The Who

Integrantes: Pete Townshend (guitarra, compositor, voces), Roger Daltrey (voz), Keith Moon (batería) y John Entwistle (bajo y voz).

Cuándo empezó su carrera: En 1963 los cuatro integrantes (todos procedentes del barrio de Shepherd’s Bush en Londres) forman The Detours. Un año más tarde pasarían a llamarse The High Numbers y finalmente The Who, convirtiéndose en poco tiempo en el grupo mod por excelencia. Ya en 1965, editarían sus dos primeros y exitosos singles (I can’t explain y My generation) y su álbum debut, producido por Shel Talmy.

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Michael Shelley – Goodbye cheater

Colaboradores | 29 Noviembre 2006  

Michael Shelley es un neoyorquino que se dedica, básicamente, a hacer buenas canciones. Poco más hay que decir a bote pronto de este cantautor norteamericano, o poco más que mereciera la pena destacar. Porque lo realmente importante de este Goodbye cheater (RockIndiana, 2006), es que está repleto de buenas canciones que aúnan la tradición del country-rock norteamericano con la del pop británico más clásico.

La principal virtud de Shelley es su capacidad para hacer canciones de aparente sencillez, sin rodeos ni vueltas innecesarias: las catorce que componen el disco (realmente doce, pues Goofball es una introducción del siguiente corte, Hurry on up and fall in love, y Ha ha ha ha ha, que cierra el álbum, es en realidad un epílogo instrumental) duran poco más de media hora. Con esto, el neoyorquino demuestra que el tamaño no importa y que, con perdón de la expresión, “mejor pequeñita y juguetona que grande y morcillona”. Al menos así queda patente con el minuto y medio de Move along o el minuto y cuarenta y ocho segundos de Where did I go wrong?

Hay que destacar los afilados riffs de guitarra, ya sea en líneas de acentuado estilo country (la citada Hurry on up and fall in love), con un marcado ritmo a contra tiempo (como en Suddenly free) o marcándolo estrictamente (Out). Siempre acompañados de unos teclados que aparecen y desaparecen en justa medida, al igual que sucede con la pedal steel (algo que se agradece, puesto que normalmente se tiende a abusar de esta última).

Para los que gusten de comparaciones y referencias, podríamos decir que en canciones como I’ve been trying (en la que Laura Cantrell aporta su preciosa voz), Michael Shelley se acerca al californiano Bart Davenport, o que la ya mencionada Ha ha ha ha ha parece un homenaje a Chet Atkins. Y, en general, podríamos decir que casi todas las canciones dejan ese buqué a canciones “de ayer, de hoy y de siempre”, que diría mi amigo Kiko, que consiguen grupos como Big Star o Bronco Bullfrog, cada uno a su manera, claro.

No puedo terminar de hablar de Goodbye cheater sin recomendar The leaves fall off the trees, la excepción que confirma la regla (con casi cinco minutos, es la pieza más larga del CD) y esperar que no le pase como al Orange and green and yellow and near (RockIndiana, 2002) de Cloud Eleven, otra de las joyas del catálogo de la discográfica madrileña, que en su momento (y todavía) pasó prácticamente desapercibido.

Andrés Cabanes

Wintercase 2006 (Barcelona, noviembre 2006)

Sergi Serrano | 28 Noviembre 2006  

El V Wintercase se celebró, como ya viene siendo habitual, con conciertos itinerantes por las ciudades de Barcelona, Madrid, Bilbao y Valencia. En esta quinta edición las bandas presentes fueron Ed Harcourt y The Veils el primer día (que lamentamos no haber podido cubrir), Maxïmo Park y The Spinto Band el segundo, Arab Strap y Violent Femmes el tercer día, The Magic Numbers, Peter, Bjorn & John el cuarto, y el quinto día Brakes y Surfin Bichos (jornada a la que, por problemas de última hora, tampoco pudimos asistir) fueron los encargados de cerrar este peculiar festival.

Y como ya es habitual, once conciertos de las cinco giras colgaron el cartel de sold out, lo que garantizó una gran asistencia y un mayor disfrute por parte de los organizadores del festival, que no podían dejar de mostrar su alegría.

Viernes 17 de noviembre

El viernes 17 tuvimos ocasión de presenciar un duelo de titanes. Por un lado, los aspirantes americanos The Spinto Band, y en el otro lado los británicos Maxïmo Park. Estos últimos, con la experiencia de numerosos conciertos a sus espaldas y con alguna cosa más que contar que en giras anteriores, eran recibidos por los asistentes con expectación y ganas de escuchar esos ansiados nuevos temas de su próximo disco, que no saldrá hasta principios de 2007.

The Spinto Band

La historia de The Spinto Band es realmente curiosa. Nick Krill (voz y guitarra) se encontró unas letras de su abuelo, el músico Roy Spinto, que no habían sido publicadas. Ése fue el punto de partida para que se formara la banda, que cuenta, junto a Krill, con Jon Eaton (guitarra) y las parejas de hermanos Thomas (voces y bajo) y Sam Hugues (teclados), y Jeff (batería) y Joe Hobson (guitarra).


Nick Krill

Los americanos, con pinta jovial y con muchas ganas de gustar, desplegaron los temas de su primer disco Nice and nicely done (Bar/None Records, 2006), durante el poco tiempo que tuvieron para defenderlo. Sonaron enérgicos y bastante compenetrados, bailando e incitando al público a que les siguiera en todo momento. El clímax llegó cuando entonaron las primeras notas de su single -probablemente lo mejor que tienen- Oh, Mandy! Gran respuesta la de un público que podríamos definir como muy hype.

Maxïmo Park


Paul Smith

Pero después de los norteamericanos venía lo más esperado para el público presente: Maxïmo Park. Quienes, por cierto, nos han visitado ya demasiadas veces con su único disco, A certain trigger (Warp, 2005), bajo el brazo. La sala 2 de Razzmatazz se notaba abarrotada de gente, estaba todo vendido y allí no cabía un alfiler. Paul Smith salió al escenario con traje y sombrero blanco; elegante pero informal.

Iniciaron el concierto con la inédita Girls, que presumiblemente encontraremos en su nuevo trabajo. Fueron un total de seis temas nuevos, entre los que destacaron Nosebled, Fortnights y Monument. Pero fue al repasar su único disco de estudio cuando al público se le veía mas volcado.


Paul Smith

La energía que desprende Paul Smith -no para de dar saltitos y moverse por encima del escenario- se transmitió a un público entregado. Graffiti fue una de las mejores canciones -a un servidor le encanta cómo suena en directo-, aunque hubo también otros buenos momentos durante el concierto, como cuando entonaron Singnal & sing o The coast is always changing. Pero no fue hasta el final cuando dieron la gran campanada con Apply some pressure. Auténtico temazo que suena fuerte y potente en directo y que dio paso a los bises, que sólo fueron dos, Limassol y Going missing, pero que dejaron el pabellón bien alto. Para el futuro, la única condición que les ponemos es que si vuelven que sea con otro disco bajo el brazo y que dejen de estrujar tanto el único que tienen. Queremos un descanso.

Domingo 19 de noviembre

Domingo de Wintercase en la sala Razzmatazz 2 de Barcelona con dos propuestas más que interesantes: los escoceses Arab Strap, en su gira anterior a su inminente separación, y los norteamericanos Violent Femmes, como una de las actuaciones más esperadas.

Arab Strap


Malcolm Middleton

Aidan Moffat y Malcolm Middleton, al frente de Arab Strap, ofrecieron un muy buen directo aunque con una actitud un tanto apaciguada. Quizás era el cansancio o quizás otra cosa, pero de todas formas no influyó mucho en el sonido o la calidad de las canciones. Así pues, sonaron muy bien temas como Stink o Don’t ask me to dance, frente a un público nada respetuoso con su actuación que estuvo la mayor parte del tiempo hablando y entorpeciendo la audición de aquéllos a los que sí nos interesaba. Y es que la fuerza de los de Milwaukee era más poderosa que cualquier otra cosa.


Aidan Moffat

Aun con todo supieron llamar la atención de sus seguidores con temas como Shy retirer o interesar a los más profanos con cosas como Packs of three, Blood o First big weekend. En resumidas cuentas, una gran actuación que mucho más disfrutable hubiera sido con mayor minutaje y sólo ellos como protagonistas. Lástima que fuese ésta la última vez que los veremos juntos en un escenario.

Violent Femmes


Víctor Lorenzo

Y por fin llegó la “leyenda”, los esperados y aclamados Violent Femmes. Con un público entregadísimo a sus quehaceres, de todas las edades y preparados para la diversión. Al frente, Gordon Cano (voz y guitarra), Brian Ritchie (bajo) y Víctor Lorenzo (batería). Empezaron, además, entrando bien en materia: Blister in the sun y Kiss off consiguieron animar aun más, si cabe, al respetable, que enloqueció instantáneamente. Además, tenían músicos de soporte que hicieron acompañamientos con mandolinas, banjos, trompetas, saxos y hasta unos enormes “rascadores” en forma de escudo que ayudaban a dar homogeneidad a un sonido en directo poco más que sobresaliente.


Gordon Cano

Y con toda esta genial parafernalia instrumental ofrecieron una gran actuación que no dejó a nadie indiferente. Sonaron, con una gran calidad, joyas como Please do not go, Jesus walking on the water, Good feeling, I held her in my arms, y nos contagiaron a todos su buen humor. En la memoria de todos los presentes quedará esta genial actuación que espero que se vuelva a repetir dentro de no mucho tiempo.

Viernes 24 de noviembre

La cita que teníamos el viernes con los Magic Numbers no nos la podíamos perder. Ya estuvimos el año pasado en su primera visita en la ciudad condal, en Razzmatazz, y salimos tan contentos que nos dijimos que deberíamos volver a verlos. Y es que la magia que desprenden esta pareja de hermanos -Romero (voz y guitarra) y Michele Stodart (bajo y coros)- y sus amigos -Sean (batería) y Angela Gannon (teclados y coros)- es digna de ser contada sumando conciertos de uno en uno.

La velada la abrieron los ingleses Goodbooks, quienes acompañan a los Magic Numbers de gira por Inglaterra. No tuvimos la suerte de llegar a tiempo para poder verles, pues se abrieron las puertas a las siete y media de la tarde, y es un poco complicado poder llegar a tiempo con el tráfico de Barcelona.


Björn Yttling

A quienes sí pudimos ver fue a los suecos Peter Bjorn and John, que se pasaron por nuestro país presentando su tercer disco en estudio, titulado Writer’s block (Sinnamon, 2006). El trío empezó su concierto con buen pie, sintonizando con el público con Let’s call it off. Poco después, con Chills, nos dejaron un muy buen sabor de boca, tanto que hasta pensamos que era demasiado bueno para ser cierto. Y en efecto, después llegó un gran bajón del que no se recuperaron casi hasta el final. Y es que en determinadas canciones se percibía que el público no seguía con entusiasmo lo que nos estaban ofreciendo. Su single Young folks, con el silbido grabado y sin la presencia de la segunda voz de Victoria Bergsman, supo a poco, aunque despertó un poco la atención del espectador. El final, con Up against the wall, fue una de las pocas razones que hizo que se salvaran del suspenso.


Peter Morén

The Magic Numbers

Los números mágicos salieron a la palestra con un gran recibimiento. Y es que su pop sonriente y atemporal engancha. La esencia de los sesenta estuvo muy presente en cada una de las canciones que interpretaron.

Con This is a song, de su último disco Those the brokes (Sinnamon, 2006), empezaron su repertorio. Muchos de los presentes no habían escuchado esas canciones, pues el disco no ha salido aún en España, pero sí en Inglaterra. A continuación sonó la también nueva You never had it. Pero en seguida empezaron a caer canciones de su primer álbum, como Forever lost, Love’s a game, o la que siempre nos pone los pelos de punta cada vez que la escuchamos en directo: I see you you see me. Con la fabulosa voz de Angela, y cantando sus estrofas con esa pose tan informal, las canciones fueron cayendo poco a poco, intercalando las nuevas con las antiguas. De entre las novedades destacamos Running out, hacia el final, y justo después Love me like you era la encargada de cerrar antes de la espera hasta los bises. Éstos fueron tres: la conocida Morning eleven, Wheels on fire, con la participación casi total del publico en los coros, y para terminar el concierto la deslumbrante The beard, que con su ritmo folk-rockabilly enganchó a todos.


Romeo Stodart

Sin duda alguna fue una de las mejores actuaciones del festival. Sus sonrisas trasladaron a cada uno de los asistentes un poco de la felicidad que tanto nos hace falta y consiguieron que por unas horas olvidáramos nuestros problemas y disfrutásemos de una de las cosas más bonitas que tenemos: los conciertos.

Un año más, y ya van cinco, el festival de “invierno” (no olvidemos el buen tiempo que está haciendo estos meses) organizado por Sinnamon se ha saldado con un gran éxito. La variedad y el buen gusto a la hora de escoger las diferentes bandas ha sido, como siempre lo fue, un punto positivo. Pero si hay que buscar algún pero, diríamos que quizás algunos conciertos se podían haber trasladado a salas más grandes, sin ir más lejos a la sala 1 de Razzmatazz. Eso hubiera mejorado los problemas de espacio de algunos días y hubiéramos podido disfrutar mejor de los conciertos. Aun así, el festival Wintercase, que ha ampliado su agenda de cuatro a cinco días, ha sacado otra vez buena nota en el examen.

Textos: Sergi Serrano y José L. Gallego (Arab Strap & Violent Femmes)
Fotos: Sergi Serrano

El Hijo – Canciones gringas

Colaboradores | 20 Noviembre 2006  

Abel Hernández sigue buscando una identidad a la que ajustar su propuesta en solitario. Para ello parece que ha pensado que lo mejor es mirarse en espejos prestados, para redibujar sus reflejos y amoldarlos a sus deseos. Este Canciones gringas (Acuarela, 2006) es otra pequeña muestra de por dónde está dirigiendo sus esfuerzos el que fuera líder de Migala. Versiones de artistas americanos en las que El Hijo, de nuevo junto a Raúl Fernández y Xavi Molero, invita también a algunos amigos a colaborar. Así, en Últimamente y en Leche y miel, podemos escuchar el bajo de Kieran Stephen, en Una larga cuesta abajo Jordi Sancho toca su fender rhodes y los componentes de Grupo Salvaje, Pepe Hernández y Ernesto González, tocan respectivamente la armónica y la acústica en Era joven cuando me fui.

Dicho esto, sin duda que es muy tentador escuchar cada una de estas piezas comparándolas con sus respectivas fuentes de inspiración. These days, tema que Jackson Browne compusiera para Nico, se convierte en Últimamente. Un medio tiempo a caballo entre el country del primero y los conjuntos de cuerda de la segunda, nos permite observar lo que será una constante a lo largo del disco. Las traducciones de las letras no se limitan a ser fieles: su musicalidad es transformada donde se cree necesario para lograr unos resultados que casi me atrevo a decir mejoran los originales. Por su parte, en Una larga cuesta abajo, nos encontramos con multitud de nuevos arreglos que enriquecen una melodía en principio sin apenas acompañamiento, con especial mención para esos momentos en los que irrumpe una desbocada aunque sencilla percusión. Fascinante metamorfosis del Long way down (look what the cat drug in) de Michael Penn.

Con su versión del Milk and honey de Jackson C. Frank logran un efecto parecido. Una intensa voz acompañada de una guitarra se convierte en un vibrante número de rock en Leche y miel. El culmen de estas mutaciones de temas eminentemente acústicos en complejas instrumentaciones lo encontramos en Era joven cuando me fui. Armónicas, harmonios, pianos y guitarras hacen olvidar por completo lo que en principio no dejaba de ser una cruda grabación casera del venerable Bob Dylan, I was young when I left home. Así, un total de cuatro piezas ajenas son hechas propias por El Hijo, que con su visión cinematográfica de la música es capaz otra vez de grabar vívidas escenas en nuestra retina. Con dos EPs en dos años consecutivos empieza ya a mostrar un bagaje más que suficiente para suponer que terminará por presentar un álbum. Nada nos alegrará más que éste se muestre a la altura de las expectativas que, muy merecidamente, está levantando.

Autor: Miguel González

The Pretenders

Santi Hurtado | 12 Noviembre 2006  

Integrantes: En 1978, Chrissie Hynde forma Pretenders, compuesta en un primer momento por el guitarrista Honeyman-Scott, el bajo Pete Farndon, y el batería Martín Chambers. Pero la banda se ve marcada por la tragedia. En junio de 1982, Pete Farndon es expulsado del grupo debido a sus abusos con las drogas. Apenas dos días después, el 16 de junio, James Honeyman-Scott es encontrado muerto por sobredosis de heroína mezclada con cocaína. En 1983, Farndon muere también de sobredosis. Hynde vuelve a crear a Pretenders a finales de 1983, con el guitarrista Robbie McIntosh y el bajista Malcolm Foster. De los miembros originales permanecen Hynde y Martin Chambers.

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Ray LaMontagne – Till the sun turns black

Colaboradores | 12 Noviembre 2006  

Después de saborear hace dos años su Trouble (Echo/Pias, 2004, y reeditado este año por DRO Atlantic), por fin nos llega el último trabajo de Ray LaMontagne: Till the sun turns black (RCA Records, 2006). Se trata de un trabajo que destaca, sobre todo, por lo cuidado de sus arreglos, a la altura del aclamado 1972 (Rykodisc, 2003) de Josh Rouse (pulsa aquí para leer nuestra crítica) o de The mysterious production of eggs (Fargo/Discmedi, 2005) de Andrew Bird. Con el primero comparte, además, una cierta línea estilística común que parte del folk y del country estadounidense (Empty), pero que va más allá. En el caso de LaMontagne son notables las influencias soul, sobre todo en las melodías vocales y en los arreglos de viento metal (Three more days).

Como decía, los arreglos son una parte muy importante de unas canciones que, en su estado más primitivo, no son otra cosa que un breve acompañamiento de guitarra acústica para la voz. Destaca el uso de las cuerdas para crear evocadoras atmósferas, bien con la ayuda del piano en Be here now, o simplemente acompañando a la acústica en Can I say y en Till the sun turns black.

En un disco tan bien arreglado, destacan por todo lo contrario Lesson learned y la breve pieza instrumental Truly, madly, deeply. También merece mención especial You can bring me flowers, un tema en el que se acerca al sonido de Ben Harper. Quizá lo único que habría que achacarle es la particular forma de cantar de LaMontagne, como susurrando, y que resulta demasiado pesada para los casi cincuenta minutos que dura este Till the sun turns black.

Andrés Cabanes

Ligre – El desastre de ser indie

Santi Hurtado | 12 Noviembre 2006  

El desastre de ser indie (Flor y Nata Records, 2006) es ya un buen disco solamente por comenzar con un tema como Tumbados y finalizar con Solo otra vez, ambas canciones de la última de sus maquetas. Y aunque las referencias de este cuarteto de Elche son tan claras que recordarlo puede resultar hasta sonrojante (The Kinks, The Beatles y, por qué no, Los Brincos o Los Pekenikes, si bien ellos mismos citan una buena lista), lo que en el 85 por ciento de los grupos de nuestro país pudiera ser un handicap, en el caso de Ligre es una ventaja.

Al tono épico de En la ciudad -pese a que la voz a veces se desdibuje entre las guitarras, cosa que ocurre en muchos de los temas- le sigue Todavía es pronto, una de las mejores canciones y con el final más interesante de todo el repertorio (“ahora no sé por qué yo me siento mal, si eres tú la que falló”). Por su parte, El desastre de ser indie, tema que da título al disco -incomprensiblemente, dado que la temática del resto del álbum apenas tiene que ver con la letra de la canción- es el primer single, y a mi parecer de lo menos destacable del álbum.

Eso sí, puede ocurrir que, a diferencia de otros grupos en la misma línea -como puedan ser Lori Meyers-, adolezcan de unas letras más melancólicas (Domingo, con un final que nos recuerda al Golden brown de los Stranglers) y que su escucha se torne un tanto monótona a largo plazo. No obstante, estamos ante el debut –aunque con unos años ya a su espalda- de una banda que promete dar mucha guerra.

De castas y de galgos

Santi Hurtado | 11 Noviembre 2006  

Herederos

Mientras el hijo de Cat Stevens publica la próxima semana su disco de debut, la revista Flumesday repasa las carreras más decepcionantes de los hijos de famosos.

 

Si hace unos días hablábamos del regreso de Yusuf Islam, ahora es su hijo, Muhammad Islam, de 21 años, quien con el nombre de Yoriyos publica su disco de debut, titulado Bury My Heart At Wounded Knee en su propio sello Rarechords.

Tras este lanzamiento, ya son varios los producidos en las últimas fechas por hijos de cantantes populares, como recientemente el debut de Albert Hammond Jr. en solitario, o el segundo álbum de Sean Lennon.

Con tal motivo, la revista Flumesday ha hecho un repaso a la historia de las diez carreras más decepcionantes de los hijos de famosos. Quedaría por conocer en qué puestos podrían quedar otros miembros del selecto club (Harper Simon , hijo de Paul, Astrella Celeste , hija de Donovan o Dhani Harrison , hijo de George).

Pero el listado ha quedando así:

10. Sean Lennon: La revista afirma que aunque Rolling Stone le ha dado a su nuevo disco una nota de un 4 sobre 5 no hay que olvidar que la revista siempre trata con educación a la “Familia Real Musical”.

09. Nelson: Los dos hijos de Ricky Nelson, con una imagen impactante, lograron un número 1 en los años noventa con el tema (I Can’t Live Without Your) Love and Affection.

08. Nona Gaye: Hija de Marvin Gaye, tras su primer disco fue otra de las “chicas Prince”, que no consiguió levantar su carrera.

07.Jakob Dylan: el hijo de Bob Dylan, con su banda The Wallflowers consiguió un gran éxito con el Bringing down the horse, que no consiguió repetir.

06. Rockwell: si muchos se preguntaban quien era este artista que tan sólo tuvo un éxito nada menos que con la colaboración de Michael Jackson, ahora ya sabrán que era hijo de papá Berry Gordy, jefe de la Motown.

05. Kelly Osbourne: La hija de Ozzy se ha ganado la fama a pulso. La revista dice que “Lo que dice en el título de su álbum de debut- Shut Up! (Cállate!)- es lo que debería haber hecho durante todo el proceso de grabación del mismo.”

04.Carnie Wilson: La hija de Brian pasó de un gran éxito con las hermanas Philips a posar para la Playboy.

03.Frank Sinatra Jr.: el hijo de Frank Sinatra, con un parecido físico y un registro vocal tan similares al de su progenitor, ha sido incapaz de crear una imagen propia.

02. Lisa Marie Presley: Dejando un lado su matrimonio con otro famoso, su mediocre carrera ha sido impulsada por su apellido.

01. Julian Lennon: Siempre quedará la pregunta si el hijo de John Lennon será algo más que Too late for goodbyes.

Fuente: Flumesday

Underwater Tea Party – Suburban metronome

Santi Hurtado | 5 Noviembre 2006  

Underwater Tea Party hicieron doblete el año pasado tras quedar, por un lado, finalistas en el Proyecto Demo 2005 del FIB, y ganar en el concurso de maquetas del programa Disco Grande de Radio 3. En tierras extremeñas -en la primera edición del Navalpop, en Navalmoral de la Mata (Cáceres)- conocieron a Fino Oyonarte, quien desde el momento en que les vio durante la prueba de sonido tuvo claro que quería trabajar con ellos, y publicaron hace unos meses su debut en el sello Junk Records. Por lo demás, el cuarteto recibió el pasado mes de septiembre el premio a la mejor voz femenina del año 2006 en los I Premios al Pop Español celebrados en Cáceres.

Cuando uno escucha por primera vez al quinteto con una gran canción como The untold story about Mary & Nick, y se crea la expectativa de que el resto del disco esté al mismo nivel, puede llevarse cierta decepción. La frescura y la técnica de la mencionada canción apenas tiene parangón en todo el álbum; si bien esto no significa que el resto de las canciones sean desechables.

A pesar de un comienzo de disco de carácter más guitarrero -Cityscape and UFOs-, su orientación al “sonido Belle and Sebastian”, que es el imperante en varios de sus temas -Ampelmann o Long Island ice tea-, no es necesariamente una virtud. Y cuando el álbum no suena tan monocorde, los temas que se salen de la línea marcada abusan de unos acordes ya explotados, como en Silent moans, cuyo inicio recuerda primero a The Cranberries y después a La Buena Vida. En todo caso, puede que el conjunto sea todavía insuficiente como para poder hacer con este primer álbum un juicio acertado sin caer en la decepción. Esperemos a escuchar sus próximas canciones y entonces podremos ver si hay más tela que cortar.

Matisyahu – Youth

Colaboradores | 5 Noviembre 2006  

No ha tenido que ser nada fácil para Matisyahu lograr que la gente tome más en serio al músico que al personaje. La idea de un judío hasídico practicante que compone con elementos de reggae, hip-hop, beatboxing y rock suena a fenomenal invento de marketing. A esta situación también colabora cierto revuelo por sus letras, en las que se incluyen algunas referencias al Antiguo Testamento, aunque hay que hilar muy fino (y además equivocadamente) para identificar a este hombre con posiciones que no sean tolerantes con el prójimo. Buena prueba de ello la tenemos en Wp, en la que rapea su compañero de la infancia Stanley Ipcuss. En ella se oye el sample de una voz que describe un mundo así: “no more war, there won’t be anymore hunger, no jealousy, not even competition” (”sin guerras, nadie tendrá hambre, ni celos, ni siquiera existirá la competitividad”). También hay que fijarse en su colaboración con el músico musulmán Youssou en Shalom – Saalam, que vienen a significar “paz” en hebreo y árabe, respectivamente. De hecho, antes que hablar continuamente de religión y política, sus letras tienen un carácter más universal y espiritual.

Dejando a un lado posibles polémicas, Matisyahu no ha dado el salto a la palestra de la noche a la mañana. Tras llamar la atención con un debut tan sorprendente y heterogéneo como Shake off the dust… Arise (Jdub, 2005), Sony le ficha y pone a su disposición al productor Bill Laswell para desarrollar este Youth (Sony BMG, 2006). El resultado viene a ser cuanto menos discutible. Laswell ha metido mucha mano, usando toda la maquinaria de estudio para insertar soniquetes aquí y allá, desnaturalizando la esencia de la banda en un disco que peca de sobreproducido.

Eso se observa desde los primeros compases de Fire of Heaven – Altar of Earth. Pensemos en Matisyahu como una formación clásica de voz-guitarra-bajo-batería, y escuchemos la cantidad de pequeños añadidos que no aportan nada a un conjunto que, por otro lado, es realmente bueno. Ahí tenemos por ejemplo la ya mencionada apertura, o la vibrante Youth, el leitmotiv del disco (“Youth is the engine of the world”; “la juventud es el motor del mundo”). También podemos hablar del final ragga y la línea de bajo de Dispatch the troops, que incluye un breve homenaje al Message in a bottle de Sting (con quien Matisyahu ha llegado a actuar sobre el escenario), o de la sorprendentemente acústica What I’m fighting for.

En cambio, esas muestras de r’n'b más comercial, como Time of your life o Jerusalem, parecen más relleno que otra cosa. No ayudan tampoco a subir el nivel Late night in Zion y su tempo medio, o Unique is my dove, que curiosamente es la canción más puramente reggae de todas las del álbum. Ni siquiera ideas más rebuscadas e interesantes como Indestructible, que forma la base rítmica sobre la voz de Matisyahu, o el breve instrumental Shalom – Saalam, que superpone un arpa al beatbox correspondiente, logran ser tan inspiradas como cabría esperar.

Menos mal que ese mismo arpa en Ancient lullaby encaja mucho mejor. Su gran final plagado de percusiones logra que nuestro interés vuelva a elevarse hasta cotas mucho más deseables. Además, nos deja el camino preparado para uno de los singles del año, una canción que, a pesar de su brutal calidad, pasa por ser el máximo exponente de lo que Youth representa en la carrera de Matisyahu. Y es que King without a crown ya aparecía en Shake off the dust… Arise, en forma de impresionante tema reggae de más de cinco minutos de duración. Coincidiendo con su fichaje por Sony, este disco se deja de editar y se remoza dicha canción completamente. Se recortan dos minutos, se elimina parte de la letra, se acelera su cadencia (hasta hacerla casi imposible de cantar debidamente en directo), y se le meten un par de cambios de ritmo rompedores. Todo para presentarlo al gran público como su primer gran tema -lo que es totalmente falso- y lograr un auténtico pelotazo.

Pero los elementos de producción que aquí funcionan estupendamente, dejan un disco que a ratos resulta un poco cargante, por mucho que haya partes geniales. ¿Habrá quedado Matisyahu realmente contento con su trabajo? Por lo pronto en sus actuaciones en directo (como la del Metrorock 06 ) hay que agradecer que permanezca mucho más fiel a sí mismo. En ese sentido, mejor recomendar su imprescindible álbum en vivo Live at Stubb’s (Sony BMG, 2005) para disfrutar como es debido de las indudables capacidades de este artista único.

Autor: Miguel González

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