The Postal Service – Give up
Colaboradores | 28 Enero 2004
La unión hace la fuerza, frase célebre que me viene a la cabeza tras escuchar el álbum de debut (como colaboración entre ambos) de Ben Gibbard y Jimmy Tamborello.
Ya tras escuchar su primer corte, The District Sleeps Alone Tonight, sabemos a que atenernos. Música que, etiquetas a parte, se puede definir como pop, con toda la carga histórica que tiene esta definición.
Con el indie Rock de Death Cub For Cutie (Ben Gibbard) y la electrónica de Dntel (Jimmy Tamborello) se produce el ‘milagro sonoro’ que es The Postal Service. Ni más ni menos. Es un disco diez, un clásico desde el primer momento en que te atrapa.
Dueños de un pelotazo como Such Great Heights, el disco sigue avanzando sin bajón alguno. Buen reflejo de ello és Clark Gable, pop electrónico del mejor con unas progresiones rítmicas y sónicas de lo más elegantes. Y no es un disco de canciones sueltas, distribuidas a lo loco. Nothing Better entra sin avisar siendo un claro ejemplo de electrónica inteligente, pero se queda corta si la comparamos con la maravilla que es Recycled Air, que para un servidor, es la mejor canción del disco (esa guitarra que define las intenciones del grupo como colofón final de la canción, es de lo más evocador), aquella que alude a lo que llaman el poder curativo del pop, que además de adueñarse de esta canción, esta plasmado aquí y allá repartido por todo el disco.
Por último y sin ánimo de menospreciar ninguna, tenemos otra perla escondida que no es otra que This Place Is A Prison, con un final memorable digno de un número uno que es, para el que escribe estas líneas, Give Up.
Altamente recomendable. Apto para todos los públicos…
Guru Deva – After All
Colaboradores | 27 Enero 2004
Primer disco de los coruñeses Guru Deva, proyecto formado por Félix Arias, compositor principal, voz y guitarra acústica (compañero de Xoel López –Deluxe- en el grupo acústico Lovely Luna); Fernando Esclusa, guitarra eléctrica y voces; Javier F. Pollán a la batería; y David González al bajo. Su nombre, sacado de un tema de los beatles, ya nos indica por dónde va el disco: pop al uso, guitarrero y con trabajadas melodías y voces.
El disco, grabado en los estudios Bonham de A Coruña, quizá pega de ser demasiado convencional. Realmente, Guru Deva no aportan nada nuevo al mercado pop nacional (aunque canten, casi siempre, en ingles), pero al que le guste el “sonido RockIndiana” disfrutará con canciones como Dímelo (cómo haces) –cantada por Fernando- o After All. En After All encontramos buenos temas como But I like it, toda una oda a los sentimientos amargos, I know the truth, que nos enseña la desesperación ante el abandono de la mujer amada, Leave me alone, melancólica canción con unos bellos arreglos de cuerda y vientos, o la balada acústica que cierra el disco Oh! My mind.
En general el disco tiene unos arreglos muy cuidados, que dan forma a muchos temas que se quedarían en vulgares sin ellos. Pero el aspecto en el que más hace aguas es la voz, que a veces está demasiado forzada en algunos temas. Pero aunque la voz principal no sea perfecta, la perfecta armonía que forma junto con las segundas voces consigue que no se le preste demasiada atención.
Andrés Cabanes
Guru Deva – After All
Colaboradores | 27 Enero 2004
Primer disco de los coruñeses Guru Deva, proyecto formado por Félix Arias, compositor principal, voz y guitarra acústica (compañero de Xoel López –Deluxe- en el grupo acústico Lovely Luna); Fernando Esclusa, guitarra eléctrica y voces; Javier F. Pollán a la batería; y David González al bajo. Su nombre, sacado de un tema de los Beatles, ya nos indica por dónde va el disco: pop al uso, guitarrero y con trabajadas melodías y voces.
El disco, grabado en los estudios Bonham de A Coruña, quizá pega de ser demasiado convencional. Realmente, Guru Deva no aportan nada nuevo al mercado pop nacional (aunque canten, casi siempre, en ingles), pero al que le guste el “sonido RockIndiana” disfrutará con canciones como Dímelo (cómo haces) –cantada por Fernando- o After All. En After All encontramos buenos temas como But I like it, toda una oda a los sentimientos amargos, I know the truth, que nos enseña la desesperación ante el abandono de la mujer amada, Leave me alone, melancólica canción con unos bellos arreglos de cuerda y vientos, o la balada acústica que cierra el disco Oh! My mind.
En general el disco tiene unos arreglos muy cuidados, que dan forma a muchos temas que se quedarían en vulgares sin ellos. Pero el aspecto en el que más hace aguas es la voz, que a veces está demasiado forzada en algunos temas. Pero aunque la voz principal no sea perfecta, la perfecta armonía que forma junto con las segundas voces consigue que no se le preste demasiada atención.
Cat Power – You Are Free
Colaboradores | 23 Enero 2004
La cantautora norteamericana Chan Marshall- alias Cat Power- constituye una figura bastante particular en la actual escena musical estadounidense. Procedente del profundo sur del país, su lanzamiento definitivo al mundo de la interpretación tuvo lugar cuando se instaló en Nueva York y empezó a crear una música intimista, un folk próximo al rock independiente con la desnudez instrumental y la introspección lírica como señas de identidad más evidentes. A partir de entonces su carrera está marcada por cierta excentricidad e irregularidad. Sirva como ejemplo el contraste entre la fulminante velocidad con la que se sucedieron sus tres primeros álbumes, dos de ellos incluso grabados el mismo día ( Dear Sir, 1995; Myra Lee, 1996 y What Would The Community Think, 1996) con los cinco años que han pasado desde su anterior publicación de material original (Moon Pix, 1998) puesto que su último trabajo había sido un disco de versiones (The Covers Record), curioso trabajo que, a pesar de sus notables virtudes- entre ellas, una irreconocible revisión de la celebérrima Satisfaction- rayaba en ocasiones muy cerca de lo monocorde, con una cierta tendencia a homogeneizar en demasía todos los títulos en función de las peculiaridades musicales de la artista.
No obstante, si You Are Free (2003) supone un álbum excelente no lo es por los ocasionales cambios de tono, ritmos más acelerados o arreglos más elaborados presentes por ejemplo en He War o en la alegremente anacrónica Free, sino sobre todo por la sublimación que Chan Marshall lleva a cabo de su propio estilo. De este modo, algunos de los momentos más gloriosos del álbum (Evolution, Maybe Not) se reducen musicalmente a un puñado de notas desgranadas por un instrumento que se reiteran desde el principio hasta el fin. En consecuencia, lo que Cat Power nos ofrece se limita en la mayoría de los casos a su lánguida voz, entre el susurro y el sollozo, unos acordes simplísimos de piano o guitarra acústica, frecuentemente acompañados por coros realizados por ella misma. En definitiva, características que han servido a los críticos más vanguardistas para ponerla como ejemplo de un nuevo (y van…) subgénero llamado “sadcore”, denominación que vendría a hacer referencia a un sonido melancólico preñado de tristeza. Música triste para momentos tristes, en definitiva. A nivel formal, You Are Free parece en buena medida un modelo idóneo para ilustrar esta corriente. Los catorce temas que componen el álbum se suceden fluidamente, bien ensamblados como piezas de un todo que no elimina su particularidad, es decir, cerca del difícil equilibrio que separa armonía y monotonía.
Por lo que respecta al plano lírico, el disco respeta grosso modo el perfil de la categoría aludida, aunque con matices. La música de Cat Power sigue constituyendo la peor elección posible para una barbacoa en la playa pero justo es reconocer que el espíritu que domina You Are Free es sustancialmente más optimista que en anteriores entregas. En cuanto al cripticismo compositivo del que tradicionalmente ha hecho gala la felina cantautora, aquí aparece bastante atemperado. Eso sí, de ninguna manera desaparece.. Fool- el que por lo demás quizá sea el tema más brillante y pegadizo del álbum- refleja de un modo notablemente abstruso toda una serie de impresiones cruzadas sobre la vida contemporánea, el lujo o vaya usted a saber. Por su parte, el bellísimo epilogo, Evolution, tiene ecos de himno, con una decena de oscuros versos recitados con la compañía de Eddie Veder.
Sin embargo, son varios los temas en los que la pluma de Chan Marshall resulta más accesible que nunca. En Good Woman y Half Of You sus habituales apuntes sobre el desamor y las relaciones se ven formuladas con una simplicidad léxica y semántica notables. I Don´t Blame You, el corte que abre el disco, evoca con nitidez las angustias escénicas de las que la cantante ha sufrido durante mucho tiempo y que la han llevado a realizar conciertos de espaldas al público y a cancelar actuaciones en el último momento Estabas dando vueltas a tu guitarra/ porque ellos querían oír ese sonido/ pero tú no querías tocar / y no te culpo susurra, en un bello ejercicio de introspección. Pero probablemente sea Namesel mejor ejemplo de una extrema sencillez tanto musical como lírica, casi en una interiorización del espíritu zen aplicado al folk norteamericano. Con un fondo instrumental reducido a un piano que repite incansablemente la misma serie de notas, la brutal canción relata en cinco estrofas la historia de otros tantos adolescentes que la cantante conoció en su juventud y que sufrieron distintos tipos de abusos, prostituciones o drogadicciones con menos de quince años. Cada historia es formulada con cinco frases simples extremadamente explícitas, susurradas con delicadeza y culminadas con el mismo apunte repetido tres veces. La dramática languidez de la voz contrasta de forma poderosa con lo truculento del tema y de esta ecuación resulta una emoción desoladora, bellamente culminada con una dolorosa frase (No sé dónde están).
En cualquier caso, y refiriéndonos al título, la idea que recorre el disco y que asoma en casi la mitad de temas es la de la libertad, entendida en su más amplia concepción. La búsqueda de la emancipación interior y la creatividad ilimitada como conceptos elevados, formulados con belleza en Maybe Not (Todos podemos ser libres / quizá no con palabras / quizá no con una mirada/ sino con nuestras mentes), vertebran el sexto trabajo de la estadounidense y de allí el tono fundamentalmente positivo que a menudo se detecta. Así las cosas, You Are Free-que recuerda con dos nuevos temas la pasión de la autora por las versiones, en este caso Keep On Running de John L. Hooker y Werewolf de Michael Hurley, éste último con unos bonitos arreglos de cuerda)- sabe salvar algún momento de pérdida de ritmo a lo largo de sus algo más de cincuenta minutos para dejar una excelente, deslumbrante impresión. No en vano, el disco- para quien esto firma, el mejor de 2003- sabe demostrar hasta qué punto la sencillez musical puede convertirse en la mayor virtud cuando se conjuga acertadamente con otros elementos, en este caso la habilidad lírica y la belleza de una voz capaz de conducir a las lágrimas.
Explosions In The Sky – The Earth Is Not A Cold Dead Place
Sergi Serrano | 21 Enero 2004
Mark Smith, Michael James, Munaf Rayani y Christopher Hrasky (dos guitarras, bajo y batería): cuatro músicos de Austin (Texas) son los componentes de un grupo cuyas canciones son un claro reflejo de un cierto desconcierto artístico. Sus melodías y sus estructuras revelan una cierta inestabilidad emocional a la hora de expresar los sentimientos.
Las comparaciones son odiosas, y ahí aparecen siempre los nombres de Mogwai y con Godspeed You Black Emperor!. Pero Explosions In The Sky van más allá, son la esencia del rock más experimental, con sus bellas melodías, paisajes sonoros ruidosos y tremendas sacudidas con terribles forcejeos.
The earth is not a cold dead place es su segundo trabajo editado en Europa, y está lleno de emotividad y de gran intensidad que llega directa al corazón. Sus melodías son envolventes y rebosan de sacudidas interiores con mucha fuerza. Los sentimientos son aquí bellos pasajes sonoros en el que la alegría y la tristeza se dan la mano y nos enseñan que hay que saber llevarlo todo lo mejor posible. Hay que disfrutar de este disco porque es sencillamente precioso.
La crítica anglosajona ya los ha elevado al lugar que les pertenece, lo más alto, recibiendo muy buenas críticas. Algunos comentan que escuchar su nuevo disco es como estar flotando en el espacio sobrevolando Tejas. Yo ya me lo estoy imaginando… de noche y lleno de explosiones fugaces en el cielo, como fuegos artificiales llenos de emoción musical.
The Winnerys – and… the Winnerys
Colaboradores | 19 Enero 2004
El debut de los madrileños The Winnerys sorprende por su sonido. Recupera esa esencia beatle plagada de brillantes guitarras que prácticamente ha desaparecido de los grupos actuales. Quizá precisamente ese sea uno de sus inconvenientes: ¿qué sentido tiene hacer en la actualidad un disco que suena como si estuviera grabado en 1964? Quizás no mucho, pero por lo menos sirve para recrear un periodo muy interesante y altamente productivo en el aspecto musical.
De el disco hay que destacar las elaboradas armonías que forman con las melodías vocales. Tienen esa reminiscencia beatle que actualmente sólo podemos oir en algunos grupos como The Happy Loosers, compañeros de su discográfica Rock Indiana. Pero ni Javier es MacCartney, ni Borja es Lennon, ni Fausto es Harrison, y la calidad de sus voces a veces no da para tanto. Juanjo, el batería, sí que podría paracerse más a Ringo, pues la aparente sencillez de su interpretación asienta las composiciones del grupo. Otro aspecto en el que no terminan de convencer The Winnerys es en la concepción de alguno de los solos, que suenan demasiado a los años ochenta en comparación con el resto del sonido del grupo, mucho más sesentero. Pero este es un aspecto que muchos pueden considerar como una mezcla que aporta cierta dosis de actualidad al grupo.
De entre los dieciséis temas que componen And… the Winnerys (RockIndiana, 2003) destacan el pegadizo tema que abre el disco It’s up to you, la directa Breaking the ice, That Magical Wonder, que comienza con un sorprendente riff de guitarra evocando el sonido de un reloj, la balada de aires beatle, cómo no, This Special Night, la sincera y breve Even more than myself o I’ll be waiting for you canción ésta con aires muy sesenteros y británicos en general.
Andrés Cabanes
Ryan Adams – Love is hell vol.2
Colaboradores | 18 Enero 2004
El apelativo de maravilloso, requiere de una trabajada crítica justificatoria que servidor se ve incapacitado de llevar a cabo. De todas formas os dejo esta reflexión entorno a uno de los discos más bellos que haya podido oir en mucho tiempo.
Se trata de un disco que refleja melancolía, profundidad, reflexión. Un disco que te transporta a la soledad y desasosiego de una taberna. Blues, soul, rock. Parece compuesta en estado de embriaguez y narrada en plena resaca. Voz rasgada y profunda, a ratos suave y susurrante. Nueve temas mayúsculos, sublimes, empezando ya por ese delicioso y magistral My Blue Manhattan y siguiendo con Please Do Not Let Me Go y City Rain, City Streets.
See Monsters una de las mejores canciones escritas por Adams y English Girls Approximately, que parece sacada del Gold. Thank You Louise ideal para cerrar los ojos, tumbarse y dejar que la misma te embriague. Hotel Chelsea Nights, un blues inmenso.
Supongo que el tipo podría haber hecho una compilación de los mejores temas de los dos volúmenes del Love is Hell, incluyendo en él a I Wish you were here, lo mejor de ese disco entretenido pero bastante mediocre que es el Rock N Roll, con lo cual en lugar de encontrarnos ante un disco maravilloso, estaríamos hablando sin paliativos de una obra maestra. Claro que se habría perdido la uniformidad temática y musical del disco, pero aun así me había parecido lo más deseable.
The Sleepy Jackson – Lovers
Francisco José Fernández | 18 Enero 2004
The Sleepy Jackson se formaron en Perth, Australia, hace unos dos años aproximadamente. El jefe del invento es Luke Steele, un muchacho fascinado por todo tipos de sonidos, especialmente los que llenaron la década de los 60. Con un look cercano a Hendrix, Luke dirige a un grupo que editó su primer álbum el pasado 2003 y tras dos notables EPs: Caffeine in the morning sun y Let your love be love. En ellos encontramos composiciones frescas, infinidad de influencias, canciones pop irresistibles y una especial preferencia por George Harrison y su guitarra. En total, más de una docena de temas con dificultad para encontrar similitudes apreciables entre cada uno de ellos. Al final consiguieron que se esperara y recibiera su disco debut con entusiasmo.
Lovers solo cuenta con tres temas de los EPs. Entre ellos, Good dancers, el mejor tema de la banda en su corta trayectoria y que pone el listón muy alto. El disco tal vez desconcierte en un principio gracias a la capacidad (buena o mala, ya veremos) de Luke a la hora de meter todo lo que le gusta en un un mismo trabajo, dándole, eso si, un toque personal que se aprecia perfectamente en temas como Vampire racecourse, el que fuera primer sencillo del disco. Aparte de eso, pocos fallos podemos encontrar dentro de este disco debut tan disfrutable.
Así, nos viene de nuevo a la cabeza la imagen Harrison en This Day o de Dylan en Old dirty farmer, con un Luke que intenta imitar el registro de este de la forma más digna posible al comienzo y sin ningún tipo de pudor. Sorprende Morning bird, tema creado con unas simples notas de piano y la voz de un niño cantando sin ningún tipo de acompañamiento.
Por último, apuntar que es una pena que no se incluyeran más temas de los dos Eps, que juntos superan a este Lovers: Let your love be love, Now your spirit drags the pack ó Cavities hubieran hecho de este disco algo inolvidable. Por tanto, recomendable también su escucha. Esperemos que Luke y sus Sleepy Jackson nos sorprendan de nuevo dentro de poco.
Air – Talkie walkie
Vicente Bueso | 17 Enero 2004
Vuelven a la carga Nicolas Godin y JB Dunckel, o lo que es lo mismo, Air. Acostumbrados a ser destrozados por la crítica, publican ahora Talkie walkie. El dúo parisino saltó a la fama con Moon safari, un disco que revolucionó suavemente la música dance y electrónica con paisajes musicales exuberantes. Lejos queda ya, de todas formas, aquel Sexy boy.
Posteriormente, en el 2000, editaron 10.000 Hz. legend, un álbum que como el buen vino gana con el tiempo, pero que también fue injustamente acribillado por la crítica. No obstante consolidaron la fama de su anterior trabajo y comenzaron una serie de colaboraciones para cine que todavía perviven, mención especial para Las vírgenes suicidas.
Regresan con un disco, Talkie walkie, que es una auténtica joya. Sin querer romper con nada y con mucha sutilidad, elegancia, saber hacer y dulzura, nos ofrecen 10 magníficos temas, esta vez cantados en su mayoría por ellos, que nos llevarán a paisajes lunares o marcianos (como los de su álbum debut) y nos harán disfrutar más de 40 minutos de buena música.
Todos los temas que componen el álbum están sumamente cuidados, ninguno tiene desperdicio. A destacar el primer single, Cherry blossom girl, toda una genialidad, o Run, mi preferida. También la maravillosa Mike Nills, que recuerda en parte el trabajo de Mike Oldfield o las preciosas Biological, Venus, Surfing in a rock, y Universal traveller. Por no hablar de la estupenda Alone in Kyoto que saldrá como parte de la banda sonora de la última película de la hija de Coppola. Sin duda un gran disco.
Boards Of Canada – Geogaddi
Colaboradores | 8 Enero 2004
Cuatro años han tardado estos escoceses, music has the right to children (1998), en confeccionar un nuevo paisaje sonoro de similares dimensiones, bueno, que digo similares, aún mayores dimensiones y gracias, todo ello, al encierro fisico y mental al que se han sometido.
Bienvenidos pues, al mundo de B.O.C., donde la magia cósmica cobra una relación entre si, donde habla la naturaleza, a su manera. Esa lluvia intermitente de sonidos evocadores, paisajes alucinantes, voces del inconsciente y lleno de vida, nos permite disfrutar del disco de música electrónica mas importante de este año.
Sunshine recorder es solo una pequeña muestra, esa musica que parece surgida de una tormenta eléctrica, o la cíclica y barroca gyroscope, de lo que son capaces de hacer dos mentes y dos emociones, unidas en perfecta armonia.
Así pues, estamos ante un espejo de nuestra alma y de nuestro inconsciente colectivo, hecho música, hecho arte.

