bien, ¿quieres comprar el disco?”. En un mes vendimos como tres mil copias y en el verano de ese año ya estábamos tocando en los principales festivales. Entonces nos vimos en la necesidad de crear nuestro propio sello. Teníamos que hacerlo, trabajando y trabajando con la prensa y la radio. A finales del 99 estuvimos en el Top Hits de radio durante meses.

Después, con el segundo disco, AM-FM, ya sabíamos cómo hacerlo. Teníamos nuestra propia editora, La Folie Records, teníamos una gira de cien conciertos, teníamos fans… Así que aquí estamos hoy, pasados casi diez años y siempre haciendo lo mismo y con las mismas dificultades que antes. Lo mejor es que como no hay nadie que nos diga lo que tenemos que hacer, podemos hacer lo que queramos y cuando queramos. Estamos hoy en la Fnac, mañana en Portugal…. Creo que ha sido el amor y el creer en el trabajo y en nuestra música lo que nos ha hecho crecer tanto. Leer más

Centro-Matic – Operation Motorcide

| 9 abril 2007  

No han pasado ni dos años y los norteamericanos Centro-Matic ya han regresado con un EP de ocho temas, editado en Europa por el sello Houston Party Records. El proyecto más conocido del prolífico Will Johnson (también compositor y músico de South San Gabriel y Undertow Orchestra) deja de lado el protagonismo de las guitarras y los ritmos uniformados y abre paso a un álbum algo más variado que su anterior trabajo Fort recovery.

Operation motorcide es un claro ejemplo de cómo unir en un mismo álbum canciones pop (Atlanta) o piezas de folk-rock como Blood on the floor, con una original entrada vocal y riffs de guitarra que tocan muy de cerca al blues. Todo ello sin olvidar los temas más dulces como A celebrated grime o All this fresh mutiny, donde silencios y efectos hacen de ésta una de las canciones más bellas del álbum. Para las siempre presentes guitarras, con ese sonido rasgado al que Centro-Matic nos tienen acostumbrados, han optado esta vez por jugar con menos notas, dejando más espacio a otros instrumentos como los teclados, los detalles electrónicos y las percusiones, como ocurre en 74 cuts, 74 scars, todo ello unido a las suaves y prolongadas melodías vocales tan comunes en Will Johnson.

Tras tanta descripción objetiva, mi más humilde opinión: Operation motorcide es un álbum que se disfruta plenamente. Tal vez la frontera entre South San Gabriel y el propio proyecto de Johnson en solitario se vea mucho más disipada con la aparición de estos nuevos temas, aunque una cosa está clara: Centro-Matic suena a Centro-Matic, ni más ni menos, y en ello reside la grandeza de este álbum. ¡Chapeau por los tejanos!

Julie Doiron – I woke myself up

| 11 marzo 2007  

Han pasado tres años desde que Julie Doiron editara su anterior trabajo, Goodnight nobody (Acuarela, 2004). Después de todo este tiempo, la canadiense ha regresado con I woke myself up (Acuarela, 2007) y con una actitud mucho más enérgica y positiva que aquella a la que nos tenía acostumbrados en discos anteriores: atrás quedó la nostalgia de aquellos temas que susurraban melodías suaves y tempos lentos y arrastrados. Un cambio que, además, no se nota forzado sino probablemente más sincero y natural, lo cual ya es todo un reto.

Las canciones de su nuevo álbum, esta vez compuestas todas en inglés, hablan de temas como la soledad (Dark horse) o viejas amistades que se alejan con el tiempo (Me and my friend), manteniendo esa expresividad y sutileza que siempre han caracterizado a las melodías vocales de Doiron, pero jugando mucho más con ellas en la producción del disco. Gran parte de los temas del álbum beben del folk más puro, como es el caso de I left town o Swan ponds que, si se me permite la comparación, bien podrían haber salido de las cuerdas (las vocales y las de su guitarra) de Devendra Banhart. Las bases rítmicas y las guitarras juegan un papel importante, como ocurre en Don’t wanna be / Liked by you, donde podemos escuchar a una Julie Doiron que descubre su faceta más rockera, o en el que da nombre al disco, quizás la canción que mejor representa esa actitud positiva de la que antes hablaba.

Quien haya seguido de cerca a esta compositora quizás piense -como ha hecho la que escribe estas líneas-, que I woke myself up es el mejor ejemplo de cómo mantener una fuerte personalidad musical sorprendiendo al oyente desde la primera escucha.

Will Johnson (enero 2007)

| 9 enero 2007  

Will Johnson es miembro y compositor de Centro-Matic y South San Gabriel, tocando también con otros proyectos como Undertow Orchestra y actuando en numerosos lugares con sus temas en solitario. Su gira conjunta con Micah P. Hinson le ha traído a nuestro país. A las ocho de la tarde, en el backstage de la sala Moby Dick en Madrid, Will Johnson nos habló de sus proyectos, su música y su vida, quedando claro que para él todas son piezas inseparables entre sí.

¿Es la primera vez que estás en España girando sin banda?

Toqué con mi proyecto en solitario al principio del todo cuando vine a España. Ésa fue la primera vez que estuve en Moby Dick. Fue en la primavera del 2005, hace casi dos años.
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Counting Crows

| 10 diciembre 2006  

Cuando empezó su carrera: En el año 1994 Adam Duritz y su banda eran unos músicos desconocidos que, debido a la ausencia de Van Morrison en la ceremonia del Rock & Roll Hall of Fame, actuaron en su lugar presentando su álbum debut August and everything after, grabado un año antes. Poco tiempo después, el grupo llegó ser número uno de ventas gracias a su famoso tema Mr. Jones.

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Whitechapel – Troubled sleep

| 18 agosto 2006  

Whitechapel nació a manos de Pablo García y Javier Cantudo (Underwater Tea party, Sixty-nine Million Inches) como un proyecto que aúna canciones en las que melodías y fondos acústicos predominan sobre todo lo demás. Escuchando las líneas vocales y las siempre presentes guitarras, aparece una inevitable comparación con Elliot Smith.

Troubled sleep (Junk Records, 2006) contiene sobre todo temas suaves, susurrantes e intimistas que a veces contrastan con letras de desamor e historias que, casi siempre escritas en primera persona, van dirigidas hacia alguien; desde una admiración secreta en un andén de metro (An anthem for the underground) hasta un viaje en coche para escapar de los sentimientos (The city doesn’t love us anymore).

Está claro que Whitechapel es uno de los grupos del país que mejor consigue captar la esencia del nuevo folk americano; canciones como The last days of red wine and painkillers y Whiterin’ downs hacen que nos vengan enseguida a la cabeza grupos como Clem Snide o Mojave3. Y esas piezas instrumentales intercaladas a lo largo de todo el álbum, como es el caso de Clementine o Paper M, nunca pierden la esencia general del disco, sosegado pero con algunos detalles que a veces crean cierta sensación de oscuridad e incertidumbre. Aún así también encontramos algún que otro tema suelto que se inclina por el pop más convencional, como es el caso de Leave the drama for your mama.

Personalmente, escuchar Troubled sleep me provoca estar constantemente recordando y asociando su música con mil grupos que mantienen, a su vez, cierto parecido entre ellos. Pero una cosa debe quedar clara, y es que eso no significa que sea un mal disco, ni mucho menos. Escuchadlo, saboreadlo, escuchadlo otra vez… y dejad que el CD suene hasta el final, que lleva sorpresa.

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