Festival Eutopía Música 07 (Córdoba, 22-09-07)
Francisco José Fernández | 30 Septiembre 2007
Por segundo año consecutivo asistimos al Eutopía Música celebrado en Córdoba. El evento, que sirvió para cerrar nueve días de diversas actividades (exposiciones, charlas, proyecciones, conciertos…), tuvo lugar en el Recinto Ferial de El Arenal. De los tres días que duraba el festival, nosotros estuvimos el sábado 22 con un interesantísimo cartel compuesto por Nacha Pop, Paul Weller junto a Steve Cradock, Travis y Nawja Nimri (si bien no pudimos disfrutar de la actuación de esta última). Desgraciadamente los conciertos del día anterior se tuvieron que suspender por culpa de la lluvia, dejando a un buen puñado de personas sin la presencia en el escenario de Fangoria, Ash, Prodigy y Rinôçérôse.
NACHA POP. Segunda vez que éramos testigos del regreso de Nacha Pop (la primera fue en el Natural Music Festival de El Ejido). El repertorio fue el mismo, creo que incluso en el mismo orden, salvo que en esta ocasión se vieron obligados a recortarlo ya que sufrieron problemas técnicos tras la cuarta o quinta canción. Y es que, de forma repentina, todo dejó de sonar. Abandonaron las tablas y, después de algunos minutos, volvieron a la carga con la inmensa Lucha de gigantes. Para el final, y con una graciosa introducción en la pantalla a cargo de Antonio y Nacho en formato animado, dejaron Chica de ayer. ¿Alguna pega así, a bote pronto? Las pequeñas charlas de Nacho entre canción y canción, llegando a resultar cansino con el tema de los años transcurridos desde su separación.
PAUL WELLER & STEVE CRADOCK. Me sorprendió que, algunos días después del concierto, un amigo me comentara que unos conocidos suyos habían asistido también al directo de Weller y les había decepcionado un poco. Le pregunté la razón, y me contestó que se esperaban que fuera con la banda al completo. Suele ocurrir en actuaciones de esta índole: uno no se informa correctamente y el cambio, aparentemente a peor, no sienta del todo bien. Recuerdo que ocurrió lo mismo, por ejemplo, con Lloyd Cole en Málaga hace ya casi dos años. En cualquier caso, la dupla formada por Paul Weller y Steve Cradock ni mucho menos decepcionó, claro está. Precisas y relucientes sonaron en el Recinto de El Arenal piezas como All on a misty morning, Who brings joy o Wishing on a star, con un Cradock a todas luces sensacional. El guitarrista de Ocean Colour Scene y habitual en las formaciones de Weller arropó unas canciones que anhelaban cariño esa noche, además de provocar algunas risas con algún que otro gesto para el recuerdo (como el espontáneo bailecito que se marcó). En fin, grandísima (y tal vez única) oportunidad de disfrutar de semejantes personajes, formato y repertorio en una ciudad como Córdoba.
TRAVIS. Y también, tal vez una de las pocas veces que veamos a Travis pisar territorio andaluz, tan falto de conciertos de este tipo. Lo de los escoceses fue una fiesta total. Vinieron presentando su último trabajo, The boy with no name (Sony, 2007), pero se centraron más en canciones anteriores, las clásicas, las que casi todos queremos escuchar. Así que, tras un inicio fulgurante con Selfish jean (que fusila la batería del Lust for life, pero resulta igualmente chanante) y Eyes wide open, llegó Writing to reach you, la primera que sonó de su aclamado The man who (Independiente, 1999). Una pena que tuvieran que parar la canción por culpa de la mala afinación de la guitarra de Fran Healy, que dijo palabras muy obscenas para lo que esperamos de estos chicos amables y risueños, algo así como “fucking shit!”. Y a partir de ahí pocas concesiones a las nuevas composiciones, mientras continuaban haciéndonos disfrutar con su pop brillante, divertido y necesario. Tal vez tengan la culpa de la infinidad de grupos que hay actualmente como Keane, pero se lo perdonamos todo tras escuchar Driftwood, Why does it always rain on me? o All I wanna do is rock, ésta última con un Andy Gunlop completamente desatado haciendo el solo de guitarra por encima de algunos de los asistentes. La guinda la pusieron cuando todo el grupo rodeó el micrófono para entonar Flowers in the window. ¿Qué piensa uno tras verlos en un concierto así? Piensa en el color blanco, en bocas torcidas para dedicarte una sonrisa y en las porciones de felicidad que nos regala la música de vez en cuando.
Battles – Mirrored
Samuel Benito | 12 Septiembre 2007
La locomotora más roquera y alocada de este 2007 parte de Estados Unidos hacia Europa para lucir un potentísimo motor de la mano del batería John Stanier (perteneciente a Tomahawk y Helmet), una velocidad de vértigo a cargo de los guitarristas Ian Williams (Don Caballero y Store & Stress) y David Konopka (Lynx), y la dirección hacia lugares inhabitados del compositor Tyondai Braxton. Resulta llamativa la experiencia que demuestra el cuarteto cuando se pone a la carga en éste, su LP debut Mirrored (Warp, 2007), demostrando una precisión milimétrica a la hora de imponer un ritmo cargado de energía.
No es de extrañar que pasaran cuatro años recopilando canciones, dándoles forma, fondo y sentido, ya que, por mucho que parezcan un grupo al que le guste improvisar o hacer jams tanto en estudio como en directo, en realidad es todo lo contrario: el álbum se convierte en un ejercicio fríamente calculado desde el comienzo hasta el final. Atendiendo a las melodías (punto fuerte y un tanto novedoso de Battles), el adjetivo que mejor las identifica es, sin duda, marciano. Ya desde la inicial Race: innos encontramos con cierto aroma a aquel disparatado Frank Zappa del Hot rats (Rykodisk, 1969), así como en numerosas ocasiones aparece el guitarreo característico del virtuoso Robert Fripp. Pero que quede claro, aquí no hay paralelismos con ningún artista, filosofía o corriente; Mirrored tiene vida propia.
El rotundo single Atlas habla por sí solo: ritmo rotundo y constante durante siete minutos, sin pausas, sin contemplaciones. ¿Un ejercicio de krautrock? No se aleja demasiado del movimiento postulado por aquellas bandas alemanas de los 70, pero los Battles experimentan con patrones alocados, más allá del típico 4/4. Si a todo esto le añadimos las “voces” pasadas por el ordenador que aparecen en algunos de los temas, tendremos cierta idea del tipo de ejercicio rock que practican los creadores de Mirrored.
También hay hueco en el disco para momentos menos machacones, buscando paisajes nunca visitados, como demuestran Leyendecker o Bad trails. Pero sin duda cuando se desatan es cuando Battles mejor se defienden, y si no escuchen Rainbow: una melodía arpegiada va subiendo de volumen, añadiendo guitarras que explotan a su paso mientras la batería entra en una especie de estado epiléptico que dejará atónito a más de uno. O Tij, donde repiten un riff durante otros siete minutos, aportando poco a poco punteos y marchas frenéticos, hasta llegar al clímax de la canción de manera brillante para, poco a poco, ir desnudándola y volver al punto inicial. Como unos Tortoise con altas dosis de adrenalina, mediante su enfoque personal, fiero y cerebral, Battles nos muestran un futuro esperanzador e imaginativo para el rock del siglo XXI.
Maps – We can create
Colaboradores | 12 Septiembre 2007
La música es algo que sale del corazón, más visceral que cerebral, más emocional que mental. En cualquier caso, un conjunto de sensaciones transformadas en sonidos mezclados entre sí, que conforman lo que llamamos canciones. En esta reflexión aparece la figura de James Chapman, un inglés de Northampton que ha creado uno de los trabajos más sobresalientes de este gran año 2007. Desde la intimidad de su habitación, armado con un 16 pistas y un secuenciador Yamaha, fue generando todas y cada una de las composiciones que aparecen en We can create (Mute, 2007). Después se trasladó a Islandia para, con la ayuda en la producción de Valgeir Sigurðsson (Björk) y las mezclas de Ken Thomas (Sigur Rós), acabar de definir lo que es su álbum debut. Un disco que, se mire por donde se mire, no tiene desperdicio alguno.
Se ven por todas partes las influencias que tuvo antes de adentrarse en el mundo de la creación. Descubrió por igual a Aphex Twin, Two Lone Swordsmen o a los épicos Stone Roses. Tomemos a estos últimos, en 1989, como punto de partida de su audición musical: todo lo anterior queda desechado en su andadura como descubridor de nuevos sonidos. No en vano ya se ven esas referencias en su E.P. Start something (Space Last Recordings, 2006) y surgen las comparaciones y la evolución. Por ejemplo, el maravilloso Some winter song parece un descarte de The Postal Service o los últimos Hood. Y es divertido ver cómo se transforma la desnudez de aquellas Lost my soul o To the sky en las versiones que aparecen en este nuevo álbum.
We can create se nos presenta, pues, como un disco brillante, mágico, incluso alucinado, al más puro estilo de My Bloody Valentine. Joyas como Liquid sugar (uno de los temas que le llevó más tiempo y con el que quedó más atrapado) nos trasladan a ese contexto. Pero no acaba aquí el reclamo de esta enorme obra, ni las comparaciones con los grandes Shoegazer. La canción con la que comienza, So low so high, es otro claro ejemplo de rock más electrónica marca de la casa, una dulce melodía para soñar a cualquier hora del día. Suma y sigue. Geniales son el electro bailable de Back + forth, la optimista Don’t fear o la melancólica y oscura When you leave. Y por qué no, y ya que estamos, prestemos atención también a Elouise, con ese susurrante comienzo tan electrizante, o a la pegadiza You don’t know her name. No hay pieza a la que poner peros.
Así pues estamos ante un trabajo de calidad y gran calado. Sin bajones. Hecho sin lugar a dudas con el corazón y apto para todo tipo de público. Sólo nos queda felicitar al Sr. Chapman y esperar ansiosos alguna de sus actuaciones que, ojalá, le traiga a nuestro país dentro de no mucho tiempo.
Azkena Rock Festival 2007 (Vitoria, 31-08,1-09-07)
Colaboradores | 8 Septiembre 2007
Ha sido mi primer Azkena y lo cierto es que no me ha defraudado, aunque cambiaria algunos aspectos, como por ejemplo hacer un mercadillo más grande y variado. Respecto a la disposición de los escenarios, me pareció muy buena comparado con otros festivales a los que he acudido, el desplazamiento era realmente corto al estar enfrentados y por lo tanto te permitía ver los conciertos realmente bien, el único problema era las pruebas de sonido que algunas veces solapaban a los grupos que actuaban, en líneas generales buena organización, facilidad de acceso, yo de hecho fui caminando al festival ya que la ciudad no es demasiado grande y mi alojamiento era cercano.
31 Agosto 2007 (primer día)- Las Furias
Formación femenina de rock (salvo el batería) lo cual siempre es agradable. No me aportaron nada musicalmente hablando pero pase un rato divertido, se las notaba algo nerviosas y es lógico, abrir un festival siendo un grupo más o menos desconocido, aun así agradaron al público. Punk rock sin demasiadas concesiones a la galería y no demasiado virtuosas, pero la falta de técnica la suplían con una puesta en escena bastante graciosa, la bajista se encargaba de presentar las canciones de forma bastante graciosa.
- Los Coronas.
Una de las gratísimas sorpresas del festival, he de reconocer que me habían hablado algo de este grupo, pero tenia muy pocas referencias. Cuando vi a Fernando Pardo (Sex Museum) y a Javi Vacas (La Vacazul) encima del escenario sabia que no me iban a defraudar. Surf instrumental, divertidos y apasionados, muy buena puesta en escena, muy buena la coordinación de ambos guitarras tanto David Krahe como Fernando Pardo se iban repartiendo los punteos incluso los compartían haciendo de vez en cuando algún que otro juego malabar, alguna que otra coreografía todos juntos, destacar el puntillo que le da a la banda el trompeta (Oscar Ibarra) y un buen seguro a la batería (Roberto Loza – Sex Museum).
Fiesta y buen rollo con el publico entregado, la lastima fue la hora del concierto, siempre he pensado que un concierto de rock de día es una putada y corta un poco el rollo, pero de todos modos si los músicos ponen de su parte y el publico ayuda todo se olvida y este fue el caso, pese a la insistencia de Fernando en acordarse de la hora del concierto…
- Josele Santiago.
Maldito poeta, poeta maldito.
Josele Santiago venia con su proyecto en solitario, si eres un fan de los Enemigos, como es mi caso, siempre es grato encontrarse con Josele, no ha cambiado demasiado el tono de sus letras aunque si el ritmo de su música, letras fatales que casi siempre hablan de un mundo interior casi único de este cantante, para los fans de los Enemigos “El Antonio” se dio una vuelta por el Azkena.
Yo le vi un poco falto de forma, como en la ultima época de los Enemigos, pero bueno lo suple con esa forma suya de actuar, aunque tal vez ahora lo vea más cerca de garitos pequeños que no en grandes escenarios.
- Two Gallants.
No los conocía ni tenia referencia alguna de ellos, tampoco entiendo demasiado bien los grupos de guitarra-batería (tal vez porque sea demasiado clásico) pero veo bastante difícil pretender hacer una mezcla de blues, rock y punk sin el apoyo de un bajista, demasiado atropellado para el batería, cierto es que perdí la atención en el 4º tema, es todo lo que puedo comentar, tal vez la ausencia de referencias me hicieran perder la atención.
-Brant Bjork & The Bros.
Amo a Kyuss, amo a Fu-Manchu, por lo tanto amo a Brant Bjork.
Solo tenia una referencia firme de Brant y era su disco debut en solitario (Jalamanta) disco en que casi mezcla el Jazz con el sonido Stoner y realmente no sabia que me iba a encontrar en Vitoria y tuve la suerte de que me trajera el mismísimo desierto al borde del escenario recuperando el autentico sonido stoner, por momentos me hacia a la idea de estar viendo a Kyuss. A pesar de ser un trío consiguen darle una buena atmósfera al concierto, siempre bajo el cielo del desierto como comentaba antes. Acompañado de Alfredo Hernández (ex Kyuss) a la batería y un bajista zurdo que tocaba al estilo Hendrix con un bajo de diestro pero dado la vuelta. Para mi uno de los mejores del festival, aunque en esto ultimo lógicamente no soy nada objetivo.
-Roky Ericsson & The Explosives.
Otro de los artistas desconocidos para mi, vieja leyenda del rock, creador de The13 Floor Elevador, no defraudo a pesar de la edad el tío esta en forma, buena banda la que le arropaba a pesar de la sosería del bajista.
- Diamond Dogs & The Silver Cats Horns.
A estos también les tenía muchas ganas, después de muchos años los volvía tener delante, habían pasado muchos años desde aquel Festimad y parte de la banda también ha cambiado además en esta ocasión se presentaban con una sección de metales, cosa que no paso la otra vez. “ Macarrismo” encima del escenario que es lo que yo espero de una banda de R&R, actitud, a veces (casi siempre) prefiero eso a una buena ejecución, más tarde entenderéis por que escribo esto. Sulo sigue siendo un grandísimo “frontman” y sabe meterse al publico en el bolsillo con su actitud y manera de ser, me comentaba un viejo amigo que es el nuevo Rod Stewart y no está nada desencaminado, elegante con su americana blanca, bailando y continuamente provocando al publico, bien acompañado por su banda, lastima que los metales apenas se escucharan, en cualquier caso geniales una vez más, casi hubiera preferido que cerraran el cartel.
- Tool.
Grandiosos, descomunales, etc. etc., pero…
No les he pillado el punto, por lo menos en directo y eso que tengo su discográfica, esperaba otra cosa, parecía que estaban reñidos ocupando cada uno una esquina opuesta del escenario, como decía de Diamond Dogs me gusta el macarrismo en directo y Tool carece completamente de ese punto, perfectos ejecutantes (mecanografos que llamo yo) a mi me gusta que haya tiempo para la improvisación, todo demasiado medido para mi gusto, muchos efectos en la voz y demasiadas proyecciones en el fondo del escenario como intentando suplir algo, no digo que sean malos pero esperaba otra cosa, cierto es que no tenia referencias de ellos en directo y me habían hablado mil maravillas pero como decía antes no les he pillado el punto.
- Heavy Trash.
Otros completos desconocidos, o no tanto, nuevo proyecto del siempre sorprendente Jon Spencer, esta vez sin Blues Xplosion, se presentaba junto a Matt Verta-Ray con una banda muy años 50 y esa estética rocker de aquellos años, con contrabajo y todo, alucinantes este hombre no dejará de ser una caja de sorpresas, tal vez un debería dejar atrás un poco los dejes de la JBSX pero no empaña para nada este nuevo proyecto, genial una vez más me dejo con la boca abierta tras su actuación.Sin duda una gran edición la del Azkena Rock 2004. Veremos si el año que viene va creciendo en publico y calidad -difícil tarea– pero hay que destacar la labor de Last Tour International por su buena organización. Esperaremos ansiosos un año mas.
1-09-2007 (segundo día)
- Sexty Sexers.
Grupo navarro, con buena actitud en escena pero demasiado desbarajuste general. Los guitarras estuvieron bien, incluyendo el punto álgido en que uno se dio una vuelta por encima de la barra jaleando al personal. Punk-rock enérgico, cuyo único pero serio es que aún no sé en qué idioma cantaban.
- Clawfinger.
Simple y llanamente prescindibles. Tal vez sería salvable el bajista, sobre todo comparándolo con el teclista, un mero invitado cuyo papel en la banda no se puede entender. Creo (aunque es posible que esté equivocado) que es uno de esos grupos que en España viven y vivirán de un tema, en este caso el aparecido en la banda sonora de Airbag.
- Super 400
Sin ningún tipo de dudas la auténtica revelación del festival, una banda de auténtico R&R: Kenny Hohman (guitarra y voz), Lori Friday (bajo) y Joe Daley (batería) hacen en su repertorio un perfecto recorrido por la historia del mismo. Desde el blues hasta el hard rock, los neoyorquinos demostraron tener fantásticas referencias de todas las épocas.
Debo destacar a la bajista, y es que poquísimas veces he visto a una belleza dominar de semejante manera el instrumento. Lori hizo una tremenda exhibición, marcándose unos solos espeluznantes y metiéndose al público en el bolsillo sin concesiones (probablemente ayudada por su tremendo atractivo). A estas alturas desconozco si sus discos llegan tan pronto al oyente como sus directos, pero es una de esas bandas a las que habría que dar muchas oportunidades.
- Quique Gonzalez & La aristrocracia del barrio.
No soy seguidor del rock en castellano (salvo alguna excepción) y desconocía lo que podría dar de sí este artista, pero he de decir sin faltar a la verdad que no me pareció nada mal. Algunas letras tal vez un poco melosas pero se ve que es un currante. La banda que le acompaña no desentonó en una actuación bastante correcta.
- The Cynics.
Grandioso y muy gracioso el concierto de esta legendaria banda de rock garagero, liderados por Gregg Kostelich a la guitarra y un inmenso Michael Kastelic a la voz. Con él es imposible no divertirse: bailongo y provocando con poses diversas, conectó en todo momento con la gente. Fue uno de los grupos que más seguidores reunió a pesar de actuar en la carpa, tal vez demasiado pequeña para ellos. Michael se vio entre el público el resto del festival y no dudó en ningún momento en hacerse fotos (siempre posando) y firmar autógrafos. Un tío muy simpático y cercano, algo sin duda de agradecer.
- The Money Suzuky.
Otros neoyorquinos de raza, ofrecieron un punk-rock enérgico y muy bueno en escena, aunque falló algo el sonido. Canciones aceleradas con ritmos sorprendentes pero a veces un tanto repetitivos. No obstante no defraudaron aunque hubieran estado mejor en la carpa cambiando el turno con The Cynics.
- Hoodoo Gurus.
Otra banda con muchos años a la espalda a la que no conocía. Rayaron a buena altura, aunque tal vez resultaran demasiado clásicos para el ritmo que llevaba el día. En cualquier caso reconozco que el hecho de de desconocer por completo la obra del grupo me hizo estar un poco frío.
- DKT /MC5
No soy partidario de las reuniones “todo por la pasta”, así que imagino que leyendo este prefacio os podeis imaginar lo que supuso para mi la actuación de esta mitica banda. La salida a escena prometia y como siempre creando polemica, en esta ocasión Wayne Kramer aparecio vestido de preso de Guantanamo con una capucha negra en la cabeza y así aguanto la presentación, pero luego creo que se fue diluyendo poco a poco, intentaron subir la temperatura de la fresca noche vitoriana con el Kick Out The Jams pero para mi gusto no lo consiguieron, la gente si subio la temperatura, pero poco a poco fue bajando, tal vez hay cosas que no se pueden recuperar con el paso del tiempo y la edad es una de ellas.
Autor: Fatpower
Sidonie – Costa Azul
Francisco José Fernández | 1 Septiembre 2007
Los barceloneses Sidonie son uno de esos grupos que levantan pasiones extremas. Por un lado están los que siempre han disfrutado de su música, mientras que en la otra orilla se sitúan aquellos que los ven como poco más que un chiste mal contado. Los que se encuentran en el segundo grupo tienen sus razones pese a no prestar atención a su música, ya que las declaraciones de los componentes del grupo, su actitud y sus directos, pueden llegar a desagradar a más de uno. Es cierto que se han autoproclamado muchas veces como un grupo que hace música psicodélica (una afirmación alejada de la realidad), que hace dos o tres años se disfrazaban en los conciertos y se mezclaban con el público, y que, en general, mucha gente se pone violenta nada más verlos. Sin embargo, desde su primer álbum siempre han conseguido ofrecer alguna que otra cosa interesante. Hace dos años editaban Fascinado (Sony, 2005) y por primera vez se lanzaban a componer en castellano, según ellos para expresarse con mayor riqueza y libertad. La maniobra no salió del todo mal, pero no sirvió para encontrar el camino hacia un público más amplio.
En Costa Azul (Sony, 2007) continúan cantando en nuestro idioma, pero dejan de lado los experimentos de otras ocasiones (esa mal entendida psicodelia de la que ellos y mucha gente habla) y se centran más en la esencia de la música pop, construyendo melodías de luminosas guitarras encerradas en piezas de poco más de tres minutos. Todo ello apoyado por unos textos entretenidos con ciertos toques “coolturetas” (¿es casualidad que dos temas se llamen Persona y Los olvidados?) y, en la mayoría de los casos, por un desbordante entusiasmo juvenil. Marc Ros, Jesús Senra y Axel Pi (¡Sidonie!) dicen que este disco está influenciado, además de por los sempiternos T-Rex, Bowie, Syd Barret o los Beach Boys (escuchen Los olvidados o la parte final de Dandy del extrarradio, con campanitas incluidas), por Suave es la noche, la novela de Francis Scott Fitzgerald (aunque no haya referencias directas a la familia Diver). También citan el Mediterráneo como fuente inspiradora a la hora de componer el álbum, y lo cierto es que les ha salido algo fresco, bonito y veraniego.
Sidonie han parido lo mejor de su carrera cuando se han desecho de sus disfraces, tal vez los mismos que no hace mucho centraban parte de su espectáculo en directo. Y es que Costa Azul termina por enganchar. Al principio puede que todo suene demasiado homogéneo y lineal, pero, con paciencia (algo en peligro de extinción), las canciones consiguen ir abriendo puertas que nos transportan a sus propios mundos y sensaciones. Y merecen la pena.
The National – Boxer
Sergi Serrano | 1 Septiembre 2007

Boxer (Beggars Banquet, 2007) es el nuevo trabajo de The National. Uno de esos discos que debes tener en cuenta desde el mismo momento en que estás leyendo la crítica. Si no conoces nada sobre la banda, es un buen momento para ponerse manos a la obra. Su anterior álbum (dicen que el mejor hasta la fecha), titulado Alligator (Beggars Banquet, 2005), logró merecidamente alcanzar la parte alta de las listas de lo mejor del año. Anteriormente sacaron al mercado The National (Brassland Records, 2001) y Sad songs for dirty lovers (Brassland Records, 2003), pero esta joyita del 2005 fue objeto de adoración por varias revistas, y su buena prensa hizo que la gente empezara a conocer al grupo.
En su más reciente trabajo siguen demostrando su pericia a la hora de crear canciones que enamoran tras sólo una escucha. La voz de Matt Berninger, muy cercana a grandes voces como la de Nick Cave, vuelve a dar una lección de lirismo en cada uno de los temas. El grupo, que cuenta además en sus filas con dos parejas de hermanos -por un lado, Aaron (bajo) y Bryce Dessner (guitarra), y por otro, Bryan (batería) y Scout Devendorf (guitarra)-, se ha rodeado para la ocasión de Thomas Bartlett y la colaboración de lujo de Sufjan Stevens, que aparece tocando el piano en varios temas del disco. Los de Brooklyn (N.Y.) han sabido evolucionar desde un sonido new wave que propició comparaciones, no del todo acertadas, con Joy Division o Interpol -en este último caso algo más justificadas-, ya que apenas hay un elemento que comparten con ellos: una melancolía, presente en las doce canciones que compone el álbum, muy característica, y que es una de las cosas que más nos gustan de estos americanos.
Fake Empire, la canción que abre el disco, es la pieza más indicada para ello. Comienza con un piano firme, al que se le van añadiendo instrumentos, en lo que podríamos comparar con la sensación de despertar de un largo sueño. Todo empieza tranquilo, calmado, pero poco a poco vamos sintiendo cómo el ritmo se va apoderando de nosotros. Con este tema, por cierto, el que escribe estas líneas tuvo una pequeña obsesión, quedando atrapado por su encanto días y días. Y si el inicio es realmente bello, una vez que suena la siguiente canción, Mistaken for strangers, uno se queda prendado y con la boca abierta, pues es un espectacular tema que lo tiene todo para convertirse en un clásico. Pero no hay dos sin tres, y Squalor Victoria resulta ser otra de las joyas que podemos encontrar en esta grabación. El sonido de los instrumentos de viento, junto con una batería contundente e hipnótica, se podría definir, posiblemente, como el de una banda cercana a Interpol. Sin embargo, Slow show y Start a war tienen ciertos elementos que los situarían rápidamente a la altura de Tindersticks. Esas guitarras acústicas constantes y su progresiva integración con los diferentes instrumentos consiguen que ambas canciones resulten realmente preciosas. Por otro lado, un elemento que se nota que ha recibido mucho cuidado es la orquestación, que se comporta muy bien en segundo plano, aun sin ser un elemento destacado. Es el caso de Racing like a pro. Y merece también ser destacada Gospel, la canción que cierra el disco.
Boxer es un paso hacia adelante en la carrera de The National. Un grupo que, sin sufrir muchos cambios, ha demostrado que tienen un don para crear buenos temas. Sin olvidar la profunda voz de Matt Berninger, que nos hace temblar y sentir algo especial. Es por eso que, poco a poco, vamos deseando más y más de esta banda. Y como ya he comentado, Mistaken for strangers es, posiblemente, uno de los mejores singles que hemos escuchado desde hace años. Tiempo habrá para comprobarlo.

