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A Perfect Circle – Emotive

Empecemos dejando claro mi posicionamiento frente al grupo del que trata esta crítica. A Perfect Circle me parece, y con diferencia, uno de los grupos que más aportan ahora mismo al panorama rock internacional. Su Mer de noms era un buen disco, y el Thirteenth step fue más allá, siendo para el que esto escribe uno de los más notables que se publicaron en el año 2003. Tal vez por eso me moleste tanto la existencia de este Emotive.

Pero bueno, no caigamos en excesos, no vayamos a pensar que esto requiere rasgarse las vestiduras o flagelarse. En el fondo el único problema es la presencia de un trabajo tan sobrante en una carrera que se antojaba hasta ahora sin mácula. Tal vez se pueda tratar de justificarlo por los intereses actuales de Maynard o Howerdel en diferentes caminos, pero no busquemos nada exterior al disco, juzguémoslo por sí mismo y, para qué negarlo, no seamos demasiado compasivos.

De hecho vamos a partir de un supuesto desconocimiento de las versiones originales. Tomemos los temas de ésta compilación como si fueran propios del grupo, como si estuviésemos ante un verdadero disco y no un montón de temas sin coherencia. Después de todo sería de esperar que hasta a la hora de reunir covers mostrasen algún resto de la majestuosa capacidad para tejer las canciones que pudimos disfrutar hace todavía muy poco. Por desgracia es una esperanza vana.

El inicio con Annihilation promete unas cosas que no veremos, se convierte en una suerte de mascarada. Un estilo sumamente oscuro parece engañarnos y hacernos creer que estaremos ante un disco meditado, con sentido, donde tendremos algún tipo de carácter unitario que lo rija. Grave error. A continuación nos encontramos con un Imagine facilón y, como mucho, efectista. Nada que sorprenda o que nos aporte nada.

Y a partir de aquí el panorama da bandazos, sin acabar de convencer en ningún momento, y sí mostrando carencias concretas de modo continuo. Así ocurre con la insulsa Peace, love or understanding, que sólo la voz de Meynard consigue sacar a flote. Poco más interesante se puede decir de su What’s going on aparte de que su tendencia a situar la voz a un nivel muy bajo, casi susurrante, ya se hace cansina a estas alturas

Por suerte en Gimme gimme gimme parecen buscar el cambio de registro, pero se quedan a medio camino. Demasiado previsible y con una suerte de teatralidad gótica ya trasnochada, el naufragio es inevitable. Esto ocurre con People are people al querer convertirse a ratos a la electrónica de filiación con unos mismísimos Xiu Xiu. Otro tema que tiene elementos redentores, pero que en conjunto queda muy cojo.

Freedom of choice es más satisfactoria. De menor duración y más directa, no deja de resultar un tema muy audible y que posee algo de la fuerza que se le supone a la banda. Sin exageraciones mejora el nivel hasta el momento, para dar paso a Let’s have a war. De nuevo parece que no tienen demasiadas ideas nuevas, y si bien la batería trabaja a destajo para mantener el interés, la canción se hace larga pese a no llegar a los cuatro minutos.

Passive es el único remanente de los verdaderos A Perfect Circle en todo el álbum, lo que merece ser reseñado. El único tema que no es una versión resulta el mejor con diferencia del conjunto, manteniendo lo que nos ofreció el Thirteenth step y resultando una canción a salvar de la quema del disco. Le siguen, sin mantener el nivel, los fuegos de artificio de Counting bodies like sheep to the rythm of the war drums, que también tiene su punto de redención por momentos debido al ambiente logrado, aunque desgraciadamente se pierde muy a menudo por el abuso de diversos efectos.

Eso sí, resulta poco menos que una obra maestra comparada con la suerte de pseudo-chill out de When the leeve breaks, un corte para directamente borrar del disco, y que da paso al final. La muy conseguida Fiddle and the drum, totalmente a capella, se erige en otro de los temas interesantes del conjunto. Al menos -afortunadamente- el álbum consigue acabar con uno de sus mejores temas.

Porque no nos engañemos, A Perfect Circle han empañado su carrera hasta ahora con un disco de covers lleno de canciones mediocres y con una querencia excesiva hacia el sonido industrial más previsible y facilón. Tampoco exageremos y creamos estar ante una suerte de anticristo musical, el grupo sabe sonar, hasta en los peores momentos, convincente en cierto modo. Y así se libra del naufragio total, pero no de habernos ofrecido una de las mayores desilusiones del 2004, teniendo en cuenta su precedente. Ahora toca esperar que, hagan lo que hagan, los miembros de A Perfect Circle estén de nuevo en forma en su siguiente trabajo y nos borren el mal sabor de boca de este Emotive. Tenemos motivos para mantener nuestra confianza.

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