CocoRosie – La maison de mon rêve

Ana F. | 31 Julio 2004  

CocoRosie nació en una pequeña casa de las entrañas de París: dos hermanas reunidas decidieron crear una obra llena de emoción, simplicidad y belleza. CocoRosie grabaron su disco en su hogar; en casa lo mezclaron y en casa lo produjeron. Nada de grandes producciones: voces cercanas, guitarras trasteadas y mucho ambiente de fondo acompañado de utensilios varios son la clave de La maison de mon rêve.

Melodías vocales acompañadas de sonidos de cacerolas, pulseras, trenes y muñecos de juguete crean en el oyente una extraña sensación familiar, algo cercano que podríamos definir como tiernos sonidos de la infancia. Pero no nos engañemos, sus letras no son inocentes. Temas como Jesús loves me o Good Friday dejan al descubierto un matiz de protesta social contra el machismo o el racismo.

La belleza de este grupo reside en la sencillez de las formas. Cabe destacar temas como Hatian love songs, en la que podemos escuchar algo similar a un sorprendente wah wah hecho con loops de juguetes, o Candyland, tan simple como un arpa y una voz soprano acompañadas de sonidos de muñecos que seguramente todos hemos tenido en nuestras casas hace algunos años. ¿Quién de niño no ha tenido su pequeña mansión onírica? Quizá alguien que haya sufrido repulsa por su raza, religión o sexo. CocoRosie hacen de este sueño una realidad… con todo lo que ello conlleva.

Wilco – A ghost is born

J. Ismael Rodríguez | 31 Julio 2004  

¿Qué es Wilco? Una pregunta que, cada día, tiene más vigencia. Tras todo tipo de vicisitudes y de reinvenciones, uno ya no sabe qué esperarse del grupo de ese genio que responde al nombre de Jeff Tweedy. Pop, alt-country, rock, toques de electrónica… todo ha tenido cabida en la carrera de este grupo que no parece tener fin en su evolución.

Muchos pensaron que habían tocado techo con el genial Yankee hotel foxtrot (Nonesuch Records, 2002), un disco que deconstruía desde dentro el alt-country y que convertía a unos de sus principales impulsores en los encargados de escribir una suerte de epitafio para el mismo. Pero por suerte Tweedy no pensaba que allí estuviese el punto culminante de la banda, una banda cada vez más personal en la que volcar todo lo que lleva dentro, siendo su creatividad el motor principal de la misma. La partida de su guitarra Jay Bennet y la llegada a la batería de Glenn Kotche no eran más que la preparación de los nuevos Wilco, que recibieron su gran impulso con la aparición en escena de un nuevo productor, Jim O’Rourke.

Con O’Rourke aportando sus líneas creativas, bien puestas de relieve en obras como el Eureka de 1999, el camino estaba abierto. Tras una suerte de ensayo general con la publicación de Loose fur, único disco hasta ahora de la banda homónima, estaban preparados para llevar las largas progresiones en el pop más instrumental de O’Rourke al pop luminoso o el alt-country más apasionado de Tweedy. El resultado sólo podía ser lo que nos vamos a encontrar en este A ghost is born, la genialidad.

Porque la reunión de talentos que se produjo para la confección de este disco sólo podía llevar a un trabajo singular e intemporal. Lo mejor que se puede decir de cualquier disco es que suene único, y eso lo han conseguido aquí de un modo ejemplar. Posiblemente ningún otro grupo ahora mismo sea capaz de componer obras cómo Spiders (Kidsmoke) o Muzzle of bees, o menos aún de conseguir una unidad temática y creativa semejante con temas como ésos en un disco.

Porque este A ghost is born es un disco para escucharlo de una sentada, para sumergirse en él. Desde los primeros y apenas intuidos acordes de At least that’s what you said Tweedy nos introduce en su mundo, un universo de pena y de dudas, sin certezas en ningún caso. Todo ello presentado con uno de los mejores temas del año, que se transfigura en un instrumental prodigioso a partir del segundo minuto y que consigue transmitir todo lo que el disco trata de ser. Esa pena contenida, ese sentimiento puro, esa duda continua, todo está presente en poco más de 5 minutos y medio que se erigen en, posiblemente, una de las cumbres musicales que nos dará este 2004.

Tras semejante inicio de disco parece complicado que se pueda mantener el ritmo, pero por suerte estamos hablando de Wilco. Sin bajar nunca el nivel creativo, la encadenación de temas resulta magistral. Tras ese guitarreo final del primer tema, nada mejor que la tranquilidad de Hell is chrome para traernos de vuelta al mundo real, por ejemplo. Y de semejante modo el disco transita por nuestros oídos sin necesidad de estridencias, configurando un mundo propio del que, una vez has entrado, es difícil encontrar la salida.

Las progresiones imparables de Spiders (Kidsmoke), en la línea de un Laminated cats de Loose Fur pero más electrificado. Las guitarras y la voz cálida de Muzzle of bees. La vuelta al pop luminoso de Hummingbird o Company in my back (pero sin perder un toque melancólico que no hubiese estado presente en un Summerteeth). La maestría pop de Handshake drugs (tema recuperado de su EP More like the moon), Wishful thinking o Theologians, ésta última con un sentimiento que pocas veces se puede escuchar en la música popular. El rock de I’m a wheel… o esa tristeza absoluta que termina convertida en una suerte de cacofonía, después de todo acaba de nacer un fantasma, de esa maravilla que es Less than you think. Pero ahí no acaba la fiesta, tras esos sonidos acoplados que parecen darñe término de un modo extraño pero efectivo el disco nos encontraremos con la última joya de este. En The late greats recuperamos a los Wilco más luminosos y directos para la canción más inmediata del disco, un canto a todo aquello que la música ha perdido que logra un impacto casi único en nosotros gracias al final de la canción precedente y se erige en un verdadero himno pop.

Pero, ¿se esconde algo más tras todos esos temas? Sin duda, así es. Posiblemente la clave se encuentre en el propio título del disco, una suerte de transfiguración de lo que es la esencia del trabajo de Wilco. Con este disco han creado algo más allá de épocas, modas o estilos, han creado un conjunto de temas que los sitúa en la élite de la música actual y los erige en unos creativos únicos, que se sitúan más allá del presente, el pasado o el futuro. A ghost is born no pertenece a ningún momento de la historia musical, pertenece simplemente a la música.

Badly Drawn Boy – One plus one is one

Colaboradores | 16 Julio 2004  

El laureado debut de Damon Cough dio fe de la esplendorosa y más que prometedora carrera que le esperaba a este desaliñado autor que más tarde sorprendió con la fascinante banda sonora de About a Boy. Su tercer álbum, Have you fed the fish, menos compacto pero plagado de grandes canciones, afianzó en la escena musical anglosajona a un Badly Drawn Boy que tras dejar Los Angeles y volver a su Manchester natal a grabar con Andy Votel, hoy presenta el que probablemente sea su álbum más personal.

“Volver a ser quien fui, Abriendo tu puerta, Dame algo de paz, ayúdame, todos esperan fuera”. Con estas esclarecedoras y suplicantes palabras da inicio un trabajo a ratos conmovedor, a ratos divertido y mayormente radiante, que con creatividad y minimalismo nos devuelve a los sonidos de The hour of bewilderbest. Dentro del catálogo de luminosas muestras de categoría musical destacan especialmente el que va a ser primer single, Year of the rat, y la sensacional Another Devil dies que junto a canciones como The shining o You are right forma ya parte de esas pequeñas joyas que este gran autor nos ha brindado a lo largo de su corta pero productiva carrera musical. Otro de los momentos más deslumbrantes llega con la percusión inicial de Four leaf clover y ese final con la ingeniosa y a ratos emocionante Holy Grail, cuyos coros infantiles cierran con grandilocuencia una escucha más que placentera.

Se hace difícil establecer una comparación que determine cualitativamente el paso dado por Damon Cough respecto a su anterior álbum, pero lo que queda claro es la enorme proyección de este artista con soberbias aptitudes que parece complacido con sus status de minoritario.

AVant Festival 04 (Fuengirola, 01-07-04) Parte IV

Domingo 4 de Julio

El último día de festival fue memorable, sobre todo por la actuación de Pluramon junto a Julee Cruise y la traca final de Shellac. Vayamos por partes.

Addictive Larsen es una banda malagueña liderada por Thalia. De nuevo le tocó al primer grupo del día actuar ante poca gente, lo que no repercutió para nada en el concierto. Con un punk-rock de lo más acertado, Addictive Larsen demostraron que hay buenos e interesantes grupos nacionales aunque, desafortunadamente, desconocidos para la mayoría del público. En las pantallas situadas tras el grupo se iban proyectando imágenes realizadas por ellos mismos para la ocasión, una original idea que los malagueños ponen en práctica en cada concierto. A destacar la versión que se marcaron del Transmission de Joy Division.


Addictive Larsen

Uno de los platos fuertes, como hemos comentado un poco más arriba, fue el directo de Pluramon junto a Julee Cruise, la voz de Twin Peaks. Pluramon puso la banda sonora y Julee la interpretación. Entre toda la maraña de guitarras, teclados, batería y efectos varios, la voz de Julee llegaba a nosotros en susurros para, poco a poco, alzarse en crescendo hasta límites mágicos. Todo ello mientras miraba fijamente algún punto del público y lo señalaba, alzaba la mirada perdida hacia las almenas o se retorcía en el suelo mientras cantaba. Incluso abrió un libro de cuentos infantiles y empezó a leerlo (se trataba de Horton hears a who! de Dr. Seuss). El momento cumbre llegó cuando comenzaron las primeras notas de Falling, el archiconocido tema de Twin Peaks. De lo mejor del festival sin duda.


Julee Cruise junto a Pluramon

Trans AM ofreció un explosivo directo. Vestidos con monos de color naranja, el trio repasó temas de discos como Futureworld (1999) o Liberation (2004). La primera parte se compuso de un puñado de temas guitarreros y efectivos para posteriormente dar paso a canciones con predominio del teclado, creando unas atmósferas con un tono más relajado pero igualmente excitantes. Tras la sesión de post-rock se retomaron los ritmos trepidantes de la primera mitad, llegando incluso a incendiar los platos de la batería para deleite del personal. Fue, además, de los pocos grupos que volvió al escenario para tocar un par de bises. Geniales.


Trans AM

Era ya tarde cuando una de las bandas más esperadas saltó al escenario del AV. Shellac ofreció, posiblemente, el mejor concierto del AV. Steve Albini, Bob Weston y Todd Trainer se colocaron a escaso medio metro del foso y no se moverían de allí durante toda su actuación. Casi hora y media de guitarrazos y sudor, podriamos decir. Con una energía fuera de lo común, Albini arrancaba riffs incendarios mientras la batería y el bajo, bestiales, acompañaban de manera soberbia la ejecución de temas como Crow o My black ass. Tuvieron, además, un entendimiento total con un público que saltaba y vibraba con sus canciones. La anécdota la protagonizó el bajista Bob Weston, que invitó a algunas personas a que le preguntaran cualquier cosa mientras Steve cambiaba una de las cuerdas de su guitarra. En definitiva, un concierto lleno de energía y que, prácticamente, servía para cerrar el festival.


Shellac

Playdoh aparecieron, tras una larga espera, cerca de las seis de la mañana. Los franceses, que ya estuvieron en la fiesta de presentación del AV Festival en Málaga, ofrecieron su elegante electrónica a los pocos que quedaban en el castillo, con gran presencia en el repertorio de su último disco Fragments.


Playdoh

Desde aquí sólo podemos concluir comentando que, pese a los fallos de organización (importantes en algunos casos), el AV Festival 2004 ha gozado de una serie de conciertos mágicos, lo que no es de extrañar repasando el fantástico cartel que presentaba. Esperemos que el año que viene podamos disfrutar otra vez de algo semejante en el Castillo Sohail.

Textos y fotos: Francisco José Fernández Luque.

PAL (Madrid, 09-07-2004)

Colaboradores | 12 Julio 2004  

La discográfica Limbo Starr no cesa de crecer a ritmo continuado, y a su variada nómina de artistas añadió recientemente a PAL, banda integrada por Carlos (guitarra y voz), Alberto (bajo), Pablo (guitarra y teclados) y Quique (batería), que presentaban su primer disco Factores que afectan al equilibrio. Como telonero actuó Remate, también promocionando su fichaje por el sello madrileño, con el que firmará Ballads don’t change things, que estará en la calle en otoño. Remate buceó en su repertorio, primero con la armónica y la slide guitar, y finalmente con el piano, pero lamentablemente el ambiente no era lo suficientemente recogido como para disfrutar de su colección de melodías con influencias de rock clásico y jazz. Por un lado la iluminación era absolutamente excesiva, y por otro los espectadores no pararon de charlar durante toda su actuación.

Sin embargo PAL comenzaron silenciando al numeroso público reunido en la sala del barrio de Malasaña con la hipnótica Limbo, muy propia teniendo en cuenta cuál es su discográfica. Sin pausa previa irrumpió la fantástica batería de Carne radioactiva, que no dio un respiro a los momentos de rock salvaje que se apoyan en ella. A partir de aquí las letras se desdibujaron, y Despierta no convenció tanto como sus predecesoras, aunque su final acelerado daba pie a dejarse llevar. El grupo afinó sus instrumentos y demostraron que no se conforman con este primer álbum tocando Punk T.V., tema inédito que tal vez forme parte del próximo trabajo de la banda, que piensa entrar de nuevo en el estudio en invierno.

Sorprendieron a continuación con Púlsar, una nana en su forma -que no en su fondo- que alternó momentos en los que la intensidad musical alcanzó cotas notables. Todos nos mostramos absolutamente convencidos de la calidad de lo que estábamos presenciando a medida que se desarrolló la instrumental Moskito. Tras regalarse una breve pausa, el concierto se envolvió en ciertos aires de épica con Nuevos bucles, que fueron contrarrestados por Molécula, cuya curiosa letra viene acompañada de unos ritmos absolutamente pegadizos. El aire se llenó con sus infecciosas guitarras y perturbaciones sonoras, a las que añadieron la bocina de un megáfono que a ratos se usó para cantar.

Hubo más muestras de cómo quieren seguir explorando la fuerza característica de su sonido en Dios Oppenheimer, otro tema que no se encuentra en su disco debut. La canción que cierra el mismo, Un día después del eclipse, supuso el brillante colofón a una noche que nos descubrió un grupo que tiene que dar mucho que hablar en la escena alternativa nacional. La carga sexual de esta pieza, su fascinante desarrollo, envolvió a los presentes hasta explotar con terrible vigor en un final absolutamente desbocado, en el que hasta los platos de la batería de Kike acabaron por los suelos. En otoño PAL tienen planeado dar una gira más extensa, una excelente oportunidad de disfrutar de una de las sorpresas más agradables de este año.


Texto: Miguel González
Fotos: Andrés Cabanes

AVant Festival 04 (Fuengirola, 01-07-04) Parte III

Sábado 3 de Julio

Otro de los problemas que ha tenido el AV, además de las colas del jueves, han sido las bajas de tres de los nombres más apetecibles del cartel. Si el miércoles se cayeron Trail of Dead, el jueves no pudimos disfrutar de Squarepusher ni de M83. Según la organización, ambos tenían “asuntos de índole personal que no podían eludir”. Las protestas por parte de los asistentes no se hicieron esperar y con razón, ya que se anunciaron las bajas practicamente el mismo día y no hubo artistas para suplirlos (si no contamos al dúo de dj’s). Por otro lado, la actuación de Kid Loco, prevista para el jueves, pasó al sábado y sirvió para cerrar la tercera jornada del festival.

Abrieron fuego Felicidadblanch, grupo catalán al igual que Balago. Cuando todavía estaba entrando gente al recinto comenzaron a sonar las primeras notas del piano de Marc Lloret. Según nos contó él mismo después, se sintió muy bien sobre el escenario del AV, cosa que notamos desde los primeros compases del concierto. Grandes temas como The life of the bunnies o Cigarrete#41 (de su disco Boring & Pretentious de 2002), fueron interpretados magistralmente y en formato acústico. Todo un regalo para los que nos encontrábamos allí. A destacar la versión que hicieron del It’ll never happen again de Tim Hardin, uno de los artistas favoritos de Marc junto a Nick Drake.


Felicidadblanch

Violet Indiana es el proyecto de Robin Guthrie (ex-Cocteau Twins) junto a la vocalista Siobhan de Mare (que perteneció a Mono). El pasado mes de junio editaron su segundo disco, Russian doll, un trabajo cargado de medios tiempos con sabor a dream-pop. Y eso fue lo que ofrecieron sobre el escenario del AV con canciones como Never enough, Busted o la pegadiza Killer eyes, perteneciente a su primer álbum (Roulette, del 2001). La atractiva Siobhan trató de hablar en nuestro idioma durante todo el concierto, ya fuera para presentarnos las canciones o para bromear con el público, consiguiéndolo sólo a medias. Como anécdota comentar que Guthrie se trajo a toda la familia a Fuengirola y estuvieron disfrutando del concierto desde las almenas del castillo, lugar donde se encontraba la zona vip.


Violet Indiana

Lo que vendría después serían los sustitutos de M83 y Squarepusher. Sobre el escenario se presentaron Pías DJs para hacer bailar a la gente del castillo y la verdad es que lo consiguieron, a base de temas muy conocidos pero sin apenas tocar los platos. Lo más llamativo eran sus movimientos incontrolados y los trajes que llevaban, ambos muy coloridos. Su actuación se alargó más de lo normal, ya que Telefon Tel Aviv llegaron tarde a Málaga.


Telefon Tel Aviv

El dúo norteamericano se presentaba en el Av Festival con su nuevo disco bajo el brazo (Map of what is effortless, 2004). Pero en poco más de media hora se retiraron alegando que no tenían más tiempo para tocar a causa del retraso que habían sufrido. ¿Es cierto que no hay tiempo límite para los grupos que tocan? Sí, pero en este caso parece que la jornada se hubiera alargado mucho más de lo previsto. El caso es que, sorprendentemente, dejaron un poco de lado su magistral nuevo álbum y se centraron en el anterior, si exceptuamos What it is without the hand that wileds it. No estuvo mal, pero esperábamos mucho más de Charles Cooper y Joshua Eustis.


John Cale

Tocaba el turno de John Cale. El galés se presentaba con un último trabajo que ha cosechado muy buenas críticas de la mayoría de la prensa musical. Hobosapiens (2003) es un disco actual y muy diferente de su carrera en los años 70 tras su paso por la Velvet Underground, de ahí que no sabíamos qué repertorio nos íbamos a encontrar. Al final se decidió por sus temas más antiguos pero, eso sí, en formato acústico. Ayudado por dos personas más (uno a la guitarra y otro que alternaba el banjo, la steel guitar y la guitarra), John Cale nos brindó un concierto soberbio que muchas de las personas asistentes no disfrutaron debido al horario o, tristemente, por desconocimiento total del artista, lo que provocó que el ambiente no fuera el adecuado en algunos momentos. A destacar la interpretación de Andalucía con un Cale sentado al piano y una voz que nos puso los pelos de punta.


Kid Loco

Kid Loco hizo que la gente, muy relajada tras el concierto de Cale, se pusiera a bailar. A destacar dos nuevos remixes como son Kung fu fighting y Until the morning. El público que todavía resistía en el Castillo Sohail se lo pasó en grande con el dj creador de A grand love story (1997), su mejor disco hasta el momento.

Texto y fotos: Francisco José Fernández Luque.

AVant Festival 04 (Fuengirola, 01-07-04) Parte II

Viernes, 2 de Julio

Una pena que And You Will Know Us By The Trail Of Dead se cayeran a última hora del cartel a causa de problemas dentro del grupo, ya que muchas fueron las personas que asistieron al Castillo para disfrutar de su espectacular directo y que tuvieron que conformarse con la actuación de Balago en su lugar. Por otro lado, la asistencia de público se vio reducida a la mitad e iría descendiendo en los dos días posteriores, lo que hizo que las colas para canjear las entradas sólo se produjeran el jueves. Aún así, el viernes fue otra gran jornada de buena música en directo.

Port Of Call abrieron el segundo día de festival. Poca gente dentro del recinto durante su actuación, algo que no importó a Dan F. Wehleit y H. Simandan. Ésta última, con un traje completamente verde, cantaba y movía la cabeza mientras su compañero reproducía, a través de diversos aparatos, los ritmos pesados y poderosos con ramalazos electrónicos de canciones como People, Guapa 1 & 2 o Hot. Actitud y ruido para ir calentando al personal.


Port of Call

A continuación los catalanes Balago ofrecieron un concierto más que correcto, basándose en desarrollos largos, atmósferas densas y paisajes instrumentales donde las guitarras se alzaron como protagonistas. Post-rock en definitiva, guste o no la etiqueta. A destacar el fantástico sonido que consiguieron en los momentos más álgidos de algunos temas. No consiguieron hacer olvidar a Trail Of Dead, pero, desde luego, nos hicieron pasar un buen rato con algunos de los temas de erm (2002) y El segon pis (2004), sus dos discos publicados hasta el momento.


Balago

El tiempo entre cada actuación era un pequeño infierno. Poca era la gente que permanecía sin quejarse. Para pasar el rato muchos visitaban la barra, otros se sentaban a escuchar la música que sonaba (a un volumen muy alto y de un gusto más que cuestionable) y algunos se entretenían mirando las proyecciones que se sucedían en las paredes del Castillo: imágenes de La naranja mecánica, Dune, Twin Peaks, fotos de Picasso, momentos Warhol… Todas ellas nos acompañarían durante los cuatro días de festival.


Stephen Malkmus & The Jicks

Llegaba el momento de Sthephen Malkmus, ex-Pavement, acompañado de los Jicks: John Moen (batería), Mike Clark (guitarra) y Joanna (bajo). Dejando los temas más pop para la parte final, Malkmus y los suyos dieron un buen concierto, demostrando, por si era necesario, un excepcional manejo de la guitarra en temas como Dynamic calories o Animal midnight. No sabríamos decir si nos lo estábamos pasando tan bien como Joanna y Stephen, que no dejaron de bromear durante toda la actuación. Junto a Shellac, Malkmus & The Jicks fueron el grupo de guitarras más efectivo del AV, dejando un muy buen sabor de boca.


Stereolab

Con Stereolab todo el mundo saltó y bailó pese a que eran ya cerca de las cuatro de mañana. Mucha gente sobre el escenario (hasta siete personas) para interpretar temas pop bailables, llenos de estribillos y melodías irresistibles. Tras tocar algunas de las canciones más representativas de sus álbumes más conocidos como Diagonal o Cybels, Stereolab se centraron más en su nuevo disco, Margerine eclipse. Un trabajo que ha tenido unas ventas muy flojas y por lo que han sido despedidos de su compañía. Sin embargo, Vonal declosion, Margarine melodie o Need to be fueron muy bien recibidos por el público. Laetitia Sadier, impresionante durante todo el concierto, se atrevió incluso con la trompeta en un par de temas.


Kieran Hebden’s, más conocido por Four Tet

Una de las pequeñas decepciones del festival (junto a la actuación de Telefon Tel Aviv) fue el directo que ofreció Kieran Hebden’s, más conocido por Four Tet. Lo que pudimos ver sobre el escenario del AV fue, prácticamente, una sesión de dj’s. Ritmos pegadizos, sonido potente (algo estridente en algunos momentos), esquemas que se repetían una y otra vez durante minutos… Fue mayor la desilusión ya que nada (o muy poco) nos recordó al sonido de discos tan excepcionales como Dialogue (1999) o Rounds (2003).

Texto y fotos: Francisco José Fernández Luque.

AVant Festival 04 (Fuengirola, 01-07-04) Parte I

Los días 1, 2, 3 y 4 de Julio se celebró en el Castillo Sohail de Fuengirola (Málaga) la tercera edición del AV Festival. Este año la presencia de Morrissey era, sin lugar a dudas, el gran atractivo del evento. Una pena que las colas del jueves para canjear las entradas y la poca asistencia de público, sobre todo en los dos últimos días, hayan deslucido la edición de este año. Sin embargo, y a pesar de todo, hay que destacar los directos de todos los grupos que, ayudados por la mágica acústica del Castillo, han ofrecido conciertos muy notables.

Jueves, 1 de Julio

Debido a las colas que hubo el primer día, la actuación de Broken Social Scene sólo la disfrutaron unos pocos que consiguieron entrar al Castillo muy temprano. La mayoría, entre la que nos encontrábamos nosotros, esperábamos en alguna de las colas que se habían formado fuera del recinto, ya fuera para recoger la correspondiente acreditación o entrar al Castillo. Éste ha sido uno de los puntos más negativos de la edición de este año y la principal causa de la mayoría de las críticas que ha recibido la organización. A esto hay que unirle la mala gestión por parte de Servicaixa, encargada de la venta de entradas y abonos, y desde donde se anunciaba que todo estaba agotado desde hacía semanas. Pero centrémonos en los conciertos.

Trespassers William, cuarteto procedente del sur de California, ofrecieron temas de sus dos únicos discos publicados hasta el momento: Anchor (1999) y Different stars (2002). Liderados por la envolvente voz de Anna-Lynne Williams, ofrecieron un concierto lleno de emoción a través de canciones de corte melancólico. Con Anna sentada y apoyando sobre sus rodillas la guitarra acústica en posición horizontal, el grupo fue desgranando temas como Love you more, Different stars o la magnífica Lie in the sound, la mejor canción de su último álbum. Si tuviéramos que ponerle algún pero a la actuación de Trespassers William no sería otro que la escasa variedad de estilos que ofrecía el repertorio, basado exclusivamente en piezas de pop melódico con pinceladas folk. Por otro lado, el concierto nos sirvió para comprobar la maravillosa acústica de la que goza el lugar y prepararnos para el plato fuerte, no sólo del primer día, sino de todo el Festival.


Anna-Lynne Williams (Trespassers William)

Muy impaciente se mostraba la gente para ver a Morrissey, que tras casi dos décadas volvía a pisar nuestro país. El que fuera líder de los Smiths no defraudó en absoluto, todo lo contrario: ofreció uno de los mejores conciertos del AV. Comenzó con Don’t make fun of daddy’s voice para seguir con el primero de los temas que interpretó de los Smiths, Shakespeare’s Sister. A destacar la banda que le acompaña, que se mostró muy compacta y sonó muy bien durante todo el concierto, dejando el protagonismo en manos de Morrissey. Con muchos aplausos y alguna lágrima recibió la gente There is a light that never goes out hacia la mitad del show, a la que le siguió su más reciente single, First of the gang to die. Alguien del público pidió This charming man, a lo que el británico respondió con una sarcástica sonrisa (“This charming man… very funny”). Muchos fueron los temas que pudimos escuchar de su último álbum, como Let me kiss you o I have forgiven Jesus, todos ellos sonando exactamente igual que en el disco y sin ninguna variación apreciable, cosa que no ocurría con los temas más antiguos. Hacia el final del concierto pudimos disfrutar de otro tema de los Smiths (Rubber Ring) y de Everyday is like sunday, con una introducción del Subway train de los New York Dolls, grupo por el que siempre ha sentido gran admiración. Tras despedirse y volver al escenario, el británico interpretó Irish blood, English heart para cerrar lo que, en definitiva, fue un muy buen concierto


Morrissey

Morrissey se mostró muy cercano al público y demostró que todavía y, pese al tiempo transcurrido, está en plena forma. Muchas fueron las veces que se acercó a saludar al público y muchas, también, las veces que se cambió de camisa (hasta cuatro distintas). Todo ello con muestras, entre canción y canción, de su particular humor: llegó dando la bienvenida a la “Costa del Morrissey” y tras presentar a toda la banda dijo, al llegar su turno, que se llamaba Pedro. El show del festival, sin duda.


Morrissey con una nueva camisa

Le tocaba el turno a Tim Booth (ex-James), en lo que sería la última actuación de la primera jornada del AV. Al contar sólo con un escenario dentro del Castillo, algunos de los descansos entre grupos llegaron a ser algo tediosos. Muchas personas abandonaron el recinto tras el concierto de Morrissey, principalmente por la hora (las jornadas del AV terminaron, de media, a las cinco y media de la madrugada), y más tratándose de un jueves.


Tim Booth

El de Tim Booth fue otro de los conciertos más interesantes del festival. Con un aspecto muy cercano al de Michael Stipe (tanto en la ropa como en la cabeza rapada) y unos bailes más propios de Thom Yorke, el que fuera frontman de James se mostró muy seguro sobre el escenario, con un grupo de acompañamiento de lujo y que, al contrario del concierto de Morrissey, tuvieron sus pequeños momentos de gloria. Los protagonistas fueron los temas de su disco en solitario, Bone (2004), que en concierto adquieren más fuerza y frescura de la que tienen en estudio: Wave hello (para abrir el concierto), Down to the sea, Monkey god… Una pena que sólo llegara a interpretar la primera estrofa de Fall in love, ya que, tras su fallido intento de conseguir un silencio absoluto en el Castillo, Tim dejó de cantar y pasó a la siguiente canción. El concierto nos dejó también temas de su colaboración con Angelo Badalamenti (Dance of bad angel), de James (Five-O y Sometimes) y una versión del What goes on de la Velvet Underground para cerrar su fantástica actuación.

Textos y fotos: Francisco José Fernández Luque, excepto fotos Morrissey (Jose María Requena Santos).

Ebrovisión 2004 (Miranda de Ebro, 2 y 3 de julio de 2004)

Colaboradores | 8 Julio 2004  

LORI MEYERS

El cuarteto granadino tenía ante sí una papeleta difícil, ya que sustituían a Delorean, que quince días antes de la celebración del festival anunciaron su renuncia en pro de una gira mejicana. Así pues, el Ebrovisión dio comienzo a su cuarta edición con las canciones de Noni (voz y guitarra), Julián (bajo, teclados y voz), Alejandro (guitarra y voz) y Alfredo (batería). Esta joven banda se está convirtiendo en una de las revelaciones del año con su primer trabajo Viaje de estudios. Aunque durante todo el concierto tuvieron algunos problemas de afinación con los instrumentos (sobre todo con la sexta cuerda de la guitarra de Noni, que estaba maldita y se desafinaba todo el rato), es indudable que supieron sobreponerse.

Con un público aún despistado descubriendo el entorno de La Fábrica de Tornillos, abrieron fuego con el tema homónimo que abre su debut, dejando claro desde el primer momento que las posibilidades de su directo son muy grandes. Siguieron con Ham’a'cuckoo, y demostraron sus habilidades con las armonías vocales en Ya lo sabes. Tras una dedicatoria a sus amigos Bronco Bullfrog, que actuarían más tarde, la pegadiza y aparentemente inocente Parapapá despertó a los aún escépticos gracias a su bello desarrollo de guitarras y su brutal crescendo final volviendo al estribillo.

Ahora los presentes ya sabían a lo que se atenían, y los juegos de guitarras en ¿Dónde están mis maletas? fueron muy bien recibidos. El comienzo de Dos hombres con sombrero, en la que Noni empezaba cantando sólo acompañado por la acústica, marcó un cambio en el ritmo del concierto, aunque hacia el final de esta canción volvió a dar un giro en su intensidad. Tras Mujer esponja, máximo exponente de las inteligentes letras del grupo, comenzó De superhéroes. Todo el mundo vibró con este tema cuando después del segundo estribillo el tempo se aceleraró para llegar a su final.

Un par de canciones de corte powerpop que no se encuentran en el álbum dieron paso al último tema de su actuación. Alejandro intercaló breves fraseos con la guitarra en Tokio ya no nos quiere, primer single del grupo y titulado como una novela de Ray Loriga, con el que dejaron el pabellón muy alto en su eléctrico final. Sin duda, una fantástica manera de iniciar el festival, dejando claro, además, que Lori Meyers son una de las más interesantes atracciones de este año.

BRONCO BULLFROG

El comienzo de los británicos no pudo ser peor. Tuvieron que interrumpir su primera canción en varias ocasiones porque el bombo de la batería no estaba bien sujeto. Incluso Louis, el bajista, bromeó pidiendo a alguien del público que se sentara delante para evitar que se moviera. Tras solucionar el problema, siguieron con un viejo tema del grupo Get to know you, incluido en su disco Seventhirtyeight.

La mayoría de las canciones que siguieron correspondían a su último disco Oak apple day. Entre ellas destacaron las armonías vocales marca de la casa de I don’t need the sunshine o Between here and beyond, tras la cual intentaron comunicarse con un grupo de espectadores de la primera fila que les hacían una peculiar petición que no podían entender (para más información al respecto, ver concierto de La Habitación Roja).

Una de las principales características del grupo son las sólidas lineas de bajo de Louis, que se complementan a la perfección con la guitarra de Michael y la batería de Andy, como dió buena muestra New day way. Aunque las melodías y las armonías de las voces de los tres miembros del grupo destacan por su empaste y son el elemento que más caracteriza al grupo, en sus directos lo que realmente llama la atención es la contundencia de sus canciones más bailables y desenfadados. Una buen ejemplo fue Emporium days. Quizá se echó de menos algún tema más rockero de su último disco como You’re my head.

Pese a los problemas técnicos, Bronco Bullfrog nos enseñaron lo que es un buen directo, sólido y eficaz, y cómo se pueden interpretar en formato trio unas canciones que suenan a clásicas pero que no caen en los típicos clichés y tienen una esencia propia. Y aunque la instrumentación de sus discos a veces se echa de menos, las buenas maneras del grupo las suplen de sobra con su manejo de los intrumentos y sus voces.

LA GRANJA

Llegaba la hora del grupo con más solera de los que se dieron cita en Miranda de Ebro. Tras su éxito a finales de los 80 y su posterior recuperación en el sello Grabaciones en el Mar, La Granja vuelve con cierta aura de dinosaurio musical que se mantiene en buena forma. Atrayeron una importante masa de fieles, jóvenes y no tan jóvenes, y sin duda que todos disfrutaron como locos de su actuación. Los que no comulgamos con el catecismo de la banda salimos con la impresión de que el directo de los mallorquines, si bien tiene mucha fuerza y un sonido excelente, pecaba de plano en sus ideas, dejando de lado aquellos temas que se alejan de una honda pop-rock sin más pretensiones.

Venían presentando Tobogán, y como toda una declaración de intenciones tocaron Aquí estamos otra vez, que se vio afectada por algunos acoples. La alternancia de temas de su último trabajo y sus primeras composiciones fue constante. Así, las guitarras directas y el rock contundente de Qué cerca veo el final, del disco Soñando en 3 colores, dió paso a una de las canciones más importantes de su último lp, Eto’o (su jugador favorito), que dedicaron al futbolista camerunés y durante la cual la banda se movió tratando, con éxito, de meterse al público en el bolsillo. Tras dar un empujoncito a la intensidad del concierto con algunos solos de guitarra, cambiaron a un tempo más lento en Carita de pena, en la que el juego de luces se mostró demasiado excesivo.

A partir de aquí, salvo por la inclusión de Tu droga favorita, el concierto fue todo un homenaje a sus seguidores más acérrimos. Tras una vuelta a su álbum del 88 con ¿Por quién doblan las campanas?, siguió La mala traición, en la que se logró una hermosa conexión con el público en los momentos en que sólo sonaba la voz. Siguieron repasando Azul eléctrica emoción del 89 con Persiguiendo una luz, previo aplauso para su técnico de sonido, que les acompaña desde hace 12 años y que ha ganado un grammy por su trabajo. Desde luego que podemos dar fe de su gran labor, porque los juegos de guitarras se oian con claridad cristalina y el sonido podía calificarse como impecable.

El momento más curioso del concierto fue sin duda la interpretación de Sufro por ti, ya que Guillermo, el cantante de La Granja, se puso una horrible peluca amarilla que acabó lanzando al público. Los delirantes gritos de los fans lograron que aún volvieran para tocar unos bises, Magia en tus ojos y la mítica Los chicos quieren diversión, que fue recibida con entusiasmo y sincero agradecimiento por ambas partes.

LA HABITACIÓN ROJA

Los valencianos dieron un recital en el que demostraron que su directo se aleja bastante de lo que nos tienen acostumbrados en sus discos. Mucha más energía, con guitarras más contundentes que hacen que se pierdan muchos medios tiempos y matices, pero que logran que el público se divierta mucho más. Con la salvedad de que, al menos en esta ocasión, se les fue la mano con el sonido, que pecó de un exceso de decibelios. Tanta saturación impedía en ocasiones saber qué era lo que estaba sonando.

Salieron al escenario con Un día perfecto, primer single de Radio, y se prodigaron en terribles subidas y bajadas con un brutal final. Solaparon Largometraje, en la que disfrutaron jugando con las guitarras, y no cesaron de tocar, iniciando una distorsión prolongada que dió pie a un tema instrumental. En esos momentos tuvieron problemas con el bajo, y la banda se dedicó a improvisar sobre la melodía mientras éstos se solucionaron. Acabaron el tema con un terrible crescendo que mostró cómo vive su música La Habitación Roja.

Siguieron con un par de temas de 4, Pasarán los días y Cuando te hablen de mí, de la que hay que destacar los momentos en los que el batería entraba cambiando el ritmo. La primera acústica de toda la noche (y ya íbamos por el cuarto concierto) salió para tocar Anónimos, que dedicaron a Pedro Vizcaíno -su descubridor y responsable del sello Grabaciones en el Mar- y a sus amigos de La Granja, a los que llamaron “Maestros”. Antes de Dices que no y Universal, presentaron un tema nuevo, Érase una vez que se caracterizó por sus letras y guitarras afiladas. Como nota curiosa, un grupo del público que se congregaba en la primera fila se pasó todo el viernes pidiendo en cada uno de los conciertos que el cantante gritara “Porno duro”, y lograron que Jorge, al menos, lo susurrara al micro.

La canción mejor recibida fue Eurovisión, en la que el bajista salió con buen pie mientras le arreglaban la bandolera, que se le había roto. Tras un muy buen final de guitarras, Mi habitación y Crónico ya no podían tapar que el sonido era realmente atronador. En cualquier caso terminaron desatados, moviéndose por el escenario en un final eléctrico, con patada al micro y bajista brincando sobre el soporte de la batería para acabar el concierto. Aún volvieron otra vez, presentando una “Canción que ojalá fuera nuestra, dedicada a todos los euroescépticos”, y que no era otra que su versión de la mítica Teenage kicks de The Undertones.

PLEASUREBEACH

Para teminar la primera jornada del festival estaba programada la actuación de PleasureBeach, uno de los grupos que más prometía. Y no defraudaron, sobre todo tras el amalgama de distorsión y exceso de decibelios del concierto anterior. Y lo que ofrecieron los británicos no fue otra cosa que rock ‘n’ roll en estado puro. Oyendo este concierto parecía como si se hubieran juntado a míticas bandas como Ten Years After, Led Zeppelin, Deep Purple, Flaming Groovies… en una sóla.

Si bien no profundizaron en su lado acid jazz, el Hammond de Richard es el epicentro del grupo, aunque tiene que luchar por este puesto con la guitarra de Tristan y la voz de Art. Este enfrentamiento está patente en temas como Soul stole my rock ‘n’ roll, en el que poco a poco cada instrumento iba haciendo su solo solapándose con el del anterior. Es increíble cómo los temas de su disco Those who live by the sword suenan más directos y auténticos en directo, sobre todo gracias a la batería de Euan.

La conexión con el respetable fue total, una relación en la que los británicos daban todo y los asistentes al Ebrovisión recibían impresionados una tras otra sus canciones. Con Face the music pidieron al público que se acercara aún más al escenario, y demostraron que a muchos de los hypes del momento no tienen más que pose y les falta la autenticidad de bandas como ésta. Out of the blues incidía con su afilado riff en el genial ambiente de la Fábrica de Tornillos. Con S.O.S. demostraron su virtuosismo y su capacidad para manejar la reiteración de frases y melodías sin resultar reiterativos. Incluso se atrevieron a bromear empezando a tocar una melosa versión de Lady in red, que finalmente no interpretaron.

Pese a que se echaron de menos sus versiones instrumentales de I feel the earth move o Smells like teen spirit -y en general toda su vertiente más jazzera y bailable-, las muestras de rock que dejaron en Miranda de Ebro durante la hora y cuarenta minutos de duración de su concierto fueron de lo mejor del festival. Podemos afirmar sin equivocarnos que PleasureBeach fueron el mejor directo del viernes y el mejor de los grupos extranjeros del Ebrovisión.

THE SUNDAY DRIVERS

La jornada del sábado comenzaba con The Sunday Drivers. Empezaron el concierto ante apenas un centenar de personas que, salvo excepciones (entre los que hay que incluir el nutrido grupo de seguidores y amigos que les acompaña en casi todos sus conciertos), estaban más preocupados por el comienzo del concierto de Miqui Puig que por el de los toledanos. Pero poco a poco y a medida que iban desarrollando su repertorio, el público y la atención fueron creciendo de forma exponencial hasta terminar con todos los asistentes de la Fábrica de Tornillos pidiendo más canciones. Y es que, probablemente, asistimos a uno de los mejores conciertos de los Sunday Drivers, en el que la entrega y la conexión con el público fue total.

Empezaron el concierto con On my mind, el primer single de su segundo disco Little heart attacks con el que, gracias a la voz de Jero, consiguieron captar la atención de la mayoría del público presente. A éste le siguió Can’t you see, que a pesar de no contar con las armonías vocales que Lindon Parish arregló para el CD sonó increible. Lo mismo sucedería más tarde con Tears & years, tema con reminiscencias de country-rock americano. La mayor parte del repertorio procedía, como en los anteriores, de su último lp. Así lograron mantener los sentimientos a flor de piel con la interpretación de Love, our love o I should go, dedicada emotivamente a su manager, y amigo, Miguel. Otro de los temas del último disco que mejor respuesta tuvo del público fue Often.

Pero como saben que en sus conciertos suele haber un nutrido grupo de fans que les siguen siempre desde sus comienzos, intepretaron temas de su primer disco homónimo como Happy song o Time time time. También de este álbum, reinterpretaron All is good around me que sonó más funky que nunca gracias a los arreglos con el whawha de Fausto y, sobre todo, a la introducción de Julián al teclado. Precisamente Julián tuvo su mayor momento de gloria con Only in the dark days, una canción que nos hace volver a la mejor psicodelia de finales de los sesenta. Curiosamente, los dos mejores momentos fueron en la recta final del concierto y se trataron de dos “covers”: la primera The weight de los norteamericanos The Band, y la segunda, con la que cerraron el concierto, Your time is gonna come de los británicos Led Zeppelin. Estos dos temas se han convertido en temas propios más que en covers gracias a los arreglos de Carlos a la batería y Miguel al bajo. En el de Led Zeppelin, en el que uno a uno van abandonando el escenario mientras los demás siguen tocando, pudimos ver como ambos se entregaban totalmente antes de despedirse del público.

Cuando el concierto ya se había dado por finalizado, los fans empezaron a cantar los coros del final de Little heart attacks, tema que cierra su último disco y que se ha convertido en su Hey Jude particular. Con directos como el que esta noche nos ofrecieron The Sunday Drivers, uno se plantea cómo funciona realmente el mercado musical. Fue el mejor comienzo posible para la segunda jornada de este festival, aunque muchos pensaron que podría haber sido un gran broche final.

MIQUI PUIG

Un concierto atípico fue el que ofreció el compositor catalán, que venía presentando su nuevo disco Casualidades, y al que sin duda hay que aplaudir por su profesionalidad. Salió a escena acompañado del guitarrista, y empezó cantando con la mano en el bolsillo No, por eso no, a la que siguió Bonito es ya con los demás músicos a bordo, en una versión ligeramente transformada (que perdía algunas armonías vocales). Ambos temas eran de su antigua formación, Los Sencillos, a la que Miqui se refirió como “Una banda que me gustaba mucho”.

A continuación aclaró a los presentes que habían sufrido varias bajas y se presentaban con los componentes justos (bajo, samplers, batería y xilófono), pero que habían considerado que debían tocar. Este gesto les honra, porque supieron estar a la altura de las circustancias y tratar de salir adelante a pesar de los contratiempos. A partir de ahí se centraron en las creaciones de Miqui Puig en solitario, tocando Eufórica número 3, de bellas reminiscencias jazzísticas, y a continuación Casualidades, en la que sustituyeron los metales del álbum por samplers.

Miqui estaba muy contento con la reacción del público e introdujo La banda sonora de una parte de mi vida diciendo que “Los domingos cuando voy a comer a casa de mi madre, me pregunta por qué me dedico a esto; pues supongo que será por noches como ésta”. Con esta frase se ganó una sonora ovación. Los sentimientos se mostraban a flor de piel, ya que se le vio sinceramente emocionado cuando dejó al público cantando sólo el estribillo y los coros del final. Continuaron con una canción en italiano, que sonó realmente mal, lo que tal vez se notó, porque Miqui dijo “A la salida os firmo un papel diciendo que os debo un concierto con toda la banda”. Aunque se debió olvidar de dicha promesa bailando al ritmo de La canción de amor en la que el chico gana.

Su momento más rockero llegó en Con un traje de Elvis, finalizando su actuación con Te quiero ahora te quiero luego, tema electro-pop con el que los fans bailaron sin parar. Una pena no poder comprobar cómo es la concepción en vivo de Casualidades, pero la falta de medios (y de suerte) fue contrarrestada con muchas ganas y mucha actitud, a lo que sin duda ayudó la comprensión por parte de los asistentes de la anómala actuación.

BOEDEKKA

Los londinenses Boedekka comenzaron su actuación en la Fábrica de Tornillos ante la casi total indiferencia y desconocimiento de los presentes. Sobre todo fue palpable cuando comenzaron a sonar los primeros samplers de Jet elsker at spille kabale (La gata decía miau), que supuso un comienzo atípico en lo visto hasta entonces, pues la distorsión y la intensidad sorprendieron al público. Terminó con Finn, el cantante, envuelto en humo, momento que dió paso al single de su último disco, The pipper, the devil, the poet & the priest, Carnival of the Anticrist. El guitarrista del grupo, Rob, padecía espasmos cuando tocaba mientras el público empezaba a bailar y a disfrutar con su música.

Con el final de Hangman empezó la locura y la psicodelia, acentuada por el casco militar que lucía Carl, el batería. Y para que la noche no decayera, la guitarra sampleada de Microdot maintenance anunció, junto con la entrada de la batería, que en este concierto uno no podía dejar de moverse. El ánimo de baile confirmó con Forecurt junkie, en el que su envolvente final dió paso a una de las sorpresas de la noche…

Como anunciaron, venía un tema que nunca antes habían tocado en directo: That’s a lie, uno de los mejores del disco, que hizo las delicias de los pocos seguidores del grupo que estábamos entre el público. Ahora era el turno de dos de los temas de su primer disco Happi nightmares (que en realidad es un compendio de varios EPs y singles): el rock emotivo de It doesn’t really matter y Cabin fever (another old one), en la que destacaban por encima de todo las bases y los samplers que James iba desgranando desde los teclados.

Para cerrar su actuación en Miranda, Boedekka escogieron uno de sus mejores postres: Devil on my back supuso un bello final con sus armonías vocales y la emotividad de sus melodías. Para rematar la faena, un pequeño epílogo con diferentes desvaríos (con guitarra reversed incluída), que confirmaron la interesante propuesta de los ingleses. Su directo fue una reminiscencia de concepciones sonoras de grupos como Pink Floyd o Beta Band que dejaron muy buen sabor de boca entre los presentes.

SERAFIN

El cuarteto británico aparecía como la gran atracción foránea del cartel, con un gran apoyo de prensa y público. Pero su actuación fue, sin lugar a dudas, la más decepcionante de todo el fin de semana. Como ya hemos comentado, en alguno de los conciertos el exceso de ruido fue un poco exagerado a pesar de la muy buena acústica de La Fábrica de Tornillos, pero aquí ya fue sencillamente sangrante.

Serafin venían no sólo a presentar su primer larga duración, No push collide, sino que tocarían algunas canciones nuevas, tal y como anunciaron al respetable al poco de comenzar su actuación. Unas y otras se confundieron bajo los muros de sonido que, por impericia de los técnicos del grupo o por alguna idea de éste un tanto desviada, volvieron casi irreconocibles las letras, confundiéndose bajo y guitarras sin llegar a apreciarse en algunos momentos qué es lo que estaban haciendo.

Esto no fue óbice para que Ben, el cantante, mostrara unas dotes vocales bastante impresionantes, en los que era capaz de desgarrarse la voz una y otra vez sin consecuencias aparentes. Y hubo momentos bastantes buenos, como la interpretación de Things fall appart, que fuera single de presentación del grupo, o el primer single de su debut, Day by day, que sonó realmente intenso. También cabe destacar Build high tear low, con un bajo con muchísima distorsión y una melodía al teclado que parecía sacada de un videojuego de los 80.

Durante el concierto apenas hubo lugar para matices, con casi todos los medios tiempos que aparecen en el álbum brillando por su ausencia, pero al menos en el último tema se dejó lugar para ciertos toques de psicodelia que la verdad se agradecieron. Todo acabó con el batería colgándose de las barras que había sobre el escenario, saltando y tirando las baquetas al público, que en cualquier caso no dejó de gritar durante todo el show, ajenos a la calidad musical de éste.

EL COLUMPIO ASESINO

El Ebrovisión llegaba a su fin, y los encargados de cerrarlo eran El Columpio Asesino. Los navarros ya han dado mucho que hablar con su álbum del 2003, y aquí dieron pistas más que jugosas que arrojan algo de luz sobre los caminos por los que transcurrirá su próximo trabajo. A pesar de que en el estudio las cosas no tienen por qué desarrollarse de idéntico modo que en directo, tal y como podemos comprobar en la traslación que ha hacen de su debut, parece que El Columpio Asesino seguirá explorando su vertiente más potente, dando rienda suelta a sus letras más opacas -incluso tenebrosas, podríamos decir-. En este sentido pareció preocupante la casi total ausencia del trompetista en los temas nuevos, a pesar de los interesantes matices que aporta al sonido de la banda.

Como va siendo habitual, el grupo al completo se lanzó al ataque con El evangelista, que puso a bailar a todo el mundo a los mandos del bajo de Txibe y la trompeta de David. Los contagiosos gritos de Ye ye yee dieron paso a uno de los temas nuevos, dejando patente su admiración por cierta banda británica, tal y como ellos mismos dejan ver en cada uno de sus recitales. Tras el brutal clímax que lograron en Your man is dead cuando todos los instrumentos juntos repetían idénticas notas sin cesar, dedicaron la instrumental Castigadora a Marlon Brando. “El chaval”, como ellos dijeron, había fallecido muy recientemente, y le brindaron así su particular homenaje.

A continuación presentaron otra nueva, La zorra, de letra oscura e instrumentación muy pesada. Motel fue introducida por Álvaro (cantante y batería del grupo) como “Una historia de amor entre fontaneros; sexo entre fontaneros”, y desde luego que no es ninguna broma. La joya de la corona, su versión del Vamos de los Pixies, dejó muy buen sabor de boca con su terrible final, aunque damos fe de que los hemos visto desarrollarlo aún más alcanzando cotas épicas. Antes de atacar otro tema nuevo hubo lugar para las bromas, ya que arrojaron una flor a Raúl (guitarra), que se la puso en la oreja, y acabó dándosela al teclista, que en pose gentil se lo volvió a arrojar al público.

Su tema más preciosista, La muerte de un trompetista, dejó fascinados a los asistentes que a esas horas aún combatían el cansancio y tenían ganas de más. Inevitable era el bis, y se desmarcaron presentándolo con un “Vamos a ver si destrozamos una canción de un grupo que se han juntado por dinero”. Las cosas claras, y cómo no otra versión de los Pixies, esta vez Gigantic, pero con la característica marca de la casa de hacer versiones aportando nuevas ideas. Sobre la melodía del bajo y con arreglos de trompeta al final, desarrollaron una increible transformación del tema, demostrando una vez más que el directo de El Columpio Asesino no tiene desperdicio.

Fotos: Andrés Cabanes.

Sonic Youth – Sonic nurse

Colaboradores | 1 Julio 2004  

Si ya cerca de sus comienzos, allá por 1986 (año de Evol), se veía la estela de la Velvet y parte de la New Wave de su país, y teniendo en cuenta que aún continúan en activo con un disco como el que nos ocupa, no podemos más que alegrarnos de que Sonic Youth sigan dando guerra. Y de qué manera.

Después de su primer gran dardo emocional y desgarrador, que no es otro que Evol, continúan en sus trece y sale a la calle Sister (1987), donde confirman que son una gran banda y donde resurge una vez más la guitarra como único instrumento de rebeldía, más primario y espontáneo que estudiado. La experimentación se transforma en un lenguaje particular capaz de revolucionar cualquier oído sensible a nuevos caminos.

Ya en el 2000 con su NYC ghosts & flowers se empezaba a vislumbrar un poco de luz al final del túnel, tras haberse perdido en el mainstream años antes. Y fue dos años después, con Jim O’Rourke como incorporación fija en el grupo, cuando volvieron a hacernos creer que todavía quedaba Sonic Youth para rato. Murray street supuso un acierto en toda regla así como la confirmación de que la calidad compositiva y las grandes ideas no se habían muerto, sino que habían mutado hacia un sonido más depurado pero sin perder un ápice de su gran personalidad.

En el año que nos ocupa, vuelven a ser noticia sacando a la calle esta enfermera sónica (Sonic nurse), que viene dispuesta a ponernos la inyección que nos salve definitivamente y que nos haga creer que el rock ni mucho menos ha muerto. Ya en el comienzo del disco con Pattern recognition avisan de que sigue siendo la guitarra la voz más afilada e hiriente de todas. Unmade bed parece lo que no es, pero cuando llevamos algo menos de dos minutos, nos damos cuenta de que todo lo que ha hecho grande a esta banda sigue intacto e inmutable.

Y aunque en la irónica Kim Gordon and the Arthur Doyle hand cream se tornan más salvajes y ocurrentes, es en piezas como The dripping dream o Stones (inolvidable melodía de guitarra) donde se nota más claramente su evolución, que ha cargado de un nuevo aire a las canciones, sonando más limpias y cercanas en pro de lograr un mayor acercamiento a su público. Suma y sigue. Todo un acierto teniendo en cuenta que el ritmo del disco en ningún momento presenta bajón alguno, sino todo lo contrario. Ahora pongo como ejemplo la inspiradísima New Hampshire, o Paper cup exit con esa rabia contenida al inicio que se torna inestable conforme avanza la canción.

No se puede sentir otra cosa que admiración por este gran grupo que, más de veinte años después de sus comienzos, nos sigue mostrando cómo se ha de hacer rock, poniendo toda la carne en el asador y parte de esa juventud sónica que aún no ha muerto en ninguno de ellos. Sobre todo con un final a la altura de Peace attack. ¿Será la varita mágica de Jim O’Rourke? ¿Estarán tocados por la gracia divina que sólo alcanza a unos pocos? Sea cual sea la respuesta, vamos a disfrutar del presente y de este Sonic nurse que se erige como un disco muy a tener en cuenta para colocarle en un lugar de honor en este 2004.