Archive – Noise
Vicente Bueso | 30 Junio 2004
Desbordados por unas magníficas críticas y una gran acogida de su anterior álbum y tras una interesante banda sonora para el film Michael Vaillant, Archive publican Noise en este 2004. Y ahora ni las críticas ni la acogida han sido tan buenas, injustamente, pues Noise es un gran disco. Bañado nuevamente de sensibilidad, el álbum no aporta nada nuevo tras You all look the same to me y suena más a una continuación del mismo que a una progresión lógica en su carrera. Pero es que da lo mismo, pues Noise reune once magníficos temas que no deberían pasar desapercibidos para cualquier amante de la música actual, o de la música en general, porque Archive siguen sonando atemporales.
Cabe destacar mucho de este disco, como Noise, que abre el álbum de una forma brillante y rotunda, o Fuck U, otra delicia desgarradora que además ha sido elegida como primer single. Por no hablar de la fantástica, ensoñadora y dulce Sleep en donde los arreglos de cuerda empiezan a deleitarnos. Waste nos devuelve a unos Archive más unidos con la electrónica, y Get out se nos ofrece como uno de los temas más brillantes de este año, con unos magníficos arreglos de cuerda y una irónica letra sobre el amor, mientras que Conscience y Pulse nos acercan al sonido psicodélico de los mejores Pink Floyd. Love song apabulla de fuerza y sentimiento nuestros lugares más profundos, con una deliciosa letra que rompe el tema: “Now there’s a love song for you”. A continuación lo convierte en una auténtica misiva de odio: “I know, I don’t hear you, I don’t see you, I can’t feel you , you know, it’s always my fault, communication is such a let down. I ain’t proud of my behaviour I thank the lord, you’re still here”. Sin duda uno de los momentos más brillantes que he podido escuchar de un tema en los últimos años.
Archive no se reinventan y concretan su sonido, pero siguen llenándonos de muy buenos sentimientos, con letras sencillas y profundas y una música que rebosa calidad e inspiración compositiva por los cuatro costados. Algo sin duda de agradecer entre tanto tipicismo musical proviniente del Reino Unido, lo que probablemente hace de Noise uno de los mejores albums de este año.
The Sunday Drivers – Little heart attacks
Colaboradores | 23 Junio 2004
Han pasado dos largos años desde el debut homónimo de los toledanos The Sunday Drivers. Tras recorrerse toda la geografía española participando, además, en festivales como el FIB o el Espárrago Rock, el grupo ha configurado un sonido compacto con el que cautivan a todo aquel que les escucha en directo. Por eso, desde hacía tiempo su primer disco se había quedado un tanto anticuado y no respondía a las expectativas de aquellos que primero les escucharon en concierto. Tras cambiar de discográfica, publican ahora Little heart attacks (Mushroom Pillow, 2004).
En este disco nos encontramos con una cuidada producción a cargo de Jose M. Rosillo y unos preciosos arreglos vocales y de cuerdas obra de Lyndon Parish. Y es que probablemente éste era un apoyo que le faltaba al grupo: ahora nos encontramos con un valor añadido en el disco que se integra a la perfección con las características de la banda. Además, en este álbum se aprecia el ya propio “sonido sundaydriver”, con bellas melodías vocales respaldadas por un sólido conjunto en el que cada instrumento se complementa con los demás como los engranajes de un reloj. Así, los espacios que deja la fabulosa voz de Jero son acompañados por delicados fraseos del teclado o el piano de Julián y la guitarra de Fausto, o nos dejan apreciar la precisión de la línea de bajo de Miguel o la batería de Carlos.
El CD se abre con On my mind, primer single del disco, buena muestra de lo que es capaz de ofrecer el grupo; como también lo es Often (en la que Juan Aguirre, del dúo Amaral, toca la acústica de 12 cuerdas). I ain’t down, por el contrario, es una canción algo diferente a las demás, con mucha presencia de las guitarras. Pero si hay un tema que destaca entre todos los del disco es Can’t you see: arranca con unos coros completamente beatles y en ella se aprecia perfectamente el modo en que tanto el bajo como el órgano, la guitarra y la batería –incluso un sintetizador– se alternan para complementar las frases de la melodía vocal.
Hay que destacar que en este álbum Julián se integra definitivamente en el grupo (en el anterior aparecía como invitado), incluso componiendo canciones en solitario o junto a Jero como Only in the dark days o I should go. La primera es un ejercicio de rock psicodélico que remite directamente al Londres de finales de los sesenta, mientras que la segunda es una preciosa balada que comienza con un sutil homenaje a Imagine y que finaliza con una impresionante orquestación. Otra bella canción de amor es Love, our love en la que destacan sus coros e instrumentación y las preguntas y respuestas entre el piano y la guitarra al final del tema.
El disco finaliza con tres canciones impresionantes: Hate yourself, Dark does die y Little heart attacks. La segunda está grabada tal cual, una guitarra y una voz a la que al final se le suman unos coros y una ligera percusión que recuerda a Like I do, uno de los mejores temas de su primer trabajo. La primera aprovecha un acentuado ritmo marcado por una nota pedal con el piano que no deja de sonar a lo largo de la canción y unas guitarras repetitivas, aunque sólo en apariencia. La última cierra el CD con una línea de bajo simulando el ritmo cardiaco y unos coros de una multitud que acompañan a los arreglos de cuerda al final de la canción.
A pesar de la gran calidad del disco, éste se queda muy corto en comparación con el impresionante directo de la banda. Paso a paso, con constancia y buenas maneras, The Sunday Drivers empiezan a abrirse camino en el difícil mundo de la música en nuestro país. Esperemos que la evolución del grupo continúe en la linea ascendente que llevan por ahora. Si algún publicista tiene ojo, encontrará en este disco más de una buena canción para acompañar sus anuncios.
Andrés Cabanes
Migala – La Increíble Aventura
Sergi Serrano | 23 Junio 2004
Dicen que el buen vino se hace bueno con el paso de los años, que el aroma, la textura, el color y el gusto son claves para etiquetarlos de especiales; Migala son de una buena añada desde hace ya bastante tiempo. Pero hablar de La increíble aventura es hablar de un viaje largo, costoso, pero que una vez finalizado es satisfactorio por quien lo ha trabajado tanto como por quien lo puede estar disfrutando.
Para este disco Migala ha aumentado su formación de 7 a 9 miembros, ya que Nacho Vegas y el ex–Planeta Kieran Stephen se unen al grupo. Sólo dos cortes de los 10 que conforman el álbum son cantados por Abel Hernández, ya que las instrumentaciones se valen por sí solas en la mayoría de los temas. Hay que agradecer el excelente trabajo de Paco Loco en la producción del disco, que ha elevado la calidad del mismo hasta límites insospechados.
Y no es de extrañar que el nuevo sonido de Migala sea tan especial, tan sorprendente y tan característico. Su psicodelia ya conocida en anteriores trabajos (Restos de un incendio o Arde por poner algún ejemplo) es causante de las mayores sensaciones, que en algunos momentos llegan a sonar a los legendarios Pink Floyd.
De La increíble aventura destacaríamos su inicio oscuro llamado El imperio del mal en el que nos damos cuenta del cambio de rumbo de Migala. Dear fear tiene la calma y la brusquedad al mismo tiempo tan características de los mejores Mogwai. Pero lo que más sorprende del disco es su apoteósico final, pues Tucson, game over y Lecciones de vuelo con Mathias Rust son canciones de una belleza auténtica para cerrar un álbum que gana con cada escucha.
El CD viene acompañado de un DVD realizado por R. Piedra en el que paralelamente estuvo concentrado el proceso de construcción del álbum. En él podemos observar que música e imágenes se fusionan en un único mensaje y que su intención no es otra que intentar dar más significado a la composición.
Realmente no podemos saber cuál será el nuevo rumbo que tomará Migala en su próximo trabajo, pero una cosa sí es cierta y es que este último disco es sin duda alguna una de las creaciones más hermosas de su carrera. ¿Podrán superarlo? Nosotros creemos que sí.
Malahora – Excursionistas
Colaboradores | 13 Junio 2004
La clara influencia que han creado a su alrededor Los Planetas, liderados por el enigmático J, ha afectado -y de buen seguro afectará- a muchos grupos de nuestra geografía. Malahora son, en parte, herederos de esta filosofía de hacer buena música como escape del desasosiego y, sobre todo, del aluvión sónico que proviene del exterior.
Tan claro, primer corte que abre este segundo disco del quinteto sevillano, apunta muy buenas ideas y una más que destacable ambición por sonar próximos y accesibles (en el mejor sentido posible). Con Esfera, que bien podría ser un single, las distancias se acortan, las ideas se resumen y los resultados son más que positivos, muy acertados. La producción, arreglos e instrumentación utilizados son el esqueleto orgánico que le da vida a unas canciones que no podrían sonar de otra manera. A Universo, ni le falta ni le sobra nada, todo está en su sitio. Y como muchos otros temas, Ak47, Origen 7 o Función sueño (por poner algún ejemplo) están plagadas de cambios y vaivenes sonoros que aún les dan más vida, si cabe, de la que ya tienen.
Quizás el único ‘pero’ que se puede encontrar en su música es que no suenan a nada nuevo, algo que, por otra parte, es muy difícil hoy día, sobre todo cuando se intentan adentrar en el universo contradictorio, peligroso y vicioso en que se puede convertir el rock. ¿Más arreglos? ¿Más guitarras? ¿Más desnudez en el sonido? Las respuestas las tiene el tiempo y por supuesto, el destino de una banda a la que hay que premiar por su concreción (ningún tema llega a los cinco minutos) y por la inmediatez de un sonido que, sin revelar nuevos patrones, alcanza en el centro de la diana para agrandar la duda de los más inquietos.
Faithless – No Roots
Vicente Bueso | 11 Junio 2004
Faithless, el grupo liderado por el cincuentero Maxi Jazz, se mueve entre el techno y el house, dos conceptos musicales siempre malinterpretados y con muy mala reputación. No roots es el cuarto álbum en su carrera, y en él confluyen a la perfección loops, ritmos 909, guitarras acústicas y eléctricas, decenas de capas musicales sintetizadas, y sobretodo la profunda voz de Maxi, que en este disco suena menos reiterativa e insistente pero igual de aterciopelada que siempre. Dido vuelve a aparecer, concretamente en el tema No roots y todo queda perfectamente acoplado con la voz sintetizada de LSK.
No roots es un álbum dance conceptual, pero sin grandes pretensiones. Y es una pena, porque siempre esperamos cada entrega del grupo como la definitiva, como “su gran disco”, pero esto todavía no ha llegado a ocurrir. Faithless siempre se quedan en el límite de la calidad emocional y nunca lo superan.
Hay muy buenos momentos en el álbum. Todos los temas están entrelazados hasta el corte Miss you less, see you more y los cerca de 55 minutos que dura el disco pasan muy rápido, algo que siempre es atribuible a los buenos trabajos. Mass destruction es el primer single elegido y nos podremos encontrar la versión álbum y la versión single, muy diferentes ambas y muy gratificantes. De deliciosas podríamos calificar Everything will be alright tomorrow y In the end, que es quizá la mejor pieza de todo el disco. Pero tenemos que tener en cuenta que aquí prima más el concepto de álbum que el concepto single, de tal manera que no cabría resaltar un sólo tema, sino todos.
Seguimos esperando el gran disco de Faithless y siempre nos quedará la duda de si estamos ante un grupo de baile de andar por casa o ante una de las esperanzas de la música electrónica del nuevo siglo.
Primavera Sound 2004 (27 al 29 de Mayo de 2004) Parte IV
Sergi Serrano | 8 Junio 2004
Domingo Dia 30:
Cuando ya pensábamos que todo el pescado estaba vendido asistimos a la fiesta de despedida del festival en la Sala Apolo.
Lou Anne:

Casi en familia (aunque al final la entrada sería más que aceptable) subieron al escenario los murcianos ganadores del Proyecto Demo 2003, Lou Anne, que este año ficharan por Jabalina, sello con el que han sacado Days were holes. De su disco debut salieron los temas que interpretaron esa noche. Un sonido cercano al que proponen Sonic Youth o los mismísimos Yo La Tengo, de los que recogen algo más que referencias. Un concierto muy correcto y que a ratos rayó en la brillantez desde la sobriedad o timidez del cuarteto murciano.
Experience:

Después del post-rock tocaba el plato fuerte de la noche, una sesión intensa del mejor rock francófono con carga social y protesta en las letras. Era la hora de Experience que venían a presentar los temas de su nuevo largo Hémisphère gauche que este mismo año nos ha llegado de la mano de Green Ufos. Bienvenue fue el tema que abrió el set y quizás uno de los mas brillantes de su nuevo álbum. Fue un concierto intenso, con momentos de excitación general al bajar Michel Cloup a cantar entre la maraña de público o cuando decidió que el escenario estaba muy vacío e invitó a subir a una decena de personas para que cantaran con él. Y es que el frontman de los de Toulousse tiene un carisma especial, su manera de disparar la rabia contenida en esas líricas líneas, en esas agónicas críticas a la sociedad que vivimos, invita a batir durante al menos una hora al enemigo que lacra el mundo occidental. Widy Marché nos demuestra una vez mas que es uno de los guitarristas mas polivalentes y excepcionales de la escena independiente. El festival ya acabado resurgió de sus cenizas en ese momento para que temas como Pauvres petits occidentaux o Too much love quedaran grabados en los tímpanos de los supervivientes de las duras jornadas anteriores. Y, por qué no, para asegurarse entre sus festejos uno de los conciertos del año, compensando así el que haya “demasiado amor desperdiciado cada día”.
Delorean:
Antes de que llegara la fiebre dj de esta jornada de desintoxicación festivalera encontramos a Delorean, la banda vasca que en 2004 ha editado su segundo disco bajo el sello B-Core. Propusieron un rato de post-punk cercano a los Liars del primer álbum o la vigorosa actividad de !!!. Una apuesta patria que supo estar a la altura y hacer bailar a todos. Todo carácter y actitud se despidieron con el midi del tema más famoso del clásico de los videojuegos Mario Bros., porque para chulos ellos.

Y así AltaFidelidad.org vivió el festival, que una edición tras otra sube de categoría, calidad y humanidad. Solo podemos dar las gracias a la organización por superarse año tras año y animar para que el próximo siga con la misma calidad y profesionalidad al confeccionar el cartel, uno de los mejores del panorama nacional sin duda alguna.
Fotos: Sergi Serrano
Maga – Maga
Colaboradores | 7 Junio 2004
Con el E.P. Bidimensional (2001) Maga se dieron a conocer a lo grande, destilando calidad en cada una de las cuatro canciones que lo componían. Su primer largo, de título homónimo al de la banda y editado en el 2002, confirmó que no eran flor de un día. Las críticas positivas llovieron de todas partes y con razón, pues no es fácil encontrar grupos que canten en español con tanta personalidad. Por lo tanto no es de extrañar semejante revuelo alrededor de su nuevo disco, también de título homónimo (tal y como dicen ellos: “las personas cambian, pero conservan el mismo nombre”).
Desde el primer momento detectamos que todos los elementos característicos de la música del grupo formado por Miguel (voz, guitarra, teclados y programación), David (batería) y Javier (bajo) siguen ahí. Letras que en lugar de ser argumentativas nos transportan a su particular universo onírico plagado de referencias literarias, sobre todo de literatura suramericana y realismo mágico. Un espectro de intensidades que camina por todos los estados de ánimo, gracias a unas programaciones electrónicas trabajadas hasta la extenuación, que aquí nos llevan a oír incluso una fregona y una maza sonando como un bombo, o camisetas rozando, bolígrafos… Pliegues y más pliegues en su música que hacen que nuevos matices broten de cada escucha como por arte de birlibirloque.
Astrolabios abre fuego con su ritmo sincopado, y deslumbra y se revela inmediatamente como uno de los mejores temas de este año, haciendo pensar que hubiese sido un fantástico primer single. Pero el elegido para ir dando a conocer el nuevo álbum fue Un lugar encendido, bello y sutil tema que se ve beneficiado de los coros de Paula Padilla, del grupo Solina. Con una intensidad sobrenatural, Blanco sobre blanco se va desarrollando hasta llegar al espeluznante clímax final. Táctica en la sombra se desliza entre sonidos de flautas, explorando los límites de la tensión que nunca estalla. La sorprendente Azul cabeza abajo acompaña únicamente con un quinteto de cuerda la voz de Miguel, que es capaz de hacer heroica hasta la letra más naïf.
En un continuo vaivén, Catálogo de esferas nos trae el espíritu más guitarrero de Maga, que en cualquier caso siempre se mantiene alejado del rock más convencional. Pero la aparentemente sencilla Elka nos acuna de nuevo con su delicada instrumentación. Sin dejar un respiro, Crujidos de reloj da otro giro con sus enigmáticas imágenes y su final in crescendo acompañado por un inquietante sonido sintético. Siguiendo esa estela, El ojo espejo, se convierte en un compendio de lo que es Maga, con todas esas subidas y bajadas y esas fotografías líricas. Tras un minuto de silencio, Sin manos, un tema de reminiscencias jazzísticas con una sección de metal, cierra el álbum dejando tras de sí un poso melancólico.
Maga nos regalan un nuevo álbum sobresaliente, que no sólo satisface plenamente las expectativas creadas, sino que confirma al trío andaluz como una de las más firmes figuras del panorama alternativo español. Cuando se hacen apuestas tan elevadas sobre el riesgo y la calidad, lo único que nos queda es aplaudir y deleitarnos con el que es ya uno de los discos del año. Y mientras tanto podemos disfrutar sin cortapisas de su mundo en directo.
Autor: Miguel González
Prince – Musicology
Vicente Bueso | 7 Junio 2004
Es Musicology, probablemente, el mejor trabajo de Prince en diez años, lo que no es poco. Aunque tampoco le ha tenido que resultar complicado, tras diez años vendiendo su música por otros medios y dos años de voluntarioso retiro. El resultado de todo esto: la nada musical; un muro demasiado grande para alguien que ha vendido la friolera de 100 millones de discos por todo el mundo; un artista que siempre ha estado más interesado por la calidad de su sonido que por su comercialidad. Aunque también es cierto que su carrera se ha ido a pique por culpa de su desorbitado egocentrismo.
Y ahora con Musicology, con Sony como nueva discográfica para este proyecto, Prince dice querer reinventarse. Nada más lejos de la realidad. Desde los primeros compases de Musicology, el mejor tema de todo el álbum, hasta Reflection, lo más flojo del mismo, este álbum suena mucho a Prince y poco a nuevo. Hay atisbos de novedad en la magnífica What Do U Want Me 2 Do?, una verdadera joya en la que nos encontramos al Prince más ingenioso. Cinnamon Girl nos deja un buen sabor de boca en un tema en contra de la guerra que no quiere ir más lejos que una simple reivindicación (¿sacó el titulo de la canción con idéntico nombre de Neil Young?). If Eye Was the Man in Ur Life nos devuelve al Prince más antiguo, al de aquellos discos como For You, Soft and Wet o Prince… aunque con un excepcional final. Illusion, Coma, Pimp & Circumstances es el tema más elaborado de todo el disco, con un peculiar sonido funky-electrónico. Prince cambia de registro en Dear Mr. Man, una interesante mezcla de soul, funk y blues.
Pero en el álbum hay resultados muy pobres, como la pírrica producción de A million days o las archiconocidas baladas-falsete de todos sus discos: Call my name, On the couch, o la infumable Reflection, que además se encarga de echar el cierre. También terrible, Life O the party, es un tema que no se merece en su discografía, pero como el que desgraciadamente ya tiene muchos ejemplos.
En resumidas cuentas, ni Musicology suena a nuevo, ni Prince se reinventa a sí mismo, ni el álbum rezuma genialidad por los cuatro costados, ni estamos ante algo verdaderamente grande. Musicology es un disco menor, con buenos temas, pero lejos de lo que muchos esperamos de este artista. Quizá la próxima vez sea la buena. El problema es que el tiempo pasa para todos.
Primavera Sound 2004 (27 al 29 de Mayo de 2004) Parte III
Sergi Serrano | 7 Junio 2004
Sábado Día 29:
Segundo día repleto de conciertos desde por la mañana hasta la madrugada. Por ello, lamentamos no poder asistir en especial a los conciertos de Chucho, que presentaba en directo su recién estrenado nuevo álbum Koniec (Sinnamon, 2004), o al siempre íntimo Devendra Banhart, que traía bajo el brazo Rejoicing in the hand (Young God Records, 2004) avalado por el propio Michael Gira, una lástima.
Matt Elliot:

Con media hora de retraso saltó al escenario de la sala Mac en el Mercat de les Flors, a la hora del café, el que fuera líder de Third Eye Foundation. El de Bristol se acompañó de un único subalterno que igual tocaba el violonchelo que usaba una mesa de mezclas. A priori esta austeridad tenía que haber supuesto un fracaso mayúsculo cuando el único disco de Elliot en solitario, The mess we made (Domino, 2003) se basa en un acompañamiento orquestal digno del mismísimo Sakamoto. Sin embargo, lo que no reparó en músicos se reveló en electrónica. Así, Elliot recurrió al sampleo continuo y en directo de prácticamente todos sus instrumentos. Es difícil de explicar, pero imaginemos el tema Forty days donde pueden escucharse tres guitarras distintas, órganos y coros. Matt va construyendo la canción tocando una guitarra, la graba y reproduce la misma mientras toca la siguiente guitarra, vuelve a samplear y a reproducirlo para meter la tercera guitarra, y así con cada uno de los instrumentos que escuchamos en la canción, un trabajo sólo a la altura de los mejores artesanos. Si encima nos encontramos en una sala totalmente a oscuras, su disco, de lo más aterrador del año pasado, se convierte en pura magia.

Astrud:
La tomadura de pelo. Emisión de “Un mystique determinado”, cinta de Carles Congost a la que Manolo Martínez y Genís Segarra pusieron música. Un corto de estética ochentena con un tema tan de actualidad como el impacto en una sociedad conservadora de la declaración de homosexualidad de un chaval, mánido y recurrente donde los haya. Las canciones, de chiste, no fue bastante con tener que escucharlas en el montaje sino que luego salió la pareja a tocarlas en directo, un auténtico plomazo.
Xiu Xiu:
En el mismo escenario que las dos actuaciones antes comentadas Jaime Stewart y su compañera dieron el concierto más esquizofrénico de todo el festival (o al menos eso pensábamos en aquel momento). Lamentos made in The Cure, guitarreo que lamía heridas y ladridos de perro mientras se pellizcan las cuerdas de una sufrida guitarra fueron sus bazas. A todas luces no fue un concierto de masas, aunque los fans salieran relativamente contentos del repaso por los temas más importantes de sus 4 discos.
Y del Mercat de las Flors nos fuimos al Poble Español, esta vez sin tener que hacer cola para entrar (¿Fueron los Pixies los causantes de la cola del viernes? Seguro que sí).
Julie Delpy:
Apenas tuvimos tiempo para escuchar a la actriz metida a labores musicales (algo que se está convirtiendo en auténtica moda). Sin embargo la francesa, que ha preferido desmarcarse de la música francófona acudiendo al folk más americano en su primer disco Julie Delpy (Pias, 2003), demostró tener maneras y una voz atractiva. Sin lugar a dudas el mejor momento lo regaló con Mr. unhappy donde se hace más que patente que su voz es un canto de sirena.

Dominique A:
El enorme cantante francés nos dejó un tanto fríos. No fue culpa de sus maneras, sino de lo desangelado del gran escenario Rockdelux por Lois. Un escenario tan grande debería haber acogido a muchos artistas para acompañar al galo en la presentación de un disco con tanta instrumentación como Tout sera comme avant (Labels/Green Ufos, 2004). Sin embargo todo era pregrabado salvo su voz y su guitarra, y trató de acaparar la atención con histriónicos movimientos al son de la batería pero incluso en eso le estaban dando sopas con ondas en otro escenario… Aun así, el tema que da nombre al disco demostró que Dominique A es una de las voces más ensoñadoras del panorama francés, pero eso no es suficiente.

Liars:

Situémonos. Escenario Nitsa / Apolo, dos locos se han escapado del psiquiátrico y se han unido a un polivalente guitarrista, que también tocaba de muerte una segunda batería, para actuar a las nueve de la noche. Sale el batería (loco número dos) vestido con un body de mujer y, tras él, Angus Andrew (loco número uno y frontman de la banda) bajo una pila de ropa que bien podía haber sacado de un cubo de basura o de una mala tienda de saldo. En esta tesitura dieron rienda suelta al post-punk en clave funk que se recoge en su reciente segundo disco They were wrong, so we drowned (Mute, 2004). Mientras tergiversaban las canciones a su antojo Angus iba quitándose ropa y dando signos de su locura (se subió a los altavoces, pegó un golpe al brazo mecánico que controlaba una de las cámaras del escenario) siendo ya increíble el momento en el que ahorcando al batería con el cable del micro éste se desenchufó, terminando la canción gritando la letra con una fuerza que ya hubieran querido los Franz Ferdinand el día anterior para sí. Hubo poca gente, además muy fría ante las payasadas de la banda, pero el concierto no tuvo desperdicio alguno.

(Smog):
Bill Callahan sufrió la ubicación de su concierto, había fans, pero tampoco tantos. De manera que si en lugar de tocar en el escenario Rockdelux por Lois lo hubiera hecho en el escenario Nasti hubiera mejorado el ambiente de intimidad que trató de crear alrededor de su actuación. Pese a ello y a su poco ortodoxa, casi estrafalaria, manera de sujetar la guitarra, encontramos bastante inspirado a uno de los mejores exponentes del rock norteamericano que nos brindó uno de sus temas fetiche: Cold blooded old times.

The Hidden Cameras:
La madrugada del viernes, contábamos antes, fue de los Scissor Sisters. El sábado pertenecía a los otros abanderados del movimiento gay. The Hidden Cameras dieron un concierto que aunó canciones de su primer álbum The smell of our own (Rough Trade, 2003) y del que en septiembre será su segundo disco Mississauga goddam. Estas últimas lastraron un tanto el concierto por el desconocimiento del público que no dejaba de pedir temas como Ban marriage y que finalmente interpretaron con los ojos vendados en protesta por un mundo que ningunea su opción sexual.

PJ Harvey:
La mujer que domina el rock indie británico estaba de preestreno. El lunes siguiente salió Uh huh her (Island, 2004), y lo celebró con un concierto que aunó lo mejor de sus anteriores álbumes con los que a buen seguro serán los mejores exponentes de su nuevo largo. La delgada Polly Anne, que lució un modelito amarillo de vértigo, al final deslució la cita por un guitarrista que no paraba de hacer aspavientos olvidando quien era la estrella de la banda, por dejarnos plantados con una escasa hora de concierto (es sabido por todos que el Primavera Sound da mayor libertad a los cabezas de cartel en este aspecto, y había entre la actuación de la británica y de Primal Scream más de dos horas para que se explayara todo lo que deseara), y finalmente por dejar al público huérfano de su hit Dry. Cumplió, pero a una señorita del rock se le puede pedir más, sin duda.

The Divine Comedy:
AltaFidelidad.org no tuvo el gusto de ver a Neil Hannon más allá de un par de canciones, pero queríamos significar aquí la profesionalidad de este hombre que estaba ingresado en el Clinic de Barcelona una hora antes del concierto y fue desaconsejado por sus médicos que tocara, algo a lo que no quiso renunciar el autor de Absent friends. Esperemos que se recupere de sus dolencias cualesquiera que sean.

Primal Scream:
Llegaron los escoceses a Barcelona sin nuevo disco que defender, de modo que acudieron a los grandes éxitos que el año pasado editaran en Dirty hits (Sony, 2003). Bobby Gillespie sigue pegándose auténticas panzadas a correr y saltar por el escenario y sigue tirando el micro al suelo, al publico o donde le apetezca. Las guitarras recrudecen unos temas que en el estudio suenan más electrónicos y la fiebre se desata entre el público. Temas como Xtrmntr o Swastika eyes hacen que todo el mundo baile, y si encima en el bis suena Jailbird, el éxito está asegurado. Concierto sin más historia que el encadenamiento de hit tras hit (y tienen unos cuantos) a una potencia atronadora.

!!!:
Chik, Chik, Chik; Pow Pow Pow; Uh Uh Uh… da igual como se llamen, estos 8 tipos (aunque durante la actuación nunca vemos más de 6 en el escenario juntos) pusieron patas arriba el festival. Los cabezas de cartel habían estado correctos, ya habían aparecido un par de sorpresas agradables, pero fue esta jauría de rebeldes la que se llevara el galardón de mejor concierto del Primavera Sound 2004 (con permiso de lo que el día siguiente harían Experience en la fiesta de despedida). Con una osadía arrolladora, con un desparpajo casi suicida, los de Sacramento dejaron claro que un set suyo no es para gente anodina o desganada. Todos, absolutamente todos los que allí estaban no dejaron de bailar y gritar al ritmo que imprimían los saxos, la guitarra eléctrica y la cadencia vivaz de la batería. A medida que sonaban Pardon my freedom, When the going gets tough the tough get karazzee o el pegadizo hit Me and Giuliani down by the school yard, el escenario Nasti ya no daba más de sí ante la marabunta de gente que se agolpaba para ver a !!!. La euforia debió llegar a la propia organización que, pese a que ya había un buen retraso acumulado (de las pocas ocasiones que ocurriera en todo el fin de semana), dieron el visto bueno a uno de los primeros bises en la carrera de estos chicos. Salieron a por más, y el desmadre llegó hasta el escenario donde el vocalista vomitó un par de ocasiones, eso sí, sin parar un momento la música.

James Murphy:
La material gris de LCD Soundsystem acudió a Barcelona en su faceta de Dj, y es muy de agradecer que estemos ante un dj que no pinche pachanguero ni mucho menos trance. Porque a las horas que discurría su sesión era lo más sencillo pero al mismo tiempo lo más chabacano. En su lugar, el de Brooklyn se despachó una sesión sobria que igual transcurrió por el techno-pop que recurrió al funk. Al final de la noche, ante la evidente coronación de los !!!, terminó el show con música para homenajear a su cantante, ahora en el centro de un gran corrillo que hizo el público en medio de la sala y al que no dudamos en saludar los miembros de nuestra expedición.

Fotos: Sergi Serrano
Bart Davenport – Game Preserve
Francisco José Fernández | 6 Junio 2004
Game Preserve se editó a finales del pasado año en los Estados Unidos. Ahora llega a nuestro país a través de Mushroom Pillow, compañía que también se encargó de la distribución del primer disco del californiano (Bart Davenport, 2002). Un debut compuesto de temas frescos, sencillos y melodías pop exquisitas. Un aperitivo de lo que sería el 1972 de Josh Rouse un año después. Producido por Jon Erickson, este segundo disco no ofrece muchos cambios significativos. Para empezar, comentar las colaboraciones que podemos encontrar a lo largo del disco: miembros de Cake, Call And Response, Subtle y Dave Gleason’s Wasted Days han dejado su granito de arena, ya sea tocando algún instrumento o incluyendo arreglos. Además, las voces de The Moore Brothers acompañan a Davenport en algunas canciones (la versión de los Free Designs, My Brother Woody es un ejemplo de ello).
Excepto un par de cortes (la bailable Euphoria Or Everyone On Earth Is So Beautiful, Even You e Interwine), nos encontramos ante un disco muy relajado. La voz y la guitarra acústica predominan en la mayoría de los temas, siendo los pequeños detalles en cada uno de ellos lo que hace de Game Preserve algo grande: los magníficos arreglos (muchos y muy bien utilizados, sin llegar a saturar en ningún momento), los acompañamientos vocales de los Moore Brothers, las melodías pegadizas… Todo arropado de una sencillez y sensibilidad sorprendentes. Las distintas influencias del californiano se dejan notar en algunos momentos de forma clara. The Saviors podría pertenecer, sin ningún problema, al Forever Changes de Love, mientras que el final de When You’re Sad recuerda, de forma inmediata, a Van Morrison. Todo ello no resta para que sean dos de los mejores temas del álbum junto a Nowhere Left To Go.
Puede que sea mucho pedir, pero confiemos en que Bart Davenport nos ofrezca otro disco tan bello y rebosante de música como este Game Preserve. Y es que será complicado no encontrar este trabajo entre lo más destacado del año.

