Led Zeppelin
Sergi Serrano | 28 Febrero 2007
Cuándo empezó su carrera: Cuando Chris Deja dejó The New Yardbirds, Jimmy Page pensó en un nuevo grupo en el que estaría John Paul Jones, bajista y teclista de sesión con el que había coincido alguna que otra vez. Como vocalista escogieron a Robert Plant, que venía de una banda llamada Hobbstweedle. Finalmente se unió a la formación el batería John Bonham, conocido tanto de Plant como de Jones. A finales de 1968, el grupo pasó a llamarse Led Zeppelin gracias a una frase de Keith Moon ante la posibilidad de formar un super grupo con gente como Nicky Hopkins, Jimmy Page o Jeff Beck. Leer más
Dayna Kurtz (Zaragoza, 23-02-07)
Samuel Benito | 27 Febrero 2007
Rotundo. Éste es el adjetivo que mejor resume lo acontecido en La Casa Del Loco de Zaragoza en la agradable compañía de la estadounidense Dayna Kurtz. La indudable valía de la neoyorquina contrasta con el relativo poco reconocimiento que posee en su país natal (pese a la distinción de la Academia de Cantautores Americanos como mejor cantautora de 1997), ya sea por la saturación de artistas mezclados en el circuito de ese género llamado americana, o bien por la preferencia de la prensa actual por los folkies de carácter indie en detrimento de los artistas más profundamente imbuidos por la más pura tradición americana.
Salvando esos pequeños inconvenientes, la cantante afincada en Jersey vino a presentarnos su aclamado Another black feather (Kismet, 2006), un paso de gigante en la carrera de la estadounidense. Y es que resulta fascinante cómo ha logrado reunir una tradición, la americana, que suena menos cruda que en su anterior trabajo, Postcards from downtown (Kismet, 2002), gracias en parte a la cuidadísima y destacada producción presente en su más reciente obra. Guitarra en mano ante el micrófono, con una banqueta para sus dos botellines de agua y su copa de whisky, la Kurtz rasgaba muteando la guitarra y conseguía silenciar los murmullos de la sala; oyendo únicamente el dinámico ritmo del tema, se esfumaban el quejido de la desengrasada puerta de entrada, el choque de las botellas que tomaban los camareros…
Empezó el concierto desglosando el cancionero de su último trabajo, con la country Venezuela, y creando un agradable ambiente que se animó con el rítmico y pegadizo blues de From the bottom up. Un ambiente realmente respetuoso y embriagador que permitía catar con mayor gusto la naturaleza catártica de los alaridos de Dayna Kurtz cuando ésta ofrecía su lado más crudo y visceral, como sucedió en Miss Liberty, It’s the day of atonement, 2001 o Monroe (la sombra de Tom Waits recorrió la sala ante esa revisión tan ruda de raíces americanas). Aunque, sin duda, la parte más suave, dulce y melancólica fue la que más enamoró al mayoritario público maduro que asistía esa noche al concierto. Y es que se esperaban con ansia la maravillosamente volátil Nola, cuyo estribillo nos transportó directos a los cafés de Greenwich Village de hace más de cuarenta años, o la espléndida canción que da nombre a su último disco, Another black feather. Emoción y pasión a partes iguales zurcidas con rigor a través de esa rasgada e infinita guitarra acústica.
Y por supuesto, la voz. Desde el jazz al country, pasando por el folk o el blues, Dayna no permite que ningún género se le atraviese en su potentísima garganta, sino que se adueña de cada estilo para dotarlo de una emoción y características únicas. Ante tal potencial y embriagador talento, la sala tronó en un mar de aplausos y ovaciones que obligaron a la neoyorquina a salir en un par de ocasiones de su camerino para brindarnos su versión del All over again de Johnny Cash. Parece mentira que la grandilocuente y sublime voz de Dayna Kurtz sea tan poco publicitada en su país de procedencia, aunque tal hecho no importa si la cantautora nos regala visitas como ésta por nuestro viejo continente europeo.
Triángulo de Amor Bizarro – Triángulo de Amor Bizarro
Samuel Benito | 22 Febrero 2007
“Odiamos cuando la gente decía que todo lo que podíamos hacer era ruido con guitarras” decía Jim Reid (The Jesus and Mary Chain) tras diez años de aquel revolucionario Psychocandy (Blanco y Negro/Warner Bros., 1985).
El riesgo, la urgencia, la violencia que desprenden el uso del noise, el feedback o del reverb son algunas de las armas que han escogido el trío gallego Triángulo de Amor Bizarro para éste su homónimo debut en su primera incursión discográfica, a cargo de Mushroom Pillow. Si crees que el blues-rock de los 60´s y 70´s ya ha sido suficientemente exprimido a cargo del panorama musical español, te llevarás una grata sorpresa con este trío tan aguerrido. En su debut recogen tanto ese white noise de aquella maravillosa aureola sonora que fue Loveless (Sire, 1991) de My Bloody Valentine como la distorsión etérea a lo Jesus and Mary Chain, aportando como común denominador un ritmo y una actitud mucho más fiera, más directa.
El acelerador se pisa desde el primer segundo con el guitarrero single El ritmo de la bala, presentando la velocidad como seña de identidad, tanto a través del ritmo como mediante el epiléptico rasgado de las guitarras (The Velvet Underground). Con un carácter más crudo se presentan la sugestiva Crimen: cómo ocurre y cómo remediarlo (con el estribillo más peligroso del indie actual: “Llevar navaja siempre es conveniente”), así como ¿Quiénes son los curanderos?, con cierto déjà vu a los Sonic Youth más veloces de finales de los 80. Cambiando la cara, presentan su lado más agradable con la preciosa El fantasma de la Transición y Para los seres atados, con unos arreglos a lo Loveless que les proporcionan adicción y, sobre todo, mucha belleza. Y quizá uno de los momentos álgidos del álbum sea la canción que más se aleja de la personalidad del disco, Estrella azul de España, donde se mezclan una batería que parece acompañar a una procesión más que a una banda de rock y una simple guitarra que marca el fraseo del cantante, creando un ambiente desolador que acaba en un apabullante clímax de feedback y distorsión mientras se oye “El mundo libre quiere ya un incendio / el mundo siempre apuesta por el fuego”.
Ante esta actitud tan directa, se obvia la duración del disco (una media hora), lo cual facilita la asimilación del sonido TAB. Para pulir el resultado final, han contado en la producción con Carlos Hernández (Los Planetas, Mercromina, Standard, etc.) y con la colaboración de Joaquín Pascual (Surfin Bichos, Mercromina, Travolta). Si El Columpio Asesino te pareció que exhibía un sonido violento en sus momentos más machacones, este Triángulo de Amor Bizarro (Mushroom Pillow, 2007) te descubrirá el sonido más killer del indie español actual. Excesos y obsesiones que podrán degustarse en la próxima gira de los gallegos a lo largo de nuestro país.
Farrah – Cut out and keep
Colaboradores | 20 Febrero 2007
Desde que empezamos con AltaFidelidad.org, hace ya casi tres años, siempre he querido hablar de Farrah. En realidad ya hablamos de ellos cuando vinieron a España en 2004 en una pequeña gira acompañados de Bombones (aunque no fui yo, puesto que mientras tocaban Farrah estaba entrevistando a los sevillanos). También tuvimos la suerte de poder contar con ellos para celebrar nuestro segundo aniversario en mayo del año pasado. Pero lo cierto es que en ninguna de estas ocasiones presentaban material nuevo: su anterior trabajo, Me too (Rock Indiana, 2003), era previo a la creación de esta web.
El caso es que, por fin, tenemos nuevo disco –¡y vaya disco!– de los británicos. Quizá este Cut out and keep (RockIndiana, 2007) no sea el mejor disco del año, ni vaya a salvar la música por su originalidad, pero entre las once canciones que tiene su edición española encontramos auténticas maravillas. Farrah ya no son un combo cualquiera de power pop o pop punk con influencias de la new wave. Si antes se acercaban al estilo de Weezer –por poner un ejemplo–, ahora, sin alejarse de esa misma línea (Do you ever ever think of me), abren un poco su abanico sonoro para sorprendernos con arreglos de metal (No reason why), barrocos y psicodélicos juegos vocales (Akward situation) o perfectos temas bubblegum (si School reunion hablara del amor adolescente y estuviera cantada por una joven y aún inocente Britney Spears podría vender millones de singles).
Cuando escuché por primera vez su debut, Moustache with extra wax (RockIndiana, 2001) no le presté mucha atención, pero tras ver al grupo en directo me quedó la energía de canciones como Terry, y también, por contraste, una pequeña y emotiva canción como Only happy when she’s sad, o como su propia remezcla de First and last, incluida en el recopilatorio Autumn Almanac 2004 (RockIndiana, 2004). En esta misma línea nos encontramos con Removal man (conmovedora por su economía en los arreglos –voces y piano– y las perfectas melodías entre todas las voces) y con As soon as I get over you (nunca resultó tan conmovedor –por lo patético– contar cajas de pizza acumuladas en la basura para darse cuenta del tiempo que ha pasado desde que te han dejado). Sólo por estos dos temas y los citados No reason why y Akward situation el disco se merece mucho más de los cinco euros que cuesta.
Siguiendo con esa apertura a nuevos sonidos, en Cut out and keep encontramos sorpresas como la guitarra española de No only way, pero también estribillos facilones como el de Dumb dumb ditty o canciones en general más evidentes y resultonas, como su primer single Fear of flying. El caso es que estas piezas menores no desmejoran el conjunto que, aunque no es redondo, sí que es notable. Por cierto, si alguien se lo pregunta “facilón”, “resultón” y sus variantes son términos recogidos por la RAE.
Fiesta Demoscópica (Madrid, 8-02-06)
Colaboradores | 14 Febrero 2007
Otra edición de las Fiestas Demoscópicas es una gran noticia en sí misma. Que perdure en el tiempo una publicación de carácter gratuito del alcance de MondoSonoro es un motivo para alegrarse. Y celebrarlo con conciertos que sitúan sobre el escenario a algunos de los grupos locales mejor tratados en sus páginas junto a un invitado estelar, como en este caso Standstill, es sinónimo de acudir sin pensárselo. Así que, tras solventar la espera en una fila que crecía a lo ancho y no a lo largo (qué de amigos tiene la gente, qué maravilla), y comprobar que la organización había registrado un lleno sin que tuviese que peligrar la salud de los presentes, no quedaba otra que no fuera divertirse.

Cohete
Para empezar, los cinco elementos que forman Cohete nos demostraron que tienen la cabeza muy bien amueblada. Sin resultar especialmente carismáticos, su indie rock en español se mostró plagado de letras ingeniosas, múltiples cambios de ritmo, interesantes aportes de un trompetista, varias voces y muchas buenas ideas. Un buen puñado de canciones que dejaron un muy buen sabor de boca a un público que bailó y disfrutó al ritmo que ellos marcaron.

Bultaco
Con una propuesta mucho más cercana al punk rock, el cuarteto Bultacos no dejó indiferente a nadie. Sobre todo por un cantante pasado de vueltas y tremendamente histriónico. Dejó mucho espectáculo tras de sí, pero es muy difícil ser Jim Morrison, Iggy Pop o Roger Daltrey. En ese sentido he de reconocer que me puso las cosas muy complicadas a la hora de tratar de apreciar lo que hacía su banda. Por un lado estaba empeñado en enseñar su barriga, luciendo un hortera tatuaje de estrellas de colores que señalaban a su sexo. Por otro estaban sus desvaríos, como ese momento impagable en el que tiró el pie al suelo y siguió cantando sin darse cuenta de que el micro ya no estaba ahí. Esto, unido a una sala que habitualmente no suena muy bien con niveles altos de ruido, hizo que su actuación no quedara muy lucida, si bien la segunda parte del concierto fue bastante más interesante que la primera, excesivamente lineal.

Standstill
Ese problema con el sonido sin duda lastró lo ofrecido por Standstill. Resultaba muy difícil apreciar los aportes de cada uno de los componentes en los temas más enérgicos. En cualquier caso dejaron claro que son una de las mejores bandas del país, por si alguien todavía no lo sabe. Valgan como ejemplos su tremendo vigor y actitud, la cantidad de matices de sus dos últimos trabajos o la cercanía con que el público recibe ahora sus letras. Resultó impactante ver cómo se coreaban los estribillos de Poema nº3 o ¿Por qué me llamas a estas horas?, o cómo se daba la bienvenida a 1, 2, 3 Sol. Un setlist centrado exclusivamente en Standstill (BCore, 2004) y Vivalaguerra (Buena Suerte, 2006), de los que podéis leer crítica aquí y aquí, respectivamente, dio buena cuenta de cómo la gente ha interiorizado un par de álbumes que en principio no resultan nada sencillos.

Standstill
En lo estrictamente musical hubo otros detalles muy interesantes. Cortaron Yo soy el presidente de la escalera para empalmarla con La risa funesta. Antes de la explosión de todos los instrumentos en Víctor San Juan se mantuvieron unos segundos en silencio, intensificando notablemente el efecto. Fantástico el final con Feliz en tu día, para acabar con un bis compuesto por las enormes La mirada de los mil metros y Cuando. En total apenas trece canciones que no saciaron nuestras ganas de mucho más. Al menos se despidieron con la promesa de volver en breve, presentando su nuevo espectáculo, y qué decir tiene que estaremos allí para vivirlo al máximo. Como colofón, que no se nos olvide por qué estábamos allí: feliz cumpleaños para la gente de MondoSonoro.
Autor: Miguel González
Fotos: Andrés Cabanes
Everything But the Girl
Santi Hurtado | 12 Febrero 2007
Cuando empezó su carrera: Tomaron su nombre de una tienda de muebles de Beverley Road en uno de cuyos esloganes aseguraban poder decorar la casa con todo lo que había en el local, menos la chica. Su primer single fue una versión del Night and day de Cole Porter.
Francisco Nixon – Es perfecta
Santi Hurtado | 11 Febrero 2007
Discos de diciembre. Mes maldito para publicar un álbum, cuando la gente anda ya enfrascada en recopilar el año, comprar los regalos para Navidad y ahorrar para las rebajas. Si te descuidas, puede que no aparezcas en la lista de los discos del año y quedes en una misteriosa “tierra de nadie”, porque tampoco aparecerás en las listas del año siguiente.
Pero cuando un buen trabajo sobresale a primeras de cambio todo lo relatado desaparece. Un buen ejemplo es el nuevo álbum de Sr. Chinarro. Y otra buena muestra es el primer disco de Francisco Nixon -Fran Fernández (Australian Blonde y La Costa Brava)-, bajo la producción del incombustible Paco Loco y grabado el pasado verano en sus estudios del Puerto de Santa María.
Cuando existían los discos de vinilo, siempre se decía que un álbum era bueno cuando allí donde dejases la aguja te encontrabas con una gran canción. Eso es lo que le ocurre al primer trabajo de Nixon, que no sólo no va a decepcionar a los fans de La Costa Brava, sino que seguramente encuentre más adeptos: desde el inicio del álbum (Nadia, con ecos a los Beach Boys) a La playa de los muertos (The Kinks), pasando por los temas más brillantes, como Alumno o profesor, Luna de miel a escondidas (con ese inicio tan setentero) o Elígeme a mí (con reminiscencias a las canciones más pop de los primeros R.E.M.), y finalizando en una oración como Señor.
En definitiva, doy por hecho que el debut de Nixon no va pasar desapercibido, no sólo por quién lo firma, que tampoco es un recién llegado, sino porque viene acompañado de diez buenas razones para que quede en la memoria mucho tiempo.
M. Ward – Post-war
Samuel Benito | 11 Febrero 2007
Casi cada año suele aparecer un artista destacado realizando canciones con sonidos de raíces americanas. Matt Ward puede presumir no sólo de eso, sino también de tener uno de los discos mejor valorados del 2006. Y es que no resulta de extrañar observando la maestría con la que ha compuesto y grabado éste su quinto álbum. Si a Post-war (Merge, 2006) le quitamos la moderna producción y le cambiamos el sonido estéreo por el mono, no dudaríamos ni lo más mínimo en que pudiera haberse publicado cincuenta años atrás. Pero son esas ganancia sonoras las que aportan mayor convicción a un trabajo que se convierte probablemente en la obra cumbre del artista.
Aún así hay que decir que no todo evoca a aquellos maravillosos años de Hank Williams, o a la particular capacidad expresiva de Townes Van Zandt. Esa revisión del artista también logra tener un sonido más actual en la pegadiza versión del To go home de Daniel Johnston, con cierto aire a los Wilco más dinámicos. O incluso en ese blues terco y agarrado a lo Tom Waits que es Requiem, conseguido sin electrificar la canción hasta el solo de guitarra y sin una voz tan ronca como la de Mr. Waits.
Uno de los mayores logros creativos es sin duda Poison cup, que abre el disco y que demuestra el talento de este norteamericano nacido en Oregon. El tema con la carga melódica más grande del álbum engancha al oyente gracias a la suma continua de instrumentos, consiguiendo llegar a un punto álgido de intensidad cuando entra la batería a mitad de canción y la voz de M. Ward cambia el tono fatigoso por la vitalidad melancólica. Uno de los aspectos que ha conseguido ensalzar estos temas ha sido el poder contar en el estudio con una banda de apoyo, algo totalmente novedoso en la carrera discográfica del cantautor, y que sigue dejando su rastro en el tema con más humor y alegría del disco, Magic trick.
La cara más reposada y placentera la tenemos en Chinese translation, con una imaginativa lírica inspirada en esa huída de la irremediable melancolía producida por una ruptura amorosa (“What do you do with the pieces of a broken heart / and how can a man like me remain in the light”). Por su parte la lacónica Post-war nos sumerge en un mar de paz y calma y, tanto con Eyes on the prize como con Rollercoaster, nos demuestra que no sólo sabe exprimir el country-folk, sino que el blues también puede servir como fuente de inspiración reconfortante obviando la parte eléctrica del mismo. Maestría oculta hasta ahora la de Matt Ward, que desde ya se antoja como uno de los valores capitales de la música americana.
VV.AA. – Bendito pop
Colaboradores | 4 Febrero 2007
Junk Records inauguraba su catálogo de recopilatorios con Supernovapop vol. 1 (Junk Records, 2006), un conjunto de demos y maquetas de grupos cercanos a nuestros amigos de Supernovapop. Ahora, ampliando las funciones propias de una discográfica para comenzar en el camino de la distribución de muchos de los sellos más destacados del indie español (Mushroom Pillow o B-Core por ejemplo), publican este Bendito pop (Junk Records, 2006). Se trata de una edición exclusiva que sólo se puede conseguir en tiendas FNAC -aunque desgraciadamente pocos establecimientos más quedan ya que presten la atención que se merece a la música que apenas suena en las radios comerciales-.
Los cuatro discos que lo componen recogen nada más y nada menos que setenta y dos canciones de formaciones nacionales e internacionales. Cuando los tuve en mis manos por primera vez pensé que no tenía mucho sentido ahora mismo hacer un recopilatorio así, ya que si quisiera tener cualquiera de estas canciones podría encontrarlas con facilidad en Internet, vía e-Mule o Soulseek, o gracias a cualquiera de los blogs dedicados a subir discos. Pero cuando ha pasado el tiempo y ya han sido varias veces las que ha sonado cada uno de los compactos en el equipo de música de mi casa, descubro que si no fuera por ellos no me habría parado a escuchar a algunas de las bandas que incluyen. No es que haya capturado mi atención ningún grupo que no conociera ya, pero Bendito pop sí que me ha permitido tener una idea más global de lo que se hace en el indie patrio.
Grupos y estilos los hay para todos los gustos: desde lo más bailable (Delorean, Standard), al rock más vitaminado (Tokio Sex Destruction, Havalina Blu), pasando por el pop más intimista (Bart Davenport, Pájaro Sunrise), el indie pop español de siempre (Sr. Chinarro, La Habitación Roja, Niños Mutantes), el americana (Sixty-nine Million Inches, Delco), el pop-folk (Biggot, Emma Get Wild), el pop de autor (Santi Campos Y Los Amigos Imaginarios, Félix Arias), las bandas más electrónicas (6pm, Murmur, Moscu)… Podría seguir enumerando grupos como Underwater Tea Party, La Costa Brava, Big City, Limousine, El Columpio Asesino, The Go-Betweens, Melusa, Femme Fatale, Steve Wynn, Inq… Pero no llegaría a los setenta y dos, así que mejor lo dejo ya. Si alguien quiere conocer todo su contenido, puede verlo en la web de la FNAC.
Como nota negativa cabe destacar que hay unos cuantos sellos indies, y de los importantes, que no han tenido ninguna representación en este Bendito pop. El ejemplo más notable está en la ausencia de alguna canción del catálogo de Sinnamon o Acuarela, pero también podríamos destacar las de Jabalina, Limbostarr, Grabaciones En El Mar, Bip Bip Records o RockIndiana. Evidentemente no tienen por qué estar, de hecho, el recopilatorio no pretende recoger la totalidad del mercado, pero habría estado bien dada la envergadura de la edición. La segunda nota negativa, para el diseño. Muchos podrán pensar que es sobrio y funcional, y que para lo que cuesta está bien, pero yo creo que es por donde más cojea. Y es que el diseño es una de las cosas que pueden ayudar a un cliente potencial a adquirir o no el producto. Si uno se lo está planteando, por bajo que sea su precio, ni la carátula ni el resto del disco incitan a su compra. Pero, todo hay que decirlo, no serán pocas las ocasiones en las que, sin saber qué música poner para pasar una noche tranquila en casa o dedicarse a las labores propias del hogar, ponga en su reproductor alguno de estos cuatro CD.

