Polar – Surrounded by happiness
Colaboradores | 22 Octubre 2006
Es cuanto menos reconfortante ver que un grupo consolidado dentro del alternativo español como Polar es capaz de hacer un disco tan fiel a sus principios como distinto a sus anteriores trabajos. Para ello han desnudado su sonido, limitándose a grabar con el productor Matthew Barnhart casi como si interpretaran en vivo con dos guitarras, un bajo y una batería. Se olvidan por completo del cuarteto de cuerda, el órgano Farfisa o el metalófono, elementos que funcionaban realmente bien en Comes with a smile (Jabalina, 2004), pero no dejan de lado su característica intensidad, ni sus estructuras bien meditadas. Han dado una interesante vuelta de tuerca a su propuesta: siguen siendo ellos mismos, pero ahora su rock se ha vuelto más directo.
Ahí tenemos Tell me para empezar, A cup of coffee o Stuart, tres claros ejemplos de las diferencias que han marcado con su nuevo repertorio. Títulos como la delicada When morning comes o la melancólica Tunnel (genial el efecto de percusión) disuaden de establecer ningún símil entre el título del álbum y un giro definitivamente optimista en su música. Pero no se puede negar la presencia de una energía especial, menos desgarrada y más edificante, que se puede palpar en A way to forget, Pere i Laia, y 1988, un canto a la juventud que quedó atrás. Ésta última, junto con Martin Eden, posiblemente suponga lo mejor de un álbum al que no se puede evitar poner una gran pega.
Curiosamente el tema en el que acercándose al folk su estilo particular queda más de lado, no llega a la altura del resto de las composiciones. A pesar de que hace aparición una preciosa harmónica, The band no termina de encajar, y desde luego no es un buen final para Surrounded by happiness (Jabalina, 2006), que no obstante pasa a ser otro notable pilar en el que asentar la carrera de una de las más sólidas bandas de nuestro país.
The Stranglers – Suite XVI
Santi Hurtado | 22 Octubre 2006
Cuando se cumplen casi treinta años desde su debut Rattus norvegicus (A&M, 1977), y veinte desde su gran éxito en los años ochenta Always the sun, The Stranglers regresan con un nuevo trabajo (su decimosexto, de ahí el título). Lo de “regreso” es relativo, porque su verdadera rentrée fue hace dos años con su disco Norfolk coast (Roadrunner/Universal, 2004) y su primer hit en listas en catorce años, el tema Big thin coming.
Y la verdad es que conseguir determinado éxito a ciertas edades a uno le debe animar bastante, y entonces lo que queda es echar el resto. Jean Jacques Burnel, Baz Warne, Jet Black y Dave Greenfield (el cantante Paul Roberts abandonó la formación en mayo de este 2006), tuvieron que volver a grabar las voces de un álbum que ya estaba terminado. Esto no ha supuesto mayor problema, dado que Burnel ya ha puesto voces en grandes éxitos de la banda, como Something better change o European female. El grupo no se amilanó antes las adversidades y ha aprobado el examen con nota.
El disco comienza con los temas más directos y efectivos para la mayoría: la rompedora Unbroken, el single Spectre of love (que es de lo peorcito) y She’s slipping away. En el álbum se deja notar una brillante producción, principalmente en los temas lentos: Anything can happen o, sobre todo, la preciosa Bless you (save you, spare you, damn you), y con guiño en forma de teclado-clavicordio para los que añoren su gran Golden brown. Pero no se quedan tibios en las piezas más pop, como Barbara (Shangri-la), con enormes juegos de guitarra, en un estado de lucidez compositiva que a más de una joven banda le hubiera gustado firmar para su debut.
Como conclusión, mal vamos si tenemos que echar mano y reivindicar los discos de unos veteranos que se supone debían estar en el ocaso de su carrera, y que debían haber dejado espacio a las bandas jóvenes. Jóvenes promesas que tocan bien pero a las que les faltan buenas canciones. Que aprendan de sus mayores.
Festival Cine Sitges 2006
Sergi Serrano | 22 Octubre 2006
No solo del Fantástico se vive en Sitges. El Festival Internacional de Cine de Sitges llegó este año a su 39ª edición. Directores de renombre como Paul Verhoeven, John Carpenter, Guillermo del Toro, Joe Dante o Michel Gondry presentaron sus nuevos trabajos bajo una gran expectación.
Mercury Rev
Colaboradores | 20 Octubre 2006
Integrantes: Grasshopper (Sean Mackowiak), Jonathan Donahue, Dave Fridmann, Suzanne Thorpe, David Baker, Jimmy Chambers (formación en el primer LP). Después de numerosos cambios y proyectos paralelos, en 2002 la base del grupo la formaban Grasshopper, Donahue y Jeff Mercel, con Fridmann en la producción.
Cuándo empezó su carrera: Sus orígenes se remontan a 1986, en Buffalo (Nueva York), cuando Grasshopper, Donahue, Baker, Thorpe y Mike Huber forman Shady Crady, un grupo a medio camino entre lo musical y lo artístico, con una vocación particularmente experimental. Unos años más tarde, Grasshopper y Donahue, este último tras pasar por los Flaming Lips y conocer a Dave Fridmann, le dan un nuevo impulso al grupo, en lo que puede decirse que fue el nacimiento oficial de Mercury Rev. Leer más
Yann Tiersen (Madrid, 11-10-06)
Colaboradores | 17 Octubre 2006
He tenido que tomarme cierto tiempo de margen para poder lanzarme a escribir acerca del sobresaliente concierto que Yann Tiersen ofreció en La Riviera. Y es que me resultaba imposible no monopolizar el escrito hablando del comportamiento del público. Ahora creo que ya soy capaz de sintetizarlo en un único pensamiento. ¿Por qué toda esa gente que únicamente está interesada en “el de la banda sonora de Amélie” (y no sólo “esa gente”) se dedica a gritar y a marcar el ritmo con palmas -a destiempo- cada vez que el francés se acerca a un violín o a un acordeón, impidiendo así que se escuche lo que está tocando? Esto unido a las decenas de personas que procedían inmediatamente a chistar como si estuviéramos en el colegio, fue motivo suficiente para destrozar tres o cuatro momentos de ésos en los que, de otro modo, me hubiera emocionado hasta tener el vello de punta.
Una vez comentado esto, paso a aparcar mi creciente misantropía. Centrémonos, pues, en la fecha del once de octubre. Afortunadamente llegué a tiempo para ver a Katel, la telonera, hasta entonces una completa desconocida para mí. Además, en ese preciso instante estaba junto a Tiersen, que tocaba el violín, acompañándola en un vibrante tema. A partir de ahí pude disfrutar de un puñado de canciones en las que, empleando sólo su guitarra y su voz, se adueñó del escenario con una imagen poderosa y desafiante. Desde luego que la noche comenzaba más que bien.

Yann Tiersen
De una manera totalmente informal y bajo una enorme ovación, Yann Tiersen presentó a su banda: Marc Sens a la guitarra, Ludovic Morillon a la batería, Stéphane Bouvier al bajo y Christine Ott con las ondas Martenot. La terrible Plus d’hiver fue la elegida para iniciar el recital, con la voz de Tiersen susurrando la letra. Las ondas Martenot tomaron un protagonismo excesivo, sobreponiéndose al resto de instrumentos, pero lo que pudo ser una catástrofe se convirtió en algo simplemente circunstancial. Así, en A secret place, encontraron un acertado hueco a su medida, como demostrarían más adelante llevando la melodía de Kala, que en estudio tararea Jane Birkin, o logrando a lo largo de la actuación algunas sonoridades maravillosas (véase el penúltimo tema, A ceux qui sont malades par mer calme).
Tiersen cambió varias veces la guitarra por el violín, y la primera fue para tocar una gran Le quartier. Con ese espíritu inconformista de cara a su obra, a Bagatelle le precedió Monochrome, que comenzó con un suave solo de guitarra, para seguir en un tono más lánguido, mucho más acorde con la letra de la canción. Una fantástica reinterpretación de una de las joyas de la corona. Y es que desde luego no fue un concierto jugado a base de bazas seguras. Hubo varios temas nuevos, como La perceuse, Macro boules, La rade (en la que colaboró Katel), The ex, o Esther, que cerró el primer bis. A saber cuántas de ellas acabarán siendo parte de su próximo álbum, pero sí se aprecia una clara preferencia por las guitarras más pesadas y baterías más contundentes. Si bien es difícil saber cómo podrían acabar sonando, dado el trabajo que realiza Yann Tiersen para componer. Esto lo podemos comprobar en el muy recomendable DVD que acompaña a Les retrouvailles (Ici, d’ailleurs…, 2005).

Yann Tiersen
¿Más sobre cómo un artista se reinventa a sí mismo continuamente? En Sur le fil Marc Sens y Tiersen se marcaron una sobrecogedora improvisación a base de puro ruido y distorsión, para acabar con el archiconocido y siempre exultante solo de violín zíngaro. Les bras de mer, si exceptuamos el discutible punteo de cuatro notas en lugar de la frase “qui s’alonge”, lograba acongojar con su atmósfera asfixiante. La terrasse sonó mucho más vulgar al eliminar el piano, de forma que podría haber sido parte del repertorio de cualquier grupo de la onda de Keane y similares. Tras La boulange, La crise y Le train -con Tiersen tocando de rodillas en esta última-, se dio por terminado un set de ésos que aunque hubieran durado cuatro horas, nunca hubiera sido suficiente.
Por problemas técnicos, el retorno al escenario se alargó mucho más de lo que hubiera sido deseable, aunque el público aguantó y animó con paciencia. Y para alborozo del respetable, Tiersen comenzó a tocar un par de toy pianos mientras Christine usaba el glockenspiel para dar forma a La valse d’Amelie. Jugaban entrando y saliendo de la melodía para terminar centrándose de nuevo en las guitarras, en una interpretación realmente notable. Además, acordeón mediante, recuperó Le banquet, una de las más bellas piezas incluidas en su debut, La valse des monstres (Ici, d’ailleurs…, 1995), para de un salto devolvernos al presente con Western. Tras un breve descanso, Tiersen destapó el tarro de sus influencias para hacer una versión del All we ever wanted was everything de Bauhaus. Todo finalizó con una sorprendente Fuck me, que él define como una canción de amor y que pasa por ser un desquiciado tema rock. Gran ovación, y toda la banda reapareció para despedirse del público con una graciosa reverencia.

Yann Tiersen
Podrá no ser siempre genial. No todas sus ideas son brillantes. Sin duda que a veces las ondas Martenot saturan. Es cierto que verle tocar a la vez el piano y el acordeón es excepcional. De acuerdo en que mataría por verle sobre un escenario lleno de todos los cachivaches que emplea para grabar sus discos. Pero no cabe la más mínima discusión sobre la capacidad de Tiersen de buscar e indagar dentro de sí para brindar música que da salida a sus inquietudes colmando las nuestras. Siempre tratando de ser fresco, de no encasillarse, y sin perder su esencia. Así que, sin más, disfrutémoslo en toda su dimensión.
Texto: Miguel González
Fotos: Coqui (Fatima Giudice)
FIZ FESTIVAL’06 – (Zaragoza, 07-10-06)
Samuel Benito | 13 Octubre 2006
La sexta edición del Festival de Música Independiente de Zaragoza prometía mayores alicientes que otros años, dando un positivo paso hacia delante en cuanto a cartel, lo cual esperemos que ayude a que el festival crezca y se desarrolle en los próximos años. Y es que el público respondió, abarrotando la Sala Multiusos de Zaragoza con más de 3500 personas que no se anduvieron contemplando los conciertos a lo largo de la noche, sino que bailaron y se desfogaron en su totalidad (sobre todo en el concierto estrella).
Para ir abriendo boca, tanto los locales Tachenko como Lori Meyers sacaron el lado más pop/rock de la noche, con una cara más roquera de lo habitual en los zaragozanos. Y los granadinos, con ese toque melódico tan característico, fueron desgranando las joyas pop, tanto de su Viaje de estudios (Houston Party Records, 2004), como de su más reciente Hostal Pimodan (La Incubadora, 2006). Quizá hubo controversia entre el público ante esta disparidad de sonidos, si tenemos en cuenta el un tanto meloso pop de los dos grupos que abrían el festival y el hedonista y directo electro de los otros dos que lo cerraban, Cycle y The Prodigy. Aunque sin duda se agradece un cartel más ecléctico que uno más lineal.
Una vez cerrado ese lado más pop/rock de la noche, entraron los madrileños Cycle y el auditorio se empezó a llenar, comenzando a respirarse esa fiesta electrónica que se preveía para la edición de este año. La Chica Patino y los suyos demostraron que el directo es el medio donde quizá mejor encajen sus canciones, ya que sus discos no es que se queden en la mediocridad, pero su sonido sí que seduce mucho menos en un CD que de cara al público. Desde el tecno-pop hasta el electro-rock, Cycle exprimieron esa faceta ochentera un tanto sombría y potente, típica de su sonido, utilizando los inevitables sintetizadores junto con unas siempre cortantes guitarras. Destacaron las hasta tres versiones de su hit Confusion, que fue el momento de mayor atención y movimiento del público asistente. El sonido mejoró considerablemente en comparación al que se escuchó con los granadinos Lori Meyers. Quizá la mayor experiencia internacional de Cycle se note en estas situaciones.
Y por fin llegó el momento más esperado de la noche, con un Dj Emceemismado (DJ residente de la sala Morrisey) haciendo las labores de introducción y cierre del concierto de The Prodigy. La sala se abarrotó y el público empezó a introducirse con mayor afán en el concierto. Envueltos por un escenario de lo más “guerrero”, con el Tower Bridge de fondo, banderas piratas con el logo de The Prodigy y un cubículo semejante al avión de combate Spitfire de la Segunda Guerra Mundial, los británicos salieron en tromba con una actitud completamente arrasadora. Desde la inicial Breathe pudimos sentir el abrasador ritmo que nos invadiría toda la noche. Los hits fueron cayendo uno tras otro, desde ese sonido inicial más relacionado con el techno y las raves, hasta el big beat con actitud punk que les catapultó a la fama en todo el mundo. El público, totalmente entregado, se volcó con el grupo desde el principio y se desfogó especialmente con los himnos de su aclamado The fat of the land (XL Mute, 1997), sobre todo con Smack my bitch up y Firestarter. Como tema de cierre utilizaron el mismo que en Monegros, el Out of Space con el famoso reggae coreado por el público. El sonido destacó por su limpieza, pese al alto volumen que exigían los de Essex.
Edición esperanzadora la de este Festival Independiente de Zaragoza, con un cabeza de cartel que demostró que, pese a no despuntar con su último disco, siguen manteniendo la actitud tan demoledora y vibrante de sus inicios.
Sufjan Stevens + St. Vincent (Barcelona, 7-11-06)
Sergi Serrano | 12 Octubre 2006
La expectación que ha creado Sufjan Stevens en su reciente visita a nuestro país es algo que no acertamos a explicar. Hace dos años tocó en Razzmatazz, ante un auditorio mínimo (él mismo nos lo contó durante el concierto), y en esta ocasión se ha tenido que colgar el cartel de sold out varias semanas antes de la actuación. Largas colas se crearon a la hora señalada delante del Casino de L’Aliança de Poblenou. Mucha de la gente con su entrada en mano, con ganas de pasar al interior y coger un buen sitio, y otra mucha gente pidiendo entradas, intentando agotar desesperadamente su última oportunidad de entrar.
A la hora prevista, la guapísima Annie Clark ejerció el papel de telonera bajo el nombre de St. Vincent. A esta joven, miembro de la banda de pop coral The Polyphonic Spree, le queda mucho mejor, no cabe duda, el conjunto que nos mostró en el concierto que la túnica blanca que suele usar junto a sus compañeros en el grupo liderado por Tim DeLaughter.

Annie Clark (St. Vincent)
St. Vincent nos entregó varias canciones, llenas de fuerza, que por momentos sonaban similares a las de PJ Harvey por sus fuertes golpes de tacón y su gran expresividad. Acompañada de su guitarra eléctrica, tocó algunos de los temas que estarán incluidos en su primer disco, y que no saldrá al mercado hasta principios de 2007. Algunos de los que pudimos escuchar en directo fueron Your lips are red o la genial Marry me.
Sufjan Stevens pisaba el escenario del Casino con toda su banda caracterizados y disfrazados de boy scouts y con unas alas de mariposa en la espalda. Un quinteto de viento espectacular, más dos guitarristas, un batería y la participación de Annie Clark, que se unió desde el principio del concierto como si fuera una más de la banda, ejerciendo de segundas voces, teclados y guitarra. Sufjan apareció también caracterizado de boy scout con unas grandes alas de halcón a la espalda.

Sufjan Stevens al piano.
Sister fue la encargada de abrir el repertorio. Una canción de su disco Seven swans (Sounds Familyre, 2003) -puedes leer nuestra crítica aquí)-, a la que siguió The transfiguration con Sufjan rasgando su inseparable banjo. Después nos encontramos con un pequeño show que consistió en tirar al público muñecos de Superman hinchables y que sirvió de enlace con las primeras notas de The man of Metropolis steals our hearts, toda una oda al superhéroe por excelencia. He woke me up again nos devolvió a la calma. A continuación encadenó tres temas de Illinois (Asthmatic Kitty, 2005) -puedes leer nuestra crítica aquí)-, empezando por The tallest man, the broadest shoulders, seguido de The predatory wasp of the Palisades is out to get us y John Wayne Gacy, Jr., consiguiendo en esta última un clima muy emocionante gracias a las segundas voces de Annie Clark. Después de una entretenida charla de Sufjan, explicándonos cómo pasa sus navidades, llegó el turno de Worst christmas ever, canción que encontraremos en una edición especial de todo el material recopilado de los EPs sobre tema navideño que ha publicado hasta ahora, y que aparecerá en forma de caja con cinco CDs individuales. Todo un lujo. Pues bien, en esta ocasión también volaron, literalmente, muñecos de Papa Noel hinchables durante el inicio del tema.

Sufjan Stevens con su banjo.
Pero lo mejor de la velada todavía estaba por llegar, en lo que fue el punto álgido de la noche: Sufjan nos presentó una canción nueva, titulada Majesty, snowbird, y que dejó a más de uno con la boca abierta. Muchas ganas tenemos de oír esta nueva canción en estudio porque es realmente hermosa. Chicago fue la última canción antes de los bises; todo un acierto dada su genialidad y su melodía, que no paró de sonar una y otra vez.

Sufjan Stevens en los bises.
En los bises sonaron dos piezas, la primera con Sufjan interpretando al piano Concerning the UFO sighting near Highland, Illinois. Y, para finalizar, Casimir Pulaski Day, que desató los aplausos del público para despedir así al compositor de Detroit.
Texto y Fotos: Sergi Serrano
Liars + Deerhunter (Zaragoza, 29-09-06)
Samuel Benito | 4 Octubre 2006
El hueco de Liars en el mundo del rock actual hacía presagiar una noche diferente en la sala zaragozana, lo cual era ya de por sí motivo de alegría para los asistentes. La capital aragonesa ha visto cómo en los últimos años la experimentación ha ido emergiendo como protagonista en la música de algunos grupos locales que han conseguido cierto renombre, como Haikus o Picore, de manera que quizá la experiencia de vivir un concierto de este tipo podía ser menos traumática.
A la hora de la verdad la audiencia casi ni llegó a la centena, pero las características de lo que acontecía conseguían mantener en vilo a todos los asistentes. Y es que se hace difícil encontrar en el panorama actual un grupo que produzca un sonido tan tenso como Liars. Con la deconstrucción como biblia sonora, los neoyorquinos ofrecieron toda una propuesta transgresora. Angus Andrew salió disfrazado de folclórica y fue el que puso la cara, los gritos, los riffs cortantes, los saltos, etc; en definitiva, una actitud siempre desafiante.
También cabe destacar la asimilación que la banda demuestra en el escenario de su continua y profunda evolución, olvidándose por completo de aquel They threw us all in a trench and stuck a monument on top (Gern Blandsten, 2001) y mostrando su nuevo lenguaje a través de un repertorio trazado básicamente con sus dos últimos álbumes. Y una parte básica de este nuevo lenguaje lo llevaron a cabo tanto Aaron Hemphill en la batería como Julian Gross acompañando a las percusiones. Resultaba increíble cómo conseguían crear ese ritmo, más derivado del tribalismo que del rock, a veces de la no wave, a veces de la más pura experimentación, con tan milimétrica precisión. Así pues fueron discurriendo momentos de auténtica belleza -aspecto destacable en su último trabajo Drum’s not dead (Mute, 2006)-, como Be quiet Mt. heart attack!, con esas enmarañadas guitarras sostenidas por la monumental batería de Aaron Hemphill, o Drum gets a glimpse. Otro clásico que tocó la banda fue We fenced other houses with the bones of our own, el cual evocaba ese lado más áspero, cortante y oscuro de su segundo trabajo, llevando al público a un estado de hipnosis total, al igual que sucedió cuando transcurrió la inquietante A visit from drum.
Sin duda alguna, esa experimentación de la que hacen gala producía momentos en que la balanza se equilibraba más por la actitud que por la asimilación de cualquier melodía, pero los resultados brillantes de ese “nuevo” lenguaje que desarrollan los neoyorquinos merecería sin duda la asistencia. Otros temas que provocaron mayor movimiento entre el público fueron los más “accesibles” Hold hands and it will happen anyway o They don’t want your corn, they want your kids.
Como aperitivo, sus compatriotas Deerhunter mostraron su lado más ambiental a través del noise-rock y noise pop, pero sin una actitud demasiado transgresora, con crescendos que hacían subir y bajar el ritmo y que remarcaban una melodía heredera de My Bloody Valentine.
Inq – Angst under the red light
Samuel Benito | 2 Octubre 2006
La primera escucha del disco debut de Inq nos hace pensar que el testamento redactado por The Velvet Underground a finales de los sesenta ni tiene ni tendrá fecha de caducidad. Y es que este Angst under the red light (Junk Records, 2006) se une a la línea que trazaron el grupo de Lou Reed y John Cale hace cuarenta años, siguieron dibujando los crudos y entusiastas Modern Lovers, hasta pasar por ese sonido amateur y catártico de los Violent Femmes; es decir, lo que posiblemente sea el lado más inconformista y sencillo de ver el rock.
Con la formación inicial compuesta del típico cuarteto de voz, guitarra, bajo y batería, los tarraconenses se atreven a utilizar diversos instrumentos no usuales en un grupo de rock (trucos a lo Violent Femmes), como un carrillón en la acústica y apacible I hate the songs about people missing trains o en la inicial Toothy monster. También se atreven con el clavicordio en la canción con más tendencia pop y con más posibilidades de éxito del disco, Angst under the red light. Cabe destacar el gran parecido entre la voz del cantante Carles Ribas y Jonathan Richman, el cual evoca esa crudeza vocal típica del de Boston y que formó parte clave del llamado proto-punk. También acuden al punk como fuente de inspiración, ya sea con mayor garra en Wisdom monkeys, o coqueteando de nuevo con el pop en Monday 9:00 PM.
La faceta más velvetiana se deja ver en los solos a lo largo de todo el disco, con esas guitarras espasmódicamente rasgadas y esos punteos tremendamente eléctricos. El ejemplo más claro es la rotunda The end of complacency, uno de los mejores momentos del disco, y que recuerda a esos gloriosos Sister Ray o What goes on de los neoyorquinos. Con tres acordes y un ritmo simplón consiguen conducirnos a un alto grado de entusiasmo y de vitalidad a lo largo de casi siete minutos. Otro de los temas a destacar es la vitalista The saddest chord, donde consiguen expresar con gran intensidad la tristeza, necesidad y soledad de una relación “heading home / when worry’s over / and music draws a perfect hi-fi dawn / and you need someone / to tie your arms around”). A lo largo del álbum se reconoce esa angustia latente en las letras de los tarraconenses, que es evocada a través del fracaso, la perdición y, sobre todo, el amor.
Reciente fichaje del sello Junk Records, los Inq han grabado el disco en la Audiocueva de Barcelona, contando con la participación de gente como Maick Alemany, Alejandro Mazzoni o Jens Neumaier (12Twelve) en la producción. Disco y banda con buenos ingredientes iniciales a los que sin duda habrá que seguir su evolución a lo largo de los próximos años.
Babasónicos – Anoche
Colaboradores | 2 Octubre 2006
A menudo asumimos que el riesgo tiene que conllevar experimentación, porque en la búsqueda de nuevas sonoridades se encuentran los avances y las nuevas etiquetas. Por otro lado, podemos pensar que el revisionismo nos ancla en el pasado sin aportar nada nuevo. Partidarios de las dos corrientes hay tantos como detractores, pero ni una cosa, ni la otra, y Babasónicos son buena prueba de ello. En los ocho discos (sin contar remezclas ni rarezas) de su carrera han sabido mutar hasta encontrar su propio camino, abrazando el indie, la electrónica, el rock y el pop hasta formar una personalidad propia e inconfundible, ajenos a todo pudor o presión externa.
Y quizás la clave esté en esa falta de pudor. En hacer lo que a uno le apetece. Y acabar marcando tendencia. La que fuera banda abanderada del under porteño ha saltado al mainstream sin perder un ápice de su carácter, y nos ha regalado discos tan espectaculares como Jessico (Pop Art -Argentina-, 2001), Infame (DRO/Warner -España-, 2004) o este Anoche (Universal -España-, 2006) que han presentado en nuestro país durante buena parte de este año.
A lo que vamos: Anoche es un disco de Rock con todas las letras. Aparentemente despojado de alardes y adornos, de principio a fin suena como un tiro, y te deja sin aliento. Las letras son tan sencillas y directas que a más de uno le pueden hacer dudar, pero no, porque son letras de un disco de rock. Urgentes, que hablan de lo que se habla en el rock: de la chica que quieres, del amor frustrado, de la farra, del compromiso… Todo contado con unos estribillos imbatibles, que acompañan a unas guitarras tan potentes como honestas, y un ritmo que acude sin vergüenza a la electrónica cuando resulta necesaria. ¿Revisionismo? Puede. Pero con personalidad y estilo. Y encima les apetece. Y su trayectoria les avala.
En definitiva, un disco de rock cantado en castellano que haría (y hace, seguro) sonrojar a más de uno de los considerados “jefes” de la escena patria. A menudo la línea recta es el camino más corto, y la sencillez la clave del éxito si se tienen las cosas claras.

