Manic Street Preachers- Send away the tigers
Santi Hurtado | 30 Junio 2007

Generalmente los himnos de los artistas suelen ser canciones que –ni se sabe por qué- se han convertido en bandera de las formaciones sin ser necesariamente las mejores de su carrera. Ahí tenemos el Wonderwall de Oasis y el If you tolerate this your children will be next de los Manic. No habría suficientes mecheros para poder corear esta canción en los conciertos de la banda.
Desde entonces la formación galesa ha intentado deshacerse de la pesadilla de tener que repetir el éxito que marcó aquel hit, aunque no con demasiado acierto. Know your enemy (Virgin, 2001) no resultó demasiado aplaudido por crítica y público, pero es que su sucesor, Lifeblood (Sony, 2004), entró al puesto trece en las listas británicas y después fue cuesta abajo. Tampoco es que la prensa lo tuviese en gran estima.
Parece que, llegada la crisis, en ese difícil cruce de caminos que le hace a uno optar, bien por mirar atrás y volver a los orígenes (es decir, Sex Pistols, The Clash, todo lo que representaba su debut Generation terrorists de 1992 para Columbia Records), o continuar la senda marcada por lo que mejor ha funcionado (This is my truth, tell me yours, 1996 en Virgin), creando nuevos himnos para el baño de las masas -como unos nuevos Queen que quisieran pasar a la historia- Manic Street Preachers se han quedado a medio camino -no se fíen de las hojas de promoción- y más bien han optado por la segunda vía -más segura, eso sí-. Quien quiera huir de la épica que prescinda de hacerse con el álbum porque, para bien o para mal, el grupo ha hecho -o ha intentado hacer- casi un himno para cada estación del año (Autumnsong, Indian Summer, Winterlovers). No por nada Indian Summer tiene el mismo ritmo que If you tolerate…, y el tiempo dirá si se hace tan cargante como lo fue su predecesor.
Uno, personalmente, disfruta más de los temas que se salen de esta línea, más cercanos a los Manic de Stay beautiful o You love us, como son Underdog y Rendition (no busquéis mucho más). Si a esto le añadimos un correcto single, acompañados de la dulce voz de Nina Persson de The Cardigans, lo suficientemente pop y comercial para incrustarse en las listas, obtenemos un álbum digno para contentar (menos) a los admiradores de los primeros discos de la formación y (más) a sus seguidores más acérrimos, lo cual no es correr demasiados riesgos, si es que ésta fuera alguna vez la intención del grupo.
El Hijo – Las otras vidas
Colaboradores | 30 Junio 2007
Tras publicar La piel del oso (Acuarela, 2005) y Canciones gringas (Acuarela, 2006) El Hijo ya estaba más que preparado para crecer y ofrecernos su primer LP. Así nos llega Las otras vidas (Acuarela, 2007), donde nos encontramos con la vieja compañía de Abel Hernández en este proyecto, es decir, Raúl Fernández como productor, arreglista y músico, y Xavi Molero a la batería. A ellos hay que sumarle a Kieran Stephen al bajo, en un claro giro de El Hijo por sonar más como una banda bien empastada, mostrando un evidente interés por un sonido más desnudo.
Nos enfrentamos a un nuevo viaje por el mundo fantástico de Abel, que más que como cantautor (si bien hay mucho de eso en el enfoque de temas como El vals de los besos) vuelve a hacer acto de presencia con aires de trovador. Así, merced a su poética y a sus extraños personajes, nos hace partícipes de sus historias, que a veces devoramos como si de novelas de aventuras se trataran -En medio del llano-, y otras nos dejan absortos, sorprendidos por lo enigmático de su esencia -Bosques son-. Eso sin olvidar en ningún momento el envoltorio musical, que no por contar con menos arreglos es menos rico, y buena muestra de esto tenemos al comienzo del álbum con Saturnalia y 1000 cometas.
A pesar de ser un disco muy equilibrado, hay dos temas que sobresalen sin lugar a dudas. Por un lado está la bellísima Conmigo a tu vera, para la que Nacho R. Piedra ha realizado un vídeo fantástico (que podéis ver en este enlace ). El otro tema a destacar encarecidamente es Cabalgar, con el que se termina de manera excepcional este trabajo, no sin antes escuchar un instrumental oculto, que viene a ser el fondo de Bosques son sin la guitarra y la voz.
Preparado en apenas cinco días, Las otras vidas ha sido grabado en el estudio de Paco Loco en El Puerto de Santa María y masterizado por JJ Golden en California. Todo para lograr un álbum del que podemos dar fe de su acusada personalidad y su notable capacidad para abstraernos, exactamente igual que si estuviéramos disfrutando de una buena historia.
Autor: Miguel González
Findlay Brown – Separated by the sea
Francisco José Fernández | 18 Junio 2007
No tenía ninguna referencia sobre Findlay Brown cuando conseguí el disco a través de la infinidad de blogs que pueblan internet actualmente. Lo escuché sin muchas esperanzas, pero tras I will (ghost ship) mi atención se acrecentó. Al terminar la escucha del álbum volví a ponerlo desde el comienzo. Después me informé algo más y confirmé sus evidentes influencias, copadas por la música de Simon & Garfunkel. Por lo visto Brown boxeaba en su lugar de origen, una aldea situada en las afueras de Yorkshire. Poco a poco, y tras escuchar en casa de un amigo el Electric Ladyland de Hendrix, se fue introduciendo en la música de grupos como Love, Spirit o Kaleidoscope, mientras que en su faceta de DJ deleitaba al público con sesiones psicodélicas y de krautrock. A finales del pasado año lanzaba Don’t you know I love you y Come home, dos E.P. editados en el Reino Unido bajo el sello Peacefrog. El 19 de febrero se ponía a la venta su primer largo, del que ahora nos ocupamos.
A pesar de su exquisito gusto a la hora de elegir grupos a descubrir, cuando escuchamos Separated by the sea (Peacefrog, 2007) recordamos más a Paul Simon, Fairport Convention o Nick Drake que a Iron Butterfly o Family (dos bandas por las que también siente debilidad). Nos encontramos frente a un trabajo de acabado exquisito prácticamente en todos los sentidos. Simon Lord, el productor de esta pequeña joya sonora, ha conseguido aunar un sonido clásico y de gran belleza que, unido a unos elegantes arreglos (cuerdas, guitarras sonando al revés, banjos, etc), convierten a Separated by the sea en un álbum a tener en cuenta desde el mismo momento en que uno lo descubre. Ahí están, por poner algunos ejemplos, la poderosa delicadeza inicial de I will (ghost ship), el single en potencia que es Down among the dead men o la lisérgica Don’t you know I love you, ejemplo magistral de pop-folk con tintes ácidos.
Podemos concluir diciendo que Separated by the sea no es probablemente un trabajo novedoso, pero ni falta que hace. Y es que sorprende la calidez que desprende toda la obra, gracias a unas canciones a las que no podemos más que encumbrarlas con brillantes adjetivos. Genial es también, por cierto, la versión del Just like honey de The Jesus & Mary Chain que ha incluido en su último single, Losing the will to survive, y que podéis degustar en su página web.
Lisabö – Ezlekuak
Samuel Benito | 18 Junio 2007
La vuelta de Lisabo se ha visto enaltecida con su soberbio nuevo disco: Ezlekuak (Bidehuts, 2007). En su día, la publicación de Izkiriaturik aurkitu ditudan gurak (Musika Metak, 2005) supuso un experimento en cuanto a la publicación de canciones interpretadas junto con otros artistas, creando un álbum de canciones más convencionales que arrastraban la personalidad de cada colaboración. Sin embargo para este 2007 nos han traído esa potencia demoledora marca de la casa en trabajo quizá más homogéneo de su discografía.
Sin lugar a dudas Lisabo se han convertido en referencia, por lo menos nacional, en cuanto a fabricar un sonido, una actitud y una manera propias de entender el rock dentro del estado en el que nos encontramos. Rebuscando en su cancionero desde su aclamado debut, Ezarian (Esan Ozenki, 2001), podemos encontrar las huellas de enormes artistas poco reconocidos (de culto) de la pasada década como Slint con su enmarañado sonido, sus silencios y su profundidad. Todo ello envuelto en ritmos hardcore un tanto a lo Fugazi, con sus inconfundibles guitarrazos llenos de detalles distorsionados y punteos imposibles.
Ya desde la portada nos podemos hacer a la idea de lo que nos encontraremos dentro: ninguna foto, ninguna imagen, sólo el nombre del artista y el título del disco. Lo importante no es el continente, sino el contenido, y ellos son de los pocos grupos que se lo pueden permitir debido a su tremenda personalidad. Con la atípica formación de dos guitarras, bajo, voz y dos baterías, lo que consiguen en Ezlekuak es continuar el legado de Ezarian administrando una dosis de potencia, como podemos comprobar en la redonda apertura, Hazi eskudada I, perfecta síntesis de lo que significa el sonido Lisabo: tensión desgarradora, potencia rítmica, atmósferas y crescendos envolventes y una rabiosa actitud inconformista.
Otro claro ejemplo es la canción más larga del lote con ocho minutos de duración, Alderantzizko magia, donde nos muestran el muro de sonido más robusto de todo el disco, con sus correspondientes crescendos y momentos más sosegados para volver a estrellarnos contra sus mordientes guitarrazos, o el vibrante final que supone la estremecedora Nekearen teoria. También podemos encontrarnos la cara menos dura y aguerrida de los vascos en temas menos guitarreros como la rítmica Bi minutu o la más silenciosa Sekulan etxean izan ez.
Los “no lugares” de los vascos (traducción de Ezlekuak) han contado con la colaboración de Martxel Mariscal a la hora de hacer las letras, el debut en su propio sello Bidehuts (creado entre Anari, Inoren Ero Ni y ellos mismos) y la vuelta a los escenarios a lo largo de nuestro país. Lisabo se muestran cada vez más independientes, tanto a nivel discográfico como a nivel sonoro, permitiéndoles gozar de una salud creativa envidiable. Y que dure.
Travis (Barcelona, 12-06-07)
Sergi Serrano | 16 Junio 2007
Os voy a ser sincero. Conocí a Travis a raíz de su segundo álbum, el gran The man who (Epic, 1999), cuando el britpop estaba en su máxima explosión a finales de los noventa. Grupos como Oasis, Blur u Ocean Colour Scene entre otras, estaban de moda y eran consideradas el mainstream más selecto. La banda escocesa Travis se formó a principios de los noventa, pero no fue hasta el 97 que consiguieran sacar su primer disco al mercado. Los componentes de la banda eran Andy Gunlop a la guitarra, Neil Primrose a la batería, Douglas Payne en el bajo y el líder Fran Healy como voz principal y guitarra.

Fran Healy, el showman de la noche.
Diez años después de la publicación de Good feeling (Epic, 1997) y con muchos conciertos a la espalda, Travis se acercaban a la ciudad condal para ofrecer una única actuación en la península. Era una noche especial. Fran ya nos lo comentó él mismo antes de finalizar el concierto. El Espacio Movistar sería desmontado y trasladado de sitio. Nos dijo: “Somos la última banda que tocará aquí, y ésta será la última canción que vais a oír en este sitio”. Fue así como se despidió antes de entonar la canción que más disfruto la gente, Why does it always rain on me?.

Andy Gunlop
El comienzo del concierto fue muy grande. En primer lugar por la parafernalia inicial, muy espectacular, con cuatro luces de mano enfocando a los presentes mientras sonaban los créditos iniciales de la 20th Century Fox y el principio de la banda sonora de Rocky. Y es que Travis entraban al escenario desde el final de la sala, atravesando a todo el público hasta llegar al escenario. La llegada de los rockeros boxeadores (así fue como lo pensé en ese momento) significó una manera realmente distinta de empezar un show. El primer tema fue Selfish jean, de su último álbum, seguido de Eyes wide open. Este nuevo disco, titulado The boy with no name (Epic, 2007), resulta ser una buena colección de canciones pop muy bien elaboradas y cuidadas. Pero no solo escuchamos composiciones de éste, sino que en alrededor de hora y media tuvimos la suerte de poder escuchar unas dieciocho canciones que repasaron toda la discografía de Travis. Ese fue el caso de Writing to reach you (uno de los temas que más me gustan de ellos y por el que les descubrí). Sonó muy bien, y sobretodo hay que hacer mención especial a Andy, guitarrista que en todas las canciones saca el máximo potencial de su eléctrica (pedales de efectos incluidos). De ese mismo disco también tuvimos la suerte de escuchar la tranquila As you are. Después vino My eyes, que el público reconoció y cantó la parte del “Ya ya ya ya”. A continuación vino el turno de otro hit del grupo como es Driftwood, en el que Douglas no paraba de poner caras sonriente y lanzar íntimas miradas a Fran Healy.

Douglas Payne, siempre con una sonrisa en la cara.
El ritmo entrecortado de Good feeling tuvo una nota curiosa y muy divertida. Antes de empezar, Healy que es todo un showman, se metió con el teclista que acompaña al grupo. Hizo que todo el publico gritara su nombre en el solo de piano de la canción (“¡Claus! Claus!”). Después vino Closer, en la que también Healey hizo que nos giráramos los unos a los otros para saludar a la persona que tuviéramos a nuestro lado. Se quedó muy extrañado de que la gente respondiera tan bien a las nuevas canciones, ya que en muchas de ellas cantaban los estribillos como si fueran antiguas. Después vino otro tema insignia del grupo, Sing de su disco Invisible Band (Epic, 2001), con banjo incluido tocado por Andy. Unos problemas con la afinación de las guitarras de Fran y Andy hicieron que se bromeara un poco más con el público. La nueva Battleships sonó muy bien en directo, aunque lo bueno estaba aún por llegar. Y es que con All I want to do is rock se llegó a uno de los puntos álgidos de la noche. Fue muy impresionante ver al guitarrista Andy tocando el solo de la canción levantado por el público de las primeras filas, poniéndonos a muchos de nosotros los pelos de punta. Fue algo especial, ya que el tema era uno de los primeros singles que tuvieron la banda allá por 1997. Algo inolvidable que estoy seguro que recordaremos siempre. Pero por si fuera poco Turn y su juego de luces cerraron la primera parte del concierto.

Neil Primrose y Fran Healy, “guiño del ojo” incluido.
Después de una pequeña espera de unos minutos, Fran salió con una guitarra acústica para interpretar los bises. Se rodeó de sus compañeros y empezó a interpretar Flowers in the window. Este tema tan característico (ojo con lo que voy a decir) es el Wonderwall particular de Travis. Fue interpretado casi a capela, y el resultado fue fantástico. La anécdota la tuvimos en que la banda empezó a pedir palmas al público, pues al momento vemos como Fran también hacía lo mismo mientras, por detrás, Andy se encargaba de la guitarra. Después de la gran ovación vino el turno de Humpty dumpty love song, y cerrando el concierto Why does it always rain on me? con un final obligado (casi) a saltar a todos los presentes, staff incluido. Los escoceses pusieron fin a las actuaciones del Espacio Movistar con mucha elegancia, con mucho buen hacer y dejando con ganas de más para cuando vuelvan a actuar de nuevo en Barcelona (dijeron que para octubre). Allí estaremos, sin duda.
Texto y Fotos: Sergi Serrano
Big Star
Francisco José Fernández | 12 Junio 2007
Cuándo empezaron su carrera: A principios de los 70 unos amigos de Memphis formaron Ice Water. Los cuatro integrantes eran Chris Bell (voz y guitarra), Andy Hummel (bajo), Jody Stephens (batería) y Steve Ray (guitarra). Éste último sería reemplazado por Alex Chilton, gran amigo de Bell y que ya había tenido algún éxito con The Box Tops (muy recomendable su disco The letter, publicado en 1967). El grupo cambió su nombre por el de Big Star y en 1972 publicaron su primer álbum, #1 Record, que tuvo buenas críticas pero una pésima promoción y distribución.
El Hijo (junio 2007)
Ana F. | 9 Junio 2007
Abel Hernández es el nombre que se esconde tras el proyecto de El Hijo. Las otras vidas, publicado en el sello Acuarela, es su tercer trabajo. El pasado 11 de junio, en una cafetería frente al Círculo de Bellas Artes de Madrid, Abel nos habló de su trayectoria en solitario y su nuevo álbum.

¿Cómo surgió la idea de llamar a tu proyecto El Hijo?
Había que ponerle nombre y, lo típico, te haces una lista en la que todos te parecen horribles. Y el último día, acababa de terminar la grabación de La piel del oso (Acuarela, 2005) en Madrid, y tenía que confirmar un concierto en Barcelona, en la Pedrera, y claro, no sabía cómo iba a llamar a aquello. Estaba con unos amigos, hablando de otras cosas, y de vez en cuando decía “¡Que no tengo nombre! Estoy un poco agobiado, ¡mañana tengo que tener un nombre!”. [risas] Entonces, de vez en cuando decían alguna tontería medio en broma, otras veces más en serio, y de repente alguien dijo “¿Por qué no te llamas El Hijo?”. Pues sí, ya está, me gustó. Hay razones personales, pero vamos, me gustó el juego de palabras con el verbo elegir, me pareció bastante propio para algo que era un camino en el que tenía que elegir dónde iba. Por muy acompañado que pueda estar, es un proyecto personal. Podría haberlo llamado de cualquier otra manera, aunque quería un nombre en castellano y que no fuera de una sola palabra, y no quería llamarlo como me llamo yo. Pero no tiene nada que ver con la película y todas esas cosas. En definitiva me gustó como sonaba.. Leer más
Black Rebel Motorcycle Club – Baby 81
Francisco José Fernández | 9 Junio 2007
Hace un par de años, Black Rebel Motorcycle Club (BRMC) editaban Howl (Virgin, 2005), álbum que supuso un cambio radical en el sonido de la banda y en donde no participó el batería Nick Jago por sus problemas con el alcohol y las drogas. El disco fue bien recibido en general, si bien es cierto que muchos seguidores de la banda seguían queriendo más raciones del sonido de sus dos primeros trabajos. Jago volvió a la formación y el trío se metió en el estudio para grabar este Baby 81 (Sony, 2007) mientras todos nos preguntábamos por dónde tirarían en esta ocasión: ¿seguirían y profundizarían en el camino abierto con Howl o volverían a subir el volumen de las guitarras eléctricas?
Baby 81 se encuentra, digamos, en un punto más o menos intermedio. Las guitarras vuelven a atronar, pero encontramos un mayor equilibrio en todos los sentidos. No dejan de lado su anterior trabajo, pero lo recubren con electricidad, suciedad y oscuridad, dando como resultado algunos de los mejores momentos de la banda (y otros no tanto, cierto). Hay rock convencional (Took out a loan, Lie on your dreams), momentos lentos e incluso mántricos (los más de nueve minutos de American X, con infinidad de lisérgicas capas de guitarras superpuestas) e incluso una canción rescatada del olvido (la acústica Am I only). Por otro lado siguen teniendo relativa facilidad para encontrar pelotazos instantáneos, como es el caso de Need some air, Weapon of choice y Berlin, donde Robert Levon Been grita “El suicidio es fácil, ¿qué paso con la revolución?”. A destacar, por último, Not what you wanted, que cuenta con una de las melodías más reconocibles y redondas de este Baby 81.
Tal vez la crítica parezca demasiado benigna, pero lo cierto es que los momentos flojos del disco, que los hay, tampoco es que sean muy olvidables. Puede que un álbum algo más recortado en duración y temas habría favorecido al conjunto, ya que algunas piezas parecen no encajar del todo bien, además de no aportar nada interesante a la trayectoria del la banda. En cualquier caso, BRMC han sabido condensar muy bien en este Baby 81 su personalidad sonora, ofreciendo lo que ellos quieren mostrar, y eso, actualmente, ya es algo grande.
The Sunday Drivers – Tiny telephone
Colaboradores | 8 Junio 2007
En su debut homónimo, publicado en RockIndiana en 2003, The Sunday Drivers aparecían en los títulos de crédito como una formación de cuatro miembros (Jero –voz–, Fausto –guitarras–, Miguel –bajo– y Carlos –batería–) más uno (Julián –teclados–). En el segundo disco, Little heart attacks (Muhsroom Pillow, 2004), lo hacían como cinco (con Julián ya como elemento integrado en la banda) y de nuevo más uno (en este caso se les unía Lyndon –arreglos, teclados, guitarras y coros–). En este tercer trabajo, del que ahora vamos a hablar, ya aparecían todos juntos como un grupo. Y no me equivoco al hablar en pasado, porque poco después de escribir estas líneas se hacía público que Julián dejaba de formar parte de la banda, una circunstancia que me ha dado que pensar y que, en última instancia, me ha llevado a reorientar esta crítica, porque inevitablemente hará que The Sunday Drivers cambien en parte su rumbo.
Lo que quería decir es que en el primer álbum todavía se notaba que los teclados de Julián habían sido una incorporación de última hora y no terminaban de encajar en todas las canciones. Algo parecido pasaba con los arreglos de orquesta de Lyndon en el segundo que, si bien parecían acertados en muchas ocasiones, en general no empastaban con el conjunto. Estas dos circunstancias, que desmejoraban el buen resultado conseguido en ambos discos, desaparecen por completo en este Tiny Telephone (Mushroom Pillow, 2007). En él escuchamos, por fin, a The Sunday Drivers encerrados en un CD, algo que probablemente no habría pasado de no haber sido grabado en directo en los estudios de San Francisco que dan título al álbum bajo la batuta de Brad Jones. El resultado puede gustar o no, pero no tenemos que olvidar que hablamos del productor de uno de los mejores discos de lo que llevamos de siglo. Por supuesto, hablo de Josh Rouse y su 1972 (Rykodisc, 2003).
Y es que el de Nashville ha conseguido sacar a relucir todas las virtudes de los toledanos. Seguimos encontrando ese característico sonido sundaydriver del que hablaba hace ya dos años, pero perfeccionado gracias a un concienzudo trabajo previo a la grabación del disco y al rodaje de la banda por toda Europa merced a su fichaje por parte de Naïve, que edita desde entonces sus discos fuera de nuestras fronteras. Ha llovido mucho, sí, pero las influencias en su sonido no han desaparecido. Quizá la balanza se ha inclinado más hacia el pop-folk norteamericano de clásicos como The Byrds o The Band (Day in day out, Better if I) o incluso Wilco (esas partes instrumentales como en Rainbow of colours), pero siguen manteniendo su pequeña reminiscencia británica (Sing when you’re happy).
Lo mejor del álbum, y lo que les costará sufrir la llamada “maldición del tercer disco”, es que continúan en la misma línea de sus anteriores trabajos, pero mejorando en calidad y sonido. Que nadie busque una gran evolución en su música ni “the next big thing” que dicen los anglosajones, porque en el fondo encontramos más de lo mismo, aunque con una factura exquisita. Podríamos decir que Life is es la continuación natural de Can’t you see, Do it de On my mind, Sing when you’re happy de Little heart attacks, Better if I de Dark does die o Rainbow of colours de Time time time.
Pero entre todas las canciones que forman Tiny Telephone encontramos auténticos temazos. Para empezar Do it: cuando la escuché por primera vez en directo no pude evitar reírme con la modulación en el último estribillo, pero una vez grabada he de reconocer que es un single cojonudo (no se lo que me pasa, pero cuando la escucho no puedo dejar de pensar en el Sola de Los Brincos). O el dúo formado por Rainbow of colours y She, dos de esas canciones prácticamente perfectas que te pueden alegrar el día (por cierto, atención al tratamiento de la caja –y de la batería en general– en la primera). También por encima de la media están, gracias a algunos detalles, Life is (con esa estremecedora guitarra eléctrica tras el segundo estribillo que rompe el ritmo de la canción), Paranoid (con una gran estrofa y un Hammond impresionante) o Day in day out (increíbles las voces).
Para mí The Sunday Drivers han superado, y con nota, el reto del tercer disco: no han evolucionado drásticamente sino que continúan en su línea puliendo su sonido y mejorando en general en la composición. Sólo le pongo una pega, y es que poco a poco han ido perdiendo la frescura que les caracterizaba en sus orígenes, aunque la han compensado a base de calidad y perfección. Y, como decía al comenzar este texto, habrá que estar pendiente de cómo evoluciona el grupo con la marcha de Julián (¿cómo suplirán su carisma y su pericia con las teclas?). Terminaba mi crítica de Little heart attacks haciendo un llamamiento a los publicistas avispados para usar la música de los de Toledo en alguno de sus spots. Aunque tarde, parece que alguien tomó nota y ya tenemos su primer single en un anuncio de cerveza. ¡Que aproveche!
Andrés Cabanes

