FM-Pop Festival (Córdoba, 25-09-2004)
Francisco José Fernández | 30 Octubre 2004
El Patio de Armas del Castillo del Moral de Lucena (Córdoba) fue el escenario escogido para esta segunda edición del FM-POP Festival. Un evento que ofrecía una noche de buena música con un cartel, en este caso, sobresaliente. Si el año pasado los invitados fueron Cecilia Ann, Deneuve y Maga, en este 2004 hemos podido disfrutar de Reno, Clovis, The Sunday Drivers y Cooper. A esto hay que sumarle una fantástica organización, que incluso tuvo el detalle de poner en el cartel promocional un lugar alternativo para los conciertos en caso de que lloviera. Todo un lujo que, además, era completamente gratis.
El primer grupo en subir al escenario fue Reno. La historia de esta formación nacida en Lucena se remonta al 2000. A partir de ahí su carrera siempre ha estado en constante progreso. Han ganado premios en varios concursos: el GarbansoRock de Torredelcampo, el Desafinado de la Diputación de Córdoba o el Nivel Cero de Gijón son algunos de ellos. Este mismo año participaron en el Lagarto Festival. Su actuación nos dejó algo sorprendidos, ya que su sonido, un pop de corte sencillo y sin pretensiones, entra de forma excepcional a la primera, demostrando claramente el aprecio que sienten hacia bandas como Nacha Pop o Cecilia Ann. A destacar la voz de Marian, que canta algunos de los temas del repertorio, llevando la música de Reno a otro nivel. En definitiva las guitarras sosegadas y las preciosas melodías de Reno gustaron a todo el mundo, mientras el Patio de Armas del castillo iba recibiendo a más gente.
Llegaba el turno de Clovis, sin lugar a dudas la decepción de la noche. Tal vez fuera porque se dejaron a todo el grupo en casa, o por el lugar que ocuparon en el cartel (entre la buena actuación de Reno y los Sunday Drivers, a los que todo el mundo les tenía ganas), pero el caso es que muchos fueron los que se aburrieron con las canciones del dúo. Fino Oyonarte (bajista de Los Enemigos) y Cristina Plaza desgranaron el notable EP Time we spent together (Limbo Starr, 2003), su único trabajo de estudio hasta el momento, con canciones como Leaving you (again) o 1975 y en donde colaboraron Erik (Los Planetas) y Matthews Caws (cantante y guitarrista de Nada Surf y vecino de Clovis cuando residían en Brooklyn). Casi todo estaba pre-grabado, como él mismo anunció al final del concierto mientras soltaba la guitarra, algo que se hizo notar durante toda la actuación. Si le unimos a ello la falta de variedad en las composiciones y una voz, la de Cristina, que se anuncia como “personal y melódica” y se queda en lo primero (con todo lo que eso conlleva), pues no podemos decir que el concierto fuera de nuestro agrado. Por tanto nos quedamos con las ganas de saber cómo hubiera sido todo con la banda al completo. Por cierto, que en breve editarán su primer álbum.
No vamos a negar que, para nosotros, el gran atractivo de este FM-POP Festival era la presencia de The Sunday Drivers. Mucho está dando que hablar su flamante Little heart attacks, un segundo álbum con el que se han consolidado (y con fuerza) en la élite del panorama independiente de nuestro país. Pero más allá del disco está el directo. Y lo que ofrecen sobre un escenario supera con creces a lo conseguido en estudio: desde la pegadiza On my mind, pasando por I ain’t down (de las mejores) o Love, our love, sin duda una de las más aplaudidas por el público, el grupo se muestra muy sólido en todos los palos que tocan (más de las que se aprecian en el álbum). Time, time, time, de su primer disco, es alargada hasta combinarla con una estrofa del The weight de The Band y Only in the dark days mantiene, afortunadamente, el mismo espíritu psicodélico del que goza en su versión de estudio. Tampoco faltaron Often, I should go o Little heart attacks, esta última, evidentemente, sin los sorprendentes coros que aparecen hacia el final de la canción pero con gran parte del público tarareando su irresistible melodía. Se les veía muy cómodos a los toledanos, invitando a la gente a acercarse más al escenario y unirse a la fiesta (especialmente Julián, el teclista, todo un espectáculo tanto por su energía como por su frescura y buen hacer frente a su instrumento). Una pena que no pudieran hacer bises. Incluso ellos mismos se sorprendieron ante la negativa de no poder seguir tocando. Nos quedamos, como todos, con ganas de mucho más (y también, por qué no decirlo, de escuchar su versión del Your time is gonna come de Led Zeppelin).
El grupo que cerraba el festival era Cooper, el proyecto de Alejandro Díez (ex líder de Los Flechazos). Una banda con un directo abrumador, donde no hay ni un minuto de respiro. Desde el comienzo con Cerca del sol, una de sus mejores composiciones, Cooper se muestran intratables en el uso de las buenas melodías apoyadas en las letras de Alejandro y las potentes guitarras. Todos sus temas más conocidos sonaron para regocijo, sobre todo, de los seguidores más acérrimos: Yo sé lo que te pasa, Oxidado, Technicolor… No faltó ni una. Para terminar, eso sí, nos obsequió con esa pequeña joya que es Cierra los ojos y con una versión de Los Flechazos. Fantástico concierto para terminar este FM-POP con unos Cooper que proximamente editarán nuevo disco (o mejor dicho, recopilatorio) con temas de sus últimos EPs y singles, ya que tras Fonorama (2000), Alejandro tomó la decisión de no volver a grabar un disco completo.
Se terminaba así una noche más que interesante y que esperamos se repita el año que viene. Eso sí, como se mantenga esta oferta tan atractiva, en sucesivas ediciones el Patio de Armas puede quedarse pequeño. Sería una buena señal para todos.
Texto: Francisco José Fernández Luque.
Interpol – Antics
Vicente Bueso | 30 Octubre 2004
Fueron tantas y tantas las pasiones despertadas tras Turn on the bright lights (Matador, 2002) que, para muchos seguidores de Interpol, la primera escucha de este Antics ha resultado decepcionante. Existe la típica manía de coger un gran debut y ponerlo en los altares de la música contemporánea, lo que suele reducir las posibilidades del segundo álbum de cara al fanático del grupo. Y es que aquí partimos de una premisa bastante desacertada, porque Turn on the bright lights (Matador, 2002) fue, y es, un buen disco, un muy buen debut de una banda que promete, pero tampoco es que sea la panacea ni mucho menos. Y este error de concepción puede confundir al oyente de Antics. Porque el nuevo trabajo de Interpol es un sencillo ejercicio formado por diez temas de corte muy similar, algo lejano en las formas a su ópera prima, donde imperaban canciones más largas y densas, y en muchos casos menos directas. Así que para poder analizar este disco hay que tirar los prejuicios directamente a la basura, y sobretodo no caer en el error de buscar similitudes, ya que estamos ante una formación musical que, mientras no se demuestre lo contrario, progresa buscando su propia identidad.
Interpol es un grupo con unas influencias muy marcadas de otras bandas, de hecho la comparación siempre odiosa con Ian Curtis y sus Joy Division resulta más que evidente. También podríamos buscar parecidos razonables con formaciones como los Pixies (el segundo corte de Antics, Evil, suena mucho a Frank Black). Pero es que siguiendo una sencilla cadena en el tiempo podemos llegar a una conclusión nuevamente errónea en donde Interpol se parecería finalmente a todas las bandas habidas y por haber. No, hay que ser serios y poner las cosas en su sitio, buscar originalidad por parte del oyente nunca debe ser una máxima, sino más bien un complemento ante la escucha de nuevos discos.
Antics es un álbum sensacional: desde los primeros acordes sesenteros de Next exit hasta la tristeza entrometida de A time to be so small, uno termina embriagado de optimismo y energía. Con claros tintes obscuros y sentimentales pero con mucha fuerza, los diez temas van tocando nuestra fibra más sensible sin más pretensiones que hacernos disfrutar. Atrás queda el glamour de su anterior disco, y llega el momento de la sencillez. Es complicado escuchar hoy en día un álbum con tantos magníficos temas; tendríamos que remontarnos a otros tiempos para encontrar discos tan arroyadores, impecables, limpios, directos y redondos, que uno siempre quiere escuchar una y otra vez.
Next exit es un arranque atípico comparado con el resto del álbum, con un particular sonido a salones de baile de instituto norteamericanos de los años cincuenta o sesenta, como una de esas baladas para bailar en pareja de la época. Evil, tremenda, es una de las mejores composiciones que encontraremos, con una fuerza descomunal en donde Paul Banks, cantante y guitarrista, se emplea a fondo y deja constancia de que este disco va en serio, dejando para la memoria momentos excepcionales como ese gemido que sirve como preámbulo al último estribillo. NARC suena algo a su anterior álbum, y sin ser una maravilla mantiene el nivel del resto sin complicaciones. Sensacionales son Take you on a cruise y Not even jail, dos cortes que tienen la particularidad de transportarnos a la esencia sonora de los años ochenta, algo que agradecemos mucho aquellos que vivimos esa época con ímpetu musical. Not even jail, además, es el mejor tema de todo el disco, una pequeña obra maestra de ésas que no son pretendidas, un tema con estribillo largo y cuatro partes bien diferenciables en donde Carlos, el bajista, nos demuestra que es uno de los elementos más importantes en el sonido Interpol. Slow hands, todo un acierto como primer single, es otro momento clave en el desarrollo del álbum. Y a destacar también las geniales Public pervert y Lenght of love (otra perla del disco con una línea de bajo sublime), quizá los dos temas más complicados e ingeniosos de Antics.
Uno se siente bien al comprobar que todavía quedan grupos que hacen álbums redondos y sin grandes pretensiones. Independientemente de lo que Interpol haya hecho en el pasado y realice en el futuro, realmente poco debería importar: estamos ante toda una joya de este 2004.
Comets On Fire – Blue cathedral
Francisco José Fernández | 27 Octubre 2004
Comets On Fire es un grupo de Santa Cruz surgido en 1999 y que cuenta con tres discos de estudio. Blue cathedral es el último de ellos y el más ambicioso, un álbum donde consiguen aunar todas sus influencias (psicodelia y rock sobre todo) con un resultado más que notable y que le hace ser, sin duda, su mejor trabajo hasta el momento. La banda californiana ofrece un sonido contundente, cósmico y, en algunos casos, sorprendente. Esto se debe a la creciente madurez del grupo, que ya dejó muy buen sabor de boca con sus anteriores Comets on fire (2001) y Field recordings from the sun (2002). Además, para la grabación de este álbum se han unido a la formación el guitarrista Ben Chasny (de los Six Organs Of Admittance) y Tim Daly, que toca el saxofón en algunos de los temas. Todo ello ha facilitado la labor de Ethan Miller, guitarrista, voz y líder, de llevar el sonido característico del grupo a un escalón más alto.
Excepto la decadente y asombrosa pieza que es Organs, los demás temas cuentan con una duración bastante generosa pero en la que no sobra nada. Los desarrollos largos son acompañados de la voz de un Miller muy influenciado por gente como MC5 o Led Zeppelin. Canciones, en muchos casos, construidas alrededor de un pegajoso riff al que poco a poco se le van añadiendo acrobacias experimentales y buenas dosis de psicodelia. Solo hay que prestar atención a la locura de Tim Daly con su instrumento en el último tramo de Whiskey river o el cruce de guitarras, también hacia el final, de The antler of the midnight sun. Mención aparte merece Pussy footin’ the duke, uno de los mejores temas del álbum. También hay tiempo para la calma. Wild whiskey, una de las instrumentales, nos muestra su habilidad para reciclar pasajes que parecen sacados de piezas como Echoes o Atom mother heart de Pink Floyd. Por otro lado, Brotherhood of the harvest nos ofrece el lado más acústico y folk de Comets On Fire, en otra pieza completamente instrumental y que sirve para meternos de lleno en un estruendoso final con Death squad y la épica Blue tomb.
Nos encontramos, sin duda, ante uno de los discos más espectaculares del año. Esperemos que den el salto definitivo para llegar a más público, algo que no se nos antoja muy complicado tras escuchar repetidamente este Blue cathedral.
Driver 8 – Memoria del ayer
Colaboradores | 27 Octubre 2004
Tras un par de maquetas y dos discos editados por su propia compañía, Little Big Records, Driver 8 publican su tercer trabajo bajo la tutela de Hook Ediciones Musicales. La principal novedad que ha aportado este cambio en el rumbo de grupo es la evolución de sus canciones, ahora compuestas en español. Así, Borry (batería, percusión), Daniel Selma (voz, guitarras eléctricas de 6 y 12 cuerdas, lap steel), Ignacio Vela (guitarras acústicas de 6 y 12 cuerdas, coros), Juanlu Gonzalez (bajo), Nacho Gómez (piano, teclados y armónica), Victor Navarro (guitarras eléctricas y acústicas, mandolina, coros) y Juanlu Monge (coros, percusión) parecen dispuestos a saltar al gran público con este Memoria del ayer.
Si en sus anteriores trabajos se acercaban al country rock americano de grupos como The Jayhawks o Mark Olson, ahora sus composiciones están más cercanas al pop de influencias country que se ha dado en nuestro país gracias a grupos como Duncan Dhu o Los Secretos. Temas como En el mar suave, Un ángel del cielo, o el que da nombre al disco, Memoria del ayer -primero, segundo y tercero del disco respectivamente- son un claro ejemplo. Las letras de Driver 8 evocan, como indica el título del disco, un pasado marcado por amores de juventud o el recuerdo de tiempos mejores que desde el presente se ven con añoranza.
Si hay una influencia que destaca por encima de todas en el grupo, es la de The Eagles. Canciones como Creí volverte a ver, Si alguna vez piensas en mí o El día que no te tengo, por citar unos cuantos, beben directamente de la música del mítico grupo californiano. Y si en algo se parecen a los norteamericanos es en la precisión de sus arreglos, en la instrumentación y en la calidad de las melodías de las diferentes voces, aunque a veces resulten demasiado convencionales. La guitarra eléctrica es un instrumento que destaca en cuidados riffs, fraseos y algunos solos. Como muestra de estas características tenemos Mientras el huracán calle su voz.
Es curioso cómo últimamente se ha revitalizado un género como el country rock o el country pop de la mano del americana y cómo ha tenido respuesta en nuestro país en grupos como Driver 8 o Nominees. Gracias a ellos, todavía hay esperanzas para las canciones de melodías y las guitarras acústicas.
Entrevista a Xiu Xiu (octubre 2004)
Sergi Serrano | 26 Octubre 2004
Hablamos con los norteamericanos Xiu Xiu antes de que su primera gira hispano-portuguesa comenzara en nuestro país. Tras su actuación en el pasado Primavera Sound, el grupo se ha convertido en una de las revelaciones del panorama independiente con su mezcla de electrónica, pop británico o postpunk. Jamie Stewart tomó el nombre del grupo de la película Xiu Xiu (The sent down girl, USA, 1998) dirigida por Joan Chen, un estremecedor drama situado en plena Revolución Cultural China. Su tercer disco, Fabulous muscles, ha sido licenciado para España, Francia y Portugal por Acuarela.
- Lo primero es daros las gracias por esta entrevista. Estamos muy emocionados porque va a inaugurar una nueva sección en nuestra web así que… ¿preparados?
Gracias, sí.
- En la última edición del Primavera Sound, en Barcelona, pudimos disfrutar de una actuación mágica, con el Mercat de las Flors lleno de una audiencia entusiasmada. ¿Esperabais una reacción así del público? ¿Cómo os sentisteis?
Estábamos muy excitados y nerviosos. Nunca habíamos tocado delante de tanta gente. El público fue maravilloso. Es uno de nuestros conciertos favoritos.
Entrevista a Bombones (octubre 2004)
Colaboradores | 26 Octubre 2004
Entrevistamos a Bombones tras actuar en el Moby Dick de Madrid como teloneros de los británicos Farrah en su gira por nuesrto país. Los sevillanos ganaron la primera edición del Concurso de Maquetas 5euros.com, organizado por RockIndiana, gracias lo cual acaban de publicar su primer disco: Bombones (RockIndiana, 2004). Todas las críticas coinciden en elogiar este su primer trabajo, que poco a poco se está haciendo un hueco en el mercado independiente español. El próximo 19 de noviembre presentarán de forma “oficial” su disco a bordo del barco “Isla Canela” mientras este navega por el rio Guadalquivir a su paso por Sevilla. Toda una experiencia que indica la originalidad que acompaña al grupo.

- Lo primero que hay que preguntar en estas circunstancias, es por vuestro nombre. ¿Es Bombones o Bomb-ones?
Juano: Son dos nombres en uno y son dos grupos en uno. Siempre hemos sido muy pitagóricos. Llamadnos como os plazca. Hay para el gusto anglosajón y para el gusto por lo patriótico.
Eduardo: Bombones quizás sea lo mas usual, de andar por casa…
Goyo: Vemos que has estado atento a la dicotomía. En principio era Bomb-ones, pero la gente al leerlo, pronunciaba Bombones, así que por la boca muere el pez…
Francis: Nos mola el rollo Nestlé… Pero en invierno nos cambiamos el nombre a “Turrones”.
Driver 8 (Madrid, 20-10-04)
Colaboradores | 25 Octubre 2004
Los gaditanos Driver 8 presentaban su segundo disco, Memoria del ayer (Hook Ediciones Musicales, 2004) en la madrileña Sala El Sol. Con más de media hora de retraso, comenzó un concierto en el que tocaron uno tras otro todos los temas de este trabajo. Con la sala prácticamente vacía empezaron Amanece un nuevo día que, aunque fue estropeada por los acoples de los micros, apuntó ya lo que nos encontraríamos: riffs y fraseos de guitarra con aires country, suaves melodías de las armonías vocales y un ritmo constante marcado por el bajo y la batería.

Tras anunciar que era la primera vez que cantaban en castellano (ya que las canciones de sus anteriores discos estaban compuestas todas en inglés), atacaron Si alguna vez piensas en mí, que evidenciaba una de las principales influencias del grupo: The Eagles en su vertiente más easy listening. Más tarde quedó patente su admiración por el grupo americano cuanto interpretaron su clásico Tequila sunrise, que presentaron como “una canción de una de las bandas más influyentes de la historia de la música country rock”.

La melancolía producida por el recuerdo de un pasado mejor era evocada en El día que no te tengo, en la que tanto unos Eagles que seguían apareciendo -esta vez en forma de melodía del estribillo y en el final de la canción-, como un sonido cercano a Calexico (pero lo suficientemente lejano como para estar en otro Estado), evidenciaban de nuevo las constantes referencias musicales de la banda. También añorando el pasado, Memoria del ayer –canción que da título al disco– sirvió de paso para Has de olvidar, en la que las influencias americanas se diluyen para acercarse más al pop más convencional de Duncan Dhu o Los Secretos. Siguiendo esta línea, Mientras el huracán calle su voz se acerca bastante a las composiciones de Carlos Goñi (Revolver).

Con El ritmo de mis pasos parecía cada vez más patente que tener tocando dos guitarras sin apenas variaciones entre una y otra es quizá demasiado repetitivo, aunque los solos y fraseos de Daniel, guitarrista y voz principal, enriquecían bastante el resultado final. Tras la mencionada cover, interpretaron uno de los temas de su anterior disco Stay around (Little Big Records, 2001): My love has gone. También de este disco, interpretarían más tarde Before the day goes by, ambas en inglés como ya se comentó antes. El concierto llegaba a su final, anunciado tras Un ángel del cielo uno de los temas más animados y positivos del grupo, que enlazaron con En el mar suave, destacable por su largo y prolongado solo de guitarra, aunque en ciertos momentos resultó bastante monótono.

Tras los aplausos del público, Daniel se sentó y se puso en las rodillas la guitarra slide para interpretar Creí volverte a ver, y tras un amago de despedida, terminaron el concierto con la ya citada Before the day goes by que, de hecho, cerraba su anterior disco. Driver 8 tienen un directo muy completo en el que destacan las armonías vocales y la calidez de los instrumentos de cuerda. Su sonido ha evolucionado desde el country rock de grupos como Jayhawks a la vertiente española más cercana al pop de grupos como Duncan Dhu lo que, directa o indirectamente, ha repercutido negativamente en una mayor linealidad en sus composiciones. De hecho, el concierto resultó por momentos tedioso. Esperemos que por lo menos les sirva para aproximarse al gran público.
Textos y fotos: Andrés Cabanes
The Vines – Winning days
Colaboradores | 25 Octubre 2004
The Vines tuvieron un buen debut en el 2002 con su álbum Highly evolved. Eso se tradujo en 18 meses de gira, más de un millón y medio de copias vendidas, y un gran éxito entre la adolescencia merced a sus hits más inmediatos, como Get free o Outtathaway. También fueron capaces de demostrar que sus influencias iban más allá, con cortes como Factory o Homesick, alejándose un poco de todo el fenómeno hype.
Ahora se enfrentaban a la difícil tarea de probar que no se habían dejado absorber por el mundo MTV, y parece que ha sido algo demasiado grande para poder lograrlo. Sin sucumbir a la peligrosa tentación de hacer un disco cliché, plagado de singles sin demasiada substancia y de fácil digestión para un público masivo, algo no acaba de encajar del todo. Tal vez sea la promoción de los temas cuyos elementos de mayor peso fluyen en dirección al guitarreo sin más pretensiones, como Ride o la prescindible Fuck the world. O puede ser el hecho de que parte de la heterogeneidad del anterior trabajo de la banda queda un tanto olvidada en este Winning days.
En este sentido, la mezcla de canciones reposadas, psicodelia, garage o incluso ska del primero, pierde consistencia. De todos modos, se agradece la presencia de Autumn shade II, a pesar de que sea ligeramente inferior al Autumn shade de su primer lp, tanto en continente como en contenido. O la canción que da título al disco, en una honda más pop con unos interesantes juegos de voces. Aunque posiblemente el tema de mayor interés sea Amnesia, que pasa de un inicio con una buena combinación de batería y riff de guitarra en solitario a un notable desarrollo instrumental de tempo medio.
En un mundo en el que inventar cosas nuevas es harto complicado, podríamos decir que la mayor dificultad a la hora de hacer música se centra en hacer algo que tenga un sello propio, que tenga personalidad. La impresión que queda después de varias escuchas del trabajo de los australianos es precisamente ésa: no es un mal disco, pero no ofrece nada que otros muchos no hagan igual.
Atom Rhumba + Ginferno (Madrid, 16-10-2004)
Colaboradores | 20 Octubre 2004
Ginferno es un trío un tanto inclasificable. Su propuesta es, a priori, realmente original: un rock instrumental plagado de onomatopeyas, a medio camino entre el rockabilly, el surf rock o incluso el punk, con algunas incursiones en melodías populares. Sin duda sorprende ver al batería sentado en el suelo y cómo, sin necesidad de usar los pies, es capaz de tocar bombo y caja tan sólo empleando su mano derecha a una velocidad de vértigo. Pero, al igual que las bromas, lo que empieza siendo gracioso deja de serlo cuando se alarga sin aportar nada nuevo.

Puesta en escena de Ginferno
Y es que una banda debe divertirse en el escenario, pero en el momento en que ésta se olvida de que toca para un público que ha pagado por entrar -tal vez no para verles a ellos, pero que están ahí en cualquier caso- y comete numerosos errores de ejecución y sincronización, algo falla. Podremos sonreír cuando hagan payasadas con sus gritos y se jaleen entre ellos recriminándose lo mal que han tocado el anterior tema, o incluso nos carcajearemos cuando el batería, en un bonito alarde de patetismo, se quite la camiseta y se jacte ante las presentes de las exquisitas carnes que se pierden. Pero al final de lo que se trata es de hacer música, y, tal vez por la tardía hora del concierto o por un exceso de ambiente festivo, eso se ignoró en muchas ocasiones.

Ginferno en un descanso entre canción y canción
Por su parte, se podría decir que Atom Rhumba acudían a la sala leganense en su mejor momento. Todo tras la publicación del merecidamente celebrado Backbone ritmo y una muy notable intervención en el Fuji Rock. En este festival japonés, que tuvo lugar a finales de julio, fueron galardonados por la crítica nipona como “The best new comer”, algo así como banda revelación, lo que no deja de ser curioso para un grupo con casi diez años de trayectoria y cuatro largos a sus espaldas.

La mitad de Atom Rhumba
Ciñéndonos al aspecto musical, no cabe duda de que Atom Rhumba son unos músicos de primer nivel, destacando sobre todo la guitarra de Álvaro y la batería de Natxo, bien acompañado en la sección rítmica por el bajo de Jabi. Aunque no acaba de quedar claro cuál es el papel dentro del grupo de Íñigo –teclista y maraquista- más allá del de brillante animador, cuando el único solo de cierta entidad al teclado se lo marcó Rober –cantante, guitarrista y único fundador de la banda que se mantiene en la formación-. Por otro lado, se echaron de menos los interesantes aportes al sonido del grupo del saxofonista Jose María González, ausente esta noche.

Álvaro durante un momento de la actuación
El concierto comenzó con energía desbocada gracias a New kind of virus, para luego dejarse llevar por los ”shake it up” desplegados durante Give me chaos por Rober, así como sus estrambóticos ruidos vocales en Motormouth, ambas canciones de su anterior trabajo Chasin’ the onagro. Aquí ya quedó claro que el exceso de euforia por parte de los fans más alcoholizados podría suponer un problema para el buen discurrir del concierto, ya que éstos no se cortaron ni un pelo a la hora de ponerse a bailar entre los Rhumberos o incluso berrear al micrófono en instantes determinados. Contando, eso sí, con la connivencia del grupo, que colaboró activamente en estos desfases trasnochados –Íñigo fue paseado en varias ocasiones sobre las cabezas de los presentes-, haciendo que muchas veces la atención del público estuviese centrada en todas partes menos en donde se debía.

Íñigo llevado en volandas por el público
Todo esto no fue óbice para que se sucedieran momentos de mucha calidad, como el encadenamiento vertiginoso de Take your time, sin falsetes, y la alocada Eskimo bones; o Gone, la mejor recibida por el público, que bailó sin cesar al son de su infecciosa línea de bajo, y a la que siguió una gran Just stop. Aún así, se echaron en falta muchos de esos toques de funky y de blues que destilan en estudio, y que al menos en este directo fueron sustituidos por mucha potencia pero menos diversidad en el repertorio escogido, perdiendo bastantes puntos la heterogeneidad de su sonido.

Rober, alma de Atom Rhumba
Tras despedirse por primera vez con How long?, finalizaron en un bis que no se alejó de esa onda rockera con Techno boy y el tema estrella de su álbum Dirt shots, que no es otro que Funky town. A los que sí que no se puede poner pegas en su labor, es a los encargados de la sala Swell. Este rincón es todo un oasis de buena música y mejor ambiente en una arriesgada apuesta semanal por las actuaciones en directo. Algo sorprendente al encontrarse en medio de ese desierto de pachangueo, bakalao y estulticia en que se convierte la plaza de toros La Cubierta de Leganés cada fin de semana. Desde aquí nuestra más sincera felicitación para ellos.
Textos: Miguel González
Fotos: Andrés Cabanes
Bart Davenport (Madrid, 15-10-2004)
Francisco José Fernández | 19 Octubre 2004
Bart Davenport llegaba a nuestro país para presentar Game Preserve, su segundo disco en solitario tras su paso por Kinetics y Loved Ones. La Sala Barbarella de Madrid fue el escenario de un concierto que resultó, por muchos motivos, inolvidable. El principal, sin duda, la capacidad de Davenport para llegar al público simplemente con su voz y guitarra. Esto, unido a las penetrantes miradas que dirigía a los afortunados asistentes, hacía que sus composiciones, al igual que en el álbum, se convirtieran en pequeñas joyitas que iban cayendo una tras otra. La gran diferencia, como hemos comentado, es que aquí no encontramos ni rastro de esos arreglos magistrales de los que presume el álbum.

El californiano combinó un efectivo repertorio, apoyado en las canciones de su último trabajo pero sin olvidar las de su disco anterior y ofreciendo, además, un par de inéditas. El californiano interpretó dos de los mejores temas de Bart Davenport (Mushroom Pillow, 2002), Chimes y Miami afternoon. Con la primera ya pudimos comprobar que era invitable pensar en los numerosos detalles de la grabada pero, al mismo tiempo, nos frotábamos las manos pensando en lo que nos quedaba por disfrutar. Bendita contradicción. La segunda sonó en una versión algo más reducida pero sin perder ese particular encanto que le hace ser una de las preferidas del público.

Sin embargo, lo mejor del concierto llegó con los temas de Game preserve. Tal vez sea porque se prestan más a este tipo de conciertos acústicos, una de las principales características del nuevo trabajo y que sirve para dejar un poco de lado esa parte progresiva, psicodélica y experimental que contenía su debut. The saviors o la fantástica versión de los Free Designs, My brother Woody (entre medias sonó ese antojo que es Porcelain fog), demostraron, junto a las dos nuevas composiciones (de las que no dijo el título y que siguen muy en la línea de su último disco) que Davenport se encuentra en un estado de creatividad sublime y con capacidad para regalarnos grandes momentos. Como la interpretación de Sweetest game, cuya introducción con la guitarra española (el tema lo compuso, precisamente, en Madrid) fue prolongado para regocijo de los presentes.

Tras algo más de una hora y muchos agradecimientos (no se defiende mal con nuestro idioma), Bart desaparecía entre aplausos y vítores. Sólo nos queda desear que la próxima vez que se pase por nuestro país lo haga con una banda acorde con la calidad de su trabajo. Así podrá estar algo más cerca de sus santísima trinidad: Gil Scott Heron, Arthur Lee y Paul McCartney.
Textos: Francisco José Fernández Luque
Fotos: Andrés Cabanes

