Marbella Grill Festival 2006 (Marbella, 23-09-2006)
Sergi Serrano | 28 Septiembre 2006
Picnic musical. La Costa del Sol es lugar de grandes y variados atractivos, y en ocasiones también para los aficionados a la música es punto de reunión. Y qué mejor que un festival situado en el Parque Vigil de Quiñones de Marbella, un emplazamiento emblemático donde la naturaleza es protagonista. Alta Fidelidad se desplazó al lugar el sábado 23 de septiembre para seguir en vivo el Marbella Grill Festival, un certamen que celebraba su tercera edición con una oferta amplia y heterogénea, y de la que a continuación repasamos los más destacado.
Standard
Allá por mayo de 2005 fuimos testigos presenciales de su victoria en el Proyecto Demo, el concurso de maquetas del Festival de Benicàssim. El tiempo pasado y los bolos que han ofrecido desde entonces les han hecho madurar para bien. Tienen muy clara su propuesta: hacer bailar, bailar y bailar a ritmo de rock. Quieren provocar movimientos espasmódicos, hacer que la gente brinque sin parar. Para ello no dudan en hacer uso y abuso de capas superpuestas de guitarras, electrónica, y dos baterías que a pesar de su espectacularidad no evitan parecer infrautilizadas. Y por supuesto no hay que olvidarse de su carismático cantante, pasadísimo como acostumbra, aunque con peor voz si cabe, imitando por momentos el dulce maullido del gato en celo.

Standard
Si salvamos los problemas técnicos con uno de los altavoces, el resultado, aunque a ratos saturaba, fue un concierto divertido en el que destacaron sobre todo On the floor, Pressure y Supermarket, con las que hicieron moverse sin parar a un público más heterogéneo de lo habitual. Y si no que se lo pregunten a los adolescentes y tiernos infantes de las primeras filas, que fueron los que más se entregaron a los felices desvaríos de Standard.
Texto: Miguel González
Astrud

Astrud
No me gustan Astrud. Los vi por primera vez hace un par de años en Ceuta y me parecieron mucho peor sobre el escenario (además de comportarse de forma bastante estúpida). Después editaron nuevo disco y un par de singles graciosetes. La del Marbella Grill era la segunda ocasión en que los tenía frente a mí y la cosa no mejoró mucho con respecto a mi primera experiencia con ellos: las mismas pintas, casi las mismas canciones, la misma actitud… ¿Qué cojones tienen Astrud para que los escuches en tu casa? Además, el sonido fue el peor de la noche, y si lo comparamos con el de los grupos de los que estuvieron rodeados (Standard o Sunday Drivers, por ejemplo), pues apaga y vámonos. La cosa se levantó un poco en los bises y, cómo no, con Todo nos parece una mierda, tal vez la frase más utilizada tras asistir a un concierto de este grupete. Nunca mais.
Texto: Francisco José Fernández
Frank Popp Ensemble

Frank Popp Ensemble
Frank Popp Ensemble salieron a escena para librarnos durante un rato del cierto tedio que reinaba en la noche -y previo al colofón de The Sunday Drivers-. La banda alemana del DJ Frank Popp destapó las esencias de los ritmos sesenteros, en una combinación entre lo kitsch y lo psicodélico de los sonidos de los años 60 y 70. Sin descubrir nada nuevo, sí consiguieron su objetivo: hacer vibrar al personal con las canciones de sus discos Ride on (2003) y Touch and go (2005). Así, sonaron sin tregua temas como Enough, Love is on our side, Break away, el tema You’ve been gone too long (versión de una canción de Anne Sexton), o su mayor éxito y seguramente el tema más conocido por el auditorio allí congregado: Hip teens (don’t wear blue jeans). La banda se mereció un buen aplauso, tanto por el sonido como por la dedicación a un público que, eso sí, se entregó a ellos desde el primer momento.
Autor: Santi Hurtado
The Sunday Drivers
Actuación accidentada para el plato fuerte del Marbella Grill Festival. Los problemas de ruido con uno de los altavoces se hacían mucho más patentes en las canciones de un grupo que cuida tanto los matices. Para colmo, el teclado de Lyndon Parish se negó a funcionar, con lo que tuvo que limitarse a hacer coros y entretenerse con alguna improvisada percusión básica. Menos mal que el estatus de los Sunday Drivers les permitió contar con un par de técnicos de sonido propios que se encargaron de solventar buena parte de esas dificultades, evitando que todo se fuera al garete.

The Sunday Drivers
En un plano estrictamente musical nos encontramos con un concierto que los de Toledo resolvieron con entrega y profesionalidad, pero sin dar la impresión de disfrutar tanto como en otras ocasiones. Nos permitieron intuir cómo será su esperado próximo trabajo, merced a tres temas nuevos. Buenas líneas de bajo y riffs contundentes se complementaban con los teclados de Julián para dibujar escenas del rock americano tan característico de Sunday Drivers. Por lo demás, unos cuantos hits bien cantados por Jero, como Time, time, time, I should go y On my mind, dejaron un buen sabor de boca. Por no olvidar el final con Little heart attacks y su típico gran final con un bis en forma de versión de Led Zeppelin, Your time is gonna come.

Jero (The Sunday Drivers)
Quizás sea por esa aparente falta de novedades en su setlist por lo que no lograron transmitir tanto sobre el escenario. O tal vez fueran esos imponderables a los que hubieron de enfrentarse, o un público menos entregado que otras veces. Puede que sea una mezcla de todo, o un buen montón de suposiciones baratas de alguien que les ha visto unas cuantas veces en directo, pero esperemos que la salida a la calle de su tercer álbum les traiga nuevos retos que superar, algo vital para permitir a una banda con tanta calidad seguir progresando como hasta ahora.
Autor: Miguel González
Fotos © Sergi Serrano
Prefab Sprout
Santi Hurtado | 12 Septiembre 2006
Integrantes: Paddy McAloon, Marty McAloon, Wendy Smith, Neil Conti.
Cuando empezó su carrera: La banda se formó en 1976 o 1977 en Consett, Durham County, Inglaterra. Paddy McAloon quiso que su nombre fuera llamativo, como Tyrannosaurus Rex, Moby Grape o Grand Funk Railroad. En septiembre de 1982 graban los temas The Devil has all the best tunesy Walk on,y son escuchados por Keith Armstrong, de la compañía Kitchenware Records, que ficha al grupo. Publican su primer single en 1983.
The Shakers – College cool age
Colaboradores | 11 Septiembre 2006
“Juventud divino tesoro”, dice el refrán. En el disco ante el que nos encontramos no podríamos estar más de acuerdo, porque si algo especial emana del debut de estos leoneses afincados en Madrid es precisamente juventud, para lo bueno y para lo malo.
Lo mejor que tiene Collage cool age (Junk Records, 2006) es la frescura, la intensidad (que es aún mayor en directo, como el que dieron en la última fiesta de Supernovapop), unos potentes riffs de guitarra (como en Hating love), la contundencia de la sección rítmica (All the same) y cierta ingenuidad post-adolescente.
Pero todas estas virtudes son sólo una de las dos caras de la moneda. Por poner un ejemplo, en canciones como Randi o Hi, el sonido sucio y crudo en las guitarras se ve perjudicado por algunas notas ligeramente desafinadas y/o fuera de tiempo, lo que termina por dejar cierta impresión de poca preparación y acabado imperfecto. Algo parecido ocurre con las estructuras de las canciones que, como les pasa a las de los Artic Monkeys, están poco definidas o resultan repetitivas, como en Not in my name.
Lo peor es que el disco suena a todas las formaciones “guitarreras” de los últimos años, desde The Strokes a Mando Diao, pasando por The Libertines o The Killers. El problema es que si bien en algunos grupos las influencias se traducen en cierta identidad propia, la propuesta de The Shakers no suena personal. Claro que para el que no le importe escuchar más de lo mismo podrá disfrutar de potentes canciones.
Quizás donde demuestran que son algo más que un remedo de los grupos ya citados sea en canciones como No aspirins, Don’t disturb o You make me fall, con mejores melodías, más trabajadas y bien construidas. Lo que es cierto es que estamos ante el primer disco de una banda que puede prometer, y promete, si sabe encontrar su sitio y su propia voz.
Andrés Cabanes
Wolfmother – Wolfmother
Sergi Serrano | 11 Septiembre 2006
Éste es, probablemente, el debut del año. Desde las Antípodas nos llega la reivindicación del rock por excelencia: el más puro, directo y salvaje. Wolfmother han construido una máquina del tiempo y nos trasladan a la esencia de los setenta de Led Zeppelin, The Who y Black Sabbath, pero añadiendo un poco de salsa de este siglo a la mezcla.
La salida del disco se produjo en octubre de 2005 en Australia, pero no ha llegado hasta este 2006 a Europa y Estados Unidos. Guiados por Dave Sardy (productor de artistas como Marilyn Manson, Jet o The Dandy Warhols entre otros), los integrantes de Wolfmother -Andrew Stockdale (voz y guitarra), Chriss Ross (bajo y órgano) y Myles Heskett (batería)- han revolucionado el panorama musical, sin inventar nada.
Colossal supone una irresistible explosión al comienzo del álbum con ese ritmo de batería y esos rasgueos rotos de guitarra. Woman , en sus apenas tres minutos de duración, es quizás la pieza que más engancha. Por su parte White unicorn empieza con unos acordes limpios de guitarra que nos recuerdan a Jimmy Page para luego volverse oscuros y distorsionados. Poco después encontramos otra gran canción, posiblemente la mejor de la grabación: Mind’s eye. Con esos teclados iniciales tan floydianos (homenaje que también reflejan en su videoclip) nos hace imaginar, si cerramos los ojos, que estamos viviendo en otra época. Dimension, su primer single, tiene de todo: escaleras locas con la guitarra y el bajo, cambios de ritmo y una voz muy rugosa; todo un temazo, si se me permite la expresión. Apple tree tiene ese parecido a My generation de The Who y una rebeldía de aires muy punk. Ya en el final nos encontramos una de las canciones, a priori, más lentas, Tales from the forest of gnomes, aunque su riff final demuestra un gran virtuosismo. Y si aún nos faltaba nombrar alguna influencia, en Withcraft nos encontramos con una flauta que nos recuerda mucho a Jethro Tull.
No han inventado el rock, pero sí nos han hecho recordar sus inicios. Son trece canciones llenas de fuego, melodías que seducen y con las que dan ganas de mover la cabeza arriba y abajo. Tres grandes músicos que forman una banda de rock muy compenetrada, y por si fuera poco con un directo demencial.
El Hijo – La piel del oso
Colaboradores | 2 Septiembre 2006
La disolución de Migala (independientemente de en qué términos se produjera) era cualquier cosa menos una buena noticia. No en vano estamos hablando de una de las bandas con más calidad e ideas del panorama nacional, de unos músicos que no hicieron sino progresar en su propuesta. Que Abel Fernández, su voz, continúe en primera línea, actuando sin preocuparse de posibles expectativas, dando otro enfoque a su carrera, no nos resarce, pero sin duda alimenta nuevas esperanzas.
Bajo el sobrenombre de El Hijo, Abel se ha rodeado de dos músicos que nutren magníficamente esta nueva visión. Hablamos de Xavi Molero a la batería, y sobre todo de Raúl Fernández (más conocido como Refree), que además de sentarse al piano deja su impronta en la producción y en los excepcionales arreglos. Trabajadas letras en español que permiten diferentes lecturas, un gran uso de rimas átonas y mucho saber hacer en una voz bien templada, son otros de los ingredientes que jalonan este delicioso EP llamado La piel del oso (Acuarela, 2005).
Nos basta con escuchar Esa música sombría para confirmar lo dicho: entre una delicada melodía se desliza un inesperado vals que trata de lo difícil que resulta ser fiel a uno mismo. Si bien la línea no siempre es ésa, como vemos en Un ayer, que apoyándose en sintetizadores y un trémolo de acústica se muestra mucho más críptica y triste. No sólo de cuerdas vive el disco, y también se incluyen grandes trompetas en Los salvajes y Gorilas en la niebla. Así, toda la artillería queda dispuesta para terminar de tumbarnos en la épica El señor de las bestias.
Un trabajo redondo, y que por corto sabe terriblemente a poco viendo el nivel de lo expuesto. Cinco piezas que inspiran una luminosidad especial, ese brillo de los días de otoño y primavera en los que nos sumimos en una feliz melancolía. Así que habrá que dejar de añorar a Migala (al fin y al cabo siempre tendremos sus discos), y seguir a sus protagonistas por nuevos caminos. Canta Abel: “Somos salvajes, y los salvajes miramos adelante y no hacia atrás”. Pues aprendamos la lección, y con la vista al frente aguardemos expectantes su próxima entrega.
Autor: Miguel González
Sonic Youth – Rather ripped
Samuel Benito | 2 Septiembre 2006
Aquel cuadro en el que Sonic Youth se retrataban como auténticos killers del rock & roll entre mediados y finales de los ochenta, descuartizando cualquier retazo de música tradicional americana a base de distorsión, afinaciones imposibles y experimentación, parece ir cambiando de aspecto con el paso de los años, tal y como sucede en la novela de Oscar Wilde, El retrato de Dorian Gray. Sin embargo, en este caso la actitud más fea y desafiante deja paso a un alarde de preciosismo pop. La madurez del grupo se viene observando desde aquel Murray Street (Geffen, 2002), donde se dejaba entrever el uso de estructuras más convencionales y un sonido menos guerrero, lo cual viene siendo la tónica habitual del grupo en este cambio de siglo.
En Rather ripped (Geffen, 2006) la marcha de Jim O’Rourke ha dejado paso a unas guitarras más bellas y menos ariscas, tanto de Moore como de Ranaldo, los cuales consiguen trazar cristalinas melodías en gran parte del disco. De esta manera y con una Kim Gordon inspirada, consiguen introducirnos con dinamismo y seducción tanto en Reena (cuyo estribillo parece sacado de la chistera de Eels) como en el single Incinerate. Posteriormente, en Do you believe in rapture? la maquinaria thurstoniana desnuda casi por completo la melodía, despojándola de cualquier instrumento salvo sus simples rasgos de guitarra acompañados por unos suaves punteos, que nos introducen en una dulce meditación.
Desquitándose (o desquitándonos) un poco, tenemos en Sleepin around y Rats la excusa para degustar el carácter más sólido y sónico de la banda, aunque sin duda les falta la genialidad de antaño. Una de las mejores aportaciones de Kim en del disco es Jams run free, la cual empieza con una sombría melodía, deja paso a las enmarañadas guitarras de Moore y Ranaldo para acabar en uno de esos típicos pasajes tan cautivadores de los Sonic Youth. Por los mismos derroteros discurren Turquoise boy, otra composición de la compañera sentimental de Moore, y Pink steam. Ambas son claros ejemplos de la filosofía Youth, con estructuras más deudoras de jam sessions que de fórmulas radio hit.
Es curioso cómo en éstos más de veinte años de carrera la música de Sonic Youth parece haber intentado recoger retazos tanto de sus influencias “pre-Youth” (Television, Velvet, Stooges…) como de sus detractores “post-Youth” -como hizo el grunge en Dirty (DGC, 1992), Goo (Geffen, 1990), etc-. Este hecho genera una autoalimentación extra a la música de los de Nueva York, demostrando con maestría que para seguir en el candelero no hace falta repetir la misma fórmula de antaño ni caer en la complaciente comercialidad del mainstream. Suma y sigue. Y ya van veinte.

