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Atom Rhumba + Ginferno (Madrid, 16-10-2004)

Ginferno es un trío un tanto inclasificable. Su propuesta es, a priori, realmente original: un rock instrumental plagado de onomatopeyas, a medio camino entre el rockabilly, el surf rock o incluso el punk, con algunas incursiones en melodías populares. Sin duda sorprende ver al batería sentado en el suelo y cómo, sin necesidad de usar los pies, es capaz de tocar bombo y caja tan sólo empleando su mano derecha a una velocidad de vértigo. Pero, al igual que las bromas, lo que empieza siendo gracioso deja de serlo cuando se alarga sin aportar nada nuevo.


Puesta en escena de Ginferno

Y es que una banda debe divertirse en el escenario, pero en el momento en que ésta se olvida de que toca para un público que ha pagado por entrar -tal vez no para verles a ellos, pero que están ahí en cualquier caso- y comete numerosos errores de ejecución y sincronización, algo falla. Podremos sonreír cuando hagan payasadas con sus gritos y se jaleen entre ellos recriminándose lo mal que han tocado el anterior tema, o incluso nos carcajearemos cuando el batería, en un bonito alarde de patetismo, se quite la camiseta y se jacte ante las presentes de las exquisitas carnes que se pierden. Pero al final de lo que se trata es de hacer música, y, tal vez por la tardía hora del concierto o por un exceso de ambiente festivo, eso se ignoró en muchas ocasiones.


Ginferno en un descanso entre canción y canción

Por su parte, se podría decir que Atom Rhumba acudían a la sala leganense en su mejor momento. Todo tras la publicación del merecidamente celebrado Backbone ritmo y una muy notable intervención en el Fuji Rock. En este festival japonés, que tuvo lugar a finales de julio, fueron galardonados por la crítica nipona como “The best new comer”, algo así como banda revelación, lo que no deja de ser curioso para un grupo con casi diez años de trayectoria y cuatro largos a sus espaldas.


La mitad de Atom Rhumba

Ciñéndonos al aspecto musical, no cabe duda de que Atom Rhumba son unos músicos de primer nivel, destacando sobre todo la guitarra de Álvaro y la batería de Natxo, bien acompañado en la sección rítmica por el bajo de Jabi. Aunque no acaba de quedar claro cuál es el papel dentro del grupo de Íñigo –teclista y maraquista– más allá del de brillante animador, cuando el único solo de cierta entidad al teclado se lo marcó Rober –cantante, guitarrista y único fundador de la banda que se mantiene en la formación-. Por otro lado, se echaron de menos los interesantes aportes al sonido del grupo del saxofonista Jose María González, ausente esta noche.


Álvaro durante un momento de la actuación

El concierto comenzó con energía desbocada gracias a New kind of virus, para luego dejarse llevar por los ”shake it up” desplegados durante Give me chaos por Rober, así como sus estrambóticos ruidos vocales en Motormouth, ambas canciones de su anterior trabajo Chasin’ the onagro. Aquí ya quedó claro que el exceso de euforia por parte de los fans más alcoholizados podría suponer un problema para el buen discurrir del concierto, ya que éstos no se cortaron ni un pelo a la hora de ponerse a bailar entre los Rhumberos o incluso berrear al micrófono en instantes determinados. Contando, eso sí, con la connivencia del grupo, que colaboró activamente en estos desfases trasnochados –Íñigo fue paseado en varias ocasiones sobre las cabezas de los presentes-, haciendo que muchas veces la atención del público estuviese centrada en todas partes menos en donde se debía.


Íñigo llevado en volandas por el público

Todo esto no fue óbice para que se sucedieran momentos de mucha calidad, como el encadenamiento vertiginoso de Take your time, sin falsetes, y la alocada Eskimo bones; o Gone, la mejor recibida por el público, que bailó sin cesar al son de su infecciosa línea de bajo, y a la que siguió una gran Just stop. Aún así, se echaron en falta muchos de esos toques de funky y de blues que destilan en estudio, y que al menos en este directo fueron sustituidos por mucha potencia pero menos diversidad en el repertorio escogido, perdiendo bastantes puntos la heterogeneidad de su sonido.


Rober, alma de Atom Rhumba

Tras despedirse por primera vez con How long?, finalizaron en un bis que no se alejó de esa onda rockera con Techno boy y el tema estrella de su álbum Dirt shots, que no es otro que Funky town. A los que sí que no se puede poner pegas en su labor, es a los encargados de la sala Swell. Este rincón es todo un oasis de buena música y mejor ambiente en una arriesgada apuesta semanal por las actuaciones en directo. Algo sorprendente al encontrarse en medio de ese desierto de pachangueo, bakalao y estulticia en que se convierte la plaza de toros La Cubierta de Leganés cada fin de semana. Desde aquí nuestra más sincera felicitación para ellos.

Textos: Miguel González
Fotos: Andrés Cabanes

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