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Algo en común

Algo en común: El amor de los post-adolescentes

Andrew Largeman (Zach Braff) es un actor de televisión que trabaja en Los Ángeles, y vive a base de litio. Dicha terapia le hace vivir en un estado parecido al coma. Tras la muerte de su madre, decide dejar la medicación y con motivo del funeral vuelve durante unos días a su ciudad natal, Nueva Jersey. Allí volverá a encontrarse con sus antiguos amigos que han seguido su vida de forma dispar, y conocerá a Sam (Natalie Portman), una chica excéntrica y completamente antagonista a su forma de ser pero que le provocará una curiosa atracción. Al mismo tiempo intentará arreglar los problemas con su padre (Ian Holm), que durante toda su vida ha ejercido una figura excesivamente dominante sobre su hijo.

Nos encontramos ante el estreno en la gran pantalla, como director y guionista, de Zach Braff. Sin embargo, como actor había trabajado en El club de los corazones rotos (2000), Getting to know you (1999) o Misterioso asesinato en Manhattan (1993). En el reparto destacan la figura de Natalie Portman que había participado en películas de la talla de Closer (2004), Cold Mountain (2003), o en los Episodios I, II y III de La Guerra de las galaxias (1999, 2002, 2005); y el veterano Ian Holm que llegó a la fama por la trilogía El señor de los anillos (2001-2003), pero que había trabajado en La noche cae sobre Manhattan (1997), El quinto Elemento (1997), Hamlet (1990), Alien(1979) o Carros de fuego (1981). Todo ello unido a una estupenda banda sonora que incluye temas que van desde clásicos como Nick Drake o Simon & Garfunkel hasta algunos más modernos como Coldplay, Thievery Corporation o Iron & Wine y que encaja coherentemente con el desarrollo del filme, y se identifica con el público al que va dirigido.

Braff, según sus palabras, “quería crear una historia de amor inteligente para gente joven y también quería hacer una película sobre lo que se siente al volver a casa”. Y eso mismo es lo que ha conseguido realizar. En los últimos años, Hollywood se encuentra plagado de películas de un amor que acude a los estereotipos y que resulta insulso para parte de los adolescentes y jóvenes de nuestros días. Las relaciones de pareja son diferentes en todos sus casos y los momentos especiales son tan sumamente diversos que es imposible encontrar un patrón. Y eso mismo es lo que queda plasmado en el filme.

Por otro lado, la película hace hincapié en uno de los momentos más importantes en la vida de las personas, aquella en la que los jóvenes, tras haber acabado sus estudios, buscan una salida laboral. Un momento de gran incertidumbre que abarca una multitud de posibilidades y seguramente será un momento clave en su futuro. Algo en común nos enseña diversos modelos de vida, posiblemente llevados hasta un punto extremo para ejercer un aire cómico, pero respetando todas y cada una de las elecciones. Cada uno de los personajes ha encontrado su felicidad personal sin haber logrado el sueño americano: el éxito; simplemente viviendo como ellos desean y dejándose llevar por las pequeñas cosas que hacen tan especial la vida.

Desde el punto de vista cinematográfico existen varias escenas de gran talento, entre las que podríamos destacar dos. La primera es el primer beso de pareja, que se lleva a cabo de forma esporádica, sin esos abominables instantes de calma que suelen preceder en la mayoría de las películas, y sin estar a solas, puesto que se encuentran acompañados de un tercer personaje, que es eliminado paulatinamente de la pantalla a medida que los dos enamorados se dejan llevar por sus sentimientos. La segunda es la despedida de la pareja del aeropuerto, en la que se centra a Sam en el medio de unas escaleras y se elige el juego de unas escaleras mecánicas para arrebatar a Large de sus brazos.

De ese modo, nos encontramos ante una película honesta y sencilla, dirigida a personas que “ya han dejado atrás la adolescencia y que tarde o temprano sienten una ansiedad abrumadora” (en palabras del propio director), y que busca un estilo visual específico pese al bajo presupuesto con el que contaba, que obligó a rodar las escenas en una o dos tomas y a montarla mientras todavía se estaba rodando. Un filme que presenta una historia de amor diferente y original con un par de tomas de gran talento y con una Natalie Portman que destaca sobre los demás actores con una gran interpretación.

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