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Angels of Light – Sing «other people»

Michael Gira. La sola mención de su nombre debería lograr que el mundo de la música en general se pusiese de inmediato en alerta. Fundador de los míticos Swans, su trayectoria se presenta libre de errores y llena de aciertos. Desde la locura de sus inicios hasta los temas atmosféricos y oscuros que llegaron de la mano de Jarboe, para desembocar en su prefiguración post-rock en el Soundtracks for the blind (Young God, 1997), nadie puede negar la genialidad que atesoraban los neoyorkinos. Por suerte nuestro hombre no se quedó allí, aunque a veces pueda parecerlo por la poca atención que se presta en ocasiones a sus trabajos posteriores.

Una vez enterrada su primera banda, en ese mismo año de 1997, nacían Angels of Light. Un proyecto engañoso en el que los músicos de acompañamiento cambian y solamente Gira es una constante. Deberíamos hablar así, tal vez, de una carrera en solitario escondida bajo el nombre de un grupo. Pero no es tan fácil encasillar a Gira, y su volumen de Solo recordings at home (Young God, 2001), donde no esconde su autoría individual, y el resto de sus proyectos personales acaban de liar el asunto. Así pues Angels of Light pueden ser más bien una mezcolanza extrañamente efectiva entre la personalidad de su verdadero alma mater y las aportaciones de los músicos que le acompañan en un momento dado.

Para este su cuarto disco de estudio se unen los chicos de Akron, banda descubierta por él mismo para su sello Young God (si, el mismo que descubrió a Devendra Barnhart). De su mano los acompañamientos se han relajado con respecto a obras anteriores y, salvo en momentos puntuales, estamos más cerca de la herencia del mismísimo Johnny Cash que de la esperable surgida de los Swans. Está comprobado que uno debe acercarse a los discos de Angels of Light con la mente clara y sin ideas preconcebidas, sin esperarse una nueva pieza de un corpus constante e inmutable que en este caso correspondería a la línea del Everything is good here – please come home(Young God, 2003), su última y genial entrega. Hay bandas que por suerte no saben circunscribirse a un solo sonido ni a una sola sensibilidad, y estamos ante una de ellas.

Porque por Sing «other people» (Young God, 2005) se pasean historias personales, a menudo con nombre propio, que pintan todo un fresco vivo y creíble de la existencia en torno al autor y su omnipresente voz. Historias que captan al oyente y lo transportan, construyendo un mundo personal en el que gente como Lena, Simon o Thor pueden convivir con nosotros. Sin duda estamos ante un disco concebido como una sucesión de relatos, no tan lejano a lo que podría ser un libro del mismísimo Ray Bradbury llevado a la canción, lleno de esa misma intensidad y naturalidad.

Así nos lo muestra desde los primeros acordes de Lena’s song, genial apertura en la que la figura central se muestra tan esquiva y eterea como real. Una cualidad que las letras no abandonarán en ningún momento y que alcanza su cima en temas como Michael’s white hands o Simon is stronger than us. Dejando de lado curiosidades como la posibilidad de que la primera de ambas esté dedicada al mismísimo Michael Jackson, lo cierto es que los personajes que les dan nombre son poco menos que arquetipos universales a los que se les ha dado una voz propia.

A su lado conviven otros temas de carácter más amplio. Abandonando la concreción de los nombres propios se configuran historias completas como las presentadas en The kid is already broken, una intensa oda a la infancia rota o My sister said y su desgarrador final. También se llega a huir de la personalización en los títulos, pero no en la esencia, en temas como On the mountain, rica en sus resonancias del moderno alt-country, Destroyer y sus emocionantes coros o Dawn, una de las más directas de todo el disco con sus menos de tres minutos de duración llenos de intensidad.

La instrumentalización llega a ser algo casi circunstancial por momentos, salvo en arranques locos como My friend Thor, donde los Akron toman el protagonismo. Pero quitando ese tema concreto y momentos que deben ser cuidadosamente elegidos en el resto de canciones, el resto del tiempo dependeremos de la voz de Gira como única guía. Esto se ve en temas como los que cierran el disco, Purple creek o Jackie’s spine.

Y para terminar esta crítica nada mejor que irnos a la joya de la corona, a To live through someone. Musical y liricamente el centro del disco, aunque no por su orden en el mismo, aquí se vuelca el significado de la gran obra que Gira y sus acompañantes nos han brindado. Vivir a través de otros es lo que nos ofrecen a lo largo de todo el minutaje del disco, cantar a otras personas es lo que hacen. Ven con otros ojos, escuchan con otros oídos, y todo ello gracias a un intérprete en estado de gracia y dotado de una capacidad increíble para penetrar en la mente y el alma humana. Desnudar la esencia de las personas y cantar por ellas, eso es lo que Angels of Light hacen en este disco, monumento a la narración musical en el que la letra, la voz y la música se unen de la mano para contar historias eternas que suenan a nuevas.

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