The Unfinished Sympathy – Rock for food

Colaboradores | 31 Diciembre 2004  

A raíz de los numerosos laudes en memoria del recientemente fallecido John Peel, mucha gente ha empezado a tomar conciencia de quién era realmente y de lo que ha significado para el desarrollo de la música contemporánea. Qué mejor tarjeta de presentación para The Unfinished Sympathy que poder alardear de que ellos fueron los primeros -y únicos- españoles en grabar una sesión para su programa de la BBC, repitiendo más adelante la inolvidable experiencia. Esto no implica que el grupo catalán sea palmariamente el mejor alumbrado en nuestro país, pero es una claro indicativo de la calidad de su propuesta, un rock sin fisuras y que va directo al estómago.

Para este nuevo trabajo han dispuesto de más tiempo a la hora de grabar en estudio, y realmente eso se deja notar. Todo suena en su sitio, muy cuidado, con unas vigorosas bases rítmicas que señalan el camino a seguir. Así Rainfrogs, con esa guitarra afilada dirigiendo la pauta de la melodía, inicia un álbum en el que casi cada tema podría ser un single de presentación -es más, ninguna pieza llega a los cuatro minutos de duración-. Con algunos acercamientos al pop o a los medios tempos (The loveless curse y Topograph report respectivamente), o incluso algún coqueteo con la electrónica, en la que se apoya la parte inicial de Safe and sound, dibujan un disco con más aristas de las que se podría esperar en un principio, reflejando un interés por desarrollar un repertorio musical lo más amplio posible.

Pero no cabe duda que cuando dejan fluir la intensidad es cuando más cómodos se encuentran. Buena muestra de ello son la muy notable This living kills y su riff de guitarra, No father should bury his son y su línea de bajo, o la canción que da título al disco, Rock for food. Sin olvidar el epílogo del mismo, Windmills not giants, o The ocean’s overflowed, con una interesante introducción de gemidos y silencios que desencadenan en una espectacular explosión final.

Incluso encuentran espacio para hablar de situaciones tan peliagudas como el 11-M, ofreciendo en Elevenem su visión sobre la hipocresía de la compasión humana. Pero definitivamente la pieza más lograda de esta excelente colección de canciones es You’ve got a long run, uno de los mejores cortes del año. Apenas 140 segundos donde desatar todo su discurso: bajos y baterías poderosas, certeros punteos, estribillos pegajosos y para acabar un fantástico juego vocal de los que en vivo tumban al público. Y es que Rock for food, tercer LP de la banda, es un bloque compacto destinado a pulimentar y mejorar los engranajes del ya de por sí demoledor directo de The Unfinished Sympathy.

The Feedbacks + Champagne (Madrid, 14-12-04)

Colaboradores | 26 Diciembre 2004  

Un día cualquiera de diciembre los galácticos juegan entre sí en un partido benéfico, llenando el Santiago Bernabéu y sus aledaños de gente con camisetas de sus ídolos. Muy cerca de allí, una curiosa minoría empezaba a entrar en la Sala Moby Dick para acudir a la presentación de la Guía esencial del Punk y la Nueva Ola que edita RockIndiana. Para la ocasión, se organizó aquello que la discográfica madrileña sabe hacer mejor: un concierto con un par de bandas de su catálogo. Esa noche se juntaron uno de los grupos ya asentados y una de las apuestas de la compañía para el temporada que viene.

Los gaditanos Champagne publican en enero su primer disco, Ready, steady, go!. En su actuación nos adelantaron lo que en él encontraremos: pop de guitarras distorsionadas, potente sección rítmica y muchas segundas voces -quizá en este sentido pese demasiado la influencia de los estadounidenses Fountains Of Wayne o la de los británicos Farrah- que en directo no estuvieron del todo afortunadas. Su concierto estuvo formado por una serie de canciones de ésas que al principio no te dicen mucho pero que un buen día las descubres rondando en tu cabeza. Así, se recuerdan fácilmente los coros o el solo de Summer and kisses, las voces y el trémolo de la wilsoniana -y no sólo en el título- Smile o los arpegios de la guitarra en la intro de Delicious.

“¿No os gusta el fútbol ni ná?” preguntaba antes de seguir tocando un sorprendido Paolo, cantante del grupo, ante el aumento de público que iba llenando la sala. Llegaba In my mind, la mejor canción de la noche: una vez más los arpegios y las voces del estribillo marcaban sus particularidades. El resto de su actuación estuvo marcada por temas del mismo corte como Caroline o Travel to the Sun. En el apartado de las covers, destacó Hangin´on the telephone de The Nerves o la versión de The Beat con la que cerraron el concierto.

The Feedbacks tocaban en Madrid tras la reciente publicación de su cuarto trabajo, My own revolution. Y precisamente comenzaron con los dos temas que lo abren, su single On and on y Self destruction. Para seguir emulando los arranques de sus discos, continuaron con las dos canciones que abren su tercer LP, Nothing a little pop won’t cure, Blind (tremendos riffs de guitarra) y The girl. En estos cortes ya se apuntaban de forma clara las características de los asturianos, concepción punk con guitarras muy distorsionadas pero sin dejar de lado las melodías. Precisamente por esto The Feedbacks y Champagne representan a la perfección los sonidos que en RockIndiana son más que una muestra de identidad: una suerte de power pop que, aunque se manifiesta en diferentes y variadas propuestas, en esencia mantiene unas claves imprescindibles en su música asentadas sobre la importancia de la voz.

Continuaron repasando las canciones que forman My own revolution: temas como Me and the rain (que recordaba en sus melodías a los mejores Bronco Bullfrog), New direction o Running like Hell, destacaban por el buen hacer en la base rítmica, sobre todo la destreza de su batería que, además de tocar increíblemente bien, cantaba. A estas alturas de la noche, el concierto empezó a resultar demasiado lineal y a veces tedioso, pero el respetable estaba allí para divertirse y el ambiente no dejó de ser festivo, con la gente bailando sin parar. Siguiendo con la tradición de la new wave y el punk pop que reinvindica el libro que esta noche se presentaba, también hubo ocasión para las covers como el Annie’s gone de Redd Kross, el Everyday things de The Plimsouls o el I think we are alone now de Lene Lovich. Definitivamente, mientras siga existiendo RockIndiana, tenemos power pop para rato.

Texto Andrés Cabanes
Fotos: Javier Jodra

The Dears – No cities left

Vicente Bueso | 26 Diciembre 2004  

Después de muchos parones, productores despedidos y alguna que otra baja inevitable, The Dears (Montreal, 1995), realizan su obra más significativa con este No cities left. La culminación de años de desquicio musical resumidos en doce rutilantes y esplendorosas piezas, donde lo más significativo es la exquisita producción conseguida y el grado de unidad que por fin parece haber llegado al grupo, ahora reconvertido en sexteto.

Aquí hay mucha miga, aunque la voz de Murray A. Lightburn a muchos pueda parecerle una ambigua mezcla entre Damon Albarn, Jarvis Cocker y Morrisey, uno de los “peros” que encontrarán los incansables panfleteros detractores del todo y la nada. En cambio a otros tantos nos da la impresión de estar ante el inicio de una gran formación musical. Detrás de las letras y composiciones se vislumbran largas noches de ensayos en baretos: tabaco, alcohol y el hilo musical de fondo con The Smiths.

Existe una alto grado de emotividad en la mayor parte de los temas que componen el álbum, y no hablo de emotividad barata de esa que parece indispensable en cualquier grupejo de tres al cuarto que se quiera hacer notar desde sus comienzos. Se trata más bien de inteligencia compositiva, unida con cierto toque apocalíptico, especialmente en el tema que ha sido elegido como primer sencillo Lost in the plot, absolutamente brillante, como también el corte que da título a la obra No cities left. La mayor parte de las canciones son de tempo medio, y nos evocarán tardes de café y lluvia, otoños fríos y alguna que otra noche estrellada. Eso sí, sin perder en ningún caso la fuerza que desprenden en su conjunto, usando de manera soberbia los típicos elementos de rock mezclados con acordeones, trompetas, saxos y agradables coros femeninos. Y finalmente algún que otro tema largo, de rock progresivo, nos irá sorprendiendo conforme escuchamos el disco en esos momentos donde la banda parece sentirse más a gusto, como es el caso de Postcard from purgatory, Expect the worst, cos she’s a tourist o Pinned together, falling apart.

The Dears son un grupo a tener muy en cuenta y seguir muy de cerca. Al menos un servidor lo hará.

The Sunday Drivers: Conciertos Únicos (Madrid, 18-12-2004)

Ana F. | 25 Diciembre 2004  

The Sunday Drivers: para muchos de nosotros, una de las actuaciones más esperadas dentro de la serie de Conciertos Únicos de la sala Galileo Galilei de Madrid. Y así fue, el concepto “concierto único” quedó claro ese sábado noche debido a lo peculiar del repertorio de temas. Una grata sorpresa para todos los asistentes. Comenzaron tocando About you de Teenage Fanclub, interpretada por Fausto. Tema con un sonido muy pop, perfecto para abrir el concierto. Continuaron con The circle, de Ocean Colour Scene, Jero afirmó que les gustaban mucho. Cuando nombraron a The Kinks se escucharon muchos aplausos, y es que Sunny afternoon, además de ser una gran canción (que quizá todos recordemos por la frase “in the summer time”), sonó grandioso acompañado por los coros de Fausto y Lyndon.

Llegó el turno al primer tema propio de The Sunday Drivers. Time time time hizo que el público comenzase a cantar su estribillo y que el ambiente se animase rápidamente. Y tras esto, una de los Beatles; Green onion fue una versión muy fiel al tema original. La primera canción más calmada llegó con Often, perteneciente al último álbum de los Sunday Drivers, Little heart attacks. El público aplaudió como nunca cuando los sticks de Carlos y los arpegios de Fausto dieron paso a Lyndon, que comenzó a cantar Everybody´s talkin’, quizá el tema más conocido de Harry Nilsson. Nos sorprendió la calidad vocal de Lyndon, que reprodujo perfectamente la complicada melodía de esta famosa canción.

De repente todos los componentes del grupo, excepto uno, abandonaron el escenario. Jero se dirigió al público diciendo que quizá después se arrepintiera de lo que iba a hacer, y que lo que nos iba a mostrar a continuación era algo que también escuchaba en su casa. Comenzó a tocar unos acordes típicos del flamenco y cantó un tema de corte andaluz que nos dejó a todos con la boca abierta. Quedó bien claro que transmite con su voz lo mejor de sí mismo, y no sólo con canciones pop. La sala mantuvo el silencio cuando Jero continuó con su guitarra interpretando una bonita canción de Ben Harper; “dicen que me parezco a él” comentaba el cantante.

El concierto continuó con otra versión de los Beatles, In my life, cuyo toque nostálgico lograron expresar a la perfección. Con Wish you were here de Pink Floyd llegó de nuevo el cambio de roles en el grupo: Miguel tocó la guitarra acústica, Julián el bajo y Lyndon cantó acompañado por los coros de Jero. Una versión que sonó algo más fuerte que el tema original. Para continuar con estos homenajes, unos peculiares riff de guitarra que, efectivamente, eran lo que parecían: el Ziggy Stardust de David Bowie, y los de Toledo lograron desarrollarlo de una manera particularmente emotiva. La parte más psicodélica de la noche llegó a manos de Julián, Miguel y Carlos, que comenzaron a tocar She´s not there de The Zombies y la enlazaron con Riders on the storm de los Doors, momento en que el público estalló en aplausos.

Tras estos dos magníficos temas, la canción que mucha gente esperaba. Al escuchar los primeros acordes de On my mind la sala entera comenzó a cantar el tema de apertura del último disco de la banda. Continuaron con una genial versión del tema de Bob Dylan I shall be released, que la banda interpretó con gran sentimiento. Jero sonó como nunca acompañado de la armónica melódica de Julián. Así, The Sunday Drivers finalizaron su concierto en medio de la aclamación de los presentes, que querían más. Tras un minuto salieron de nuevo al escenario para tocar una versión que muchos asistentes ya habían escuchado anteriormente. Parece increíble que Dancing queen, de Abba, no parezca la misma cuando los Sundays lo interpretan. El resultado es una canción estupenda, repleta de calidez y optimismo. Tanto el público como los músicos estaban muy animados. Felicitando la Navidad y dando las gracias de nuevo a los asistentes, interpretaron un tema de Stevie Wonder, I just call to say I love you, cuyo primer estribillo fue cantado a viva voz por todo el público, jaleados por el grupo.

Tras este tema parecía que el concierto se daba por finalizado, pero la gente no dejó de aplaudir, algunos incluso tarareaban los coros de Little heart attacks, lo que viene siendo habitual en las actuaciones en directo de la banda. Y éste fue el tema con el que The Sunday Drivers salieron de nuevo al escenario. La gente, más entregada que nunca, cantó sin cesar los coros a los que antes nos referíamos. La sala se llenó de entusiasmo y al terminar estalló en aplausos y ovaciones. Realmente mereció la pena asistir a tan peculiar show. Esa noche, The Sunday Drivers demostraron su calidad musical, la entrega total en cada nota tocada y su gran capacidad para transmitir al público buenas vibraciones. Queda en la memoria de todos un concierto único con uno de los grandes grupos del panorama musical actual.


Texto: Ana F.
Fotos: Carlota S. y Ana F.

Sufjan Stevens – Seven swans

Colaboradores | 11 Diciembre 2004  

Resulta complicado juzgar un álbum de este chico tan prolífico de Detroit, Michigan, sin adentrarnos primero en su pasado, ya sea de una forma experimental (Enjoy your rabbit) o más cercana (Greetings from Michigan). El primer LP de este multiinstrumentista, A sun came, bañado de folk, rock e indie, nos muestra a un Sufjan Stevens todavía no muy confiado pero desprendiendo talento en cada composición. Como la tierna A loverless bed o su particular versión de un cumpleaños, Happy birthday. Y obedeciendo aquello de “el que no busca no encuentra” se atreve con la electrónica en Enjoy your rabbit, disco que, aunque para él no sea más que un experimento, en realidad se convierte en todo un viaje -sobre todo en la parte central-. Year of the snake o Year of the sheep son dos claros ejemplos, y todo lo que viene a continuación sigue alcanzando cotas de un gran nivel creativo.

Pero es a partir de su tercer trabajo, Greetings from Michigan, cuando empieza a tomar forma todo el particular e intrincado universo sonoro que posee en su haber Sufjan. Maravillosas piezas mezcla de estilos pero con la marca de la casa, sencillas, directas, y sobre todo cercanas. Reveladora y sorprendente For the widows paradise, for the fatherless in Ypsilanti, la invitación de subir a lo más alto de Oh God, where are you now (in Pickeral Lake Pigeon Marquette Mackinaw) y también codeándose con el jazz en Detroit, lift up your weary head (rebuild restore reconsider) o They also mourn who do not wear black (for the homeless in Muskegon).

Llega el 2004 y con él su nuevo disco. Y qué sorpesa se lleva uno después de escucharlo una vez tras otra y descubrir que sigue siendo el mismo tipo sincero y concreto, capaz de armar un bello conjunto con unas piezas sonoras que enganchan hasta el más esquivo y reticente melómano. Todo eso y mucho más es Seven swans. Su último legado sigue pegado al folk pero sin perder ni un ápice de genialidad, navegando en una mágica atmósfera de quietud y recogimiento, altitud profunda que araña el alma en busca de morada. Las canciones hablan por sí mismas: In the devil’s territory puede ser un buen ejemplo de lo anterior, como también lo es uno de los mejores temas folk de este año, To be alone with you. Se nota la gran producción del disco que aumenta el nivel de calidad de cortes como, We won’t need legs to stand, He woke me up again, o Seven swans, un impresionante ejemplo de música de raices hecho canción, amarrado inevitablemente a un piano que cobra vida en momentos clave. Siete cisnes para compartir la vida contigo.

Amarillo – Piruetas en el aire

Colaboradores | 2 Diciembre 2004  

Rhonda Records es un sello surgido del vientre de Houston Party Records, y su intención no es otra que la de apostar por nuevas bandas de espíritu pop bien definido. Uno de los primeros trabajos que editan es éste de Amarillo, formación compuesta por Jaime Torres (voz, guitarra y teclado), Manu Gutiérrez (voz y guitarra), Cati Bestard (batería y coros) y Tomeu Torres (bajo). Joven grupo que, tras cuatro años tocando juntos sin intención de cambiar el mundo pero con agradecidas dosis de irreverencia, ha dado forma a un atractivo conjunto de temas rock, volando uno detrás de otro en los poco más de treinta minutos que abarca Piruetas en el aire.

La historia interminable es una excelente tarjeta de presentación, un corte acelerado y excitante que da paso a Cecidecide, una bonita composición de tempo más reposado, posiblemente la que tiene carácter más inmediato de todo el disco. En Famosa dejan claro que son capaces de crear buenas letras que observan la cotidianidad y las relaciones humanas con sentido del humor. A pesar de que no posean unas cuerdas vocales privilegiadas -cuando fuerzan en la parte final de este tema no se sostienen con facilidad-, también son capaces de fabricar armonías interesantes, como en Siete.

También hay apuntes que les permiten alejarse de los típicos discos de power-pop, y que dotan de color el resultado final. Así nos encontramos con los divertidos teclados de El conquistador o el sutil envoltorio electrónico de Moda. Estos detalles están dispersos por otros temas, como Sombras, en el que además juegan acertadamente con los cambios de velocidad en la dicción. En cualquier caso se mueven muy a gusto por caminos convencionales, y es por ello que piezas como Aurora -con reminiscencias a los sonidos de los antiguos vinilos- y Contratiempo funcionan perfectamente.

Tal vez lo que más puede llamar la atención del disco es la conversión de una canción rock como Todo fluye en la delicada Nana que lo cierra, cediendo además el protagonismo a la voz femenina de la banda. Todo esto da como resultado un meritorio debut, con el que Amarillo han dado el primer paso para encontrar un hueco a su medida en la industria musical española.

Autor: Miguel González

Franz Ferdinand – Franz Ferdinand

Colaboradores | 1 Diciembre 2004  

Primer álbum del hype de finales del 2003 -principios del 2004 para la revista “NME” y, por ende, de las islas británicas-. Estamos ante un cuarteto escocés, aunque Alex Kapranos, líder de actitudes “andersianas” (basta verle un solo concierto para recordar inmediata e insistentemente al mejor Brett Anderson que ha pisado los escenarios), tiene ascendencia griega.

A lo largo del año han cosechado alabanzas y menosprecios casi por igual. Los detractores inciden en que, en el homónimo del archiduque austro-húngaro, hay graves imprecisiones melódicas y errores colegiales en la rítmica de todas y cada una de las canciones, y se escudan, casi por sistema, en el amateurismo de Bob Hardy (bajo) y de Paul Thomson (batería). No obstante ¿es acaso esto lo determinante en un disco? ¿Un álbum tiene que ser musicalmente perfecto para merecer la pena? Desde este análisis se considera que no. Y es que sus propios autores, acudiendo a la etiqueta de arty-pop (sepa Dios qué quiere decir eso), piensan que su objetivo no es otro que el de hacer bailar a las chicas… Alcanzado esto, dominarán el mundo, pues también conseguirán arrastrar a los chicos (consecuencia causa-efecto “chico busca chica – ponte las pilas o te quedas a verlas venir”). Y no se equivocan en su planteamiento.

Al margen del virtuosismo, aunque bien es cierto que en los últimos directos parece que Bob y Paul se atreven a hacer solos como los de Alex o Nick McCarthy (el guitarrista, profesional como Kapranos y con las tablas escénicas bien aprendidas), los de Glasgow han presentado un disco bailable al cien por cien. Ya desde Jacqueline invitan al desmelene general, con esa conjugación más o menos chirriante entre la apacible entradilla que nos presenta a una Jacqueline y un Ivor trabajadores casi melancólicos y su faz juerguista “que sólo trabaja para vivir” y no vive para trabajar.

Con cortes de semejante temática como Cheating on you, o aún más trasgresores -e igual de guitarreros- como ese Michael de contenidos homosexuales, rayan lo maquiavélico, que prime el fin sobre la forma. Con Tell her tonight, Take me out, This fire o su primer single, Darts of pleasure (donde se permiten el lujo de coquetear con el alemán) no hacen sino reafirmar que una fórmula imperfecta, el “Do it yourself” del punk setentero anglosajón o “La movida” madrileña, puede dar resultados satisfactorios a poco que vayan bien dirigidos aunque no se tenga ni la menor idea de música.

¿Innovación o subproducto a la sombra de otros grupos como Interpol o Clinic, Dogs in Hot Cars o Hot Hot Heat? Queda al parecer de cada uno, pero desde luego que consiguen sonar por igual en las pistas de baile como en las fiestas privadas de jóvenes o no tan jóvenes empeñados en seguir siendo alt.-tenageers. En definitiva, un disco a conservar de este 2004. Aunque el año que viene naufraguen en una secuela que no se ampare en otra cosa que el explotar la veta de oro hasta gastarla por completo.

Frausdots – Couture, couture, couture

Que existe una moda recuperadora del post-punk y de los sonidos asociados con él a lo largo de la década de los 80 es algo indudable y que todos tenemos ya perfectamente asumido. Las causas para ese fenómeno pueden ser muchas, pero en casos como el que nos ocupa uno no debe perder de vista la edad de los perpetradores del mismo.

Brent Rademaker, co-fundador junto a Michelle Loiselle de Frausdots, es un producto de la época en que los discos de Echo & The Bunnymen eran idolatrados en todo el territorio de los Estados Unidos. De una cultura de mediados de los 80 que abrazó con auténtica pasión a los grupos surgidos en Inglaterra durante los inicios de la década. En EEUU ese periodo está unido en buena parte a la existencia de ese movimiento casi underground que servía de caldo de cultivo de unos músicos que tal vez ahora estén empezando a tomar la delantera -algo similar ocurrió para que naciese el grunge-.

Con su mirada fija en esos sonidos que marcaron su infancia y adolescencia, Frausdots nos traen recuerdos de grupos como The Church, The Psychedelic Furs o The Cure. De hecho en su disco han colaborado muchos intérpretes que han paseado sus influencias, destacando la presencia del actual bajo de la banda de Robert Smith. Así se abre el disco, cogiendo una frase de la clásica Horse with no name de America y convirtiéndola en uno de los himnos del año. Dead wrong no es solamente la apertura de nuestra escucha, también su culmen en cierto modo. A lo largo de los otros nueve temas no se vuelve a aprehender de un modo tan vibrante el espíritu buscado. Épica, oscura y torturada, con guitarras que traen ecos de Television mientras las voces de Rademaker y Loiselle crean una atmósfera digna del mejor Gary Numan.

Tras esa traca inicial el nivel se va a resentir, por supuesto. Sin dejar de brillar en momentos puntuales, no hay ningún tema que iguale las cimas logradas. Fashion dead trends se acerca a un pop más convencional con buenos resultados, siendo el tema más propio de unos The Cure en su variante más populista. The extremists es un ejemplo claro, por su parte, de toda la concepción del disco. Uno nunca sabe a qué canción concreta le suena, pero no puede evitar buscar esa fuente mientras escucha el tema. Por suerte aquí se recuperan unas guitarras punzantes y el talento melódico de la composición evita que el corte decaiga en ningún momento.

Soft lights nos trae a la memoria referencias comunes con grupos como Interpol en su faceta más tranquila. A go-see nos lleva a las pistas de baile en la mejor tradición post-punk, e inmediatamente después sufrimos el ataque de Broken arrows. En este caso volviendo el rostro hacia los pasajes descarnados que impusieron los mismísimos Joy Division, aunque tomado más bien de sus seguidores y no de la fuente original. Un sentimiento muy común éste último en el desarrollo del disco, ¿hasta qué punto se refieren a los primigenios autores y no a alguna de las relecturas? Difícil es dirimirlo, aunque por suerte el resultado suele ser, sin importar su punto de partida, interesante.

Así lo muestran el resto de cortes, como Current bedding, que no aporta nuevos sonidos y sí mucho oficio, o Contact, que busca demasiado la vertiente épica y se queda lejos de ella, más bien rayando el naufragio, siendo el momento más prescindible de todo el conjunto. Pero al tiempo The man who dreaded sundown nos ha paseado por la corriente más elegante del pop, emparentada con los mismísimos ABC. Y para terminar Tomorrow’s sky resulta un buen colofón, de fuertes reminiscencias smithianas (por Robert Smith, que no por el grupo de Morrisey) en su pop de intenciones pluscuamperfectas, agrupa lo bueno y lo malo de un disco que aporta poco nuevo pero que sabe como emplear lo ya conocido en reescrituras creativas y en ocasiones muy acertadas.

Una de las apuestas más fuertes de SubPop en los Estados Unidos para el fin del 2004, Frausdots se erigen en un grupo interesante y a seguir, siempre que consigan alejarse progresivamente de sus fuentes para ir configurando un sonido propio. Esto no exige una renuncia a su material de referencia, pero si un mayor refinamiento de la labor de procesamiento. De momento les damos el voto de confianza y esperaremos con ansias su siguiente disco con la esperanza de que en él haya tan buenas canciones como en este Couture, couture, couture.

Antònia Font – Taxi

Sergi Serrano | 1 Diciembre 2004  

Taxi no es un simple disco, lleva consigo una complejidad emocional y musical que enamora desde la primera escucha. El cuarto álbum de los Antònia Font es simplemente una odisea espacial musical. Una obra muy elaborada, que viene acompañada por un libreto de más de 40 páginas llenas de letras, poemas y textos para describir lo apasionante que es la evolución de la tecnología. El espacio, los robots, los extraterrestres y los misterios de la ciencia se juntan en una obra global creada por Joan Miquel Oliver, el compositor y letrista de la banda. Por si fuera poco el CD viene acompañado de un DVD con algunos videoclips y el cortometraje Acronia i col•lapse del Dr. Polanski, confeccionado por los circunspectos textos del libro. Éste viene dividido en nueve capítulos en los que el Dr. Polanski intentará resolver los problemas de la tierra. Todo un lujo.

El quinteto mallorquín ha creado en Taxi un universo musical donde el progreso, el futuro y el surrealismo se dan la mano. Un buen ejemplo lo tenemos en Astronauta rimador, en el que se mezcla un rap agarrado con una guitarra española aflamencada. Robot y Jo, robot son una interesante visión de la soledad y el sentimiento de una máquina pensante. En Extraterrestres hay un homenaje al “organillo” Casio PT10 (mi generación seguro que se acuerda de él), pero el tema nos cuenta lo atractivos y divertidos que serían los encuentros con formas de vida siderales, que según Oliver “viajan en motos de agua dentro del hiper-espacio y con una espada láser en la mano”. La vida de l’astronauta relata el caos de la galaxia, el desorden de los cambios repentinos y el agotamiento psicológico de estar metido dentro de una nave durante un tiempo prolongado. En Holidays hay un guiño a Pink Floyd (según Oliver el disco More tiene la culpa) y Loco está influenciada por la música latina (menos propia de su tierra), donde la frágil voz de Pau Debon canta “¿Quién se apunta a bailar encima de la mar? ¿Quién se apunta a dormir y a soñar?”.

Si nos tenemos que quedar con sólo un tema del disco, Armando Rampas es la canción elegida. Sin llegar a los 2 minutos de duración -”lo bueno, si breve, dos veces bueno”-, tiene una frase para inmortalizar: “Comandante Armando Rampas, no te folles las azafatas una detrás de otra”. El álbum lo cierra una versión de uno de los temas más insignes de Stevie Wonder: a modo de homenaje y con sonido arcaico y de estar por casa, Antònia Font nos gritan una y otra vez que querían decirnos que nos quieren.

En definitiva Taxi no es más que una mezcla impresionante de pop-rock, bossa, música electrónica, reggae, ritmos mediterráneos, rumba, flamenco y jazz. Una de las grandes esperanzas de la música en catalán a posicionarse en lo más alto de lo mejor del año. Sin duda alguna, Antònia Font nos han sorprendido muy gratamente.