Interpol + Blonde Redhead (Barcelona, 9-11-2007)
Sergi Serrano | 15 Noviembre 2007
Era la primera vez que veía a Interpol en concierto. Ganas no me faltaban, de hecho organizamos un viaje a Bruselas hace unos añitos con la excusa de verlos en directo, si bien al final no conseguimos entradas. Al menos el viaje valió mucho la pena. La cuestión es que al ver que venían a Barcelona me dije a mí mismo que esta vez no me los podía perder. Y así fue. Estamos hablando de una de las bandas que, disco tras disco, confirman que mi pequeña obsesión inicial -allá por 2001- estaba más que justificada, materializándose nuevamente este año con Our love to admire (Capitol, 2007). Y es que en los tres álbumes que tienen en el mercado hay pequeñas bellezas que a uno le hacen latir el corazón cada vez que las escucha.
Pero hablemos primero de los teloneros, los Blonde Redhead, que acompañarán a Interpol durante toda su gira Europea. La formación está compuesta por Kazu Makino (teclados y voces) y los hermanos Amedeo F. Pace (guitarra y voces) y Simone N. Pace (batería). Era la segunda vez que los veía en concierto, si bien en su actuación en el pasado Primavera Sound, por la tarde y con un calor sofocante, no pude apreciarlo debidamente sus canciones. En esta ocasión fue todo lo contrario, sonaron muy bien y lograron concentrar toda mi atención en cada uno de los temas que interpretaron. Su repertorio fue casi todo de su último trabajo, 23 (4AD, 2007), del que hay que destacar S.W. y el intenso clímax que lograron en vivo. Últimamente no paro de escucharles, su concierto ha hecho mella y cada vez me gusta más su último trabajo.
Después de una pequeña espera salieron Interpol al escenario, con la magnifica portada del disco proyectada a sus espaldas y sonando las primeras notas de Pioneer to the falls. El concierto fue una gozada, repasando disco a disco sus mejores canciones. Así, tras la siempre genial Obstacle 1 del Turn on the bright lights (Matador, 2002) llegaron Narc y C’mere del Antics (Matador, 2004). Toda la sala ya tenía una enorme sonrisa en su rostro. De su último disco presentaron la tranquila Pace is the trick, que nos permitió coger aire y respirar profundamente. A continuación vino Say hello to the angels y otra vuelta a Our love to admire con uno de sus mejores temas, Mammoth. No I in threesome ocupó su lugar antes de Slow hands, con una gran reacción del público. Llegados a este punto, un servidor estaba totalmente convencido de que el coste de la entrada ya había valido la pena. Pero es que acto seguido con Rest my chemistry (mi preferida del último álbum) ya no sabía ni dónde ponerme. Otro de mis momentos favoritos fue cuando, debido a un pequeño problema en la batería, iniciaron (supongo que para ganar tiempo) Lighthouse. Impresionante escucharla en directo. Y si llegan a tocar Evil y The Heinrich maneuver, podríamos estar hablando de un setlist casi perfecto.
Después de una pequeña espera salieron Interpol al escenario, con la magnifica portada del disco proyectada a sus espaldas y sonando las primeras notas de Pioneer to the falls. El concierto fue una gozada, repasando disco a disco sus mejores canciones. Así, tras la siempre genial Obstacle 1 del Turn on the bright lights (Matador, 2002) llegaron Narc y C’mere del Antics (Matador, 2004). Toda la sala ya tenía una enorme sonrisa en su rostro. De su último disco presentaron la tranquila Pace is the trick, que nos permitió coger aire y respirar profundamente. A continuación vino Say hello to the angels y otra vuelta a Our love to admire con uno de sus mejores temas, Mammoth. No I in threesome ocupó su lugar antes de Slow hands, con una gran reacción del público. Llegados a este punto, un servidor estaba totalmente convencido de que el coste de la entrada ya había valido la pena. Pero es que acto seguido con Rest my chemistry (mi preferida del último álbum) ya no sabía ni dónde ponerme. Otro de mis momentos favoritos fue cuando, debido a un pequeño problema en la batería, iniciaron (supongo que para ganar tiempo) Lighthouse. Impresionante escucharla en directo. Y si llegan a tocar Evil y The Heinrich maneuver, podríamos estar hablando de un setlist casi perfecto.
Con la explosiva Not even jail se despidieron momentáneamente, para regresar con unos bises espectaculares, rescatados todos de su disco debut. Primero fue NYC y después Stella was a diver and she was always down. Aún recuerdo cómo me emocioné al escuchar la parte de “Stella, Stella, Oh Stella”, algo realmente hermoso. Y para cerrar el show nada menos que PDA, que logró que el público se volviera loco nada más escuchar las primeras notas. Un gran concierto de un grupo que, apoyándose en la oscuridad y en la puesta en escena de su directo, hace que su música conecte a base de golpes de melancolía en los corazones de todos los presentes. Sin duda otra de esas formaciones que no hay que perderse en directo
Wilco (Barcelona, 8-11-07)
Sergi Serrano | 14 Noviembre 2007
El jueves 8 de noviembre estuve en el concierto de Wilco en Barcelona, en Razzmatazz. Era la cuarta vez que los veía en directo, pero la primera en una sala de conciertos fuera de un festival. Ya los había disfrutado con anterioridad en las ediciones del 2004 y 2007 del Primavera Sound y en el Azkena Rock 2005, y aun así lo viví como toda una experiencia, como si fuera la primera vez. No en vano Wilco es uno de los mejores grupos que he visto sobre un escenario: todos los músicos son excelentes y se compenetran a la perfección.
El espectáculo comenzó sobre las 21.30h, cuando Jeff Tweddy saltó al escenario calzando un sombrero -que no se quitaría en ningún momento- y con una guitarra acústica empezó a tocar la fantástica Sunken treasure, una de las canciones mas bonitas que se pueden encontrar en el Being there (Sire, 1996). Justo después comenzaron a presentar temas de Sky blue sky (Nonesuch, 2007), como You are my face o Side with the seeds, que en directo sonaban aun mejor que en estudio. Después nos deleitaron con I am trying to break your heart. Aquí debemos deternos para hacer mención especial al batería Glenn Kotche, que está hecho todo un crack, y que demostró que su dominio de las percusiones es simplemente espectacular. Tras Pot kettle back todo el mundo se puso a cantar Handshake drugs. Siguieron con la que posiblemente es la mejor canción del nuevo disco, Impossible Germany, en la que el guitarrista Nels Cline nos demostró una vez más que se ha convertido en una presencia imprescindible desde que llegó a la banda en 2004.
Tras Sky blue sky el repertorio continuó con las sorpresas de One by one, que encontramos en el disco que publicó Wilco con Billy Bragg titulado Mermaid Avenue (Elektra, 1998), y Too far apart, la única canción que rescataron de su primer disco, A.M. (Sire, 1995). Entonces sonaron las primeras notas de Jesus, etc… y hubo un pequeño suspiro general que puso la piel de gallina a más de uno. Acto seguido entonaron Hate it here, Walken y la siempre genial I’m the man who loves you, con una gran explosión de energía. En la recta final nos encontramos con Hummingbird, que recibió también una gran ovación, para terminar esta primera parte del concierto con On an on, curiosamente el tema que cierra Sky blue sky.
En el primer bis tocaron What light, seguida de California stars, Forget the flowers y una War on war muy coreada por el público. Se volvieron a marchar tras la bella Shot in the arms, originando una gran respuesta de parte del respetable con los típicos “Oe oe oe”. Por supuesto Wilco regresaron, esta vez para finiquitar el concierto con dos temas enormes. Primero Heavy metal drummer, del Yankee hotel foxtrot (Nonesuch, 2002), y luego lo mejor de la noche, Spiders (Kidsmoke), que duró casi una eternidad para el goce de todos los presentes. Una buena muestra del mejor krautrock, muy espectacular gracias a unas fluctuaciones en ritmo y sonido únicas. Fantástica la actuación de Wilco, que pasada la noche de Barcelona todavía darían lo mejor de sí en Madrid, Zaragoza y Bilbao. Una mini-gira intensa -cuatro noches consecutivas- y un éxito absoluto de crítica y aforo. Desde luego que, si hubiera podido, me habría acercado también a la capital aragonesa, porque ya estoy ansioso de volverlos a ver.
La Costa Brava – Velocidad de crucero
Santi Hurtado | 11 Noviembre 2007
Resulta realmente alentador el hecho de que desde cierta parte del pop actual se reivindique sin complejos la frescura y el romanticismo del pop de los sesenta en nuestro país. Si hace unos cuantos años (en plena eclosión del Xixón sound) nos dicen que las bandas del recién empezado siglo XXI tendrían como referencia a Los Pekenikes o a Los Brincos, nos habríamos quedado de piedra. Una época -en la que un grupo como Los Flechazos era un mundo aparte- donde dominaba la distorsión y las voces en inglés, y donde seguramente había más preocupación a la hora de hacer canciones por encontrar una identidad sobre un concepto generacional que sobre cuál debía ser realmente su contenido.
Precisamente algunos de los miembros de las bandas más significativas de ese movimiento indie que surgió a partir de los años noventa (Fran Fernández y su emblemática Australian Blonde y Sergio Algora con su distintiva El Niño Gusano) son los que conforman ahora este grupo en el que también participan Eloy Cases, Enrique Moreno y Ricardo Vicente, de Tachenko, como último integrante. En ese sentido, el efecto inmediato que produce la escucha de este nuevo disco de La Costa Brava es el contrario al que nos referíamos antes: lo importante no es la abstracción o la idea del grupo (su encuadre dentro de algún movimiento) sino el fondo. Parece que la banda nos dice: aquí están nuestras canciones, que hemos hecho cada uno con total libertad, para que cada uno escuche la que más le guste.
Así, uniendo concesiones al techno pop (Japonesa), se suceden los temas entre -en su mayor parte- las claras influencias de los sesenta antes señaladas (Dispositivo, Justicia poética, La prueba del polígrafo) y un indie pop más cercano a los orígenes (ahí queda la que es en mi opinión la mejor de todas, Hospital, con tintes de Lemonheads), junto con otras composiciones coreadas en festivales como si fueran clásicos de la banda (Natasha Kampush (hazme una perdida)). En resumen, Velocidad de crucero (Mushroom Pillow, 2007) es una guinda más a añadir al dulce panorama del pop español que vivimos en nuestros días. Un álbum que, si bien con algún tema fuera de lugar, gustará a aquellos a los que aburra la linealidad de ritmos, voces y estilos en un mismo trabajo y apuesten por disfrutar de una buena diversidad de canciones.
The Stooges – The weirdness
Juan Carlos Gomi | 11 Noviembre 2007
The weirdness (Virgin, 2007) es el primer álbum grabado en un estudio por Iggy Pop con los Stooges desde 1973. La Iguana se ha reunido con dos de los miembros originales de la legendaria banda, los hermanos Asheton –Ron a la guitarra y Scott a la batería-, y, en vez de retirarse a un asilo a jugar al cinquillo, han enchufado “los amplis” (sic) y se han puesto a descargar toda la mala leche que, en su día, tenía eso que llamamos punk rock.
¿Estamos ante “un todo por la pasta”? ¿Bunbury se ha dejado el pelo largo y lacio y se ha quitado la camiseta? Pues va a ser que no. Puntualicemos: Iggy es muy majo, millonario, se hace fotos con Donatella Versace, protagoniza malas películas y tiene cara de payaso, pero no es un triunfito ni ha pasado por el casting de Gran Hermano. Un respeto. Con este álbum los Stooges probablemente no se comerán un colín –tampoco lo hicieron antes- ni pasarán a la historia, pero sí nos enseñan que el músculo, la rabia y las ganas de divertir son compatibles con la tercera edad. Y no creemos que se deba a un subidón de Viagra.
Grabado en Chicago bajo la producción de Steve Albini y remasterizado en los estudios Abbey Road de Londres, The weirdness plantea doce temazos sin adulterar que harán las delicias de los aficionados a los festivales masivos. Como curiosidad, comentar que en el vinilo se incluye una versión de I wanna be your man de los Beatles, un guiño –se entiende- a la que fuera popular canción de la banda I wanna be your dog. Será la evolución de las especies.
Sumergidos ya en el disco hay que destacar los riffs contundentes de la primera y cruda canción, Trollin’, los gallitos seniles de la metalera My idea of fun, o una joya pop como Free and freaky, que homenajea a los Beach Boys con una rima como Alabama, Dalai Lama que para sí la quisiera Sabina. Sin concesiones al gran público, con estribillos-himnos y con punteos para practicar el air guitar, The weirdness es el retorno de un banda generosa con la vida, amante del rock y superviviente del espíritu punk. Pero no se despisten, a pesar de la edad de sus miembros no es recomendable su audición en una residencia de ancianos.
Fernando Martín (noviembre 2007)
Juan Carlos Gomi | 9 Noviembre 2007
El eterno retorno de Fernando Martín
Simpático, dicharachero, agudo… Así se muestra Fernando Martín, uno de los críticos musicales más conocidos de nuestro país, en la presentación de su primer disco en solitario, Crononauta (2007, Dro Atlantic). Treinta años en la música -formó grupos como Los Desperados, Números Rojos o los Neverly Brothers- le avalan como activista sonoro pero, sobre todo, nos animan a conocerle en este particular viaje en el tiempo que, en breve, mostrará en directo.

Primer disco en solitario después de haber pasado por multitud de bandas. ¿Una aventura personal? ¿Una reflexión pública?
Nunca me había atrevido pero, sobre todo, porque no tenía buen material. Ahora me hice con diez buenas canciones. Las canciones me hablaban, me decían que las grabara, me decían “No me dejes en el cajón de las maquetas”… [risas] Y me lancé. Leer más

