Entrevista a Daniel Bejar – Destroyer (febrero 2005)

Aunque seguramente sea más conocido en este lado del Atlántico por su implicación en The New Pornographers, Daniel Bejar (sinónimo de Destroyer) ya presenta su quinto disco en solitario. Se trata de Your blues, editado en nuestro país por Acuarela Discos, que se convierte en otra viga más sobre la que se sostiene una carrera hasta ahora impoluta y que crece desde los cimientos que ya se mostrasen firmes en su anterior This night. En los próximos días se enbarcará en una gira por nuestro país, mientras tanto, hemos tenido el placer de hablar con Daniel sobre sus proyectos, gustos e intereses.

Destroyer

- Empecemos la entrevista con una fácil, ¿por qué se llama la banda Destroyer? Se trata de un nombre muy agresivo que consigue un contraste muy interesante con el sonido, ¿lo elegisteis por esa cualidad chocante?

Destroyer fue un nombre que elegí hace demasiado tiempo para acordarme de la razón concreta por la que lo hice. Sé que una retórica de la guerra se puede encontrar tanto en los temas antiguos como actuales de Destroyer, y Destroyer parecía ser un nombre que venía bien para todo ese impulso.

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Entrevista a Abel Suárez – Primavera Sound (febrero 2005)

Colaboradores | 26 Febrero 2005  

Abel Suárez, uno de los organizadores del Primavera Sound Festival, tuvo la amabilidad de recibirnos y mantener una agradable charla con nosotros. A la espera de la rueda de prensa del próximo 21 de febrero, en la que se desvelará buena parte del cartel que conformará la próxima edición, Abel nos habló de las expectativas que albergan para este 2005 y nos dio a conocer algo más sobre los entresijos del festival, que este año pasa a celebrarse en el recinto del Fòrum de Barcelona.

Escenario Nasti

- ¿Cuán satisfechos quedasteis con la pasada edición del Primavera Sound?

Muy satisfechos. La edición pasada fue la que más se acercó a lo que buscábamos, aunque quedó un poco desvirtuada por lo de los Pixies. Hubo un poco de desequilibrio entre un día y otro, pero en definitiva es lo que buscábamos como festival. Este año, sin embargo, cambiamos de recinto, nos vamos al Fòrum, aunque intentaremos mantener la misma filosofía que en ediciones anteriores.

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Entrevista a Christina Rosenvinge (febrero 2005)

Ana F. | 26 Febrero 2005  

Christina Rosenvinge es una compositora bien conocida por todos. Tras su salida de la multinacional Warner y una larga temporada en Nueva York, donde grabó dos discos (Frozen pool en el 2001 y Foreign land en el 2002), volvió a nuestro país con un estilo muy diferente, más maduro y alejado de sus trabajos de años pasados. Ahora, Christina tiene nueva banda y en breve comenzará a grabar su próximo álbum. Hablamos con ella al día siguiente de su Concierto Únicos del Galileo Galilei de Madrid en una céntrica cafetería madrileña.

- Tu estancia en Nueva York trajo consigo dos discos muy diferentes a los anteriores; estaban compuestos en inglés, la producción era bastante distinta… ¿Qué te impulsó a cambiar el estilo de tu música?

La verdad es que cuando lo tengo que explicar me cuesta mucho trabajo, porque es algo que hago por impulsos. Cada vez que hago algo me quedo crónicamente insatisfecha e intento hacerlo mejor la próxima vez. En realidad, yo creo que ha sido un camino que empecé según he ido aprendiendo más sobre música, sobre todo a tocarla. No ha sido tanto oír más discos como empezar a darme cuenta de que yo tenía mas posibilidades. En los primeros discos, por ejemplo en Que me parta un rayo, acababa de empezar a componer, había ocho acordes y con ellos hice todo el disco. Y a la gente le gustó mucho precisamente por eso, porque era muy inmediato, con canciones que en realidad podía haber escrito cualquiera y con letras que recogían un poco cosas que estaban en el aire, que a la gente le importaban, o con las que se podían identificar. Entonces, según empecé a aprender cosas distintas, a aburrirme de lo que ya sabía e intentar aprender cosas nuevas, me fui especializando más, tal vez alejándome del público, pero encontrando y haciendo música mas interesante, en definitiva. Básicamente toda la historia viene de ahí, de haber seguido comprando discos nuevos. La mayoría de la gente a partir de los veinticinco o treinta años se queda como encasillada en lo que son en ese momento y siguen oyendo esos discos. Si tú sigues escuchando música nueva por supuesto que te influye, te da ideas, te sugiere y abre caminos que no estaban abiertos antes. También ha sido un camino de autoconfianza, darme cuenta de que donde pensaba que estaban mis debilidades -que era tener una voz muy fina y cosas de este tipo, o tocar de una manera muy elemental-, en realidad no eran debilidades, que podía hacer un estilo de eso. Entonces, en vez tratar de evitarlo, hice lo contrario, identificarme con eso y usarlo como una bandera.

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The Fiery Furnaces – EP

No sabemos si este EP es uno de los dos discos que Fiery Furnaces anunciaron el pasado año: uno sería muy dylaniano mientras que el otro, algo más convencional, contaría con la sorprendente colaboración de la abuela de los hermanos. El caso es que publican un nuevo trabajo que reune caras-b y singles ya editados: un total de diez, para una duración de más de cuarenta minutos. Algo irónico, pues, lo del título.

El álbum es, en definitiva, una recopilación de canciones que no tuvieron su oportunidad en la etapa abierta por su anterior y mastodóntico (en todos los sentidos) Blueberry boat, que incluía unas quince o veinte piezas reducidas a unos pocos temas con desarrollos larguísimos y experimentales. Por tanto, en EP encontramos estructuras más sencillas y accesibles sin abandonar ese peculiar sonido que les ha acompañado desde el principio.

Así, Duffer St. George o Cousin Chris son dos temas que siguen la estela de su anterior disco y que se encuentran muy en la línea del tipo de composiciones que realiza el grupo últimamente, manteniendo un nivel bastante aceptable en cada una de ellas. Encontramos momentos menos inspirados (Sweet spots o Sullivan’s Social Club) y ritmos sorprendentemente pegadizos en Sing for me, cantada por Matthew. Lo mejor llega con Single again, Tropical Iceland (ambas editadas como single el pasado año) y Here comes the summer. Ésta última, sobre todo, es una fantástica demostración del buen hacer del grupo a la hora de combinar guitarras, electrónica y melodía, sin dejar de lado unas letras que siguen siendo uno de sus puntos fuertes (sólo hay que echarle un vistazo a Cousin Chris).

EP es la síntesis perfecta de sus dos álbumes publicados hasta ahora. Trabajo ideal para introducirse en el extravagante mundo que Fiery Furnaces han creado y que está al alcance de cualquiera. Uno de los EPs del año, sin duda.

The Chemical Brothers – Push the button

Vicente Bueso | 19 Febrero 2005  

Nada nuevo bajo el Sol en esta nueva entrega de los hermanos químicos. Beats elementales y escuchados hasta la saciedad, cajas de ritmo machacadas durante una década por pseudomúsicos de pacotilla, sonidos planos y predecibles… En definitiva, una amalgama de temas de baile, estudiados y pensados para destrozar los oídos de miles de jóvenes mientras se mueven al son de la cantidad de pastillas que su sangre haya podido resistir en cualquier discoteca ibicenca.

El aburrimiento va haciendo mella en el oyente mientras el disco avanza y la falta de originalidad ya presente en su anterior álbum, Come with us, irrumpe de forma brusca a cada golpe de sintetizador. Y es que desde Surrender su carrera ha ido en total declive. De hecho, salvo Galvanize y el corte final, Surface to air, todas las piezas de este trabajo bien podrían estar firmadas por cualquier músico revientapistas. Un desastre total.

Galvanize es, por lo tanto, lo único medio salvable de Push the button. Un tema que ronda los siete minutos, muy inteligente, con claras señas de la identidad del grupo y un magnífico sample de cuerda de música árabe. Desde aquí hasta el final, cerca de 45 minutos de tedio. Y aunque Shake break bounce pueda librarse de la quema, hasta el insufrible DJ Tiesto sentiría verguenza ajena al contemplar cómo se puede realizar semejante engendro y tirar por la borda una buena parte del supuesto respeto que Chemical Brothers ha tenido siempre dentro de la escena de la música electrónica.

En definitiva, otros que tienen los días contados. Al menos en cuanto a que lo que puedan ofrecer en un futuro tenga la más mínima calidad, siempre que sigan por esta línea tan simple y aburrida, sólo recomendable para fans acérrimos y a la vez perdidos.

Doves – Some cities

Sergi Serrano | 18 Febrero 2005  

Las influencias que legaron los grupos que salieron de Manchester en los 80 han sido clave para el empuje de nuevos valores. Doves acuden a esa herencia para plasmar en su tercer álbum de estudio esa pizca extra de genialidad que los devuelva al star system con más fuerza si cabe que tres años atrás con su aclamado The last broadcast. Con ese objetivo, este disco ha sido grabado por Ben Hillier (productor del Think tank de Blur) en Liverpool, Brixton y el Lago Ness.

Some cities está lleno de valiosas canciones. El primer single, Black and white town, es a priori la canción más pegadiza del álbum, pero pierde fuelle con las escuchas frente a composiciones más complejas y bellas. Buen ejemplo de ello es la cálida Almost forgot myself, o la genial One of these days. Por su parte Walk in fire se parece demasiado a la etapa correspondiente a su anterior trabajo, pero no por ello deja de ser merecedora de elogios. Como curiosidad, en determinados momentos Snowden nos recuerda a los guitarrazos mas salvajes de Neil Young con los Crazy Horse, mientras que con el ritmo de Sky starts falling rememoramos un poco a los Kinks más seventies.

En este nuevo disco Doves intentan reflejar los cambios que han experimentado ciudades como la mencionada Manchester o Liverpool en los últimos años. Jez, el guitarrista de la banda, cree que las canciones de este nuevo largo tienen su fuente de inspiración en esa evolución urbanita. El tono de este nuevo álbum lo ha conducido a un sonido fino y perfilado. En palabras de Andy, batería, han querido sonar más naturales, tal y como hacen en directo, y personalmente creo que lo han conseguido. Tan sólo hay que saber deleitarse con estas admirables melodías que ha sido capaz de componer el trío inglés.

Christina Rosenvinge: Conciertos Únicos (Madrid, 05-02-2005)

Ana F. | 9 Febrero 2005  

Llegó el turno de una esperada actuación dentro del programa Conciertos Únicos de la sala Galileo Galilei de Madrid. La noche del cinco de febrero Christina Rosenvinge y su nueva banda subieron al escenario para tocar sus temas más recientes y presentar otros tantos inéditos. La sala estaba prácticamente llena, con un público preparado para asistir a lo que resultó ser uno de los mejores conciertos de la temporada.


Christina Rosenvinge

Comenzaron tocando una nueva canción llamada Continental 62, acompañada por guitarras, carillón y suaves ritmos de batería. Continuaron con Off screen, perteneciente a su álbum Foreign land, a la que se añadió un un violín a la melodía, y que concluyó con un final más fuerte que el resto del tema. Christina cogió el bajo, y las primeras notas dejaban claro lo que ibamos a escuchar: German heart, que en este caso acompañaron de detalles tan curiosos como el sonido de un papel rompiéndose o notas asonantes y quebradas del violín. Lost in D sonó mucho más arreglada y emotiva que en Frozen pool, en parte gracias a impresionantes efectos sonoros con ecos de cinta, compresores y radios. El concierto continuó con Expensive shoes, más animada que las anteriores, y otras composiciones inéditas, como A lier to love, con cierto toque de bossa y un estribillo alegre y pegadizo, y I look at your window, cuyo comienzo suave y ambiental contrastó con el final estrepitoso y muy rítmico, para concluir de nuevo con la melodía principal.


Christina con la guitarra y Andrés Cruz acompañándole al violín

Entonces Christina se dirigió a los presentes para anunciar a una persona que le había regalado la mayor parte de sus discos favoritos. Así, Leonor Watling subió al escenario como invitada especial y cantó junto a Christina un tema llamado Tok tok. El público estalló en aplausos y comenzó a sonar una canción bien conocida, Come as you are de Nirvana, que fue una versión en toda regla, instrumentada con violín y teclado y con un genial juego de voces entre ambas cantantes. Tras abandonar Leonor el escenario, el grupo continuó la actuación con King size, antes de que Christina presentase a su banda, con José Luis Guinea a la batería, Manuel Cabezalí como guitarrista, Carlos Bautista con el bajo y los teclados y Andrés Cruz al violín. Pronto se escucharon los primeros acordes de Submission, un bello tema que jugaba con los tempos, bajando ligeramente en los estribillos, y que terminó con un colchón de sonidos sostenidos por guitarras que creaban una atmósfera muy etérea. Christina presentó también a Suso Sáiz, músico veterano y productor, que esa noche colaboraba con el grupo tocando la guitarra eléctrica y creando efectos realmente buenos, y así se despidieron del público. La sala pidió más música y no dejó de aplaudir hasta que todos salieron de nuevo al escenario. Esta vez la letra era en castellano, una nueva canción llamada ¿Quién me querrá?, acompañada por una flauta travesera, batería, carillón y guitarra acústica.


Christina al piano y, en segundo término, Charlie Bautista al bajo

Ahora sí, llegaba la última pieza de la noche. Christina explicó que la canción que iba a tocar la compuso hace cinco años, y en ella daba diversas razones para “volver al mundo de la farándula”. De nuevo con la colaboración de Leonor Watling, tocaron Taking off, muy animada, perfecta para despedir la velada. Hacía mucho que no se escuchaba un directo tan redondo en todos los aspectos. El sonido fue muy bueno, lo que ya es una ventaja considerable, y la instrumentación resultó inmejorable, muy trabajada y rica en matices. No se puede decir que se echaran de menos elementos que aparecen en los discos, ya que la acuación incluyó muchos detalles nuevos y variados. Sin duda que son estas pequeñas diferencias las que hacen que un concierto sea realmente único.


Christina Rosenvinge y Leonor Watling

Texto: Ana F.
Fotos: Andrés Cabanes

The Hives – Tyrannosaurus Hives

Samuel Benito | 8 Febrero 2005  

Hace 35 años los MC5 salieron al escenario del Detroit’s Grande Ballroom para grabar su primer disco, no en un estudio, sino en directo. Kick out the jams resultó ser tan potente, tan incendiario, que las secuelas todavía perduran. La energía no se destruye, se transforma. Un, dos, tres… Abra cadaver arranca pisando el acelerador a un ritmo frenético, velocidad abrupta, descarga de adrenalina en tan solo minuto y medio.

Por si había algún despistado, la banda sueca The Hives saca su tercer largo tras Veni vidi vicious y Barely legal, cuatro años después de ese pequeño submundo-revival del garage rock (The White Stripes, The Strokes…). Y no sólo quieren convencernos de que su paso a una multinacional no va a producir un relajamiento o cambio estilístico, si no que tratan de avisarnos que vienen para intentar conquistar el mundo del rock’n'roll. El álbum, bautizado como Tyrannosaurus Hives, nos introduce en tan sólo media hora (prácticamente como su predecesor) en ese tan rodado ejercicio de inmediatez rock, garra a raudales, potencia guitarrera y vocal que llevan practicando desde hace ocho años. El objetivo es revivir el pasado setentero (el punk es obligado), tomando retoques de los 50-60 y aportando un toque personal y moderno. Todo ello para buscar, como ellos mismos aclaran, su hueco en el olimpo del rock, ése que no caduca con los años.

La línea que va definiendo el sonido The Hives, la misma que traza el disco, se orienta hacia unas guitarras a lo Undertones con una mayor electricidad, tensión, con más nervio. También cabe destacar que pese a ese frenesí guitarrero, dan cabida en éste, como en el laureado Vini vidi vicious, argumentos pop e incluso electrónicos utilizando sintetizadores y beats (Love in plaster) enriqueciendo el concepto general. Está claro, The Hives hacen punk y rock, no hacen electrónica, pero siempre es de agradecer que dentro de un mismo estilo se pueda indagar con otros instrumentos y/o modalidades. La energía que irradia su música se disuelve fácilmente con las ganas de diversión transmiten, tanto en disco como en directo. Se lo creen, disfrutan y convencen. Por lo menos dignificarán un poco esas listas de ventas del cada vez menos creíble mainstream. The Hives quieren comerse el mundo, pero independientemente de si lo conseguirán o no, será un pequeño pero efectivo estimulante que llenará de fuerza al oyente, tanto en los buenos como en los malos momentos; y si no, escúchalo un sábado noche y un lunes por la mañana.

…And You Will Know Us By The Trail Of Dead – Worlds apart

Siempre es motivo de alegría un nuevo disco de un grupo como el que nos ocupa. …And You Will Know Us By The Trail Of Dead (AYWKUBTTOD) son, sin ninguna duda, una de las mayores sorpresas que nos haya dado la música en el cambio de milenio. Desde que en 1998 nos ofrecieran su majestuoso álbum homónimo de debut no han bajado el nivel, gracias a dos grandes continuaciones, Madonna de 1999 y Source tags and codes de 2002. Tres discos magníficos, que se complementaban con el EP The secret of Elena’s tomb del 2003 para configurar una de las discografías más impactantes y sólidas de los últimos tiempos.

Ahora, tres años después de su anterior entrega en larga duración, regresan a la palestra con este Worlds apart, ¿estarán a la altura de las expectativas? La respuesta tiene que ser positiva, pero sin obviar un montón de connotaciones que consiguen que, siendo sinceros, posiblemente estemos ante el disco más flojo de la banda. Aunque dice mucho sobre la misma el hecho de que, incluso con ese pero, estemos ante un trabajo envidiable.

Porque tras rumores de separación constantes en fechas recientes, lo que nos parecen haber traído los chicos de Texas es un ejercicio de cambio de estilo que tiende a aumentar la paleta empleada sin abandonar los elementos anteriores. Esto es, un acercamiento al pop-rock más convencional que se ve salpicado de sus artes para el ruido más glorioso y por su gusto épico en todo momento. El resultado es un disco más irregular de lo esperado, pero que esconde algunas de sus canciones más interesantes.

Para empezar siguen en su línea, con un tema puramente introductorio que finaliza anunciándonos el nombre del grupo. Esa Ode to Isis es un comienzo de carácter grandioso, casi wagneriano, pero apenas un aperitivo que da paso al corte más característico del grupo que encontraremos en toda la duración del disco. Así, Will you smile again abre con un terremoto de guitarras y percusión que nos lleva hacia la locura con su constante crescendo hasta pasado el minuto y medio, donde chocamos con la voz solista en medio de un sonido más atmosférico. Una especie de calma tras una tormenta que se sigue insinuando en la lejanía hasta estallar de nuevo. Y lo hace por medio de un puente impresionante, mediante una batería que ya no nos abandonará. El resultado es un tema que se encuentra entre lo mejor que hayan compuesto los chicos en su carrera. Grandilocuente, lleno de fuerza y aprovechándose perfectamente de la entonación empleada por Conrad Keely.

Le sigue la primera aproximación, y posiblemente la más evidente, al rock comercial. Worlds apart se abre con ruido de niños y se convierte en una suerte de tema contra el rock prefabricado que, curiosamente, emplea gran número de sus propias coordenadas musicales. Single perfecto, tal vez lo que nos quisieran decir los autores es que el problema no está en ese estilo de composición, sino en la falta de calidad de quienes lo emplean. Tras él llega un ligero reposo de la mano de The summer of ‘91, que nos trae al grupo relajado, entregado a un corte que se presenta como una balada en exceso etílica, que termina sumergida en una espiral demente, grandiosa y tremendamente satisfactoria.

The rest will follow es otra de las mejores partes del disco, que en este inicio parece coleccionar aciertos sin problemas. Posiblemente estemos aquí ante la mejor conjugación de la fuerza inherente al grupo con un estilo compositivo más propio del pop. De estribillo magistral y desarrollo impoluto, AYWKUBTTOD muestran estar en plena forma. Algo que confirman en Caterwaul, donde parecen haberse ido hasta los Smashing Pumpkins para buscar su inspiración, pero sin caer en la mera copia y logrando mantener su esencia.

Con A classic arts showcase se cierra la parte más creativa del álbum. Manteniendo la línea del corte anterior añade un estribillo con una fuerza imparable y, sobre todo, un puente central (algo que parece gustarles mucho) que nos retrotrae hasta esa Ode to Isis en los coros, y que da un sentimiento de obra única a la canción que deja un muy buen gusto. Pero a partir de ahí se pierde mucho de la chispa del disco, empezando por Let it dive, donde la voz parece buscar acercarse a la de unos mismísimos Oasis y el acercamiento pasa de tomar aspectos pop a constituirse en casi una canción brit-pop, hallando su momento salvador en el final, pero sin lograr justificar lo anterior.

To Russia my homeland es un intermedio de aire clásico que suena muy bien, pero aporta poco. De todos modos da gusto ver un uso así de un instrumental, que da paso a All white, tema corto que parece seguir el camino de Let it dive aportando sólamente los coros femeninos como novedad. The best vuelve a traernos el sonido de la banda tras ese paréntesis, con un largo inicio que recuerda al existente en el segunda canción y que aquí da paso a una pieza más tranquila, con una cierta falta de garra respecto a lo que nos tienen acostumbrados, pese a esos gritos y lamentos que se oyen al terminar y que nos recuerdan a Ode to Isis de nuevo.

Terminamos con The lost city of refuge, que nos vuelve a presentar una tranquilidad extraña en la carrera de los de Texas, que parece tratar de quebrarse sin lograrlo. Un final algo descafeinado para lo que podíamos esperar, pero desde luego por encima de los temas que le precedían. Un cierre, de todos modos, que no hace justicia al disco, porque pese a ese bajón en la parte final no cabe ninguna duda de que estamos ante algunos de los temas mejor construidos de la carrera de la banda.

Si el disco acabase en ese séptimo corte, A classic arts showcase, puede que estuviésemos ante un clásico para el futuro. En su lugar tenemos un álbum olvidable en parte, pero con algunas composiciones que se encuentran entre lo mejor que escucharemos a lo largo de este 2005 recien estrenado. Puede que no hayan respondido a nuestras expectativas teniendo en cuenta sus antecedentes, pero sin duda alguna todavía queda genio dentro de la banda con el nombre más sobresaliente de los últimos tiempos.

…And You Will Know Us By The Trail Of Dead – Worlds apart

Siempre es motivo de alegría un nuevo disco de un grupo como el que nos ocupa. …And You Will Know Us By The Trail Of Dead (AYWKUBTTOD) son, sin ninguna duda, una de las mayores sorpresas que nos haya dado la música en el cambio de milenio. Desde que en 1998 nos ofrecieran su majestuoso álbum homónimo de debut no han bajado el nivel, gracias a dos grandes continuaciones, Madonna de 1999 y Source tags and codes de 2002. Tres discos magníficos, que se complementaban con el EP The secret of Elena’s tomb del 2003 para configurar una de las discografías más impactantes y sólidas de los últimos tiempos.

Ahora, tres años después de su anterior entrega en larga duración, regresan a la palestra con este Worlds apart, ¿estarán a la altura de las expectativas? La respuesta tiene que ser positiva, pero sin obviar un montón de connotaciones que consiguen que, siendo sinceros, posiblemente estemos ante el disco más flojo de la banda. Aunque dice mucho sobre la misma el hecho de que, incluso con ese pero, estemos ante un trabajo envidiable.

Porque tras rumores de separación constantes en fechas recientes, lo que nos parecen haber traído los chicos de Texas es un ejercicio de cambio de estilo que tiende a aumentar la paleta empleada sin abandonar los elementos anteriores. Esto es, un acercamiento al pop-rock más convencional que se ve salpicado de sus artes para el ruido más glorioso y por su gusto épico en todo momento. El resultado es un disco más irregular de lo esperado, pero que esconde algunas de sus canciones más interesantes.

Para empezar siguen en su línea, con un tema puramente introductorio que finaliza anunciándonos el nombre del grupo. Esa Ode to Isis es un comienzo de carácter grandioso, casi wagneriano, pero apenas un aperitivo que da paso al corte más característico del grupo que encontraremos en toda la duración del disco. Así, Will you smile again abre con un terremoto de guitarras y percusión que nos lleva hacia la locura con su constante crescendo hasta pasado el minuto y medio, donde chocamos con la voz solista en medio de un sonido más atmosférico. Una especie de calma tras una tormenta que se sigue insinuando en la lejanía hasta estallar de nuevo. Y lo hace por medio de un puente impresionante, mediante una batería que ya no nos abandonará. El resultado es un tema que se encuentra entre lo mejor que hayan compuesto los chicos en su carrera. Grandilocuente, lleno de fuerza y aprovechándose perfectamente de la entonación empleada por Conrad Keely.

Le sigue la primera aproximación, y posiblemente la más evidente, al rock comercial. Worlds apart se abre con ruido de niños y se convierte en una suerte de tema contra el rock prefabricado que, curiosamente, emplea gran número de sus propias coordenadas musicales. Single perfecto, tal vez lo que nos quisieran decir los autores es que el problema no está en ese estilo de composición, sino en la falta de calidad de quienes lo emplean. Tras él llega un ligero reposo de la mano de The summer of ‘91, que nos trae al grupo relajado, entregado a un corte que se presenta como una balada en exceso etílica, que termina sumergida en una espiral demente, grandiosa y tremendamente satisfactoria.

The rest will follow es otra de las mejores partes del disco, que en este inicio parece coleccionar aciertos sin problemas. Posiblemente estemos aquí ante la mejor conjugación de la fuerza inherente al grupo con un estilo compositivo más propio del pop. De estribillo magistral y desarrollo impoluto, AYWKUBTTOD muestran estar en plena forma. Algo que confirman en Caterwaul, donde parecen haberse ido hasta los Smashing Pumpkins para buscar su inspiración, pero sin caer en la mera copia y logrando mantener su esencia.

Con A classic arts showcase se cierra la parte más creativa del álbum. Manteniendo la línea del corte anterior añade un estribillo con una fuerza imparable y, sobre todo, un puente central (algo que parece gustarles mucho) que nos retrotrae hasta esa Ode to Isis en los coros, y que da un sentimiento de obra única a la canción que deja un muy buen gusto. Pero a partir de ahí se pierde mucho de la chispa del disco, empezando por Let it dive, donde la voz parece buscar acercarse a la de unos mismísimos Oasis y el acercamiento pasa de tomar aspectos pop a constituirse en casi una canción brit-pop, hallando su momento salvador en el final, pero sin lograr justificar lo anterior.

To Russia my homeland es un intermedio de aire clásico que suena muy bien, pero aporta poco. De todos modos da gusto ver un uso así de un instrumental, que da paso a All white, tema corto que parece seguir el camino de Let it dive aportando sólamente los coros femeninos como novedad. The best vuelve a traernos el sonido de la banda tras ese paréntesis, con un largo inicio que recuerda al existente en el segunda canción y que aquí da paso a una pieza más tranquila, con una cierta falta de garra respecto a lo que nos tienen acostumbrados, pese a esos gritos y lamentos que se oyen al terminar y que nos recuerdan a Ode to Isis de nuevo.

Terminamos con The lost city of refuge, que nos vuelve a presentar una tranquilidad extraña en la carrera de los de Texas, que parece tratar de quebrarse sin lograrlo. Un final algo descafeinado para lo que podíamos esperar, pero desde luego por encima de los temas que le precedían. Un cierre, de todos modos, que no hace justicia al disco, porque pese a ese bajón en la parte final no cabe ninguna duda de que estamos ante algunos de los temas mejor construidos de la carrera de la banda.

Si el disco acabase en ese séptimo corte, A classic arts showcase, puede que estuviésemos ante un clásico para el futuro. En su lugar tenemos un álbum olvidable en parte, pero con algunas composiciones que se encuentran entre lo mejor que escucharemos a lo largo de este 2005 recien estrenado. Puede que no hayan respondido a nuestras expectativas teniendo en cuenta sus antecedentes, pero sin duda alguna todavía queda genio dentro de la banda con el nombre más sobresaliente de los últimos tiempos.

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