U2 – How to dismantle an atomic bomb

| 20 noviembre 2004  

U2 nos presenta su undécimo trabajo. Un álbum que es un resumen de algunas de las cosas que han tocado a lo largo de su carrera. City of blinding lights recuerda a Where the streets have no name, Crumbs from your table a Electical storm y Walk on, All because of you a sus primeros trabajos, Love and peace or else podría haber entrado en Achtung baby o Pop… Los U2 no aportan nada nuevo, pero lo que hacen lo hacen muy bien.

El disco se abre con Vertigo, una canción de rock potente. Perfecto primer single que les asegurará una buena cantidad de copias vendidas y la adhesión de nuevos fans. El segundo tema, Miracle drug, es uno de los mejores del álbum. Recuerda a lo último de Coldplay, pero ya querrían éstos contar con un tema de tanta calidad en su repertorio. Presenta una de las más interesantes melodías de la obra y será una pieza básica de la nueva gira de los irlandeses. Seguidamente aparece la más lograda, Sometimes you can’t make it on your own. Una balada -la más brillante que U2 ha escrito desde One- que Bono dedica a su padre y que pone la piel de gallina.

Love and peace or else es el corte más experimental del álbum. Comienza con unos sonidos propios del rock industrial y por momentos recuerda a Personal Jesus de Depeche Mode. City of blinding lights es una canción épica al estilo U2 que recuerda a sus días ochenteros, y aunque está un pelín sobreproducida seguro que en directo ganará enteros y será de las más coreadas. All because of you nos transporta a la época de Boy, con unos U2 a toda pastilla y con un The Edge demostrando que con un par de notas se puede realizar un gran solo.

A man and a woman podría haber sido incluída en el All that you can’t leave behind, y en ella destaca su bonito estribillo. En cambio Crumbs from your table es la peor producida del disco, lo que le resta fuerza. Por su parte One step closer es una canción ambiental de ésas que no hunden el conjunto, pero que tampoco lo salvan. Es agradable, pero pasa desapercibida y no se entiende muy bien qué hace aquí. Lo más notable de la cara b del álbum es Original of the species, que puede convertirse en otra de las mejores en concierto. Comienza con unas notas de piano, muy lenta para ir subiendo la intensidad hasta estallar en un estribillo glorioso.

Para el cierre nos reservan Yahweh, la composición más floja. Es un tema más animado para los finales a los que nos tienen acostumbrados, pero totalmente previsible, con uno de los estribillos más indolentes que le recuerdo a la banda, dejando un regusto amargo. En definitiva, U2 nos regalan un buen disco de rock. Un trabajo que es grande en su primera mitad, y que pierde algo en la segunda, lo cual lo deja en la segunda línea dentro de la discografía de la banda. Lo mejor: los seis primeros cortes, en los que nos demuestran que aún pueden hacer grandes canciones. Lo peor: que la bomba no estalla en la segunda mitad.

Lori Meyers + Amarillo (Madrid, 12-11-2004)

| 18 noviembre 2004  

Para abrir boca se presentaban en el local madrileño Amarillo. Esta joven formación -ninguno de sus miembros nació antes del 81- traía bajo el brazo su debut, Piruetas en el aire, cuya característica frescura fue bien trasladada al directo. Frente a un público considerable, en el que numerosos amigos de la banda se hicieron notar positivamente, comenzaron a sonar los primeros acordes de Aurora. Con La historia interminable y Cecidecide dejaron claro que tienen las ideas claras, y saben desenvolverse con soltura por composiciones sin complejos de letras muy cuidadas. Las voces de los guitarristas Jaime Torres y Manu Gutiérrez, sin tener una calidad abrumadora, se complementaron muy correctamente, apoyadas por los coros de la batería Cati Bestard.

Tras la divertida El conquistador, Moda tal vez pecó de convencional, por lo que se agradeció el cambio de rumbo con un sencillo pero efectivo teclado como marca predominante. Con los cambios de tempo de Famosa, sustentados en la sección rítmica encabezada por el bajo de Tomeu Torres, se volvió a lanzar la intensidad para no volverla a bajar de nuevo. Superaron con valor el inicio a capella de Siete, y con la vibrante Contratiempo mostraron cuán cómoda se sentía la banda sobre el escenario. Los juegos vocales de Sombras, posiblemente la canción que mejor sonó, precedieron una entrada en falso solventada sin problemas en Todo fluye, que cerró su actuación dejando un agradable sabor de boca. Divertir y divertirse parecen los objetivos de Amarillo, y no cabe duda de que lo lograron. Si siguen fogueándose en nuevas actuaciones en directo pueden ofrecer cosas realmente interesantes. De tiempo y capacidades sin duda andan sobrados.

No mucho más adultos que los componentes de Amarillo, Lori Meyers se han convertido en una de las bandas que encabezan el movimiento alternativo nacional gracias a su debut discográfico. Moby Dick se encontraba abarrotada ante la presencia de los andaluces, que habían levantado grandes expectativas a su alrededor. Lamentablemente, no tuvieron un buen comienzo, y lo que en un principio parecía una mera dilatación de la primerísima parte instrumental de De superhéroes, se descubrió como un problema serio con la guitarra de Alejandro, que sencillamente no sonaba. Lo consiguieron resolver, pero desde ese momento y durante el resto del concierto se dio un curioso fenómeno, y es que a pesar de la muy buena acústica de la sala el sonido daba la impresión de haberse quedado estanco, estático, y no circular como era debido. Esto no fue óbice para que Lori Meyers ofrecieran un notable concierto, pero sí enrareció un tanto el resultado final.

Tras La mujer esponja, que se mostró tan grande como en estudio, pudimos disfrutar de El embargo de neuronas menguantes, a pesar de algún acople que deslució las dulces guitarras iniciales. Este tema está incluido en Ya lo sabes, el nuevo EP de la banda que -afortunadamente para los presentes- fue despachado en su totalidad esa noche. En una interesante muestra de inquietud, cambiaron las armonías de ¿Dónde están mis maletas?, y a continuación presentaron una canción ”lenta”, que no era otra que la cálida Canadá. En Parapapá decepcionó el hecho de que Noni, el vocalista, no hiciera los agudos característicos cada vez que cantaba ”puedes volver otra vez”, pero en cambio fueron magníficos los juegos con las voces al final de la que es sin duda una de sus mejores composiciones.

Como curiosidad interpretaron Mis neuronas de viaje de estudios, que fuera demo del tema que da título a su primer trabajo, Viaje de estudios, pero antes Alfredo se lució con la batería en el desenlace de la atormentada Dos hombres con sombrero. Por su parte Ya lo sabes fue intercalada entre dos canciones inéditas, de las cuales no dijeron el título. La primera se caracterizó por un tempo lento roto por un buen cambio de ritmo, marca de la casa. La segunda se convirtió posiblemente en el momento más espectacular de la noche: todos los ingredientes que han dado a conocer su música pasados por la batidora del talento y del derroche a la hora de ejecutar las diferentes partes de la misma. Si esto es lo que nos espera de Lori Meyers, no es descabellado decir que estamos frente a una de las formaciones que más alegrías nos va a deparar en el futuro.

Pero aún les quedaba cuerda, y en Johnny cogió su fusil, otra rareza, dieron rienda suelta a sus influencias, además de hacer bailar al público al son del contagioso bajo de Julián. Antes de tomarse un breve descanso volvieron a deslumbrar con su buque insignia, Tokio ya no nos quiere, para regresar ante un público entregado y cerrar con pasión mediante Ham’a’cuckoo y El increíble hombre menguante. Es una lástima que los problemas técnicos ya referidos limitaran la posibilidad de paladear con plenitud todo lo que puede llegar a dar de sí la banda de Loja, pero lo que no se puede negar es que Amarillo y Lori Meyers nos permiten seguir ilusionándonos ante un panorama discográfico cada vez más rico, en el que se imponga la calidad musical sobre el márketing despiadado.

Texto y Fotos: Miguel González

Mando Diao – Hurricane Bar

| 17 noviembre 2004  

Los suecos Mando Diao sorprendieron el pasado año con Bring ‘em in, un primer disco más que notable con el que se desmarcaban de muchos de los hypes surgidos al mismo tiempo que ellos. Su sonido, un compendio de rythm and blues sesentero, garage y retazos del ahora maldito brit pop, era la base para unos temas llenos de energía y desparpajo donde encontrábamos algunos hits incontestables como Mr. Moon o The band. Apenas terminar la gira se metieron en el estudio y grabaron este Hurricane Bar. Mando Diao proponen exactamente lo mismo que en su debut: canciones sencillas donde predomina la melodía y que cuentan con unos estribillos deudores de grupos como los Beatles o los Kinks. Esta fórmula la explotan en todos y cada uno de los dieciséis cortes del álbum sin ningún tipo de pudor y con una frescura casi insultante. La diferencia, sin duda, la encontramos en una producción más elaborada, que otorga a los temas un sonido menos sucio y la sensación de estar ante un trabajo más cuidado y reposado que el anterior.

Cut the rope abre fuego. Un comienzo contundente (y de lo más punk que han hecho) que sirve para dar paso al festival de guitarras de God knows y Clean town. Y es que estos tres primeros trallazos son una muestra de lo que ofrece Hurricane Bar, ni más ni menos. A partir de ahí encontramos un camino fácil de recorrer a través de un disco lleno de potenciales singles. Hay momentos menos inspirados: a All my senses, visto lo visto, le sobra la mitad, y Kingdom & glory abusa de forma muy descarada de algunos recursos utilizados unos minutos antes. Afortunadamente los suecos, entre buenos temas y algunas sobras, ofrecen de nuevo cosas realmente fascinantes. Como Ringing bells, que tal vez sorprenda más por su marcado cambio de ritmo a estas alturas del disco, o You can’t steal my love que, tras un comienzo robado de los Strokes, se transforma en una pieza redonda casi sin pretenderlo. Y lo del brit pop no es gratuito: Next to be lowered la habría firmado Noel Gallagher hace unos años.

Para algunos tal vez sea demasiado empalagoso y lineal, pero no muchos trabajos contienen cortes tan bien hechos y resultones como el que nos ocupa. No estaría mal darle una oportunidad a estos jóvenes y prometedores Mando Diao de Daniel Häglund. Los “Sweden’s Newest Hitmakers” que dirían los Rolling Stones.

VI Festival de Rock & Blues (Vélez-Málaga, 12-11-04)

Como cada noviembre desde hace cinco años, se celebró en Vélez-Málaga el Festival de Rock & Blues. Por esta interesante cita anual han pasado artistas como Lito Blues Band, Peter Edgerton, Free Soul Band, Richard Ray Farrell o Tabletom. Cada edición está dedicada a figuras imprescindibles del mundo del rock. Si durante estos cuatro años se ha rendido homenaje a George Harrison, los Rolling Stones, Jimi Hendrix y Janis Joplin, en este 2004 se ha optado por Eric Clapton y Chuck Berry. Manolenta fue el escogido para la antesala del festival (celebrada el 4 de junio) y en la que participaron Racket, Smiling Jack Smith y los malagueños Gargante Profunda. Chuck Berry fue el principal homenajeado en esta ocasión.

Blues & Beyond fueron los primeros en aparecer. El dúo, formado el pasado año, está compuesto por los británicos Chris Edler y Graham Smart. Éste último ha formado parte del grupo Five Shades Of Blue y ha colaborado con gente como Eric Clapton o Andy Summers (The Police), algo que pudimos comprobar en algunos momentos de su actuación en Vélez gracias al sorprendente manejo de su instrumento. Sobre el escenario, Chris se ocupa de la guitarra clásica española y de las voces en casi todos los temas, mientras que Graham alterna la guitarra eléctrica y la ármónica.

Comenzaron con un tema instrumental que dio paso a I wonder de Johnny Lang, uno de los artistas fetiche de Chris. A partir de ahí, Blues & Beyond repasaron algunos clásicos del blues mientras la intensidad subía enteros cada vez que Graham hacía sonar su guitarra. Key to the highway de Big Bill Broonzy y You’ll be sorry de Peter Green fueron las que gozaron de mayor aceptación junto al Memphis, Tennessee de Chuck Berry.

Los malagueños Anomia Blues Band llevan desde 1997 tocando en distintos locales de la capital y sus alrededores. Para sus directos cuentan con la colaboración de José Fernández “Lito”, un auténtico lujo que se dejó notar (y mucho) durante el concierto. Su repertorio se apoya en canciones de grupos como los Doors, Queen o B.B. King.

Abrieron con una incendiaria versión del Red house de Jimi Hendrix, con la que ya pudimos comprobar la fuerza que Lito proporciona al grupo (con tres guitarras) y la magnífica sección rítmica a cargo del bajo de Tomás Nieto y la batería de Salvy Zurita (que, curiosamente, no estaba a la vista y tocaba desde detrás del telón). Tampoco faltaron temas de cosecha propia, como Mediocridad y tradicionales del blues y rock como el Crossroads de Robert Johnson o el Roll over Beethoven de Berry. Gran actuación que dejaba el terreno propicio para unos Burning grandiosos.

El grupo saltó al escenario mientras los estaban presentando, recibiendo una gran ovación. La formación liderada por Johnny Cifuentes celebran este año su treinta cumpleaños con una gira y un disco de versiones acústicas en preparación. En el Teatro del Carmen ofrecieron una lección magistral de rock con mayúsculas, demostrando que siguen en forma.

No faltaron ninguna de sus canciones más conocidas, algunas de ellas interpretadas de forma excepcional. ¿Qué hace una chica como tú en un sitio como éste? se alargó hasta enlazarla con parte del Walk on the wild side de Lou Reed, para terminar con Eduardo Pinilla (guitarra) registrando un solo mastodóntico. No es extraño que tú estés loca por mí y Mueve tus caderas fueron algunos de los temas con los que el público disfrutó más. Hubo agradecimientos para Rod Stewart y Bowie y un sentido recuerdo para Pepe Risi, compositor, cantante y guitarrista que falleció en el 97. Tras más de hora y media (fueron los que más tocaron con diferencia), el grupo se retiró para volver al escenario y participar en la jam session final.

Las tres formaciones tocaron juntas el Johnny B. Goode de Chuck Berry. Muchas más personas se unieron a la fiesta, y así Jesús Aranda, director del festival, cantó y agradeció a los grupos su participación, mientras Lito y Johnny no pararon de brincar por el escenario.

Textos: Francisco José Fernández
Fotos: Alicia Domínguez

Autumn Almanac 2004 (Madrid, 2 y 10 de noviembre de 2004)

| 15 noviembre 2004  

Como ya es tradición, un otoño más llegó el Autumn Almanac. Organizado por la discográfica madrileña Rock Indiana, en su momento fue el primer festival itinerante de música pop de nuestro país, iniciativa que desde entonces ha sido fuente de inspiración para otros eventos de estas características. Esta tercera edición llevó durante el mes de noviembre a los principales grupos de la compañía por Madrid, Valencia, Murcia, Tarragona, Valladolid, Bilbao… Estuvimos en la madrileña Moby Dick en los dos días que allí se daba cita el festival para ver a Nominees, Sweet Apple Pie y Bronco Bullfrog.

Nominees: del country al soul

Los madrileños fueron los encargados de inaugurar el primer día de festival. Ha pasado ya diez meses desde que publicaron su primer trabajo, Dowsing for the water, y a la formación se han incorporado definitivamente Pablo Sbaraglia a los teclados y Santi Campos como guitarrista y aportando una voz más a los coros junto a los de Esther. Con la banda completa, y tras pasarse todo el año de un lado para otro presentando su disco, el sonido del grupo es muchísimo más compacto y maduro que antes. Además de los temas de su debut, Nominees nos ofrecieron unos cuantos adelantos del que será su próximo álbum.


Santi, Pablo (al fondo) y Jesús

El concierto comenzó con Ricardo cantando sólo acompañado por su guitarra un What’s the deal mucho más elaborado al final que en el disco, con unos cuantos cambios en el ritmo y la armonía. Tras un tema inédito, To record the memory, muy a lo Neil Young (de hecho, lo llaman así cariñosamente), A.N.A. brilló por sus cuidados arreglos, aunque algunos problemas en la guitarra de Santi empañaron el resultado final. Ricky presentó entonces otra de las nuevas canciones, Undertaker, o como el mismo presentó: “El enterrador, dedicada a Santi, que aunque no lo parezca lo es, sobre todo con esa barba”. Resultó ser un corte de aire fronterizo, con unas raíces más profundas que aquellas que ilustraban la portada de su álbum, y un sonido más cercano a Josh Rouse.


Ricky y Sebastián

En general, a lo largo de la actuación se comprobó que así es como suena ahora la banda, lo que le da una dimensión mucho más soul que el country al que sonaban antes. Esto quedó patente tras los dos temas nuevos que siguieron, el segundo compuesto por Santi, otra de las sorpresas que encontramos esta noche. Tras recomendar el concierto que Sweet Apple Pie darían tras ellos, You & luck y 39 Watkin St. recordaron alguno de los mejores momentos del grupo. Era el turno de otros dos estrenos, Up through the night y Wakin hours, ésta última incluida en el disco del festival que se regalaba con la entrada. Para terminar, otro tema aún sin publicar, aunque ya conocido en el directo de los Nominees: Medals. Un buen broche final para demostrar el talento de este joven grupo.


Nominees casi al completo

Sweet Apple Pie: ¿french-pop?

Los franceses Sweet Apple Pie llegaban a España recién fichados por Rock Indiana para presentar su segundo y último trabajo Between the lines (Rock Indiana, 2004). La originalidad de su música proviene de la incontable cantidad de influencias reconocibles pero que terminan de configurar un sonido del todo personal. Y de su concierto se esperaba precisamente poder palpar esa exquisitez que reflejan en sus discos. Ante el exceso de expectación, el resultado fue algo frío, pero el hecho de ver en directo a Laurent, Gilles, Fanny y Sylvain mereció la pena.


Sweet Apple Pie: Fanny, Gilles, Sylvain y Laurent

A las doce menos cuarto comenzaba su actuación con el riff de guitarra del hipnótico Read between the lines, al que siguió un contundente Gone, en un alarde de creación de sonidos envolventes y ambientales en los que teclado, guitarra y bajo se complementan a la perfección, creando unas atmósferas que penetraron en los presentes hasta el final de su concierto. Llegó entonces la que, probablemente, es la mejor canción de la banda: Pray before. Comenzando con unas cuidadas melodías cantadas por todos los miembros del grupo sobre unos delicados arpegios del teclado, el tema va evolucionando poco a poco. Pasando por un ritmo reggae en la estrofa, culmina con un tremendo solo de órgano con wha y una distorsión que lo hacen parecer casi una guitarra, acompañado de los coros que configuran un conjunto impresionante (en directo resulta estremecedor). La intensidad del concierto terminó de subir cuando interpretaron Alive.


Fanny

Era el momento apropiado para descansar un poco, y Fanny abandonó el teclado para colgarse la guitarra acústica y comenzar Harder than we thought. Tras ella, Laurent comenzó a cantar Oyster, en un instante en el que quedó patente las complejidad y calidad de las voces. “Vamos a cantar una canción de amor dedicada a Santi y Pablo”, comentaron antes de atacar los dos bonus tracks que no se han publicado en la versión española de Between the lines: Sweaty hands y She whistles in the tube. Entonces presenciamos la magnífica interpretación de Surprise, evocadora y multidimensional como los mejores Pink Floyd, aunque ligeramente desmejorada por los acoples de los micros.


Gilles y Sylvain

Como en los anteriores temas, el resto del repertorio se centró en su último trabajo. Pero a diferencia de lo que en él se aprecia, parece que los de Toulousse no estaban muy a gusto en el escenario y la comunicación con el público no terminaba de cuajar. Definite sadness dio paso a Wanna know, con un ímpetu y una fuerza inusitadas. You shouldn’t try to understand iba a dar fin al concierto, pero tras una corta insistencia de los presentes, y pese a la hora, pudimos disfrutar de Rock & Roll, canción que cerraba su primer álbum Everybody wants to be a supertiger, y que en este caso también terminó la actuación. Cuando el público pedía más y Sweet Apple Pie no podían seguir ya en el escenario, sólo pudieron añadir una cosa: “La ley es la ley. La puta cabrón de la ley”.


Fanny con la acústica y Gilles

Bronco Bullfrog: el pop más puro

10 de diciembre de 2004. Las diez y media de la noche y la sala Moby Dick de Madrid empieza a estar abarrotada. En el escenario comienzan a sonar los acordes de Greenacre hill. Bronco Bullfrog inició con este tema un concierto que poco a poco nos fue dejando a todos con la boca abierta. Tras esta obertura más bien tranquila, One day with Melody Love hizo que el público comenzase a tararear con fuerza su característico estribillo “Melody, please remember me”. Llegó el turno de Octopus, uno de los temas estrella de su álbum The Sidelong glances of a pigeon kicker. Louis dio las gracias a Rock Indiana, su sello discográfico, mientras animaba a la gente para que comprase su último disco Oak apple day: “Sólo cuesta cinco euros, ¡más barato que las drogas!” añadía entre risas.


El trio: Michael, Andy y Louis

El concierto continuó con I can´t make my own way, Apple of my eye y You are my head. La energía que desprendían los componentes del grupo aumentó la fuerza del directo y la emoción del público. Después, Together fue sosegando el ambiente con frases positivas y melodías vocales muy trabajadas. Grata sorpresa al ver que Fausto, guitarrista de The Winnerys, subía al escenario para tocar New day way, cuyo final se alargó con un gran solo de bajo. Los primeros acordes de la guitarra de Michael dieron paso a uno de los temas más conocidos de su último trabajo, I don´t need the sunshine, acompañados también por la guitarra de Fausto. Con este tema, unido a Planet Janet, en el que nos deleitaron con unos geniales coros a capella, Bronco Bullfrog dejaron claro que los juegos vocales en sus canciones son su punto fuerte.


Louis junto a Fausto (The Winnerys)

Siguieron con Blow yourself up y Jigsaw mind, ambos temas pertenecientes al álbum Seventythirtyeight. A continuación la banda dio paso a Mock orange innocence, que sonó realmente bien, especialmente el momento en que Louis cantó unas frases al final del tema, variando así la versión del disco. Bronco Bullfrog anunció las fechas de sus próximos conciertos en España y continuó tocando Del quant y Down Angel Lane, al que añadieron una parte instrumental muy rítmica y potente. Enlazaron este último corte con Poor Mrs. Whitespoon, canción de estilo más rockero y psicodélico con constantes solos de guitarra y bajo, voces a capella y un final apoteósico, aunque se echó de menos los teclados que acompañan la canción en el estudio.


Andy a la batería

Así, Bronco finalizó el concierto, pero el público quería más y no dejo de aplaudir hasta que volvieron a subir al escenario para tocar un par de bises. Andy, Michael y Louis nos deleitaron con History, gran composición del disco Bronco Bullfrog. Michael estaba tan concentrado que se le rompió la tercera cuerda de la guitarra y tuvo que hacer un solo prescindiendo de ella. A mitad del tema, Andy fue presentando a todo el grupo mientras cada uno de ellos iba haciendo un solo con su instrumento. De esta forma, Louis, Andy y Michael se despidieron de su público deseando volver a tocar pronto en Madrid. Sin duda, Bronco Bullfrog nos deleitaron con una actuación impresionante; llenaron la sala con música pop de la buena y tanto la banda como los presentes estuvieron más entregados que nunca.


Michael tras “perder” una cuerda

Autor: Andrés Cabanes (Nominees y Sweet Apple Pie) Ana F. (Bronco Bullfrog)
Fotos: Javier Jodra

Xiu Xiu de gira (octubre y noviembre, 2004)

| 15 noviembre 2004  

Dentro de la amplia gira de Xiu Xiu por nuestro país, posiblemente Madrid junto con Jerez y Huelva se presentaban como las citas más atractivas a priori. Y es que mientras los andaluces se encontraban nada más y nada menos que a Migala como partenaires del dúo americano, en la capital los allí presentes pudimos asistir a otras dos propuestas musicales más, The Secret Society por un lado y Aroah por otro. AltaFidelidad.org asistió a los conciertos de Barcelona, Madrid y Gijón, y nuestras impresiones sobre el directo de Xiu Xiu fueron más que gratas.


Xiu Xiu en Barcelona

Por su parte, The Secret Society, el proyecto en solitario de Pepo Hernández, apareció con su guitarra listo para romper el hielo. Prepara su primer álbum para el 2005, y así interpretó varias composiciones que no se encuentran en sus dos primeros EP’s, January y Bomb the past -éste producido dentro de la filosofía del copyleft-. Temas como Moving units, Man vs. machines o My relationship with above ahondan en su línea acústica, de letras profundas y comprometidas. Pero lo mejor estaba por llegar, y tras la terrible La haine, Pepo se marcó una gran versión del Fire in Cairo de The Cure, que fue muy bien recibida por el escasísimo público presente en la sala. Cerró su actuación de manera brillante, con De costa a costa, en la que Malela (que fuera componente de Nosoträsh) lo acompañó a la voz y la melódica, dejando un conjunto final verdaderamente notable.


The Secret Society, telonero en Madrid

En cambio Aroah, con dos excelentes álbumes a sus espaldas (el No podemos ser amigos del 2002 y el The last laugh de este 2004), no se encontró nada cómoda sobre el escenario. Desde luego que una sala fría que seguía tristemente casi vacía -algo un tanto incomprensible- no ayudó mucho, pero tampoco es excusa suficiente. Aunque se pudieron escuchar composiciones tan bellas como Myriam, la primera, Madrid, Too proud to try o Fuck rock, los aparentes nervios y la falta de concentración deslucieron tristemente el resultado final. Sería interesante, eso sí, volver a ver a la cantautora bien rodeada de nuevo por una banda que sepa llevar al directo los exquisitos arreglos del estudio.


En Madrid también actuaba Aroah

Centrándonos en Xiu Xiu, después de su paso por el Primavera Sound 2004 en una actuación que supo a poco, no podíamos perdernos ver otra vez a estos dos músicos inquietos: él, Jamie Stewart; ella, Caralee McElroy. En poco más de una hora ofrecieron un amplio abanico de opciones de todo su repertorio actual: Knife play, A promise y Fabulous muscles. Variedad y sobre todo, savoir fair. Así, se concentraron de principio a fin en la música como único hilo conductor entre ellos y un público cada vez más entregado y expectante. Si bien hay que mencionar que hubo grupos entre los espectadores de Gijón que no se destacaron precisamente por su comportamiento educado, impidiendo disfrutar como es debido a todos aquellos que se acercaron al concierto no por moda, sino por interés musical.


Jamie Stewart en Barcelona

Xiu Xiu se presentaron en un escenario que tenía algo de mágico por la parafernalia de la que se rodean. Se fueron alternando entre un conjunto de platillos y triágulos situados sin orden aparente, guitarras eléctricas y varios teclados -uno de ellos con un fuelle como el de los acordeones-. Sonaron Crank heart y su demoledora progresión rítmica, el casi clásico de su último disco Fabulous muscles (mama black widow), así como Clowne town y seguramente la más esperada de todas, la enorme I luv the valley, oh!. También algunas perlas de sus inicios como Don Diasco o I broke up (que desprendidas de parte de su exhuberancia sonora se muestran más accesibles y cercanas), y alguna que otra de su A Promise, como Apistat Commander o Pink city. Y aún así faltaron joyas del calibre de Sax-redux-o-grapher o Ian Curtis’ wishlist.


Caralee McElroy en Madrid

Como sorpresa especial, interpretaron toda una rareza del Fag patrol, Helsabot of Caraleebot (que en Madrid sirvió para cerrar los bises), pero con el añadido de que en lugar de Stewart fue su compañera femenina la que puso la voz. Era emocionante ver cómo Jamie tocaba la guitarra y miraba con ternura a Caralee, mientras ésta se descubría con una voz dulce y envolvente. Sin duda todo un placer asistir a un concierto con músicos tan humildes, consecuentes e ilusionados con lo que hacen. Ya sólo queda esperar a ver con qué disco nos sorprenden en el 2005, teniendo en cuenta que continuen con el ritmo actual de álbum por año.

Textos: José L. Gallego y Miguel González
Fotos: Sergi Serrano (Barcelona) y Miguel González (Madrid)

Autumn Almanac 2004

| 14 noviembre 2004  

Sala Moby Dick (Madrid, 2 y 10 de noviembre de 2004)

Como ya es tradición, un otoño más llegó el Autumn Almanac. Organizado por la discográfica madrileña Rock Indiana, en su momento fue el primer festival itinerante de música pop de nuestro país, iniciativa que desde entonces ha sido fuente de inspiración para otros eventos de estas características. Esta tercera edición llevó durante el mes de noviembre a los principales grupos de la compañía por Madrid, Valencia, Murcia, Tarragona, Valladolid, Bilbao… Estuvimos en la madrileña Moby Dick en los dos días que allí se daba cita el festival para ver a Nominees, Sweet Apple Pie y Bronco Bullfrog.

Nominees: del country al soul

Los madrileños fueron los encargados de inaugurar el primer día de festival. Ha pasado ya diez meses desde que publicaron su primer trabajo, Dowsing for the water, y a la formación se han incorporado definitivamente Pablo Sbaraglia a los teclados y Santi Campos como guitarrista y aportando una voz más a los coros junto a los de Esther. Con la banda completa, y tras pasarse todo el año de un lado para otro presentando su disco, el sonido del grupo es muchísimo más compacto y maduro que antes. Además de los temas de su debut, Nominees nos ofrecieron unos cuantos adelantos del que será su próximo álbum.

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El concierto comenzó con Ricardo cantando sólo acompañado por su guitarra un What’s the deal mucho más elaborado al final que en el disco, con unos cuantos cambios en el ritmo y la armonía. Tras un tema inédito, To record the memory, muy a lo Neil Young (de hecho, lo llaman así cariñosamente), A.N.A. brilló por sus cuidados arreglos, aunque algunos problemas en la guitarra de Santi empañaron el resultado final. Ricky presentó entonces otra de las nuevas canciones, Undertaker, o como el mismo presentó: “El enterrador, dedicada a Santi, que aunque no lo parezca lo es, sobre todo con esa barba”. Resultó ser un corte de aire fronterizo, con unas raíces más profundas que aquellas que ilustraban la portada de su álbum, y un sonido más cercano a Josh Rouse.

Nominees02

En general, a lo largo de la actuación se comprobó que así es como suena ahora la banda, lo que le da una dimensión mucho más soul que el country al que sonaban antes. Esto quedó patente tras los dos temas nuevos que siguieron, el segundo compuesto por Santi, otra de las sorpresas que encontramos esta noche. Tras recomendar el concierto que Sweet Apple Pie darían tras ellos, You & luck y 39 Watkin St. recordaron alguno de los mejores momentos del grupo. Era el turno de otros dos estrenos, Up through the night y Wakin hours, ésta última incluida en el disco del festival que se regalaba con la entrada. Para terminar, otro tema aún sin publicar, aunque ya conocido en el directo de los Nominees: Medals. Un buen broche final para demostrar el talento de este joven grupo.

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Sweet Apple Pie: ¿french-pop?

 

Los franceses Sweet Apple Pie llegaban a España recién fichados por Rock Indiana para presentar su segundo y último trabajo Between the lines (Rock Indiana, 2004). La originalidad de su música proviene de la incontable cantidad de influencias reconocibles pero que terminan de configurar un sonido del todo personal. Y de su concierto se esperaba precisamente poder palpar esa exquisitez que reflejan en sus discos. Ante el exceso de expectación, el resultado fue algo frío, pero el hecho de ver en directo a Laurent, Gilles, Fanny y Sylvain mereció la pena.

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A las doce menos cuarto comenzaba su actuación con el riff de guitarra del hipnótico Read between the lines, al que siguió un contundente Gone, en un alarde de creación de sonidos envolventes y ambientales en los que teclado, guitarra y bajo se complementan a la perfección, creando unas atmósferas que penetraron en los presentes hasta el final de su concierto. Llegó entonces la que, probablemente, es la mejor canción de la banda: Pray before. Comenzando con unas cuidadas melodías cantadas por todos los miembros del grupo sobre unos delicados arpegios del teclado, el tema va evolucionando poco a poco. Pasando por un ritmo reggae en la estrofa, culmina con un tremendo solo de órgano con wha y una distorsión que lo hacen parecer casi una guitarra, acompañado de los coros que configuran un conjunto impresionante (en directo resulta estremecedor). La intensidad del concierto terminó de subir cuando interpretaron Alive.

Era el momento apropiado para descansar un poco, y Fanny abandonó el teclado para colgarse la guitarra acústica y comenzar Harder than we thought. Tras ella, Laurent comenzó a cantar Oyster, en un instante en el que quedó patente las complejidad y calidad de las voces. “Vamos a cantar una canción de amor dedicada a Santi y Pablo”, comentaron antes de atacar los dos bonus tracks que no se han publicado en la versión española de Between the lines: Sweaty hands y She whistles in the tube. Entonces presenciamos la magnífica interpretación de Surprise, evocadora y multidimensional como los mejores Pink Floyd, aunque ligeramente desmejorada por los acoples de los micros.

Como en los anteriores temas, el resto del repertorio se centró en su último trabajo. Pero a diferencia de lo que en él se aprecia, parece que los de Toulousse no estaban muy a gusto en el escenario y la comunicación con el público no terminaba de cuajar. Definite sadness dio paso a Wanna know, con un ímpetu y una fuerza inusitadas. You shouldn’t try to understand iba a dar fin al concierto, pero tras una corta insistencia de los presentes, y pese a la hora, pudimos disfrutar de Rock & Roll, canción que cerraba su primer álbum Everybody wants to be a supertiger, y que en este caso también terminó la actuación. Cuando el público pedía más y Sweet Apple Pie no podían seguir ya en el escenario, sólo pudieron añadir una cosa: “La ley es la ley. La puta cabrón de la ley”.

Bronco Bullfrog: el pop más puro

 

10 de diciembre de 2004. Las diez y media de la noche y la sala Moby Dick de Madrid empieza a estar abarrotada. En el escenario comienzan a sonar los acordes de Greenacre hill. Bronco Bullfrog inició con este tema un concierto que poco a poco nos fue dejando a todos con la boca abierta. Tras esta obertura más bien tranquila, One day with Melody Love hizo que el público comenzase a tararear con fuerza su característico estribillo “Melody, please remember me”. Llegó el turno de Octopus, uno de los temas estrella de su álbum The Sidelong glances of a pigeon kicker. Louis dio las gracias a Rock Indiana, su sello discográfico, mientras animaba a la gente para que comprase su último disco Oak apple day: “Sólo cuesta cinco euros, ¡más barato que las drogas!” añadía entre risas.
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El concierto continuó con I can´t make my own way, Apple of my eye y You are my head. La energía que desprendían los componentes del grupo aumentó la fuerza del directo y la emoción del público. Después, Together fue sosegando el ambiente con frases positivas y melodías vocales muy trabajadas. Grata sorpresa al ver que Fausto, guitarrista de The Winnerys, subía al escenario para tocar New day way, cuyo final se alargó con un gran solo de bajo. Los primeros acordes de la guitarra de Michael dieron paso a uno de los temas más conocidos de su último trabajo, I don´t need the sunshine, acompañados también por la guitarra de Fausto. Con este tema, unido a Planet Janet, en el que nos deleitaron con unos geniales coros a capella, Bronco Bullfrog dejaron claro que los juegos vocales en sus canciones son su punto fuerte.
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Siguieron con Blow yourself up y Jigsaw mind, ambos temas pertenecientes al álbum Seventythirtyeight. A continuación la banda dio paso a Mock orange innocence, que sonó realmente bien, especialmente el momento en que Louis cantó unas frases al final del tema, variando así la versión del disco. Bronco Bullfrog anunció las fechas de sus próximos conciertos en España y continuó tocando Del quant y Down Angel Lane, al que añadieron una parte instrumental muy rítmica y potente. Enlazaron este último corte con Poor Mrs. Whitespoon, canción de estilo más rockero y psicodélico con constantes solos de guitarra y bajo, voces a capella y un final apoteósico, aunque se echó de menos los teclados que acompañan la canción en el estudio.

Así, Bronco finalizó el concierto, pero el público quería más y no dejo de aplaudir hasta que volvieron a subir al escenario para tocar un par de bises. Andy, Michael y Louis nos deleitaron con History, gran composición del disco Bronco Bullfrog. Michael estaba tan concentrado que se le rompió la tercera cuerda de la guitarra y tuvo que hacer un solo prescindiendo de ella. A mitad del tema, Andy fue presentando a todo el grupo mientras cada uno de ellos iba haciendo un solo con su instrumento. De esta forma, Louis, Andy y Michael se despidieron de su público deseando volver a tocar pronto en Madrid. Sin duda, Bronco Bullfrog nos deleitaron con una actuación impresionante; llenaron la sala con música pop de la buena y tanto la banda como los presentes estuvieron más entregados que nunca.

Autor: Andrés Cabanes (Nominees y Sweet Apple Pie) Ana F. (Bronco Bullfrog)
Fotos: Javier Jodra

!!! + The Bellrays (Madrid, 07-10-04)

| 11 noviembre 2004  

Dos propuestas tan diferentes en lo musical pero bien similares en espíritu como son The Bellrays y !!!, se disponían a derrochar energía y hacer disfrutar a los numerosos espectadores congregados en la sala madrileña. Los primeros, con una carrera de más de 10 años a sus espaldas, definen su música como maximum rock & soul, y tras tan rimbombante etiqueta se esconde una banda de rock de las de verdad. El esqueleto de la misma está compuesto por Lisa Kekaula (voz), Tony Fate (guitarrista) y Bob Venum (bajo), y todos ellos demostraron dominar sus instrumentos con una extraordinaria mezcla de pasión y precisión.


Lisa y Bob lo dieron todo durante el concierto

Lisa, cuyo aspecto físico nos remonta a las cantantes afroamericanas más características de los 70, derrochó una voz impresionante. Lástima que el volumen no estuviese bien modulado por los técnicos, lo que impidió un mayor disfrute de los registros que su poderosa garganta le permite alcanzar. Aún así los juegos que realizó junto a la guitarra de Fate, trenzando notas en un histérico ejercicio de punteo, enardecieron a los presentes, buena parte de los cuales desconocían las capacidades de los californianos sobre el escenario.


Venum en un momento de la actuación

Por su parte Venum, lejos de las poses más estáticas de su compañero Tony, no paró un momento, alternando carreras sobre el escenario con acrobáticos saltos, todo ello sin que sus dedos dejaran de pulsar con precisión las cuerdas de su bajo. La batería, único elemento de los Bellrays por el que han pasado varios músicos desde su fundación, rayó a excelente nivel, demostrando un gran virtuosismo a la hora de combinar los diferentes tempos propios de los temas del repertorio de la banda. Grandes momentos permanecerán en la memoria, como los instantes en que se quedaron arrodillados besando el suelo a ritmo de blues, o cuando al aullido de Revolution todo Aqualung emitió gritos entusiasmados ante esta auténtica máquina de hacer rock.


The Bellrays al completo

A continuación !!! se encargaron de reavivar las brasas, con las expectativas muy altas tras el fantástico show que ofrecieron en el pasado Primavera Sound de Barcelona. Con los instrumentos distribuídos de modo que permitían el ir y venir de los numerosos miembros de la banda, y sobre todo los infatigables bailes del vocalista Nic Offer, Pardon my freedom fue el tema elegido para abrir fuego. Dieron un buen repaso a Louden up now (Warp 2004), con interpretaciones casi consecutivas de Hello is this thing on?, When the going gets tough, the tough get karazzee, Shit scheisse merde o Dear can. Todo con un solo objetivo, que el público no parara de moverse ni un instante, y a fe que lo consiguieron.


Nic Offer bailó sin parar toda la noche

Y para ello todo valía, desde ir alternándose entre guitarras, percusiones, metales y elementos electrónicos, hasta agitarse cual go-gó de discoteca en las esquinas del escenario. Aunque sin duda lo que rompió los esquemas de los presentes fueron los geniales momentos en los que durante un buen rato Nic -aunque no fue el único que lo hizo- se bajaba a bailar histriónicamente entre el público, que recibía enfervorecido cada una de estas iniciativas. Aún quedó tiempo para que sonara alguna rareza como Sunday, que sólo se encontraba en un bonus disc que acompañaba las primeras ediciones de su último trabajo, o Instict, single del 99. Además presentaron una nueva canción, Nate dog, en la que coquetearon con el rap sin perder de vista las constantes básicas de su manera de entender la música.


Mario Andreoni a la guitarra

Pero sin duda lo más esperado de la noche era Me and giuliani down the schoolyard (a true story), que no defraudó, sobre todo gracias a esa fusión de guitarra y voz hacia la mitad de la canción que conforman el punto álgido de uno de los mejores temas de este año. La encargada de finalizar el concierto fue Intensify, penúltimo corte de su álbum homónimo del 2000, que no logró saciar las ganas de más del público, que pidió muy insistentemente que !!! volvieran para realizar algún bis. Lamentablemente por mucho conciertos que se celebren en Aqualung, ésta no deja de ser una discoteca, y los intereses de los amigos del tecno barato priman sobre los de los asistentes a estos espectáculos. Aún así quedó el detalle de un Nic Offer saliendo a pedir disculpas por no poder seguir tocando, lo que es sólo un punto más a favor de lo que fue una fiesta absolutamente desbocada.


Nic hizo disfrutar a todo el público

Textos y Fotos: Miguel González

The Sunday Drivers (Madrid, 06-11-04)

| 9 noviembre 2004  

Era un día importante para los Sunday Drivers. Llegaban a la capital para presentar su segundo disco, Little heart attacks (Mushroom Pillow), en el que ha sido sin duda su año. Y es que a pesar de unos inicios más que prometedores con su álbum homónimo del 2002, editado por Rock Indiana, pocos podrían pensar que se convertirían en la formación española más completa del momento. Así, giran sin descanso por la península y son alabados por crítica y público, con mención especial a su fantástico directo, de lo que los espectadores que abarrotaron la sala Arena tuvieron una muestra impagable el pasado viernes.

Como en las grandes ocasiones Lyndon Parish, responsable de las orquestaciones y los arreglos vocales de este último trabajo de los toledanos, estuvo también presente acompañando a la banda. Se encargó de la steel guitar y los sintetizadores y aportó una voz más, lo que supuso un añadido extra que sin duda enriqueció con nuevos matices lo ofrecido por el grupo. Con algún acople inicial, comenzaron el recital con la pegadiza Better life, canción que se ha hecho popular por ser incluída en un anuncio de televisión. Lamentablemente desde el primer instante quedó claro que las no muy buenas condiciones acústicas de la sala madrileña también harían de las suyas en esta ocasión. En cualquier caso el sonido fue bastante bueno, y la energía y saber hacer que derrochan los Sunday Drivers sobre las tablas cubre cualquier posible deficiencia.

Siguieron calentando motores con Tears & years, Happy song y Hate yourself, con las que ya comenzaron a sonar tan convincentes como acostumbran. A continuación I ain’t down nos dejó un gran momento, en el que Jero, el vocalista, arengó al público, que acompañó las palmas del final de la canción con entusiasmo. Por su parte, una de las mejores transformaciones de estudio al escenario es la de All is good around me, con dos solos geniales de Julián, uno de hammond al principio y otro de teclado en el medio de un tema llevado en volandas gracias al wah wah de la guitarra y una gran línea de bajo.

Siguieron alternándose las canciones de ambos discos, y a la potente Only in the dark days le siguió Love, our love. Durante ésta, en la preciosa parte cantada a capella, se pudieron oir alaridos histéricos de fans, en un fenómeno cuanto menos curioso. Tras los juegos armónicos de Can’t you see -en la que la impronta de los beatles se acentuaba al ver las formas del nuevo bajo Rickenbacker de Miguel- y una interpretación colosal de Often, una de sus mejores composiciones, le tocó el turno al que fuera primer himno de la banda, Time time time, con un bonito añadido jugando con los silencios al final.

A continuación Jero dijo que traían un regalo para los asistentes, una versión del The man in me de Bob Dylan, que no acabó de ser encajada del todo entre los presentes. En cambio, la esperada On my mind se convirtió en una vorágine de gritos alrededor del estribillo in crescendo del tema. Little heart attacks supuso la comunión total entre público y banda alrededor de la parte cantada de forma coral, antes de que los Sunday Drivers abandonaran por primera vez el escenario. Volvieron mientras algunos todavía seguían tarareando a voz en grito esas notas, y se marcaron un I should go que puso la piel de gallina a todo el mundo, resultando impresionantes los solos de piano y la sinceridad de la voz de Jero en el estribillo.

Para cerrar semejante noche, nada mejor que su encendida versión de You’re time is gonna come de Led Zeppelin, en la que uno tras otro fueron abandonando el escenario, mientras disfrutamos de algunos trucos muy interesantes con Carlos a la batería y Fausto agachado sobre su guitarra empleándola para hacer diferentes efectos de sonido. Al final salieron todos los miembros de la banda a saludar envueltos en una ovación cerrada y cálida, con la emoción visible en sus rostros ante lo que ellos mismos denominaron más tarde “algo especial”. Desde luego que dejarlo todo por la música y llegar hasta aquí no puede ser calificado como otra cosa. Ahora, cuando aún les quedan unos cuantos conciertos en esta gira, nos podemos empezar a preguntar qué serán capaces de ofrecer en su próximo trabajo, pero por lo menos ya podemos asegurar que el 2004 es suyo.

Textos: Miguel González
Fotos: Andrés Cabanes

Clinic – Winchester Cathedral

Liverpool tal vez sea la gran olvidada de las ciudades inglesas en el terreno musical desde la época de los Beatles. Incapaz de huir de esa herencia, los Echo & The Bunnymen fueron la única alternativa real durante los años 80 para la escena de la urbe. Tal vez por eso destaque tanto la procedencia de un grupo tan peculiar como es Clinic, capaz de sacar un sonido inclasificable de allí donde el pop tuvo sus mayores representantes.

La carrera del grupo se remonta al año 1997, aunque su debut Internal wrangler se publicase en el 2000, y desde entonces nos han ofrecido dos discos más en los que pretenden ir puliendo el sonido propio de la banda. Su marca de fábrica fue desde un inicio un carácter agresivo y oscuro, muy personal en el empleo de la electrónica para crear productos llenos de fuerza. Singles contundentes y un sentimiento de locura eran la marca de sus primeros trabajos. Ahora, la locura se ha normalizado y la contundencia se ha diluido.

Pero no nos engañemos, el disco no es malo, y desde luego el grupo no ha perdido todas sus referencias. Simplemente se han acomodado. Falto de la potencia y la rotundidad de su anterior trabajo, Walking with thee, una banda de carácter único parece deslizarse frente a nuestra mirada hacia una condición mucho más habitual. De todos es sabido que normalmente todo grupo alcanza un momento en el que su sonido ya no suena novedoso, en el que las aportaciones originales se vuelven clichés; la pena de Clinic es que parecen haber alcanzado ese punto en su tercer disco y que, no contentos con eso, encima han elegido para lograrlo su colección de temas menos explosivos.

Esa sensación contradictoria se ve reforzada además ante los escasos, pero no por ello menos notables, momentos en los que parece que el grupo estaba en la senda adecuada. El inicio lleno de fuerza con la irrupción de Country mile resulta impactante, Home nos muestra su lado más sensible en una gran balada y Falstaff nos deja ojear lo que podía haber sido el álbum. Pero esos instantes se pierden entre canciones que resultan prescindibles en la aún corta carrera de la banda.

Así WDYYB abunda en el lado más inmediato del grupo sin aportar nada nuevo a éste, mientras The majestic #2 o Circle of Fifths muestran un continuismo absoluto con respecto al LP anterior, tristemente sin tener la calidad para sustituir a las canciones de éste en nuestro aprecio. A ratos parecen buscar su piedra filosofal en lejanas reminiscencias árabes, como en August, pero sin que éstas pasen de ser meras menciones y formen parte de la estructura del tema. Incluso se atreven a casi recrear uno de sus mejores temas del anterior disco, Come into our room, en Thank you (for living), una suerte de caso ejemplar del escaso avance que se ve en el grupo. A ratos parece que estamos ante otra formación tocando a la imagen de los Clinic de sus anteriores álbums, no ante los mismos autores. La falta de frescura se hace preocupante a pasos agigantados, y todo ello pese a que el cierre con Fingers sea el instrumental más interesante de los dos incluídos en la grabación, muy por encima de la mediocre Vertical takeoff from Egypt.

Un disco difícil de definir es lo que han logrado Clinic en su tercera entrega. Apenas un puñado de temas realmente reseñables en medio de un conjunto marcado por la repetición de fórmulas no consiguen, de todos modos, evitar que uno disfrute escuchando el álbum. Desgraciadamente nunca acaba de estar muy claro si éste se produce debido al propio trabajo de la banda o al recuerdo inconsciente de sus anteriores discos. Un paso atrás para Clinic, aunque no se debe perder la fe en que aprendan de él: algunos caminos por los que avanzar con pie firme sí que apuntan.

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